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Se necesita un cambio de paradigma para evitar un colapso ambiental mundial, según el autor del nuevo libro The Blueprint: Averting Global Collapse

Scientists and experts are increasingly concerned that we are entering an age of ecological collapse with untold impacts for future generations. In Daniel Rirdan's new book, The Blueprint, he outlines how to avoid this fate.
Hay creciente preocupación entre la gente de ciencias y la gente perita en el área de que estamos ingresando a una era de colapso ecológico, cuyos efectos para las futuras generaciones son inmedibles. En el nuevo libro de Daniel Rirdan, The Blueprint, se esboza la manera de evitar este sino.


Autor, estratega mundial y disertante, Daniel Rirdan se abocó a crear un plan para abordar el futuro de nuestro planeta, lo cual es precisamente lo que hace su libro The Blueprint: Averting Global Collapse (El modelo para evitar el colapso mundial (nuestra traducción)), publicado el año pasado.



«Ha sido una rutina de sesenta horas a la semana,» dijo Rirdan a mongabay.com en una entrevista reciente. «Básicamente, despertaba con la carga del mundo sobre mis espaldas y así me iba a dormir. Día tras día por dieciocho meses.»



Salta a la vista al leer The Blueprint que, en efecto, fue una empresa monumental. El libro es ambicioso en alcance, se apoya en una investigación exhaustiva y en una lista de más de 500 referencias para delinear las principales amenazas al ecosistema de nuestro mundo, conocido como el planeta Tierra, y para proponer un plan que cambie nuestra actual trayectoria mundial. El «modelo» de Rirdan toca un abanico de temas: el cambio climático, temas del agua, la sobrepesca, los recursos energéticos, la deforestación y la crisis demográfica, para nombrar a unos cuantos.



En una entrevista a mongabay.com, Rirdan habla de algunas soluciones que propone en el libro, el cual recibió una brillante reseña en Publisher’s Weekly. En términos generales, Rirdan pide un cambio de paradigma.



«El cambio más importante «, declara, «es reconocer que no se va a encontrar soluciones en los actuales sistemas políticos y económicos. Si como sociedad reconocemos que todo lo demás vendrá dado, entonces todo se hace posible.»



Claramente, Rirdan no se acobarda ante ideas formidables. En respuesta al cambio climático pide «un cambio hacia una economía de carbono negativo. En esencia, significa una interrupción general de las emisiones de gas de efecto invernadero pero también una reducción del carbono que ya está en la atmósfera.»



Por suerte, el lector o la lectora no sólo se queda con tremendas exigencias de «cambios de paradigma» y «cambios radicales,» Rirdan se asegura de incluir los medios para lograr estos fines. En el tema de la deforestación, aboga por «sustituir gran parte de la leña con la electricidad para generar calor y luz, y reducir nuestra necesidad de papel a la par que nos llegan los medios electrónicos de comunicación. Si lo hacemos, podremos satisfacer nuestras necesidades con las actuales plantaciones de árboles. Hice los cálculos y, en efecto, las cifras lo corroboran.»



Allende el modo en que abordemos los temas, la tarea de evitar que el planeta caiga por el precipicio de la catástrofe es monumental. Pese a estos desafíos desalentadores, Rirdan halla esperanza en el «darse cuenta que los medios para cambiar de curso están a la mano: tenemos los recursos, el potencial humano y las tecnologías que necesitamos.» Su nuevo libro, The Blueprint, es una decisiva llamada a la acción.





ENTREVISTA A DANIEL RIRDAN




Planta Castle Gate de energía a carbón en Ohio. Foto por: David Jolley.



Mongabay: Este es un libro de gran alcance, ¿qué lo llevó a abarcar tantos temas?



Daniel Rirdan: Darme cuenta que todos estos temas necesitan abordarse para poder retroceder ante el precipicio. Al final, realmente es un sólo tema: el colapso, posible y eventual, de la biosfera.


Mongabay: ¿Cuál cree que es la mayor amenaza que enfrentamos como planeta, cuál el tema más acuciante?



Daniel Rirdan: Desde la perspectiva de nuestro planeta, la mayor amenaza es el colapso de los ecosistemas que quedan—notablemente, el bosque tropical húmedo amazónico, el cual es en efecto el último gran bastión de la naturaleza.



Aquí tiene otra respuesta: el tema más acuciante es la emisión de gases de efecto invernadero. Si la trayectoria actual de emisiones continúa, se prevé que en uno o dos siglos tendremos un clima radicalmente diferente. Es probable que el girar el dial seis grados Celsius en tan poco tiempo acarree una calamidad ecológica.



EL CAMBIO CLIMÁTICO





El uso de energía limpia para impulsar Norteamérica: la gráfica muestra la demanda y la oferta hora por hora. De The Blueprint. Pulse para agrandar.


