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Amando al tapir: conservación pionera para el animal más grande de Sud América

 Tapir brasileño en el Parque Nacional Yausni, Ecuador. Foto por: Jeremy Hance.
Tapir brasileño en el Parque Nacional Yausni, Ecuador. Foto por: Jeremy Hance.




Comparado con algunas especies de la mega fauna de América del Sur que se destacan –me vienen a la mente el jaguar, la anaconda, y la águila harpía- el tapir no recibe mucho amor. Esto es una lástima. Por un lado, ellos son los animales terrestres más grandes del continente Sudamericano: libra por libra ellos le ganan al jaguar y a la llama. Por otro lado, juegan un papel muy significativo en su ecosistema: ellos dispersan semillas, modifican su hábitat, y son una presa para sus predadores. Y por otra razón, los tapires modernos son los últimos sobrevivientes de una familia de mega fauna que merodeó por gran parte del hemisferio norte, incluyendo América del Norte, y solamente declinó durante la extinción del Pleistoceno. Finalmente, para cualquier persona con suficiente fortuna de haber visto a un tapir en la naturaleza, frecuentemente tímido, uno sabe que hay algo místico y antiguo sobre esta bestia rara.



Para Patricia Medici, una de las expertas mundiales en tapires, fue una adoración inmediata para con el animal. “Inmediatamente pensé que [el tapir brasileño] sería un animal con el cual me encantaría trabajar. Los encuentro extremadamente interesantes, por su rol como agentes de dispersión de semillas e ingenieros de ecosistemas. Además, se sabía tan poco sobre estos animales en aquel momento, que pensé que un proyecto a largo plazo sobre tapires tendría el potencial de realizar una contribución significativa a la conservación de la especie y sus hábitats remanentes en Brasil,” le dijo Medici a mongabay.com en una entrevista.



Patricia Medici, Coordinadora de la Iniciativa para la Conservación del Tapir brasileño en Brasil. Foto por: Liana John.

Medici realiza investigaciones y trabajos de conservación pioneros con el tapir brasileño (Tapirus terrestris) en Brasil. El tapir brasileño es el de distribución más amplia de las tres especies de tapir americano (una cuarta especies se encuentra en el Sudeste Asiático). Luego de haber trabajado primero con poblaciones en la Mata Atlántica, Medici ahora realiza trabajos de investigación en Pantanal.



“El trabajo en el Pantanal se está desarrollando extremadamente bien”, dice ella, “hasta ahora hemos capturado 21 individuos, a 14 de ellos se le pusieron radio- collares (no ponemos radio-collares a los juveniles ni a los pequeños). Además de la radio-telemetría, hemos estado utilizando cámaras trampa para investigar la organización social de los tapires y su reproducción, ambas piezas de información muy importantes para la modelación de poblaciones a futuro. NUNCA antes hemos podido colectar este tipo de información. Ahora tenemos cantidades enormes de datos y la información sigue llegando. La meta es utilizar esta información en algunos años para poder desarrollar un Plan de Acción para la Conservación de los Tapires en el Pantanal.”



Medici describe al tapir brasileño como increíblemente ‘plástico’, dado que puede sobrevivir en las densas junglas del Amazonas, en los hábitats fragmentados de la Mata Atlántica, los humedales del Pantanal, y las planicies del Cerrado.



Parece raro pensar que el animal más grande de Sudamérica, y uno de los de mayor rango de distribución, no haya sido estudiado más a fondo y carezca de planes para su conservación, pero ser un tapir implica no ser apreciado por largo tiempo. Sin embargo, como los investigadores revelan más cosas acerca de estos mega –herbívoros ellos descubren que el tapir juega un rol irremplazable en varios ecosistemas.



Un tapir juvenil macho (Picolo) capturado en 2008 en el Rancho Bahía das Pedras, en el área de estudio del Programa Tapir en Pantanal, en Nhecolândia, una sub región del Pantanal Brasileño. En la foto, Patricia Medici y el veterinario Joares May Jr. Foto crédito: Iniciativa para la Conservación del Tapir Brasileño, IPÊ.

“[Los tapires] han sido reconocidos como ‘ingenieros ecológicos’, así como también ‘jardineros de la selva’. Experimentos de exclusión llevados a cabo con grandes herbívoros terrestres en Bolivia han demostrado que los tapires, pecaríes y venados afectan significativamente la dinámica de los ecosistemas. En términos generales, estos animales modifican la estructura y diversidad de las comunidades de plantas al disminuir la abundancia de las especies preferidas, y al modificar interacciones competitivas entre las plantas, por consiguiente mantienen la heterogeneidad del hábitat. […] Además, los tapires buscan selectivamente partes vegetativas de diferentes plantas, y parecen tener un rol importante en la dispersión de semillas a grandes distancias. […] Por consiguiente, la extinción local de tapires o la drástica disminución poblacional puede generar un rompimiento de procesos ecológicos claves, amenazando la integridad de los ecosistemas en el largo plazo,” explica Medici, quien este año recibió el Premio por Investigación 2011 del Instituto Durrell para la Conservación y la Ecología (DICE) de la Universidad de Kent en el Reino Unido.



A pesar de su amplio rango de distribución a lo largo de 11 países en América del Sur, el tapir brasileño no está completamente libre de evitar la extinción. Está listado como Vulnerable por la Lista Roja de UICN, con una población en disminución. La pérdida de hábitat es una de las mayores amenazas para el tapir brasileño, pero Medici dice que aunque donde el hábitat esté asegurado, otros impactos humanos están poniendo en peligro a la especie.



“La caza es una de las amenazas más importantes. Los tapires están entres las especies de caza preferidas para la subsistencia y la caza comercial en todo el Amazonas. Estimaciones de la cosecha de tapires en el Estado de Loreto en la Selva Amazónica Peruana varía entre 15.447 a 17.886 individuos por año. Dado su estilo de vida individualista, baja tasa reproductiva, largo tiempo de gestación, y baja densidad poblacional el tapir brasileño raramente llega a tener una alta abundancia local, lo que los hace altamente susceptibles a la sobre explotación, y las poblaciones muestran grandes menguas cuando son cosechadas,” dice Medici, y agrega que ella cree que no hay ‘niveles sostenibles’ para la caza del tapir. El tapir es una presa popular para las tribus indígenas, pero también está siendo vendido, en forma creciente, en mercados comerciales de carnes salvajes y restaurantes en Sud América.



“Otra amenaza seria para la especie es la muerte en las carreteras. Una carretera cruza el Parque Estatal Morro do Diabo, en Sao Paulo, Brasil, y entre 1996 y 2006, fueron muertos un promedio de seis tapires por año. Muchos de los tapires fallecidos eran individuos adultos capaces de reproducirse,” agrega Medici.



En su investigación, Medici está encontrando que los esfuerzos de conservación para el tapir dependen del ecosistema en el que sobrevive, por ejemplo, la conservación del tapir en la Mata Atlántica tiene diferentes prioridades que la del Amazonas. La meta es tener un Plan de Acción para la Conservación escrito para cada ecosistema.


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