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Moscas chupadoras de sangre ayudan a científicos a identificar mamíferos raros difíciles de encontrar

The face of the blue bottle fly (Calliphora vomitoria). New research shows how this carrion-eater carries the mammals of the forest in his stomach. Photo by: J.J. Harrison.
La cara de la mosca azul de la carne (Calliphora vomitoria). Una nueva investigación muestra que esta comedora de carroña lleva mamíferos del bosque en su estómago. Foto de: J. J. Harrison.


El año pasado unos científicos hicieron público un estudio que probablemente revolucionará la forma en que los conservacionistas rastrean las especies. Hace poco unos investigadores extrajeron sangre chupada de sanguijuelas terrestres en las remotas Montañas Annamite de Vietnam y analizaron el ADN de lo que habían estado comiendo. Sorprendentemente los investigadores fueron capaces de identificar una serie de mamíferos amenazados y muy difíciles de ver. De hecho dos de las especies detectadas en la sangre chupada habían sido descubiertas por científicos tan solo en la década de los 90. En el pasado intentar encontrar animales raros y tímidos en la jungla requería muchas horas y mucho dinero. Si bien el creciente uso de trampas-cámara remota ha permitido a los científicos ampliar su búsqueda, la toma de muestras de ADN extraído de sanguijuelas podría ser el siguiente gran paso en la simplificación (y abaratamiento) de la búsqueda y rastrero de los mamíferos del mundo. Pero ahora un nuevo estudio en Modelcular Ecology añade otro protagonista a la historia: las moscas.



Dirigido por Sebastien Calvignac-Spencer del Instituto Robert Koch, un equipo de científicos ha analizado el ADN encontrado en los estómagos de moscas chupadoras de sangre, conocidas como moscas de la carroña y moscas de la carne, que se alimentan de carne corrompida, heridas o incluso heces llevándose el ADN de los animales. A diferencia del equipo del estudio con sanguijuelas, que se centró solamente en Vietnam, Calvignac-Spencer y su equipo tomaron muestras de moscas de dos parques, uno en Madagascar (Reserva de Kirindy) y otro en Costa de Marfil (Parque Nacional de Tao).



«La principal ventaja de usar moscas es su distribución mundial. Las sanguijuelas terrestres en cambio están restringidas al cinturón tropical e incluso dentro de ese cinturón no se las puede encontrar en cualquier parte (por ejemplo no había en los dos bosques donde realizamos nuestro estudio)», dijo Calvignac-Spencer a mongabay.com. De hecho, como no hay sanguijuelas terrestres ni en la Reserva de Kirindy ni en el Parque Nacional de Tao, las moscas eran la siguiente opción lógica.




Hipopótamos pigmeos en una reserva de Kenia.

Cuando los investigadores sometieron a prueba a sus moscas, quedaron sorprendidos con los abundantes resultados que obtuvieron. En el Parque Nacional de Tao los investigadores descubrieron 16 mamíferos a través de las moscas, incluido el hipopótamo pigmeo (Choeropsis liberiensis) y el cefalofo de Jentink (Cephalophus jentinki), que están incluidos en la Lista Roja de especies amenazadas de la UICN.



«Una sorpresa fue que pudimos obtener muestras de toda la comunidad local de primates [del Parque Nacional de Tao] analizando cerca de 120 moscas», dijo Calvignac-Spencer a mongabay.com, añadiendo que la obtención del ADN de las nueve especies de primate de esa zona protegida «no supuso un esfuerzo tremendo».


En la Reserva de Kirindy de Madagascar, los investigadores fueron capaces de identificar el ADN de cuatro especies de mamífero, incluido el lémur ratón gris (Microcebus murinus) y el lémur enano de cola gruesa (Cheirogaleus medius). Aunque cuatro mamíferos no parezca mucho, los investigadores fueron capaces de obtener estos datos con unas 40 moscas solamente.




Aunque los autores del estudio han escrito que las moscas de la carroña «representan una fuente de ADN de mamíferos extraordinaria y hasta hora sin explotar», Calvignac-Spencer dice que eso no quiere decir que haya que descartar a las sanguijuelas donde las haya.


«Probablemente el ADN de los mamíferos será de mejor calidad y persistirá más tiempo en las sanguijuelas que en las moscas», señala. Desde luego el estudio del año pasado reveló que el ADN que había en la sangre chupada por las sanguijuelas todavía era viable al cabo de cuatro meses o aproximadamente el tiempo que pasa hasta que una sanguijuela terrestre vuelve a tener hambre.




«Como indican estos ejemplos, ambos [sujetos] tienen sus ventajas y sus desventajas», dice Calvignac-Spencer. «Así que ampliamos la caja de herramientas de los biólogos de la conservación pero en ningún caso decimos que las nuevas herramientas vayan a sustituir a las que ya hay disponibles.»



En otra expansión que podría haber comenzado la nueva tecnología se utiliza para rastrear no solo mamíferos sino también aves, reptiles y anfibios. De hecho la investigación de Calvignac-Spencer identificó el ADN del rascón europeo (Rallus aquaticus) en varias moscas de la Reserva de Kirindy. En el Parque Nacional de Tao, fueron capaces de extraer el ADN de un bucerótido y una rana, aunque no fueron capaces de determinar la especie.




Sanguijuela terrestre de Borneo. Foto de: Rhett A. Butler.

Calvignac-Spencer advierte que encontrar ADN de animales que no son mamíferos «no es una prueba fehaciente de que funcionaría igual de bien […] pero es una posibilidad que merece la pena explorar».



De todas formas, aunque el nuevo método es muy prometedor, tiene fallos. Por ejemplo, no se pudo identificar la especie de algunos de los mamíferos. Las ratas, los ratones y las musarañas resultaron especialmente difíciles.



«La razón es que la base de datos con la que comparamos nuestras secuencias no contenía secuencias de todas las especies posibles», explica Calvignac-Spencer. «Eso indica que la precisión de nuestra asignación (familia/género/especie) depende crucialmente de la calidad de las bases de datos de referencia, aunque una base de datos exhaustiva no es un requisito previo estricto.»



De todas formas, el nuevo método tiene infinidad de ventajas: no es invasor, el trabajo de campo necesario consiste en poco más que cazar moscas y, según Calvignac-Spencer, se puede hacer económicamente, sobre todo si «se aplican estrategias de secuenciación de la siguiente generación».



«Calculamos que los costes de personal disminuirán radicalmente en comparación con los de los métodos clásicos, p. ej. transectos, etc.», señala. «Desde luego no hace falta formar a nadie para que reconozca las especies (lo cual lleva mucho tiempo) y colocar trampas para moscas es facilísimo y rapidísimo.»



Puede que algún día las sanguijuelas y las moscas sirvan no solo para identificar qué especies merodean por los bosques, sino también para calcular su abundancia, detectar crisis de las poblaciones, probar y descartar la existencia de una especie enigmática, o incluso averiguar los mejores sitios para buscar especies nuevas.






CITATION: Sébastien Calvignac-Spencer, Kevin Merkel,
Nadine Kutzner,
Hjalmar Kühl,
Christophe Boesch,
Peter M. Kappeler,
Sonja Metzger,
Grit Schubert,
Fabian H. Leendertz. Carrion fly-derived DNA as a tool for comprehensive
and cost-effective assessment of mammalian biodiversity. Molecular Ecology. 2013. DOI: 10.1111/mec.12183