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Las crías de orangután quedan huérfanas cuando se desmonta la selva por Rhett A. Butler, mongabay.com traducido por Gustavo Lorenzana July 23, 2009 A medida que las selvas lluviosas de Borneo son arrasadas para establecer plantaciones de palma aceitera, los centros de rescate de fauna silvestre están recibiendo cada vez más orangutanes huérfanos, los cuales son rehabilitados para ser devueltos a la vida silvestre. Sin embargo, estos amenazados primates enfrentan una nueva amenaza: ya no existe suficiente hábitat en donde puedan ser reintroducidos. A su derecha, otro orangután bebé se coloca una cáscara de coco a manera de casco, otros dos luchan sobre el césped y uno más asciende un árbol de papaya. En las afueras del complejo, los trabajadores del centro enseñan a docenas de orangutanes jóvenes a trepar sobre los árboles. Otros alimentan a los más pequeños con biberones llenos de leche.
El buen hábitat se está volviendo realmente tan escaso que algunas tropas de orangutanes recientemente reintroducidas han sido exterminadas apenas han probado el sabor de la libertad, conforme sus nuevos hogares son destruidos por los talamontes y los cultivadores de palma aceitera. Las ganancias económicas generadas por la conversión de las esplendorosas selvas en muebles, papel y trozos de madera y la subsecuente utilización de los terrenos para establecer plantíos de palma, ha reducido rápidamente la disponibilidad de sitios de reintroducción, al tiempo que ha disparado la cantidad de orangutanes que necesitan ser rescatados.
Entretanto, el hábitat continúa desapareciendo a medida que las plantaciones de palma aceitera se multiplican en los paisajes malayos e indonesios. En los últimos 17 años, el hábitat primordial de los orangutanes ha disminuido en más del 50% en Kalimantan, reduciéndose desde 88 mil kilómetros cuadrados en 1992, a menos de 43 mil kilómetros cuadrados en la actualidad. Desde 1975, la superficie cubierta por selva primaria se ha reducido en más del noventa por ciento. Los centros de rehabilitación de orangutanes se crearon originalmente en las década de los sesenta debido a que en aquél entonces se extraía a los simios de las selvas para convertirlos en atracciones de circos, zoológicos y programas de televisión. Aunque el comercio de orangutanes huérfanos era relativamente manejable, el ascenso de la palma aceitera ha cambiado dramáticamente la situación, ya que la cantidad de orangutanes que requieren cuidados ha tenido un gran aumento. Michelle Desilets, directora ejecutiva del Fideicomiso Tierra del Orangután (Orangutan Land Trust), comenta que empezó a observar este cambio hace alrededor de cinco años. Al ser relegados a fragmentos de selva cada vez más pequeños, los orangutanes silvestres empezaron a enfrentar hambrunas debido a la desaparición de sus fuentes de alimentos, por lo que se vieron forzados a aventurarse hacia las plantaciones de palma aceitera, donde se alimentaban de los brotes de los árboles, destruyendo las plantas antes de que produjeran semillas. Al verlos como una plaga, los administradores de las plantaciones empezaron a pagar entre 10 y 20 dólares por cada orangután muerto, lo que se convirtió en un fuerte incentivos para los trabajadores migrantes.
Con aproximadamente el 85% de la producción mundial, Indonesia y Malasia son los líderes internacionales en la obtención de aceite de palma. La demanda de este compuesto se ha elevado rápidamente durante los pasados veinte años, debido a su amplio uso en alimentos, cosméticos e incluso como materia prima para la producción de biodiesel. A consecuencia de esto, la superficie dedicada al cultivo de la palma en estos dos países ha aumentado de manera exponencial, desde menos de mil kilómetros cuadrados en 1984 hasta más de de 70 mil kilómetros cuadrados actualmente. A diferencia de las selvas aprovechadas forestalmente, las cuales tienen la capacidad para sustentar al menos a algunos orangutanes, las plantaciones madereras y de palma aceitera no constituyen hábitats viables para los orangutanes. Si no son capaces de movilizarse a otras zonas, ya sea por el aislamiento o por conflictos suscitados con otros miembros de la especie, perecen en caso de que no intervengan los humanos.
Actualmente, hay muchos factores que dificultan la reintroducción. El primero y más importante se centra en la disponibilidad y la seguridad del hábitat. Cada vez es más complicado encontrar selvas seguras e incluso se han presentado casos recientes en los que el sitio de reintroducción ha sido talado después del regreso de los orangutanes, con trágicas consecuencias. A principios de este año, Globalindo Augung Lestari desmontó una sección de selva cerca de Mawas, una reserva situada en Kalimantan, donde se han liberado cerca de 80 orangutanes silvestres. Hardi Baktiantoro, del Centro para la Protección del Orangután (Center for Orangutan Protection), un grupo activista de la región, vaticinó que es probable que todos estos simios reintroducidos perezcan.
