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Nueva información muestra que REDD+ está funcionando


February 09, 2011


Comentario como colaborador invitado por Doug Boucher, Director de Bosque Tropical e Iniciativa Climática de la Unión de Científicos Preocupados.



En medio del torbellino de noticias sobre Cambio Climático, y después de la conferencia sobre Clima en Cancún que incluyó un acuerdo histórico sobre REDD+ (reducción de emisiones por deforestación y acciones relacionadas a favor de los bosques), una importante noticia parece haber pasado sin mayor notoriedad. Durante los últimos dos meses, varios nuevos análisis han proporcionado evidencia clara que la deforestación se ha reducido en los últimos años. De hecho, la reducción es bastante llamativa, y muestra que de todos los mecanismos para evitar las terribles consecuencias del calentamiento global, la reducción de la deforestación en los bosques tropicales es de lejos la que más ha contribuido hasta el momento.

El primer análisis, difundido en octubre, fue el Global Forest Resources Assessment (FRA) de 2010 (Evaluación de los recursos forestales globales). Este compendio de información de todos los países del planeta es publicado cada cinco años, y proporciona la más amplia mirada al estado de los bosques del planeta. La nueva información del FRA muestra que la deforestación tropical en la primera década de este siglo se redujo en 18% con respecto al nivel de la década de 1990, cayendo desde 11,33 millones de hectáreas por año, a 9,34 millones de hectáreas por año. Aún más, la tasa de deforestación de los últimos 5 años fue menor que la de los primeros 5 años del siglo, principalmente por una reducción dramática en la deforestación de la amazonía brasileña. El FRA 2010 también muestra que la tasa de pérdida de bosques primarios, no del total de bosques, también se ha reducido.


Sin embargo, la información del FRA depende de la información dada por los países y científicos como Alan Grainger y otros han levantado serias dudas sobre la confiabilidad de las estimaciones previas del FRA. Por lo tanto, no se puede estar seguro sobre las tendencias de información de las anteriores estimaciones del FRA. A pesar de esto, en noviembre se lanzó el “Annual Global Carbon Budget” (presupuesto global anual de carbono), y sus resultados también fueron publicados en una revista científica con revisores. Esta publicación (Friedlingstein et al. 2010. Update on CO2 emissions. Nature Geoscience, doi: 10.1038/ngeo_1022. Publicado en línea el 21 de noviembre de 2010) confirma y refuerza el mensaje del FRA.

El “Global Carbon Budget”, preparado por un equipo internacional de unas tres docenas de científicos coordinados por Corinne Le Queré, en la universidad de East Anglia (UK), hace estimaciones anuales de todos los componentes del ciclo del carbono. Estos incluyen las emisiones debidas a cambios en el uso del suelo, casi todos provenientes de la deforestación, así como las emisiones de combustibles fósiles, la captación por la fotosíntesis en la tierra y en el océano, y el cambio resultante en la concentración de dióxido de carbono de la atmósfera. Como los estimativos son anuales, permiten dar una mejor mirada a las tendencias recientes, que el FRA, e incorporan otras fuentes de datos y análisis más sofisticados. Además, provee un conjunto de cincuenta años de información ya que los primeros estimados datan del año 1960.

Esta es la gráfica de los estimados del “presupuesto global de carbono” para las emisiones debidas a cambios en el uso de la tierra, convertidos de billones de toneladas de carbono a billones de toneladas de dióxido de carbono (simplemente multiplicar por 3,67):

global emissions from land use change over the past half-century


El cambio en la década pasada es dramático: las emisiones cayeron de un promedio de 5,32 billones de toneladas de CO2/año en el siglo veinte (1960 a 1999), a solo 3,23 billones de toneladas en 2009. Es un decrecimiento del 39% en solo una década, luego de cuatro décadas en las que esencialmente no se dio ningún decrecimiento en absoluto (línea azul: en 1960 las emisiones fueron 5,32 billones de toneladas, y en 1999 fueron 5,17 billones de toneladas). Además, a diferencia de las cuatro décadas previas, la tendencia en el siglo veintiuno ha sido consistentemente a la baja; cada año desde el 2000 ha tenido las mismas, o menos emisiones por cambio en uso del suelo, que el año anterior.

