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Mamíferos claves se van extinguiendo en fragmentos de bosques

New research shows that the lowland tapir is nearly extinct in the Atlantic Forest. Photo by: Jeremy Hance.
Investigación reciente muestra que el tapir de las llanuras está por extinguirse en el bosque atlántico. Foto por: Jeremy Hance.


Cuando los portugueses arribaron por primera vez a las costas de lo que hoy es Brasil les aguardaba un bosque inmenso. No la Amazonía sino el bosque atlántico, que se extiende por más de 1,2 millones de kilómetros. Aquí, el jaguar, el máximo depredador del continente, acechaba al pecarí, mientras el tapir vadeaba los ríos y el gigante oso hormiguero desenterraba túmulos de termitas. También aquí el pueblo Tupí sumaba a casi un millón de personas. Ya casi nada de eso existe: 93 por ciento del bosque atlántico fue transformado en ciudades y en tierra agrícola y pastizales, mayormente desde la década de los 40. La mayoría del pueblo Tupí desapareció a consecuencia de la esclavitud y de las enfermedades y, según un nuevo estudio en la revista especializada de libre acceso PLoS ONE, también se desvaneció mucha de la mega fauna silvícola, desde los jaguares hasta los osos hormigueros.



«Revelamos un pasmoso proceso de extinciones locales de mamíferos medianos y grandes,» dijo en un comunicado de prensa el coautor Gustavo Canale de la Universidad Estatal de Mato Grosso (UNEMAT).



El estudio encontró que los fragmentos de bosque, como los que hoy conforman el bosque atlántico, no bastan para salvar a muchos mamíferos de la extinción local. Esto despierta preocupación por los bosques tropicales del mundo pues muchos están sucumbiendo a la tala y quedando en fragmentos, cual el bosque atlántico en los últimos siglos.



Al examinar 18 especies de mamíferos en 196 fragmentos de bosque en el bosque atlántico, los investigadores hallaron «índices de extinción local sin precedentes,» pese a que se enfocaron en los sitios de la región «que estaban mejor preservados o intactos”. En promedio solamente encontraron 4 de 18 mamíferos objetivo (alrededor del 22 por ciento) en cada segmento de bosque; y algo que no sorprende es que algunos fragmentos dieron mejores resultados que otros. De casi un centenar de sitios, ninguno tenía los 18 mamíferos. Estos hallazgos contradicen la teoría habitualmente citada de la relación entre las especies y el área, que predice la supervivencia de un 45 a un 80 por ciento de los mamíferos.


Lo que preocupa es que los mamíferos objetivo se han reducido inclusive en algunos segmentos grandes cuya cubierta forestal estaba intacta. Aún los fragmentos más grandes promediaban menos de ocho de las especies objetivo.



«Uno esperaría que los fragmentos de bosque con una estructura de cubierta relativamente intacta hubiesen mantenido mucha de su biodiversidad,» explica el principal autor, Carlos Peres, de la Escuela de estudios científicos y ambientalistas de UEA. «Nuestro estudio muestra que esto raras veces se da, a no ser que estos fragmentos estén rigurosamente protegidos de la presión que ejerce la caza.»



La caza, tanto la permitida como la furtiva, ha diezmado a muchas de las especies de mamíferos, inclusive en aquellos hábitats en las que se las suponía presentes. Además, los fragmentos de bosque sufrieron por los efectos de borde, como la desecación, la vulnerabilidad a los vientos y una creciente probabilidad de incendios, algo que es raro en bosques tropicales húmedos.



Algunos mamíferos han desaparecido o están por desparecer. El estudio no halló evidencia de la supervivencia de los pecarís de labio blanco en el bosque atlántico, aunque se encontró tapires de llanuras, monos araña peludos, jaguares y osos hormigueros gigantes en 0,5 a 3 por ciento de los bosques estudiados. Los mamíferos objetivo que han sobrevivido son en su mayoría pequeños, como los titíes, los monos tití y los armadillos de nueve bandas.



Muchas de las especies comunes de antaño inclusive se han esfumado de la memoria humana, un fenómeno que en la ciencia se conoce como cambio en la línea base, esto es, cuando los seres humanos se olvidan de cómo era un ecosistema.



«Las entrevistas indicaron claramente que en la memoria reciente no había registro de especies que solían extenderse por casi todos los fragmentos de bosque estudiados,» comentan los investigadores y agregan que «el 98 por ciento de la gente entrevistada informó que el folclor local se ha olvidado de las cinco especies más grandes y que los cazadores de subsistencia ya no los persiguen.»



El estudio sí apuntó a un remedio: áreas protegidas. La clave de la supervivencia de los mamíferos en el bosque atlántico tenía más que ver con la protección legal que con el tamaño de los fragmentos; y las áreas protegidas contenían tres veces más especies objetivo que las áreas desprotegidas.



«Por ende, recomendamos implementar nuevas áreas bajo protección rigurosa, como parques nacionales y reservas biológicas, incluyendo los fragmentos de bosque que tienen poblaciones de especies en riesgo de extinción y especies raras y endémicas, especialmente aquellas que enfrentan extinción inminente,» dijo Canale. Hoy, menos del 2 por ciento del bosque atlántico se halla estrictamente protegido.



Pese a ésto, la tendencia en el bosque atlántico va en dirección opuesta a la de una mayor protección y conservación.



«Son cada vez más las reservas que son degradadas y disminuidas, o totalmente desclasificados, así que una parte crucial de la misión de conservación en este siglo será aferrarse a los últimos trechos grandes que quedan,» explicó Peres.



Muchos de los que alguna vez fueron los bosques tropicales húmedos más grandes del mundo—de Sumatra a Madagascar y de Uganda a Papúa Nueva Guinea—están siendo despedazados y disminuidos casi de la misma manera en que se redujo el bosque atlántico hace 50 años, cuando sólo 3 mil millones de personas ocupaban el planeta. Y sus mamíferos, de los tigres a los lémures, ahora encaran la misma acometida feroz que sufrieron los jaguares y los osos hormigueros gigantes del bosque atlántico, que ya casi no existen.



«Las poblaciones humanas crecen abruptamente, y muy pocas áreas siguen intactas debido a la creciente cornucopia del efecto humano,» dice Peres. «Por ende, es esencial que las áreas que están protegidas nominalmente, “en teoría”, sean resguardadas en la práctica. De ello depende el futuro de la vida silvestre del bosque tropical.»







Los puntos muestras los trozos de bosque que fueron estudiados en el bosque atlántico. Mapa cortesía del articulo.







CITATION: Canale GR, Peres CA, Guidorizzi CE, Gatto CAF, Kierulff MCM (2012) Pervasive Defaunation of Forest Remnants in a Tropical Biodiversity Hotspot. PLoS ONE 7(8): e41671. doi:10.1371/journal.pone.0041671.





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Mapa del bioma del bosque atlántico; pulse aquí para ampliarlo.