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Fabricantes de automóviles en los Estados Unidos vinculados a la destrucción de la Amazonía y a la esclavitud laboral

Illegal charcoal kilns in the municipality of Tucuruí. Photo by: Marizilda Cruppe/Greenpeace.
Hornos ilegales de carbón vegetal en la municipalidad de Tucuruí. Foto por: Marizilda Cruppe/Greenpeace.


De acuerdo a un nuevo informe de Greenpeace, las fuentes que abastecen de arrabio a las empresas de automóviles más grandes de los EU.UU., como Ford, General Motors y Nissan, han dado pie a la destrucción de bosque tropicales húmedos amazónicos, a esclavitud laboral y a conflictos de tierras con tribus indígenas. Después de dos años documentando el comercio de arrabio entre el noreste del Brasil y los EE.UU., Greenpeace descubrió que los bosques tropicales húmedos son talados y quemados para alimentar altos hornos que producen arrabio, el cual se embarca a los EE.UU. para la producción de acero.




«Pese a la atención que ha recibido el problema, poco se ha hecho. Si se rastrea el origen de los productos domésticos de consumo en los EE.UU., todavía se encuentran acciones ilegales y la destrucción de bosques en la Amazonía,» se lee en el informe de Greenpeace.



La región de Carajás en Brasil es hogar de 43 altos hornos usados por 18 empresas, de las cuales la mayor es Viena. Dichos hornos dependen en gran medida de campamentos ilegales en donde se tala y quema bosque tropical húmedo para obtener carbón vegetal.


«Estos campamentos se construyen en cuestión de días en áreas a las que es difícil llegar; cuando las autoridades las clausuran, suelen reaparecer en algún otro lugar. Están construidos cerca a sitios en donde se puede obtener madera, inclusive ilícitamente en áreas protegidas y en tierras indígenas,» se lee en el informe, que además anota que las condiciones laborales en el área frecuentemente se asemejan a la esclavitud. Usualmente se obliga a los trabajadores a laborar siete días a la semana en condiciones de peligro y toxicidad, y se les despoja de sus salarios alegando deudas imaginarias.



La producción masiva de arrabio en la región ha sido promovida activamente por el gobierno brasilero y solía estar financiada por el Banco Mundial, la Comunidad Económica Europea y el gobierno japonés. La promoción, empero, no mantuvo limpia la industria, a juzgar por los varios tipos de fraude documentados por Greenpeace, desde el operar sin licencia hasta el crear empresas falsas para mantener ocultas las fuentes de madera. No es de sorprender que mucho del combustible provenga de la tala ilegal.




Valdobras dos Santos Castro, 19 años de edad, trabaja en el campamento ilegal de carbón vegetal en la municipalidad de Goianésia. Foto por: Marizilda Cruppe/Greenpeace.

Greenpeace vinculó a dos de las empresas más grandes de arrabio, Viena y Sidepar, a una acería en los EE.UU. operada por Severstal, y de allí a los principales fabricantes de autos, como Ford, General Motors, BMW, Nissan y Mercedes. Viena también exporta su arrabio a Cargill, Environmental Materials Corporation y a National Material Trading, quien a su vez vende el acero a John Deere.



«La investigación de Greenpeace encontró que Viena y Sidepar alimentan sus fundidoras con carbón vegetal ilegal ligado a las pandémicas transgresiones en la región, que incluyen la esclavitud, la tala ilegal y la deforestación, y las invasiones a tierras indígenas,» se lee en el informe.



Alrededor del 70 a 80 por ciento de los bosques de la región ya se han perdido y el grueso de esta cifra, desde que comenzó la producción de arrabio a mediados de la década de los 80. Conforme el bosque va raleándose en la región, los leñadores penetran tierras indígenas y áreas de conservación. Algunas tribus indígenas, como las de Awá y Alto Río Guamá, han perdido más del 30 por ciento de su tierra a manos de leñadores ilegales.



«Los leñadores violan flagrantemente la ley e introducen muchos camiones para transportar cargas de leña; y suelen entrar bien armados a tierras indígenas,» se lee en el informe de Greenpeace.



A pesar de que la prensa ha venido tocando este tema desde 2006, las empresas han tomado poca acción o asumido poca responsabilidad, según Greenpeace.



«La mayoría de las marcas, como BMW y Toyota, no han hecho declaración alguna sobre la problemática. Algunas empresas, como Ford y General Motors, hablaron hace poco a la prensa, en 2011, sobre el tema de la esclavitud. Algunas tienen políticas vagas que intentan tratar la esclavitud pero no tienen mecanismos funcionales que monitoreen el progreso,» se lee en el informe. «Ninguna empresa ha hecho presentación pública de sus esfuerzos por combatir infracciones que acarrean pérdida de bosques en sus cadenas de suministro.»



Mientras se emitía el informe, activistas de Greenpeace luchaban por atraer la atención hacia el problema ocupando un barco cargado de arrabio destinado a los EE.UU. y demandando que la problemática se plantee en la próxima Cumbre de NN.UU. sobre el Desarrollo Sostenible, Río+20.



«La presidenta Dilma se prepara para servir de anfitriona a la élite del mundo en Río mientras hace la vista gorda al delito forestal en su propia casa. La esclavitud y la deforestación ilegal no tienen lugar en el Brasil de hoy,» dijo Paulo Adario, Director de la Campaña Amazónica de Greenpeace en Brasil. «La Amazonía está siendo botada a un horno mientras la presidenta Dilma y las empresas de automóviles más grandes del mundo pretenden ignorarlo.»



Cuando los productores de arrabio se quedan sin bosques nativos que quemar en la región de Carajás comienzan a operar sus altos hornos con monocultivos de árboles de eucalipto, algo que está ocurriendo con mayor frecuencia. Esta práctica plantea sus propios problemas, que incluyen la polución, el conflicto por recursos acuíferos, la pérdida de la biodiversidad y los conflictos por tierras.




Deforestación en áreas vecinas al cúmulo de arrabio en Marabá, estado de Pará. Foto por: Rodrigo Baliea/Greenpeace.







Un camión cargado de madera en la municipalidad de Tucuruí, una región con muchos campamentos de carbón vegetal que usan leña amazónica para convertir madera en el carbón vegetal que alimenta los altos hornos de arrabio. Foto por: Marizilda Cruppe/Greenpeace.







Deforestación en la Amazonía brasilera