“A los científicos les tomó varias décadas descubrir una manera exitosa de reintroducir a los orangutanes, críticamente amenazados, del cautiverio a la vida en libertad” aseveró Peter Pratje de la Sociedad Zoológica de Frankfurt. “A la APP le tomaría sólo unos cuantos meses destruir una parte importante de su nuevo hábitat. Estas selvas de tierras bajas son un excelente hábitat para los orangutanes y es la razón por la que obtuvimos un permiso del gobierno para liberarlos aquí a partir del año 2002. Los simios ahora están prosperando, reproduciéndose y estableciendo nuevos grupos familiares”. Algunos conservacionistas están preocupados porque los programas de reintroducción pueden ser vistos por los productores y empresarios como una alternativa a la conservación de los orangutanes en su medio natural, eliminando la necesidad de preservar el hábitat de los animales. “Considero que el noventa por ciento de la función de la rehabilitación consiste en lograr el bienestar animal”, aseguró Erik Meijaard, un ecólogo de The Nature Conservancy que trabaja en la conservación de los orangutanes en Kalimantan. “Sin embargo, en el pasado estos programas no abordaban las causas primarias de la desaparición de los orangutanes. De hecho, pudo haber ocurrido un efecto contraproducente cuando los orangutanes desplazados eran rescatados por los centros de rehabilitación, dando la impresión de que los centros ayudarían a las plantaciones a resolver el problema”. Según Dave Dellatore, un primatólogo de la Sociedad del Orangután de Sumatra y del Centro de Información sobre Orangutanes “nunca se pretendió que las actividades de rehabilitación y reintroducción fueran la única solución, sino que eran reacciones ante el problema mayor de la pérdida de hábitat y el desplazamiento de individuos de la selva. Es un ejemplo del tratamiento de los síntomas en lugar de atacar la causa”.
Las consideraciones de tipo genético también influyen sobre el proceso de reintroducción. Debido a la variación genética que se presenta entre las poblaciones (existen tres subespecies de la especie de Borneo y otra especie en Sumatra), las reintroducciones no pueden ser realizadas al azar, sin tener conocimiento del origen de los individuos. Las reintroducciones mal planificadas también pueden ocasionar conflictos con las poblaciones nativas de orangutanes. Finalmente, la reintroducción en zonas habitadas por personas no es una buena opción si no están cubiertas las necesidades de la gente. “En la reintroducción, la creación de un ambiente político seguro es tan importante como lo es el ambiente físico,” afirmó Dellatore. “Es muy probable que un proyecto esté destinado a fracasar si se implementa desde arriba y sin tomar en cuenta a la comunidad rural que lo rodea”.
La solución más prometedora ante la desaparición de los orangutanes y su hábitat quizá sea una iniciativa pionera que busca que las comunidades rurales y las empresas reciban un pago por la preservación de las selvas en vez de talarlas. Esta noción, conocida como REDD (Programa de Reducción de Emisiones de Carbono causadas por la Deforestación y la Degradación de los Bosques) puede hacer que las poblaciones locales se conviertan en aliadas, en vez de enemigas, de la conservación. Muchos conservacionistas que trabajan en Indonesia están esperanzados en que el mecanismo REDD sea establecido durante la reunión climática a realizarse en Copenhague en diciembre de este año, permitiéndole a los gobiernos, grupos conservacionistas y empresas privadas pagar miles de millones de dólares para proteger las áreas que aún sostienen selva tropical. “Muchos hablamos de equilibrar los valores económicos, sociales y ambientales, pero en la mayoría de los casos realmente estamos hablando de economía, economía y mas economía”, afirmó Meijaard de TNC. “Si este es el caso, la ruina de los orangutanes y otras especies se debe en gran parte al hecho de que nadie es capaz o está dispuesto a pagar los costos de oportunidad del desarrollo”. Dos estudios publicados recientemente en la revista Conservation Letters, mostraron que los bonos de compensación de carbono boscoso generados por la REDD podrían ser competitivos con otras formas de uso de la tierra, incluyendo las plantaciones de palma aceitera.
Finalmente, es importante no renunciar a los esfuerzos de rehabilitación, los cuales generan conciencia pública sobre los temas de conservación, que en última instancia se traduce en presión política para la creación de área protegidas y el cumplimiento de las leyes ambientales. Los conservacionistas no pueden abandonar a los dos mil orangutanes que actualmente se encuentran en el sistema de rehabilitación. Después de todo, las crías de orangután que ahora se encuentran en cautiverio podrían disfrutar de un futuro en el que puedan explorar con herramientas en los troncos de la selva, en lugar de hacerlo en tubos de plástico. |
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