Noticias ambientales

Las presas son “la principal arma del maquillaje verde” en el Amazonas

Belo Monte protest.
Protesta en Belo Monte. Foto: Atossa Soltani / Amazon Watch / Spectral Q.


Los ambiciosos planes de Brasil para construir 30 presas en la cuenca amazónica podrían terminar con todo intento hecho por el país para proteger el bosque húmedo más grande del mundo. Así lo afirmó uno de los expertos que participaron en la reunión anual de la Asociación de Biología Tropical y Conservación (ATBC, por sus siglas en inglés) que tuvo lugar en Bonito, Brasil.



Philip Fearnside, del Instituto Nacional de Pesquisas da Amazônia en Manaus, advirtió que, al contrario de lo que opinan sus defensores, las presas en el Amazonas no son una fuente de energía verde. Tampoco ofrecen muchos beneficios, teniendo en cuenta los miles de millones de dólares de inversión requeridos para su construcción y mantenimiento.



Las presas son “la principal arma del maquillaje verde en el Amazonas”, afirmó el mismo investigador durante un simposio sobre deforestación organizado por mongabay.com.



“Las presas liberan gas metano, que tiene un impacto sobre el calentamiento global mucho mayor que el dióxido de carbono, especialmente durante las primeras décadas que siguen a su construcción. En este periodo, las emisiones de metano son a menudo incluso mayores que aquellas que generan electricidad a partir de combustibles fósiles. Dichas décadas corresponden con el pequeño intervalo de tiempo en el que el calentamiento global debe ser controlado para evitar impactos extremos, entre otros lugares en el bosque amazónico”.



Las presas en los trópicos son culpables de dos clases de emisiones de efecto invernadero: el carbono que es liberado del suelo y la vegetación moribunda cuando el embalse es inundado, y el metano que se forma cuando la materia orgánica decae bajo condiciones de poco oxígeno en el fondo del embalse. Las emisiones de metano son facilitadas por las turbinas de la presa, que generalmente remueven el agua profunda, rica en metano, y la envían hacia la superficie. Las emisiones de la vegetación putrefacta ocurren de forma continua cuando los niveles de la presa fluctúan: en la temporada seca las hierbas emergen del fango, para pudrirse de nuevo cuando las aguas regresan. De esta manera, una presa tropical típica es convertida en una “fábrica de metano”, de acuerdo con Fearnside.




Presas planeadas en Brasil. Cortesía de Dams in the Amazon.




Las presas en el Amazonas también facilitan la deforestación, ya que promueven la construcción de carreteras y por lo tanto la tala y el transporte de madera, y generan electricidad para granjas industriales, minas y la fabricación de aluminio.



“El 80% del valor del aluminio es electricidad”, afirma Fearnside. “Brasil está exportando energía en forma de aluminio”.



El mismo investigador apunta que las fábricas de aluminio generan solo 2,7 puestos de trabajo por gigavatio de electricidad, lo que considera un “muy pobre resultado” dados los costes, que incluyen la interrupción de los patrones migratorios de peces y el desplazamiento de decenas de miles de personas, entre ellas pueblos indígenas.



“Ya que la población humana en la Amazonía tradicionalmente vive junto a los ríos (incluyendo indígenas y no indígenas) estas presas están expulsando a la mayoría de las poblaciones”.




Lugar de construcción de la presa de Belo Monte y del proyecto hidroenergético asociado a esta, cerca de Altamira. Foto: © Greenpeace / Maricilda Cruppe.




Fearnside afirma también que la controvertida presa de Belo Monte en el Río Xingú, dentro del estado de Pará, ilustra muchos de los problemas creados por la construcción de presas en el Amazonas. Belo Monte inundará un cuarto de la ciudad de Altamira y desviará el 80 por ciento del flujo del Xingú, dejando 60 millas (unos 100 kilómetros) de uno de los mayores tributarios del Amazonas casi seco. Las comunidades de esa parte del río perderán su principal fuente de riqueza, la pesca. La presa también impedirá la migración de algunas de las especies de peces más grandes, lo que podría afectar a las poblaciones de peces en otras partes de la cuenca amazónica. Varias comunidades sufrirán inundaciones, y en estas zonas, según Fearnside, la gente ya está siendo expulsada por la fuerza.



No obstante, la presa será la causa de mayores problemas. Tal y como está diseñada actualmente, Belo Monte será víctima de las variaciones estacionales del flujo del Xingú. Las partes de la presa que requieren mayor inversión (las turbinas y las líneas de transmisión) tendrán que dejar de funcionar cuatro meses al año debido a los bajos niveles del agua. Este inconveniente hace posible que Brasil impulse un plan para construir otras presas en la parte alta del río: hasta 2008 se habían planeado un total de seis solamente en el Xingú. Estas presas capturarán el agua, asegurando un flujo más constante en Belo Monte. Sin embargo, una mayor fluctuación del agua en las cotas altas significará que estas presas generarán incluso más emisiones de metano, en relación a su capacidad de producción de energía.




– Construcción de un canal para el proyecto de la presa de Belo Monte, cerca de Altamira. Foto de Daniel Beltrá para Greenpeace. Una vez completada, la presa de Belo Monte será la tercera más grande el mundo. Inundará hasta 400.000 hectáreas y desplazará a 20.000 personas. Foto: © Daniel Beltrá / Greenpeace.




Fearnside concluyó su charla con una llamada al uso y producción inteligentes de la energía en Brasil.

“Afortunadamente, Brasil tiene muchas opciones para saciar sus necesidades energéticas, sin necesidad del avance hidroeléctrico planeado para el Amazonas”, afirmó. “La exportación brasileña de electricidad en la forma de productos electro-intensivos, tales como el aluminio, está aumentando rápidamente. Detener las exportaciones de aluminio representaría más que la generación por parte de la controvertida presa de Belo Monte”.



Fearnside también citó el uso poco eficiente que se hace en Brasil de las duchas, que consumen el 5 por ciento de la electricidad nacional, como una oportunidad para conseguir ser más eficientes.



“La conservación de energía también evitaría las presas: con sólo reemplazar las cabeceras de las duchas por sistemas solares de calentamiento del agua se ahorraría mucho más de lo que Belo Monte generará”.



A esto añadió que la energía solar y eólica de Brasil tiene un “tremendo potencial”, y que “no recibe las inversiones gubernamentales masivas destinadas a las presas”.



Fearnside también hizo un llamamiento para replantearse las políticas energéticas de Brasil.



“Un debate nacional profundo y democrático acerca de la política energética es necesario antes de que se presenten más proyectos de presas”, dijo.



“El impacto social y ambiental de los proyectos propuestos para presas tiene que ser evaluado de forma neutral y transparente, con participación de la comunidad científica y de otros sectores de la sociedad civil. Los procedimientos para obtener licencias deben ser fortalecidos en lugar de ser relajados y abreviados, como sucede en la actualidad”.



“Recientes atajos en el sistema de licencias de las presas de Belo Monte y del Río Madeira constituyen tristes precedentes y subrayan la urgencia de replantearse las políticas energéticas y el proceso de decisión en la construcción de presas”.