Cifras mundiales como estas tienen al mismo tiempo una virtud y un vicio. Por un lado, muestran el efecto general sobre la atmósfera, que es en últimas lo que importa realmente para el calentamiento global. Por el otro lado, esconden las importantes diferencias entre un país y otro, con algunos haciendo progresos importantes en la reducción de la deforestación y otros mostrando realmente incrementos. Entonces, ¿Qué ha venido pasando en los países de los grandes bosques tropicales – particularmente Brasil e Indonesia?

La publicación del “Presupuesto Global de Carbono” por Friedlingstein et al. señala, a partir de información basada en observaciones satelitales, una tendencia a la reducción en estos dos países. Y solo unas pocas semanas después, Brasil aportó evidencia adicional de que está reducción se mantiene, y ha llevado a la deforestación a bajos niveles sin precedentes.

En diciembre, el resumen anual de la información dada por el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE) mostró otro decrecimiento anual del 14% con respecto al 2009, reduciendo la deforestación a 6.451 kilómetros cuadrados en comparación con un promedio de 19.508 kilómetros cuadrados durante el periodo base de comparación tomado entre 1996 y 2005. Esto es una reducción del 67% en solo media década, un logro realmente notable. Esta es la tendencia de la deforestación en Brasil (tomado del INPE: el eje Y corresponde a miles de kilómetros cuadrados deforestados)

trend for Brazil’s deforestation


De acuerdo con nuestros estimados en la Unión de Científicos Preocupados, la reducción de la deforestación en Brasil equivale a 870 millones de toneladas de CO2 anualmente. ¿Qué tan grande es esto? Bueno, el compromiso de la UE de una reducción del 20% en las emisiones para el año 2020 corresponde a solo un poco menos que 850 millones de toneladas, y el compromiso de USA de una reducción del 17% (con respecto a los niveles de 2005, no de 1990) es de cerca de 1.200 millones de toneladas. Entonces, Brasil – un país tropical y en desarrollo – ha alcanzado algo en contra del campo climático que es comparable con lo que las grandes potencias industriales del mundo solo han prometido alcanzar dentro de una década.

Mientras el decrecimiento de la deforestación al principio de la década del 2000 es debido a una combinación de factores, el logro de Brasil en la segunda parte de esta década es claramente una evidencia que REDD+ puede ser altamente exitoso. Además este éxito es completamente compatible con un fuerte crecimiento económico y reducciones sustanciales en la pobreza y el hambre a través de programas sociales. Esto muestra algunos de los elementos que pueden contribuir a este éxito: fortalecimiento de los derechos de los pueblos indígenas y de su tenencia de la tierra, gran expansión de las áreas protegidas, presión civil sobre los sectores económicos que son los principales motores de la deforestación, medidas enérgicas contra la tala ilegal, y apoyo del estado para el desarrollo sostenible de comunidades forestales que actúan para reducir la deforestación.

Por otra parte, a pesar del hábito común de discutir REDD+ en términos de proyectos créditos del mercado de carbono – un hábito tanto de partidarios como de oponentes – El programa de Brasil no es a nivel de proyecto ni es financiado mediante compensación tradicional. Por el contrario, su aproximación al REDD+ está generosamente financiada por más de $1 billón (USD) como una compensación de Noruega basada en resultados, es una iniciativa nacional independiente de los mercados de carbono. Noruega le paga a Brasil $5 (USD) por cada tonelada de CO2 que se reduce de las emisiones por deforestación, pero es un pago proveniente de dineros públicos y no le da a Noruega el derecho a emitir ni una sola tonelada más de CO2.

Por años, casi todas las discusiones sobre REDD+ han tenido que utilizar palabras como “podría”, “debería”, “posiblemente”, “potencialmente” y “riesgo”. Ahora, al final de 2010, las cosas han cambiado. Ahora sabemos por datos reales basados en sofisticadas observaciones de satélite y a nivel del suelo, y por complicados análisis que nos muestran la realidad de REDD+. Podemos ver lo que está haciendo, y que si funciona.

Doug Boucher es Director de Bosque Tropical e Iniciativa Climática de la Unión de Científicos Preocupados.












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