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Para iluminar al gato más oscuro de África

Una entrevista con Laila Bahaa-el-din, como parte de nuestra continua serie de entrevistas con jóvenes científicos/as Interviews with Young Scientists.



Gato dorado africano en la concesión maderera Precious Woods de Gabón. Foto por: Laila Bahaa-el-din/Panthera.


A África se la conoce como el continente de los grandes gatos: el guepardo, el leopardo y, por supuesto, el rey de todos, el león. Inclusive al serval y al caracal el público los conoce relativamente bien. Mas, pocas personas se dan cuenta que África es hogar para varias especies más pequeñas de gatos salvajes, como el gato de pies negros y el gato salvaje africano. Sin embargo, el felino menos conocido del continente es, de hecho, un depredador críptico que habita el bosque tropical del Congo y de África Occidental.



«El gato dorado africano ha dominado mis pensamientos y mi energía por más de año y medio ya. Cuando realizas un estudio como éste, te encuentras intentando pensar como el animal de tu estudio,» Laila Bahaa-el-din, estudiante de posgrado de la Universidad de Kwazulu Natal, le dijo a mongabay.com en una entrevista reciente.



El pensar como un gato salvaje montuno le ha ayudado a Bahaa-el-din captar imágenes—que por primera vez se difundieron por todo el mundo—del gato dorado africano (Profelis aurata) en su hogar, el bosque tropical de Gabón. Con cámaras trampa—cámaras digitales automatizadas que toman una foto instantánea cuandoquiera un animal acciona un sensor infrarrojo—, Bahaa-el-din pudo captar a un gato dorado macho reposando justo frente a la cámara y persiguiendo juguetonamente a un murciélago (los videos al final de la entrevista). Los videos y las fotos captadas por Bahaa-el-din mostraron que no es probable que el gato sea nocturno, como se asumió por mucho tiempo, sino que en realidad está tan activo de día como de noche. Aun así, todavía hay mucho por descubrir.



Gato dorado africano en la concesión maderera de Precious Woods en Gabón. Foto por: Laila Bahaa-el-din/Panthera.

«Las densidades poblacionales en las cuales viven, el tamaño de los ámbitos de sus hogares y sus patrones de actividad aún quedan por esclarecer,» dice Bahaa-el-din. Sin esta información es imposible establecer un plan de conservación—la meta última del trabajo de Bahaa-el-din que recibe el apoyo de la Unidad de Investigación de Vida Silvestre de la Universidad de Oxford y de la organización de conservación de gatos, Panthera.



Actualmente, Bahaa-el-din está usando cámaras trampa para comparar poblaciones de gatos dorados africanos en varios hábitats: un bosque prístino, una concesión maderera en buen manejo y una de manejo deficiente.



«El ámbito del gato dorado, restringido a los bosques del África ecuatorial, se extiende más por tierras dentro de concesiones madereras que por áreas protegidas. Por ende, es crucial entender la forma en que esta actividad impacta en el gato dorado, y reducir el impacto,» dice ella. «De hecho, las imágenes de video que capté hace poco fueron tomadas en una concesión maderera en el centro de Gabón, a la cual se conoce por sus elevados estándares de prácticas madereras sostenibles y por su intolerancia con la caza ilícita. Esa área en particular en que tenía montadas mis cámaras había sido talada apenas dos años antes y se estaba talando a sólo unos cuantos kilómetros de distancia. Además de los videos se tomó muchas fotos de gatos dorados, así como de varias otras especies como gorilas, elefantes, aardvarks, leopardos, duikers o cefalofos, y roedores.»



Bahaa-el-din añade que «la tala en sí misma no debería avasallar la vida silvestre. Los efectos devastadores de la tala suelen resultar de un manejo deficiente y de prácticas insostenibles.»



Aunque las imágenes del gato dorado africano que captó Bahaa-el-din recibieron la atención de la prensa mundial—incluyendo a CNN, Reuters, National Geographic y, por supuesto, mongabay.com—, las termitas casi lo arruinan todo.



