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La AIE advierte: el cambio climático será peligroso si las emisiones no se reducen en los próximo cinco años.

La Agencia Internacional de Energía o AIE (en inglés International Energy Agency o IEA) no se caracteriza por su alarmismo, e incluso a veces ha sido criticada por su postura excesivamente optimista. Aun así, la organización ha advertido que si no se toman medidas tajantes, el mundo estará condenado a utilizar fuentes de energía muy contaminantes, con lo que el clima terrestre podría superar la barrera de los 2 grados centígrados. Según muchos científicos y burócratas, esta es la línea que no debemos cruzar.



“Cada año que pasa sin que haya grandes inversiones en energías limpias”, afirma Fatih Birol, economista de la AIE, “las infrastructuras actuales, responsables de las altas emisiones, hacen muy complejo y muy caro alcanzar los objetivos de seguridad energética y climatológica”.



La AIE ha advertido que si las cosas continúan así, las infrastructuras actuales, que dependen de energías sucias y poco eficientes, no permitiran moderar el cambio climático. Las infrastructuras existentes, y aquellas en proceso de construcción, ya aseguran el 80 por ciento de las emisiones futuras. Esto, por supuesto, sucederá siempre y cuando los gobiernos no renieguen de las energías contaminantes, antes o después de que el impacto del cambio climático sea aún más evidente.



La AIE predice que el uso de carbón aumentará un 65 por ciento antes del año 2035, y que los precios del petróleo habrán alcanzado los 150 dólares por barril en esa fecha. Por otro lado, la agencia internacional también estima que en 2035, los subsidios a las energías renovables se habrán multipicado por cuatro, hasta alcanzar los 250 mil millones de dólares anuales (una cifra aún por debajo de los 409 mil millones que reciben los combustibles fósiles). La AIE, además, advierte que prescindir de la energía nuclear tras el desastre de Fukushima podría retrasar y encarecer la lucha contra el cambio climático.



“La creciente y cada vez más própera población mundial provocará, inevitablemente, un aumento de las necesidades energéticas en las próximas décadas. Pero no podemos seguir dependiendo de fuentes de energía inseguras y no sostenibles”, afirma la directora ejecutiva de la AIE Maria van der Hoeven. “Los gobiernos necesitan implementar medidas más contundentes para dirigir las inversiones hacia tecnologías eficientes y limpias. El accidente nuclear de Fukushima, así como las turbulencias sociales en el Medio Este y África del Norte, y el notable aumento de la demanda de energía en 2010, que desembocó en un año récord para las emisiones de CO2, enfatizan la urgencia y la escala de este desafío”.



El informe de la AIE coincide con lo que afirman otras investigaciones recientes. Un estudio publicado en la revista Nature el mes pasado señaló que las emisiones deberían alcanzar su punto álgido en menos de una década, y caer bruscamente a partir de entonces, si el mundo quiere tener probabilidades (en concreto un 66 por ciento) de evitar un aumento de temperaturas de más de 2 grados centígrados.



A pesar de las diferentes advertencias acerca de este prolema, los países han demostrado lentitud y ambivalencia a la hora de combatir el cambio climático.