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La misión de un hombre para salvar los elefantes de Camboya



Desde que ganó el prestigioso Premio Goldman para el Medioambiente 2010 en Asia, Tuy Sereivathana ha visitado EEUU y Gran Bretaña, y hasta se ha dado la mano con el presidente de EEUU Barack Obama, aunque en su país natal, Camboya, sigue siendo simplemente ‘Tío Elefante’. Habiéndose avocado toda su vida a los elefantes en el país del sudeste asiático, Sereivathana ha permitido con su trabajo que pobladores y elefantes vivan unos al lado de los otros. Trabajando con Flora y Fauna Internacional (FFI) ha llevado a su fin la matanza de elefantes en Camboya. Y como si no hubiera sido suficiente, Sereivathana ha ayudado a frenar la destrucción de bosques en su país natal y a construir cuatro escuelas para niños que anteriormente no tenían oportunidades de educación formal.



Mongabay.com se encontró recientemente con Sereivathana mientras estuvo en Londres para el Desfile de Elefantes—una muestra del estatus de los elefantes asiáticos alrededor de la ciudad para recaudar fondos para programas de conservación de esas especies (para leer más acerca del desfile: Marcha de elefantes en Londres, trompeteando conservación).



Cuando se le preguntó cómo se sintió al escuchar en las noticias que había ganado el Premio Goldman para el Medioambiente de este año (frecuentemente llamado el ‘Premio Nobel’ del medioambiente), Sereivathana dijo, «a mi esposa y a mí se nos cayeron las lágrimas de la sorpresa y la excitación. Me senté y recordé mi niñez hasta el día en que empecé a trabajar en la conservación de elefantes.»



Tuy Sereivathana con el elefante asiático. Fotografía: Tom Dusenbery.

Igual que la historia reciente de Camboya, el camino de Sereivathana no ha sido fácil. Sereivathana nació en 1970—el mismo año en que el rey Sihanouk de Camboya fue derrocado. A partir de la consiguiente lucha por el poder surgieron los Jemeres Rojos y su líder, el dictador genocida Pol Pot. Temiendo al nuevo orden, los padres de Sereivathana escaparon de la ciudad de Phnom Penh hacia un pequeño pueblo perdido en las afueras de Camboya.



Fue allí, viviendo una vida decididamente rural, que Sereivathana tuvo su primer encuentro con el elefante asiático. Visitando el pueblo, dos mahouts y sus elefantes domesticos permitieron al joven Sereivathana bombardearlos a preguntas. Ver un elefante por primera vez cambió el curso de su vida.



«Aquella noche, todos los miembros de mi familia dormían profundamente menos yo. Imaginaba grandes grupos de elefantes salvajes con sus crías en una gran selva. Yo quería trabajar como un protector de elefantes (en aquel tiempo aun no se conocía la palabra ‘conservacionista’),» escribe Sereivathana.



Años más tarde Sereivathana recibió una beca del gobierno para estudiar en Minsk, Bielorrusia. Al regresar a Camboya luego de siete años de ausencia, Sereivathana trabajó en una forestal, pero eventualmente comenzó su sueño de toda la vida de trabajar con elefantes cuando FFI le otorgó la oportunidad.



«En 2003, dos expertos en elefantes de FFI Cambridge fueron a ver a mi jefe, el Sr. Chey Samith, director del departamento de Conservación y Protección de la Naturaleza (DNCP),» explica Sereivathana. «Ellos necesitaban un oficial del gobierno que tuviera un fuerte compromiso con la conservación de elefantes para cooperar en un proyecto de protección de elefantes. Mi oportunidad llegó. A partir de ese momento quedé involucrado en la conservación de elefantes.»



Antes de la participación de Sereivathana los elefantes se mataban comúnmente en el sudeste de Camboya en medio de las Montañas Cardamom, debido a que se los veía como una plaga que de manera cada vez más importante incursionaba en los cultivos de los agricultores.



Tuy Sereivathana proveyendo semillas de cereales a los agricultores afectados por el conflicto humano-elefante. Fotografía cortesía de: Tuy Sereivathana.

Sereivathana dice que el conflicto fue exacerbado por la pérdida de hábitat que empujó a muchos elefantes fuera de la selva hacia las áreas agrícolas. Nuevos pueblos y cultivos invadieron el hábitat de los elefantes y sus corredores.



Luego de trabajar para ganar la confianza de los agricultores, Sereivathana implementó varias medidas de bajo costo para mantener a los elefantes fuera de los campos de los agricultores, mitigando de esa manera el conflicto y finalmente protegiendo a los alrededor de 250 elefantes que sobrevivieron en la región.