«Encontré la [cámara trampa] completamente destruida por termitas y se me encogió el corazón. […] Recuperé la tarjeta de la memoria y cargué los archivos a mi computadora, esperanzada en que algo hubiera pasado antes de que las termitas hicieran su agosto. Abrí un archivo de video y, para mi sorpresa, ¡un gato dorado aparecía en una imagen tras otra! Observé todos los archivos de una sola pasada, y luego otra vez y otra vez. Sentí que por fin estaba llegando a conocer a este gato escurridizo,» dice. «Estaba dividida entre mantener el material en secreto para preservar el misterio del gato y mostrar al mundo a este hermoso gato para visibilizarlo e impedir que desapareciese sin que nadie se diera cuenta. Está claro que la última opción era la más sensata.»



Si bien está en la escuela de posgrado, Bahaa el-din ha trabajado con una impresionante cantidad—y variedad—de especies, como guepardos y aves de rapiña en Kenia y varias especias de monos en Costa Rica.



«En lugar de buscar una especie o un sujeto en particular para estudiarlo, siempre me apoyé en encuentros casuales y en contactos que me sirvieran de guía. Me interesaba cualquier proyecto que tuviera valor de conservación y cualquier experiencia que me pusiera en contacto con el mundo natural,» dice.



Su consejo para conservacionistas que están empezando es simple.



«No se dejen convencer de que es una causa perdida,» dice, «tal como quienes vinieron antes que ustedes, pueden ser responsables de la conservación de una especie o la protección de un pedazo de tierra. Con sus hallazgos pueden influir en los niveles más altos. Si somos bastantes y seguimos luchando por un mundo en el cual los espacios naturales y la vida silvestre tienen su espacio, sucederá.»



E indudablemente Bahaa-el-din seguirá luchando por el gato silvestre más escurridizo de África.





ENTREVISTA CON LAILA BAHAA-EL-DIN




Bahaa-el-din programa una cámara trampa. Foto cortesía de Laila Bahaa-el-din.





Mongabay: Cuéntanos de ti, ¿cómo fue que te interesaste en la vida silvestre?



Laila Bahaa-el-din: No recuerdo cuando empezó mi interés en la vida silvestre pero asumo que fue de muy pequeña. De hecho, creo que en general la niñez tiene un interés casi innato en los animales y la naturaleza. Puede ser que este interés inicial disminuya con la edad pero también puede ser que persista por su cuenta o, como en mi caso, sea cultivado por la gente que nos rodea.



Mi abuelo, Peter Jackson, es un conservacionista y publicó varios libros sobre tigres, elefantes y gatos con un enfoque más general. Viajó a muchas partes del mundo y tomó fotos maravillosas que aparecían en sus libros. El me inspiró desde muy niña y yo mostraba orgullosamente sus libros a compañeras/os de juegos que venían de visita.



Vacilé un poco de adolescente, con ambiciones de ser actriz en una época y abogada en otra y, por último, de ser veterinaria pero al final me encontré a mi misma en el lugar correcto: en la Universidad de Nottingham, estudiando zoología para mi licenciatura. Luego participé en un curso de campo de Tropical Biology Association (TBA, Asociación de Biología Tropical) en el Parque Nacional Kibale en Uganda. En mi primer día ahí estaba muy entusiasmada y recuerdo que alguien dijo que me daba cinco años antes de que mi entusiasmo se apagara y me volviera amargada y cínica. Eso fue hace cuatro años y, aunque ahora sea menos ingenua, ciertamente no estoy lista para darme por vencida.



Ese curso en Uganda marcó una suerte de iniciación para mi vida actual. Por primera vez me vi rodeada de naturaleza indómita: bosque tropical y toda la vida silvestre que allí habita. La fotografía ya era mi gran interés pero ¡cómo floreció en la presencia de toda esa flora y fauna fotogénica! De Uganda viajé a Kenia, donde pasé el tiempo quizás más inspirador de mi vida bajo la tutoría del experto en aves de rapiña, Simon Thomsett. Su entusiasmo por las aves de rapiña y por toda la vida silvestre era contagioso e intenté absorber algo de su inagotable conocimiento.



