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Descubriendo nuevas especies

El descubrimiento de especies: como descubren los científicos nuevas especies –y la respuesta a otras cuestiones taxonómicas.



Tenemos la suerte de compartir nuestro planeta con un increíble despliegue de maravillosas criaturas salvajes. Y sin embargo, a pesar de que los científicos llevan siglos buscando especies nuevas por todo el mundo y describiéndolas meticulosamente, todavía conocemos sorprendentemente muy pocas cosas de la diversidad global.



Hasta la fecha los científicos han descrito 1,9 millones de especies que van desde la ballena azul (Balaenoptera musculus) hasta el escarabajo pelotero rojo (Oxysternon festivum), pero incluso estimaciones conservadoras respecto del número de especies sobre el planeta Tierra apuntan a alguna cifra entre los 10 y los 20 millones de especies (y algunas estimaciones la elevan hasta los 100 millones). Si añadimos las bacterias a la lista entonces el número de especies sobre la Tierra aumentaría en otros 10 millones aproximadamente.



Crótalo verde de Gumprechts (Trimeresurus gumprechti), descrita en 2002. Se la encuentra a lo largo de la mayor parte de la región del Gran Mekong. Imagen © Rene Ries

Por decirlo de otro modo, en el mejor de los casos –y sin incluir a las bacterias- los humanos hemos identificado solo el 20 por ciento de las especies con las que compartimos el planeta. Cualquiera que sea el porcentaje (y probablemente no llega a ese 20 por ciento), significa que seguiremos descubriendo nuevas especies por algún tiempo. De hecho, si tomamos el año 2008 como ejemplo –en el que los investigadores descubrieron más de 18.000 especies- nos llevará 444 años más descubrir esos adicionales 8 millones (en una estimación muy conservadora) de especies todavía desconocidas que existen en el mundo. Si el número de especies que habitan la Tierra es de 50 millones, a los investigadores les llevará –a los niveles actuales- 2.500 años más el poder catalogar las especies de nuestro mundo.



La búsqueda de especies es todavía más apremiante ahora que los científicos creen que estamos entrando o ya en medio de una extinción en masa. A consecuencia de toda una serie de impactos causados por los humanos –y que incluyen la deforestación, la destrucción de hábitats naturales, la contaminación, el cambio climático, la introducción de especies foráneas y la sobreexplotación en aspectos tales como la caza furtiva o el comercio ilegal de mascotas- las poblaciones de las diferentes especies está disminuyendo en todo el mundo.



Una nueva especie de rana miniatura fue descubierta en Borneo en 2010. Microhyla nepenthicola, que aparece aquí en la punta de un lápiz, tiene el tamaño aproximado de un guisante. © Indraneil Das/ Institute of Biodiversity and Environmental Conservation

El descubrimiento de nuevas especies se ha convertido también para algunas organizaciones conservacionista en una manera interesante de atraer la atención de los medios de comunicación e incluso de conseguir financiación. Pocas historias sobre la vida salvaje atraen tanta atención como las nuevas especies y ni que decir tiene que algunas especies nuevas (como es el caso de un nuevo mamífero) reciben mucha más atención que otras (un nuevo hongo).



Pero, ¿cómo se descubren y describen nuevas especies?



El proceso de descripción de una especie



Para describir una nueva especie, los científicos deben conseguir un “espécimen tipo”: esto conlleva la muerte del espécimen. Ha habido unas pocas ocasiones en las que fotografías y alguna otra muestra de material genético han sido suficientes para describir exitosamente una especie nueva y ningún espécimen ha tenido que morir, pero son las menos.




Descrita en 2010, el vontsira de Durrell (Salanoia durrelli) fue el primer mamífero carnívoro descubierto en Madagascar en 24 años. © Durrell Wildlife Conservation Trust.

La especie debe ser atentamente examinada para determinar en primer lugar que no pertenece a otra especie ya descrita. En el caso de especies bien conocidas, como es el caso de un nuevo mamífero, resulta más fácil que, por ejemplo, en el caso de un insecto de la selva ecuatorial. Al espécimen se le compara con especies similares, utilizando incluso las descripciones e ilustraciones en la literatura previa. Si la especie es muy similar a alguna de las ya conocidas, cada vez más se recurre al uso de pruebas genéticas como herramienta para determinar la realidad de la nueva especie.



Una vez se ha determinado la novedad de la especie, los investigadores escriben una descripción formal de la misma, se toman fotografías y/o se realizan ilustraciones, y se le adjudica un nuevo nombre científico. Tras completar el estudio, los investigadores lo remiten a alguna publicación científica. El editor de la publicación comunicará el nuevo descubrimiento a expertos en aquellos animales o plantas en cuestión. Si esos otros expertos están de acuerdo en que la nueva especie es válida, la publicación acepta el estudio y el espécimen se convierte en una especie nueva. El proceso es largo y a menudo se tardan años entre el descubrimiento inicial y la aceptación formal de la nueva especie.



En el caso de las llamadas especies gemelas o “crípticas” se complica el asunto: Se trata de especies que se parecen sorprendentemente a otras especies, pero que son genéticamente distintas. Cada vez se usa más el ADN como herramienta tanto para decidir sobre nuevas especies como para descubrir la relación entre especies ya conocidas.



Descubriendo especies: ¿Dónde se ocultan las especies desconocidas?



Si quiere ganar fama científica descubriendo nuevas especies, aquí tiene algunas pistas: piense en algo pequeño, piense en algo que viva debajo del agua, y piense en invertebrados y plantas.