Empleando una variedad de métodos altamente creativos—incluyendo explosiones de carburo para espantar a los elefantes que merodean, cercos eléctricos alimentados por paneles solares, hamacas colgantes y sombreros para confundir a los elefantes aparentando la presencia de gente, colocando chile en sogas y estiércol para mantenerlos alejados y alentando a los agricultores a cambiar hacia cultivos menos apetecibles para los elefantes—Sereivathana llevó exitosamente a cero la mortalidad de elefantes debida a conflictos con humanos. De hecho, ni un solo elefante ha sido matado en Camboya desde 2005, el año en que Sereivathana comenzó a trabajar con FFI a tiempo completo.



Aun más que esto, Sereivathana se ha convertido en un embajador no sólo para los elefantes sino también para los ecosistemas tropicales de las Montañas Cardamom que alojan una variedad de especies extrañas y amenazadas, incluyendo el tigre de indochina, el gibón de capelo, el cocodrilo siamés y el ganado salvaje conocido como kouprey que podría ya encontrarse extinto.



«Mi proyecto trabajó con gente para detener su entrada en la selva (donde ellos cortaban árboles o ramas) dándoles cursos de entrenamiento en agronomía y producción de pollos,» explica Sereivathana. «También dimos semillas de cereales, tractores de mano e hicimos acuerdos con cazadores de animales salvajes y leñadores.»



Incursión de un elefante salvaje a un poblado. Fotografía cortesía de: Tuy Sereivathana.

Sereivathana le atribuye mucho de su éxito a trabajar cerca de las comunidades agrícolas pobres, en otras palabras el presta tanta atención a las necesidades humanas como a las de los elefantes.



«También construimos una relación de confianza con la comunidad y autoridad locales. Las necesidades humanas son unas de las bases más importantes de la conservación,» dice Sereivathana.



Sobre esta línea, Sereivathana desarrolló un programa que construyó escuelas en cuatro comunidades dentro de las áreas de elefantes.



«Conocí pobladores involucrados con el futuro de sus niños (que son analfabetos). Nosotros ayudamos a crear las escuelas y les llevamos maestros: esos son modos indirectos de mejorar la conservación de los elefantes en las áreas. Los maestros eligieron un día a la semana para realizar enseñanzas sobre conservación de elefantes o el valor de la selva a los alumnos, por ejemplo leyendo libros acerca de vida silvestre, selvas y elefantes,” dice Sereivathana, agregando que enseñando a los niños se alcanza a los adultos.



«Cuando los alumnos regresan a casa, hablan positivamente sobre los elefantes. Esto puede ayudar a cambiar su manera de pensar acerca de la conservación de elefantes y además lleva a establecer la conservación de los elefantes en una nueva generación.»



Los elefantes asiáticos, dice Sereivathana, han siempre sido importantes para los camboyanos: «[ellos] jugaron uno de los principales roles en la construcción de Angkor Wat [y] muchas historias y canciones camboyanas muestran relaciones muy profundas entre los elefantes y nuestra cultura.»



Le ha tocado a un apasionado defensor como es Sereivathana recordarle a los locales el mirar a los elefantes de una manera diferente: no como enemigos, sino más como vecinos excéntricos de cinco toneladas.



Tuy Sereivathana en una escuela que ayudó a crear. Fotografía cortesía de: Tuy Sereivathana.

«El elefante es una especie bandera,» dice Sereivathana, quien ve a los elefantes como poseedores de un nicho ecológico vital en las selvas de su nación. «Para conservar a los elefantes, tenemos que pensar en su hábitat (necesitan grandes selvas), así otras especies pueden sobrevivir en ese hábitat. En el caso de las fuentes de agua durante la estación seca, los elefantes hacen pozos de agua por medio del pisoteo, y otras especies silvestres pueden también usar esa fuente de agua. Los elefantes dispersan semillas de árboles en la selva.»



Aun el estiércol del elefante asiático se ha descubierto recientemente que constituye un importante vínculo entre los elefantes y otras especies de la selva. Los investigadores han encontrado vida floreciendo en medio del estiércol: hongos, insectos y hasta pequeñas ranas.



Cuando se le pregunta qué consejo daría Sereivathana a los futuros conservacionistas camboyanos, el tiene esto para decir: «Debemos unirnos como fuertes amigos e intentar mejorar nuestra capacidad día a día, ayudarnos unos a otros. Positivamente, muchos de nosotros podemos mostrar la cara en la comunidad mundial. Por favor no vacilen o sean tímidos al mostrar nuestros esfuerzos y logros; especialmente no se sientan pesimistas acerca de nuestro futuro.»



Sereivathana ha probado cuanto puede ser impactado el futuro de una de las especies más queridas del mundo, el elefante asiático, por la dedicación y pasión de una persona, pero lo que es más importante, ha alcanzado el éxito mejorando la vida de las personas que comparten el hábitat de los elefantes.







Tuy Sereivathana recibiendo su premio en la ceremonia del Premio Goldman 2010. Fotografía cortesía de Premio Goldman para el Medioambiente.