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Los científicos descubren que hasta los cocodrilos tienen debilidad por la fruta

Es difícil vincular la imagen de un feroz cocodrilo escamoso de grandes dientes con una dieta que no sea completamente carnívora. Aunque nos han bombardeado con escenas de muertes sangrientas en las que vemos cocodrilos capturando desde impalas a búfalos, nuevas evidencias sugieren que deberíamos replantearnos completamente la percepción que tenemos de estos animales.



Cuando en los noventa Steven Platt, herpetólogo de la Wildlife Conservation Society (Sociedad de Conservación de la Vida Salvaje, WCS en sus siglas en inglés), era sólo un joven estudiante universitario, descubrió que los científicos empezaban a sospechar que las tortugas podían consumir fruta y dispersar sus semillas. Sin embargo, los cocodrilianos nunca fueron candidatos a la dispersión de semillas reptiliana o “saurocoria”, como la llaman los investigadores. No necesitaban comer fruta, e incluso se les consideraba incapaces de digerir elementos provenientes de plantas.




Desde aquella clase de hace dos décadas, Platt se preguntaba si había alguna posibilidad de que los biólogos estuvieran equivocados. Ahora, en su reciente artículo en el Journal de Zoology, obliga a los científicos a reconsiderar bajo otra luz a estos eficientes carniceros, clasificando a los cocodrilianos entre ese puñado de raros carnívoros con una extraña debilidad por la fruta.






El espectacular caimán (Caiman crocodilus) es una de las 23 especies en las que se confirma el frugivorismo (ingesta de fruta) en este trabajo Foto: Gideon Erkenswick Watsa



Platt y su equipo han ido encontrando fruta en estómagos de cocodrilos durante años. La explicación habitual sugería que la fruta se ingiere accidentalmente junto con otra presa, o que puede provenir de los estómagos de animales consumidos recientemente. En uno de los primeros estudios publicados por Platt, éste aventuró la idea de que las especies de cocodrilos que habitan en terrenos aluviales utilizaran las semillas como gastrolitos (o piedras estomacales) pero sosteniendo que la fruta no era una fuente nutritiva para estos arcaicos carnívoros.



Hoy en día, Platt afirma que «sencillamente estábamos equivocados, todos lo estábamos. Era una de esas cosas que tienes delante de ti durante años, pero nunca nadie le da importancia”


Hay en día sobreviven 23 especies de cocodrilianos, entre aligators, caimanes, cocodrilos de agua dulce y salada, gaviales y el tomistoma (o falso gavial). Platt y sus coautores revisaron años de información sobre cada especie y realizaron una búsqueda documental entre los estudios menos conocidos sobre ecología de alimentación cocodriliana. El resultado es un compendio de casos de frugivorismo intencional (o ingesta de fruta entre cocodrilianos), con 13 de 18 especies (72,2 %) de las cuales existe información dietética, exhibiendo frugivorismo en algún grado.


Hay datos sobre semillas encontradas entre el contenido de los estómagos de diez especies de cocodrilianos, y observaciones de frugivorismo en al menos otras tres, tanto en libertad como en cautividad. Incluso la tesis de que los cocodrilos no pueden digerir elementos provenientes de plantas está completamente desacreditada hoy en día.




Más de la mitad de las semillas ingeridas por los cocodrilos (procedentes de 34 familias y 46 géneros) procedían de frutas con pulpa, incluyendo semillas grandes como las sólidas Sacoglottis y la Persea, tan parecida al aguacate. Los cocodrilianos también fueron vistos comiendo maíz en los comederos de Luisiana y deleitándose con los frutos de la Opuntia en Texas. Dos frutas tropicales – el aguacate (Persea americana) de Belize, y la (Annona glabra) en el Neurotrópico – reciben su nombre por la debilidad que sienten los aligators hacia ellas. Sin embargo, la mayoría de los datos de consumo provienen del análisis del contenido estomacal, un trabajo fastidioso pero fructífero.





Filmación de un aligátor en cautividad rebuscando entre naranjas chinas



A lo largo de su carrera, Platt ha “capturado muchos cocodrilos y realizado muchos lavados de estómago”. Como los cocodrilianos no mastican la comida sino que tragan la presa completa, carecen de reflejo nauseoso. Esto permite a Platt introducirles un tubo en el esófago, dilatarles el estómago con agua e invertir al animal para recuperar su última comida.


«Hacerle un lavado de estómago a un cocodrilo es como abrir un regalo de navidad” dice Platt a sus alumnos, “nunca sabes lo que te vas a encontrar”. Su equipo ha recuperado desde ratas a medio digerir hasta peces vivos, tras lo cual según Platt, algún que otro alumno voluntario ha expulsado – igual que el cocodriliano – su última comida.



Los cocodrilianos adultos establecen sus hogares en una extensa superficie (hasta 5000 hectáreas) y defienden con fiereza los territorios más pequeños dentro de sus zonas. Lo consiguen desplazándose distancias extraordinarias durante el día, desde 12 kilómetros en sólo dos horas a un máximo de 23 en un día. Esta increíble tendencia al movimiento, junto con un proceso digestivo lento, convierte a los cocodrilianos en unos dispersores de semillas extremadamente influyentes.




Platt espera que este descubrimiento motive una serie de investigaciones nuevas. Junto con los coautores de este trabajo, está impaciente por iniciar experimentos sobre la capacidad de germinación de semillas, en los que alimentará a los cocodrilos con fruta para posteriormente registrar el efecto de sus semillas en el tracto digestivo.





Cocodrilo enano (Osteolaemus tetraspis). Foto Rhett A. Butler/mongabay.com




«Creo que estamos a años luz de demostrar que son efectivos agentes dispersores, pero el hecho de que consuman fruta – y mucha – apunta a que sean importantes dispersores de semilla” advierte Platt. Los cocodrilianos no son los únicos carnívoros que consumen fruta esporádicamente; otros como el tigrillo o el perro selvático también comen fruta y actúan como dispersores ocasionales.



Los cocodrilianos constituyen uno de los grupos más antiguos de reptiles, cuya evolución se estima aproximadamente hace 80 millones de años. Cerca de 20 millones de años antes de que aparecieran, las plantas de fruto (o angiospermas) se extendieron por los trópicos, reemplazando a otros grupos de plantas más antiguos. Por lo tanto, es posible que el consumo de fruta venga produciéndose desde que los primeros cocodrilianos comenzaron a desplazarse por el mundo.



A pesar de su imagen salvaje, los cocodrilianos son importantes ingenieros de ecosistema, actuando sobre la estructura de los humedales y la población de sus presas. Ahora que también pueden ser relevantes para la dispersión de semillas, existe otro argumento sólido para los esfuerzos de conservación que realizan grupos como la Wildlife Conservation Society.