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¿Brazil se volvió en contra de sus políticas ambientales progresistas?

El año pasado Brasil revirtió algunas partes esenciales de su emblemático Código Forestal, lo que podría habilitar grandes extensiones de bosques para su destrucción; también está avanzando sobre una serie de represas amazónicas, inclusive la infame Belo Monte, a pesar de la condena internacional y del conflicto con los pueblos indígenas. Entretanto, una nueva ley en consideración propone permitir la minería a gran escala en áreas protegidas. Dadas estas circunstancias, un artículo nuevo en el periódico de acceso abierto de mongabay.com Tropical Conservation Science sostiene que Brasil ha desechado su alguna vez admirado manto de legislación ambiental, lo que puso en peligro a cientos de miles de especies en el país más biodiverso del planeta.



Según el artículo, para la década de 1980, Brasil tenía «la legislación ambiental más amplia del mundo». Desde entonces, el país redujo la tasa de deforestación.



«Durante las últimas décadas, el establecimiento de áreas completamente protegidas, el desarrollo del Libro Rojo de Especies en Peligro de Extinción nacional y estatal, el aumento de ONG, y el avance de la ciencia de la conservación han hecho de Brasil un ejemplo mundial de éxito en la conservación», escriben los investigadores.





Sin embargo, las cosas han cambiado en los últimos años.



«En la actualidad, Brasil ya no es un buen ejemplo de administración medioambiental», escriben los autores del artículo, y argumentan que la pérdida de legislación progresista y las nuevas leyes representan la mayor amenaza a la biodiversidad del país. Según el artículo, estos cambios amenazan a las especies, a las condiciones del suelo, a las fuentes de agua dulce, a la medicina y a la agricultura.



«Aún más alarmantes son las declaraciones de los miembros del gobierno brasileño, que muestran una total falta de interés en la biodiversidad y los recursos naturales», escriben los autores. Sostienen que el gobierno actual está más influenciado por cabilderos corporativos que por el bien público.



«Esta relación de poder es un problema crónico en Brasil y se ve reflejado en todas las esferas de la sociedad, incluso en la conservación de la biodiversidad», escriben los investigadores.



Este giro reciente por parte del gobierno ha causado una serie de renuncias, entre ellas, la de Marina Silva, ex ministra de medioambiente en 2008.



«Tanto el gobierno como varios sectores de la sociedad están divididos en dos grupos: el llamado ‘ruralista’, compuesto por productores de grandes empresas agrícolas aliados con la mayoría de los diputados y senadores que se oponen a la agenda medioambiental; y la banca ‘ambientalista’, compuesta por ONG para la protección ambiental, la academia científica, y un grupo pequeño de políticos», escriben los investigadores.




Límite entre la pluviselva amazónica y las tierras para pastar. Foto: Rhett A. Butler.


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