Esto no quiere decir que todas las especies terrestres de un cierto tamaño han sido ya descubiertas –en este mismo año los investigadores anunciaron el descubrimiento de una nueva especie de lagarto monitor de tamaño similar al de una persona adulta, el de un nuevo mono en la Amazonia brasileña, y el de un nuevo mamífero carnívoro en un lago de Madagascar- pero tales descubrimientos son más una cuestión de suerte, de estar en el lugar adecuado en el momento preciso, que de perseverancia.



Aunque los científicos todavía encuentran especies nuevas en los ecosistemas terrestres, una única inmersión en el océano puede llevar al descubrimiento de una nueva especie. Los sistemas de cuevas han proporcionado también un buen número de nuevas especies, en especial aquellos cuya exploración solo ha sido posible en los últimos años. Por lo que respecta a los tipos de especies, los insectos son los que proporcionan descubrimientos más a menudo: Miles de nuevos insectos son descubiertos cada año. Los escarabajos son los más numerosos.



Una Historia del descubrimiento de especies y de su descripción.



La historia del descubrimiento de especies y de su descripción no es solo emocionante –locura, exploraciones, muertes prematuras- sino que resulta también importante para comprender la estructura que los taxonomistas utilizan para describir a las especies, por ejemplo cual es la razón por la que a cada especie se le conoce por dos términos latinos –el nombre científico- uno que representa el género y el otro la especie.



Aunque los intentos por catalogar las especies se remontan muy atrás en la Historia –Aristóteles lo intentó- el sistema moderno actual de catalogación y denominación de las especies es en su mayor parte un logro del científico sueco del siglo XVIII Carl Linneo. En dos trabajos fundamentales -Species Plantarum y Systema Naturae- Linneo esbozó la estructura jerárquica empleada todavía hoy en la clasificación de las especies. El Latín fue la lengua elegida, en tanto que lengua muerta y por lo tanto inalterable. En sus trabajos, Linneo clasificó miles de plantas y animales de todo el mundo con nombres latinos.



Pero Linneo no solo creó una estructura para catalogar a las especies que duraría hasta el momento actual, sino que fue decisivo para impulsar a la ciencia taxonómica más allá.. Como era uno de los científicos más influyentes de su época, Linneo eligió y financió a jóvenes biólogos para que viajasen por el mundo, encontraran nuevas especies y regresaran con los especímenes. Estos alumnos son conocidos como «los apóstoles de Linneo”. Siete de estos «apóstoles» murieron durante sus exploraciones, un par de ellos se volvieron locos o se convirtieron en toxicómanos, pero muchos de ellos volvieron con especies de lugares tan lejanos como China, Sudáfrica y el Amazonas.



Linneo renovado.



Aunque fue Linneo quien, con la ayuda de sus apóstoles viajeros, dio comienzo al intento académico de gran envergadura para describir las formas de vida del planeta, este ha ido cambiando considerablemente a lo largo de más de doscientos años. Cuando los biólogos se refieren hoy en día a una especie, a menudo mencionan el año de la descripción formal y al científico que la realizó. Por ejemplo, el famoso oso panda es Ailuropoda melanoleuca David, 1869.



Los científicos contemporáneos catalogan también las especies conforme a su lugar en el árbol evolutivo, un concepto desconocido para Linneo ya que este desarrolló su sistema más de cien años antes de que Darwin esbozara la teoría de la evolución. Por decirlo de otro modo, animales que comparten el mismo género están más íntimamente relacionados en términos evolutivos que animales que comparten la misma familia.



En vez de depender de cinco niveles de clasificación, como hizo Linneo, los investigadores han desarrollado una jerarquía de siete niveles para describir una forma de vida única. Reino, filo o división, clase, orden, familia, genero, y especie. Por ejemplo, al tigre, que fue descrito por Linneo, se le clasifica en escala descendente como animalia (animal), cordado (vertebrados), mammalia (mamíferos), carnívora (carnívoros), felidae (félidos), panthera (panteras, felinos que rugen), y tigris (tigre). A la especie tigre se le distinguen adicionalmente seis subespecies supervivientes y tres extintas.



Las subespecies son un tanto desconcertantes y en ocasiones difíciles clasificaciones que se establecen cuando una especie se ha separado en distintas poblaciones, a menudo distanciadas geográficamente, pero que no han evolucionado hasta diferenciarse lo suficiente como para ser consideradas como especies distintas. Se podría considerar a las subespecies como poblaciones aisladas: dicho de otro modo, las distintas poblaciones se cruzarían si les fuera posible, pero alguna cosa –la mayor parte de las veces un barrera física- hace imposible esa reproducción entre ellas. El debate sobre si un animal determinado es una especie única o simplemente una subespecie puede ser compleja, tumultuosa, y prolongarse durante décadas. Esto se debe al hecho de que la discusión sobre subespecies y especies tiene consecuencias palpables en el mundo real: A las subespecies muy raramente se les presta atención y financiación destinada a la preservación. Un ejemplo de subespecie en proceso de cambio es el elefante de selva del Congo africano. El elefante de selva es considerado por algunos científicos lo suficientemente diferente respecto del elefante africano como para ser considerado una especie distinta, pero otros sin embargo proclaman que se trata solamente de una subespecie. Si al elefante de selva se le reconociera la categoría actual de especie, muy probablemente los intentos por preservarlo de la extinción se verían de manera inmediata revitalizados, al tiempo que ganarían en financiación. Por otro lado, si a demasiadas “subespecies” se les elevara de categoría sin razón, los conservacionistas temen que pudiera suponer una degradación del concepto de “especie