Pasé un tiempo trabajando de voluntaria para Cheetah Conservation Fund (CCF, Fondo de Conservación de Guepardos) en Kenia, donde aprendí a radiomarcar guepardos con collares. Luego comenzó toda una nueva aventura en otro continente, trabajando en el Campamento Kipling de la Reserva de Tigres de Kanha en la India central. Cuando trabajaba con CCF, conocí a Jim Tamarack, quien preside un pequeño fondo para proyectos de conservación. Me sugirió ir a Costa Rica a estudiar a los monos en la Península Osa y proporcionó los fondos para que lo hiciera; ése fue mi destino después de la India. Parece que la clave era mantener la mente abierta y tomar las oportunidades conforme me iban llegando.





GATO DORADO AFRICANO




Gato dorado africano en el Parque Nacional Lopé, Gabón. Foto cortesía de Laila Bahaa-el-din/Panthera.





Mongabay: ¿Cuándo escuchaste hablar por primera vez del gato dorado africano?



Laila Bahaa-el-din: Aunque disfruté enormemente la India y Costa Rica, siempre supe que debía volver al África. Volví a trabajar con Simon Thomsett en nuestra Expedición africana por aves de rapiña y fue en el curso de algunos de nuestros extensos viajes a través del continente que él mencionó por primera vez al gato dorado africano. Parecía muy intrigado por la especie y eso me picó la curiosidad.



Mongabay: ¿Nos podrías hablar de esta especie?



Laila Bahaa-el-din: El gato dorado africano es un gato de tamaño mediano y pelaje muy variable. Puede ser rojo o gris y sus manchas varían, desde unas cuantas manchas en la parte interna de sus patas y en la parte inferior del área abdominal hasta varias manchas cubriendo todo su cuerpo. Se sabe que se alimenta mayormente de mamíferos como roedores y cefalofos (pequeño antílope). Es un gato que depende del bosque, y los informes anecdóticos sugieren que favorece el bosque primario y las áreas con denso sotobosque secundario abandonadas por la tala.



Las densidades poblaciones en las que viven, el tamaño de sus ámbitos de hogar y sus patrones de actividad todavía están por determinarse. Aun cuando se suele describir a los gatos dorados africanos como nocturnos, por el momento mi investigación indica que son más bien catemerales, lo que significa que pueden estar activos en cualquier momento del día o de la noche, dependiendo de las circunstancias.



Mongabay: Trabajaste con aves de rapiña, primates y gatos, ¿qué fue lo que te atrajo a estudiar esta especie en particular?



Un gorila de espalda plateada sentado frente a la cámara trampa. Foto por: Laila Bahaa-el-din/Panthera.

Laila Bahaa-el-din: En lugar de buscar una especie o un sujeto en particular para estudiarlo, siempre me apoyé en encuentros casuales y en contactos que me sirvieran de guía. Me interesaba cualquier proyecto que tuviera valor de conservación y cualquier experiencia que me pusiera en contacto con el mundo natural.



Acababa de completar una gira por el este y el sur de África en la Expedición africana por aves de rapiña cuando la suerte me puso en contacto con el Dr. Philipp Henschel y el Dr. Luke Hunter de la ONG estadounidense Panthera. Henschel me enganchó con su primera carta electrónica, que incluía una foto de un gato dorado que había tomado en Gabón. Mis orejas metafóricamente se pararon a la mención de Gabón, que hace tiempo me intrigaba como un país que mantenía poca población humana y bosques relativamente intactos. Sabía que los bosques albergaban grandes poblaciones de elefantes, gorilas y chimpancés, junto a especies más raras y menos usuales como pangolines, bongos y gatos dorados.



Por supuesto que Thomsett ya me había despertado el interés en el gato dorado y no podía creer que su ecología no estuviese ya por demás estudiada. Y ahí estaba Henschel ofreciéndome la oportunidad de estudiar a este gato evasivo en los mismos bosques que yo había soñado con explorar. Era demasiado bueno para ser cierto.



Mongabay: ¿Has visto a un gato dorado africano de cerca?



Laila Bahaa-el-din: Todavía no, pero no porque no haya tratado.



Mongabay: Captaste imágenes sorprendentes del gato dorado africano, que se consideran las primeras imágenes en hacer público a este animal en su ambiente. ¿Cuál fue tu reacción cuando viste el video?