Mongabay: Mucha gente acepta el cambio climático como un hecho pero la abruma y le cuesta leer u oír hablar del tema. ¿Cómo sugiere que la gente entienda este concepto y se mantenga informada sin descorazonarse del todo?



Daniel Rirdan: Lo abrumador y deprimente no son los problemas en sí—por formidables que sean—sino la agobiante sensación de que no podemos resolverlos desde nuestros sistemas políticos y económicos. Como tampoco hemos estado dispuestos a considerar un cambio radical, estamos totalmente perplejos. Pues bien, no podremos lograr un cambio real con el actual paradigma político y económico; simplemente necesitamos superarlo. Esta es la parte difícil. Una vez que estemos abiertos a considerar opciones que no son parte de nuestro actual condicionamiento cultural, veremos que se puede evitar lo peor por venir. Para empezar, esta visión me llevó a elaborar soluciones reales y cursos de acción viables en mi libro.



Mongabay: El huracán Sandy puso al cambio climático bajo la lupa de los medios de comunicación. ¿Cuán optimista es de que esto lleve a los Estados Unidos a actuar?



Daniel Rirdan: No lo soy. De hecho, estoy casi seguro que los EE.UU. nada harán de motu proprio para evitar el cambio climático. No hay suficiente voluntad política; tampoco puede un país por su cuenta hacer una diferencia real pues ésta es una crisis planetaria, no algo localizado.



Mongabay: ¿Considera a la geoingeniería una posible solución al cambio climático?



Daniel Rirdan: Tenemos la mala reputación de arruinar la naturaleza una y otra vez; el tiro siempre parece salirnos por la culata, y con creces. Por lo tanto, considero a la geoingeniería como un último recurso, en el mejor de los casos. El problema es que ya casi estamos al punto de tener que considerar los últimos recursos. Al fin y al cabo, en el contexto de otras medidas permanentes y más significativas, abogo por inyectar dióxido de azufre en la atmósfera superior por unas cuantas décadas, hasta que, eventualmente, se formen pequeñas partículas de sulfato que reflejen la luz solar al espacio. Esto no difiere de lo que ocurre cuando un volcán hace erupción.



Mongabay: ¿Podría resumir su plan para lidiar con el cambio climático?



Daniel Rirdan: Buscar una economía de carbono negativo. En esencia significa un cambio radical, que corresponde, de nuestros variados sectores económicos—transporte, construcción, prácticas de uso de la tierra—para garantizar que sus emisiones de gases de efecto invernadero sean insignificantes; además implica reducir y absorber cientos de miles de millones de toneladas de carbono que ya están en la atmósfera. En mi libro dedico páginas de páginas a detallar estos planes tecnológicos.



OTROS TEMAS ECOLÓGICOS MUNDIALES




Destrucción de bosque tropical húmedo en Borneo para plantaciones de palma aceitera. Foto por: Rhett A. Butler.


Mongabay: ¿Cuál cree que es la solución a la deforestación?



Daniel Rirdan: En primer lugar significa sustituir gran parte de la madera con la electricidad para generar calor y luz, y reducir nuestra necesidad de papel a la par que nos llegan los medios electrónicos de comunicación. Si lo hacemos, podremos satisfacer nuestras necesidades con las actuales plantaciones de árboles. Hice los cálculos y, en efecto, las cifras lo corroboran.



Mongabay: ¿Cómo alimentamos al mundo sin destruir los ecosistemas del mundo?



Daniel Rirdan: No lo hacemos. De hecho, ya destruimos la mayor parte de los ecosistemas. La tierra puede sostener una cantidad fija de biomasa. Si se la usa para cultivos, no sostendrá otras formas de vida. Así de simple. A estas alturas, nada más nos queda por hacer que cuidar de todos y cada uno, por supuesto—todos los siete mil millones de clientes.



Pese a lo anterior, tres cosas pueden hacer mucho por reducir nuestra huella y restaurar la biosfera parcialmente: Primero, en lugar de dedicar un sinfín de acres a producir forraje, dejemos que nuestro ganado paste y, de paso, devuelva nutrientes al medio ambiente. Segundo, deberíamos instituir métodos biointensivos para cultivar alimentos en el radio urbano, lo cual abastecería las necesidades del veinte por ciento de las personas adultas del mundo. Tercero, deberíamos determinar el potencial de la agricultura vertical. Las estimaciones iniciales sugieren que toda el área agrícola actual, del tamaño de Rusia, puede condensarse hasta un megacomplejo agrícola del tamaño de Bélgica.



Mongabay: ¿Necesitamos lidiar con la sobrepoblación o puede el mundo mantener a 9 mil millones?



