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La erosión cultural entre los grupos indígenas de Venezuela trae nuevos riesgos para la selva tropical de Caura



La playa aguas abajo de la cascada Para, en el Río Caura. Foto por Kike Arnal.


Uno de los paisajes más hermosos del planeta está en peligro. En lo profundo del sur de Venezuela, entre antiguas montañas aplanadas cubiertas de selva, conocidas como tepuis, ríos cristalinos, y cataratas que dejan sin aliento, las influencias externas –malaria, los altos precios del oro, la caza comercial, y la erosión cultural – están amenazando a uno de los bloques remanentes de naturaleza más grandes del mundo, uno que es el hogar de pueblos indígenas y niveles sorprendentemente altos de diversidad biológica.



El Río Caura, que drena las tierras altas del Macizo Guayánico que separa las cuencas de los Ríos Orinoco y Amazonas, es reconocido por su riqueza biológica y cultural. Caracterizado por la selva tropical en las tierras bajas, la cuenca del Caura tiene más de 2600 especies de plantas vasculares, 168 especies de mamíferos, 475 especies de pájaros, 34 especies de anfibios, 53 especies de reptiles, y 450 especies de peces. Ésta, y la región circundante, es también el hogar de grupos indígenas –incluyendo a los Ye´kwana, Sanema y Jodi- los cuales dependen en gran medida de los ríos locales para el agua potable, la comida, y el transporte. Hasta hace poco tiempo, los impactos modernos a los ecosistemas y a las culturas nativas han sido leves. Pero ahora el cambio acontece rápidamente en Caura y no necesariamente para mejor, dice Tarek Milleron, un ecólogo que dirige Caura Futures, un grupo que pretende apoyar los esfuerzos para conservar el ecosistema de la cuenca de Río Caura.




Tarek Milleron. Foto por Kike Arnal.

Al contrario de lo que sucede en otras partes adyacentes al Amazonas donde las amenazas a los ecosistemas de selva tropical son la conversión a la agricultura industrial y las pasturas para el ganado, los proyectos de infraestructura, y el fuego, una de las más inminentes amenazas a la cuenca del Caura es muy sutil: la pérdida cultural entre las personas que tradicionalmente sirvieron como su protector. Dado que las poblaciones nativas crecientemente persiguen la promesa de la riqueza y la conveniencia de la vida urbana, se pierde el conocimiento del ecosistema de bosque y la administración de sus recursos. Por ejemplo, en algunas comunidades de Ye´kwana, los jóvenes hoy tienen más posibilidades de talar una palmera que de treparla por sus frutos. Para algunos, el acceso fácil sobrepasa el valor de múltiples cosechas o el valor ecológico de un árbol en pie.



Caura Futures está tratando de cambiar esto al seguir una estrategia no convencional para la conservación. En vez de trabajar para instalar parques nacionales, o el hacer lobby gubernamental, o la formación de alianzas con las fuerzas que están destruyendo al bosque, Caura Futures se asocia con las comunidades indígenas locales y les provee de entrenamiento y herramientas para salvaguardar el conocimiento tradicional, mejorar la salud humana, y promover la buena administración del ecosistema.



El trabajar con Ye´kwana y Sanema le ha dado a Caura Futures y a la organización local Caura Weichojo un buen conocimiento de las necesidades diarias de las comunidades nativas. Para atacar el problema de la tala de árboles, por ejemplo, Caura Futures ha creado un nuevo entusiasmo por la práctica tradicional de trepar árboles al volverlo una competencia. El grupo provee el equipamiento para trepar los árboles y realiza competencias para promover el retorno a la cosecha de fruta de manera sostenible.




Un tributario del Río Caura. Foto por Tarek Milleron.

Al mismo tiempo Caura Futures está trabajando para incentivar la retención del conocimiento tradicional de las comunidades indígenas, de los Ye’kwana y Sanema más ancianos, al promover esfuerzos locales para grabar historias orales, rituales y sabiduría de forma sistemática. Estos esfuerzos para formar una biblioteca cultural son llevados a cabo por los locales.



Caura Futures también está desarrollando soluciones pragmáticas para disminuir el impacto de un artículo introducido, pero utilizado generalizadamente: el motor a gasoil. Los problemas para los motores provienen del combustible, el cual es derramado en el transporte y es una amenaza a la salud pública cuando los niños utilizan sus pulmones para succionar el combustible y traspasarlo a otros recipientes. Caura Futures ha distribuido un dispositivo simple que disminuye la contaminación y elimina la necesidad de los niños de succionar combustible a través de un tubo para trasladarlo.



Tarek Milleron habló sobre estas innovaciones durante una entrevista con mongabay.com en noviembre de 2011.



UNA ENTREVISTA CON TAREK MILLERON




Rhett Butler, mongabay.com: ¿Qué hace tan especial a la Cuenca del Río Caura?



Río Caura. Foto por Kike Arnal.

Tarek Milleron: La Cuenca del Caura es un ejemplo poco común de una gran cuenca tropical que de alguna manera se ha mantenido con un bosque no fragmentado. Sus 45.300 kilómetros cuadrados y –aunque es una reserva de bosques- allí no ha ocurrido una tala significativa. El río adyacente, el Río Paragua tiene una historia muy diferente. Ha sido golpeado duramente por la minería e incursiones de forasteros por muchos años.



mongabay.com: ¿Cuáles son las amenazas más importantes a los ecosistemas y a los indígenas?



Milleron: La minería de oro está relativamente contenida, pero su crecimiento es alarmante. La sobre pesca en el bajo Caura. El comercio de la caza ilegal. Estos ríos y bosques no pueden alimentar a los pueblos y ciudades. La malaria es una amenaza, no por la gran mortalidad, sino por el efecto de causar debilidad en las personas, familias, y comunidades. Grandes amenazas son Hollywood, Madison Avenue, y el gobierno forastero- quiero decir el no indígena-. Todo esto constituye un molino que pulveriza la cultura local.



mongabay.com: ¿Cuán rápida es la pérdida cultural y qué tipo de conocimiento y tradiciones se han perdido?



Los participantes viajan a la selva en la competencia y taller para trepar palmeras en 2008. Foto por Kike Arnal.
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