Laila Bahaa-el-din: El gato dorado africano ha dominado mis pensamientos y mi energía por más de año y medio ya. Cuando realizas un estudio como éste, te encuentras intentando pensar como el animal de tu estudio. Esto ayuda, por ejemplo, a poner las cámaras trampa en el lugar correcto. Como mencioné, nunca había visto un gato dorado (libre o en cautiverio) y las fotografías seguían siendo mi única pista.



El asistente de campo Arthur Dibambo y el estudiante de maestría en ciencias Endeng N’Solet se toman un muy merecido descanso. Foto por: Laila Bahaa-el-din/Panthera.

Sabía que no iba a ser complicado obtener imágenes de video de un gato dorado pues ya tenía imágenes inmóviles de ellos de mi estudio de trampeo con cámara. Lo que sí, me preguntaba si valía la pena intentarlo ya que pensaba que sólo obtendría un fotograma de 2 segundos de un gato dorado pasando por la cámara. Como quería imágenes naturales, no quise usar cebo. Mas, al regresar al campamento un atardecer y descargar las últimas imágenes de la cámara, encontré que en uno de los sitios había un gato dorado jugando con una de las cámaras. Con la gran consternación de mi asistente de campo, volvimos al instante al sitio para instalar la cámara de video y dejarla ahí por dos semanas.



Durante esas dos semanas ardí en curiosidad por ver si la cámara había captado al gato pero sabía que debía mantenerme lejos si quería que el gato volviera. Cuando finalmente volvimos al sitio encontré la cámara completamente destruida por las termitas y se me encogió el corazón. Recorrimos abatidos el camino de vuelta al campamento. Recuperé la tarjeta de la memoria y cargué los archivos a mi computadora, esperanzada en que algo hubiera pasado antes de que las termitas hicieran su agosto. Abrí un archivo de video y, para mi sorpresa, ¡un gato dorado aparecía en una imagen tras otra! Observé todos los archivos de una sola pasada, y luego otra vez y otra vez. Sentí que por fin estaba llegando a conocer a este gato escurridizo.



Estaba dividida entre mantener el material en secreto para preservar el misterio del gato y mostrar al mundo a este hermoso gato para visibilizarlo e impedir que desapareciese sin que nadie se diera cuenta. Está claro que la última opción era la más sensata.



Mongabay: ¿Que les dirías a estudiantes que tienen interés en estudiar a especies crípticas y poco conocidas, dado que para éstas suele haber menos financiamiento y una línea de base científica menor?



Laila Bahaa-el-din: Es difícil establecer medidas de conservación para especies crípticas cuyas necesidades ecológicas todavía no han sido identificadas. Conocer la dieta del animal, sus requerimientos de hábitat y el ámbito de su hogar es crucial para llegar a conclusiones de conservación sobre si las actuales áreas protegidas son suficientes o, si no lo son, dónde se las debe establecer y de qué tamaño deben ser para mantener poblaciones viables. Yo diría que ya esto es un enorme incentivo para estudiar a las especies crípticas.



En un tono más personal, el descubrir cosas sobre la especie que se estudia es muy emocionante y compensa todo el trabajo de encontrar los fondos y de realizar la investigación sobre estas especies tan poco conocidas.





INVESTIGACIÓN CON CÁMARAS TRAMPA



El cefalofo azul (visto aquí con una cría) es comúnmente presa del gato dorado. Foto cortesía de Laila Bahaa-el-din/Panthera.






Mongabay: ¿Cuáles son las metas de tu investigación sobre el gato dorado africano usando cámaras trampa?



Laila Bahaa-el-din: Las metas incluyen evaluar los impactos de las actividades humanas, como la tala y la caza, sobre los gatos dorados. Es posible que la gente instintivamente piense que estas actividades tienen por fuerza impactos negativos. Hasta cierto punto es verdad pero no tienen que ser tan desastrosos como lo suelen ser. El ámbito del gato dorado, restringido a los bosques del África ecuatorial, se extiende más por tierras dentro de concesiones madereras que por áreas protegidas. Por ende, es crucial entender la forma en que esta actividad impacta en el gato dorado, y reducir el impacto.