Daniel Rirdan: A largo plazo, el mundo no podrá mantener a los siete mil millones de personas que hay ahora y mucho menos a la población de nueve mil millones que se prevé. De modo que sí, lidiar con el tema de la sobrepoblación es ineludible. La única opción que tenemos es que la realidad física reduzca nuestra población al tamaño apropiado—y no va a ser agradable; de otra forma tendríamos que recurrir a una planificación familiar humanitaria. Lo calculé. Si nos atenemos a dos niños o niñas por familia podríamos llegar a mil millones de personas en un siglo y medio o cifra similar.



HACIA ADELANTE



Niñas y niños en Madagascar, uno de los países más pobres y de vasta degradación medioambiental. Foto por: Rhett A. Butler.


Mongabay: ¿Cuál cree que es el cambio, o cambios, más importante que la gente puede hacer en su cotidiano para tratar los problemas que plantea el libro?



Daniel Rirdan: La noción de pensar globalmente y actuar localmente es sumamente atractiva y, como puede ver, los resultados netos han sido, literalmente, menores a cero. De modo que no voy a dar la respuesta usual de reciclar más latas y poner paneles de PV en los techos. El cambio más importante es reconocer que las soluciones no las vamos a encontrar en los actuales sistemas políticos y económicos. Si como sociedad reconocemos esto, todo lo demás vendrá dado, todo se hace posible.



Mongabay: ¿Qué función le halla a la tecnología en la mitigación de amenazas?



Daniel Rirdan: Una función vital. De hecho, sin nuestras tecnologías, los siete mil millones causaremos estragos en el planeta en cuestión de semanas o meses—antes de sucumbir y comenzar a morir en masa. A un extremo del espectro están las primeras colonias que devastaron la vida en las praderas de Sudamérica, Australia y Norteamérica hace 45.000 a 10.000 años. Usaban medios extravagantes para abastecerse. Al otro extremo del espectro está el marco sofisticado que tenemos, que permite alimentar, hoy y aún mañana, a los miles de millones que se apiñan en nuestro diminuto planeta. En lo que al futuro concierne, necesitamos otras tecnologías, más inteligentes, para ser en verdad sostenibles. El abanico de medidas tecnológicas no es todo lo que se nos exige—No estoy sugiriendo que podemos seguir tirando la casa por la ventana—pero es absolutamente vital.



Mongabay: Desde la esfera política se descarta muchos temas ecológicos meramente porque se piensa que perjudican las economías nacionales. ¿Necesitamos repensar nuestro sistema económico para tratar los temas ecológicos del mundo?




Daniel Rirdan.

Daniel Rirdan: Repensarlo es un eufemismo. El sistema económico actual es la forma más rápida de exprimir el medio ambiente vivo hasta secarlo. Esta desvinculación entre las actividades económicas y el bienestar de la biosfera, de la realidad física, hacen que esta economía, tal cual la conocemos, sea defectuosa. Tenemos que ingeniarnos y generar un nuevo sistema económico.



Mongabay: Muchas de las soluciones que sugiere son controversiales. ¿Podría tocar algunos de los temas más controversiales y explicar la investigación y el razonamiento que le hicieron incluirlos?



Daniel Rirdan: Déjeme decirle algo general: Uso cualquier medio necesario—desde la geoingeniería hasta las políticas de fertilización—para evitar un desastre. No me pongo de lado de nadie y no soy aprensivo. Quizás reciclar latas de cerveza no es controversial pero tampoco resuelve el tema.



Ya toqué algunas medidas. Aquí hay otra: desalinizar el agua. Al fin y al cabo, surtir nuestras necesidades de agua desalinizando el agua marina tiene una huella ecológica mucho menor que nuestras prácticas actuales de exprimir la tierra hasta secarla y perturbar el flujo natural del agua. Analicé en detalle lo que tomaría satisfacer las necesidades de agua de los EE.UU. con la desalinización. Asumiendo una cantidad de lo más generosa de 10 kilovatios/hora por metro cúbico requeriría un total de 506 teravatios/hora cada año. Es más, asumí once canales de agua al interior del territorio que bombean agua a dicho interior por un trecho combinado de unos 9.600 kilómetros. La cantidad total de energía será de 678 teravatios/hora cada año. Para acomodar esto basta con el exceso incorporado de la capacidad de generación energética durante los meses de verano—si asumimos, como lo hice, a las torres de energía solar como las principales proveedoras de energía en una futura red energética. También significa que necesitaríamos 427 plantas gigantes de desalinización, esparcidas ralamente por los nueve mil seiscientos kilómetros de costa estadounidense, y que cada planta sería similar a la planta Jebel Ali en los Emiratos Árabes Unidos.



Mongabay: ¿Qué es lo que le infunde esperanzas?



Daniel Rirdan: Darme cuenta que los medios para cambiar de curso están a la mano: tenemos los recursos, la mano de obra y las tecnologías que necesitamos.