De hecho, las imágenes de video que capté hace poco fueron tomadas en una concesión maderera en el centro de Gabón, a la cual se conoce por sus elevados estándares de prácticas madereras sostenibles y por su intolerancia con la caza ilícita. Esa área en particular en que tenía montadas mis cámaras, había sido talada apenas dos años antes y se estaba talando a sólo unos cuantos kilómetros de distancia. Además de los videos se tomó muchas fotos de gatos dorados, así como de varias otras especies como gorilas, elefantes, aardvarks, leopardos, cefalofos y roedores.



Ello indica que la tala en sí misma no debería avasallar la vida silvestre. Los efectos devastadores de la tala suelen resultar de un manejo deficiente y de prácticas insostenibles. Las empresas madereras abren caminos por áreas que de otra forma serían inasequibles, lo cual luego permite a cazadores ilegales de afuera cazar dentro de las concesiones. Con un poco de voluntad y no mucho en términos de recursos, estos caminos pueden ser vedados y monitoreados. El personal de tala que se trae a estas áreas remotas también puede ser un problema y, algo que es importante, la sobreexplotación de los bosques es igual de perjudicial.



Ahora estoy instalando cámaras trampa en un sitio prístino sin historial de tala o de caza para comparar su densidad poblacional de gatos dorados con la que existe en la concesión maderera. También estaré trampeando en una concesión cuya gestión no es tan buena para aislar los impactos de cada actividad y determinar la mejor forma de armar una estrategia de conservación.



Entre otras metas está la de examinar la relación entre el gato dorado y el leopardo, al cual se conoce por alimentarse del gato dorado y por competir con él por alimento. Por último, también me gustaría examinar cómo perciben las comunidades locales a los gatos dorados y a otros carnívoros para ayudar a mitigar los conflictos que surgen entre la gente y los carnívoros.



Mongabay: ¿De qué manera ha ayudado la tecnología de cámaras trampa a los esfuerzos por investigar al gato dorado africano?



El asistente de campo Arthur Dibambo coloca una cámara trampa. Foto por: Laila Bahaa-el-din/Panthera.

Laila Bahaa-el-din: Hasta ahora era casi imposibles estudiar a los gatos dorados africanos debido a su naturaleza sigilosa y tímida, y al arduo ambiente de bosque en que viven. Las cámaras accionadas por el paso de animales nos permiten estudiar a animales salvajes sin perturbarlos. A partir de los datos recolectados con estas cámaras trampa podremos ver en qué momento están más activos los gatos, cuántos viven en un área dada, y cuán relativamente abundantes son sus presas. Con las cámaras en varios sitios podremos entonces comparar todos los aspectos de la ecología del gato dorado bajo varias condiciones. Conseguir datos similares sin las cámaras trampa exige métodos más invasores y toma mucho más tiempo y dinero.



Mongabay: ¿Qué tipo de datos puedes obtener de cámaras trampa que no podrías obtener de ningún otro método?



Laila Bahaa-el-din: Con las fotos que se toma usando cámaras trampa podemos distinguir entre individuos por las diferencias en sus patrones de manchas. Entonces, al aplicar estadísticas de captura-recaptura a estos datos, podemos estimar la densidad poblacional de estos gatos. Los métodos anteriores para aplicar estadísticas de captura-recaptura implicaban atrapar físicamente a los animales, liberarles y recapturarles. Con ello, no solamente se perturbaría enormemente a una especie como el gato dorado sino que simplemente no sería logísticamente posible debido a la naturaleza tímida del animal y al arduo ambiente montuno.



Las cámaras trampa también nos permiten ver en qué momentos están más activos los gatos dorados. Se los suele describir como nocturnos, posiblemente porque en la noche están más activos en áreas de actividad humana, lo que explicaría por qué la gente los avista más regularmente de noche. Las cámaras trampa nos permiten conseguir una muestra grande de tiempos de actividad, sin el sesgo de la presencia humana, y nos revela las preferencias de hábitat de la especie.



Comparando estas estimaciones de densidad con los patrones de actividad por una determinada cantidad de sitios que difieren en niveles de actividad humana—como un sitio prístino, una concesión maderera y un área de caza—podremos evaluar los impactos de estas actividades en los gatos dorados.



AMENAZAS Y CONSERVACIÓN



Una cámara trampa se asienta precariamente entre dos elefantes montunos. Foto cortesía de Laila Bahaa-el-din/Panthera.






Mongabay: ¿Cuáles son las principales amenazas a esta especie?



Laila Bahaa-el-din: Las principales amenazas al gato dorado incluyen la tala comercial, la consunción de su base de presas debido a la caza de animales salvajes, la persecución directa y el desmonte para dar paso a la agricultura.



Mongabay: El gato dorado africano figura en la Lista Roja de UICN como Casi Amenazado. Desde tu perspectiva, ¿cuán seguro está el animal?



Laila Bahaa-el-din: No creo que podamos decir que una especie aborigen está segura, particularmente si depende de bosques que para los humanos valen más (en términos de flujo inmediato de efectivo) talados que de pie. Además, en el ámbito del gato dorado, las comunidades dependen de la carne de animales salvajes porque es su única fuente de proteína. Esto hace que el futuro para los gatos dorados sea muy incierto. Sin embargo, hay algunas áreas más esperanzadoras, como Gabón, en donde estoy trabajando actualmente. Aquí hay poca población humana, 13 parques nacionales acaban de ser creados, y el gobierno está entusiasmado en promover un «Gabón verde».



Mongabay: Considerando que los gatos grandes y populares del mundo también están en peligro (tigres, leones, jaguares, guepardos, etc.), ¿cómo defenderías la posición de emplear energía en los muchos gatos salvajes en el mundo que son menos conocidos?



Caminos de tala abren paso a áreas que serían inasequibles de otra forma. Foto por: Laila Bahaa-el-din/Panthera.

Laila Bahaa-el-din: Dado que todas las especies de gatos grandes que mencionas figuran en la Lista Roja de UICN como Especies Amenazadas, están en necesidad de toda la atención y el financiamiento que puedan recibir pero el estudiar los gatos menos conocidos no desvirtúa el gran trabajo que se está haciendo para conservar a los gatos más grandes.



El que un animal sea «popular» o estéticamente placentero no significa que sea más importante en términos de su conservación. Esto lo muestra claramente la importante función que tienen, por ejemplo, algunas especies de insectos en sus ecosistemas. Aunque un argumento para conservar a los gatos grandes es que son especies claves y que al protegerlos se está preservando ecosistemas enteros, se podría decir lo mismo de especies menos conocidas. El gato dorado africano, por ejemplo, es el único gato que depende totalmente de los bosques tropicales de África; el adoptar medidas que apunten a asegurarle un futuro supondría necesariamente conservar los bosques en los que habita y las especies de las que se alimenta.



Mongabay: Hasta ahora has tenido muchos éxitos en tu carrera. ¿Alguna recomendación para estudiantes que tienen interés en dedicarse a la investigación en conservación?



Laila Bahaa-el-din: Yo no le llamaría tanto éxito como el haber tenido experiencias increíbles. Ha sido y sigue siendo una curva de aprendizaje. Mi principal consejo es que no se desalienten y tomen las oportunidades en cuanto surjan. No teman acercarse a la gente y hacerse conocer. Y, aún más importante, no dejen que la gente les convenza que es un caso perdido. Tal como quienes vinieron antes que ustedes, pueden ser responsables de la conservación de una especie o la protección de un pedazo de tierra. Con sus hallazgos pueden influir en los niveles más altos. Si somos bastantes y seguimos luchando por un mundo en el cual los espacios naturales y la vida silvestre tienen su espacio, sucederá.



Mongabay: ¿Algún plan futuro que quieras compartir con nosotros?



Laila Bahaa-el-din: Los próximos dos años los absorberán mis estudios del gato dorado. Con la información que recolecte durante este estudio, espero, con la ayuda de Panthera, establecer una estrategia de conservación para la especie. Conservar el gato dorado es, por supuesto, un gol en sí mismo pero al proteger a un depredador tan sensible como éste, se puede además conservar su hábitat y las especies de las que se alimenta. Como tal, el gato dorado africano puede servir de especia insignia para la protección de los bosques tropicales de África.







Un gato dorado africano se sienta justo frente a la cámara de Panthera.




Un gato dorado juguetón caza un murciélago de noche.







Un pangolín gigante captado por la cámara trampa. Foto por: Laila Bahaa-el-din/Panthera.







Un chimpancé examina una cámara trampa. Foto por: Laila Bahaa-el-din/Panthera.