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Científicos hacen el descubrimiento animal más importante del siglo: un nuevo tapir


Científicos han descubierto un nuevo tapir en Brasil: Tapirus kabomani. Foto cortesía de Cozzuol et al.

Científicos han descubierto un nuevo tapir en Brasil: Tapirus kabomani. Foto cortesía de Cozzuol et al.



En lo que posiblemente se considere uno de los descubrimientos zoológicos más grandes (literalmente) del siglo XXI, científicos anunciaron hoy que descubrieron una especie nueva de tapir en Brasil y en Colombia. El nuevo mamífero, oculto para la ciencia pero conocido por las tribus indígenas locales, es en realidad uno de los animales más grandes del continente, aunque aún es el tapir viviente más pequeño. Descripto en la revista de mastozoología, los científicos nombraron al nuevo tapir Tapirus kabomani a partir del término «tapir» en idioma Paumari: «Arabo kabomani».



El Tapirus kabomani, o tapir kabomani, es el quinto tapir encontrado en el mundo y el primero en ser descubierto desde 1865. Es también el primer mamífero del orden Perissodactyla (que incluye tapires, rinocerontes y caballos) encontrado en más de cien años. Además, es el mamífero terrestre más grande que se ha descubierto en décadas: en 1992 unos científicos descubrieron el saola en Vietnam y Camboya, un bovino de pluviselva que tiene un tamaño similar al del nuevo tapir.



Habitante de praderas y bosques en la Amazonía occidental (en los estados brasileños de Rondônia y Amazonas, así como también en el departamento colombiano de Amazonas), la nueva especie es cazada con frecuencia por la tribu Karitiana, que lo llama «tapir negrito». La nueva especie es muy parecida al tapir amazónico (Tapirus terrestris), pero tiene pelaje más oscuro y es mucho más pequeño: mientras que un tapir amazónico puede pesar hasta 320 kg (710 lb), el Kabomani pesa alrededor de 110 kg (240 lb). Dado su tamaño relativamente pequeño, es posible que no pase mucho tiempo antes que los ambientalistas lo bauticen tapir pigmeo o tapir enano. También tiene patas más cortas, un cráneo con una forma inconfundible y una cresta menos prominente.



«[Los indígenas] tradicionalmente informaban que habían visto lo que llamaban ‘una clase diferente de anta [tapir en portugués]’. Sin embargo, la comunidad científica nunca había prestado atención a este hecho, ya que afirmaba que siempre era el Tapirus terrestris —explica el autor principal Mario Cozzuol, el paleontólogo que comenzó a investigar la especie hace diez años—. No le dieron valor al conocimiento local y pensaban que los lugareños estaban equivocados. Se debe tener en cuenta el conocimiento de la comunidad local y eso fue lo que hicimos en nuestra investigación, que culminó con el descubrimiento de una nueva especie para la ciencia».




Una pareja de tapires Kobomani fotografiados por una cámara trampa. El ejemplar de la izquierda es una hembra y el de la derecha, un macho. Las hembras de la especie nueva se caracterizan por una mancha blanca en la parte inferior de la cabeza y en el cuello. Foto cortesía de Fabrício R. Santos.


Cozzuol encontró pruebas de la nueva especie por primera vez hace una década mientras observaba unos cráneos de tapir que eran visiblemente diferentes a cualquier otro. Entonces, los investigadores recogieron material genético y ejemplares de tapir de cazadores locales y de los karitianos. Una investigación exhaustiva, tanto de la apariencia física del tapir (morfología) como de su genética, probó que los investigadores estaban realmente frente a una especie de megafauna aún sin describir. Increíblemente, esta especie nueva de tapir fue cazada por Theodore Roosevelt en 1912 y un ejemplar de sus hazañas se conserva aún hoy en el Museo Americano de Historia Natural en Nueva York. Al momento de la caza, Roosevelt escribió que los cazadores locales llamaban al tapir una «especie singular».



«[Los indígenas] fueron imprescindibles —informó el coautor Fabrício R. Santos a mongabay.com—, en especial porque ellos conocen esta ‘variedad’ desde hace décadas, si no siglos, y los cazadores pueden diferenciar ambas especies con precisión, ya que todos los cráneos que nos entregaron coincidieron con nuestros análisis morfométricos y de ADN».


Los tapires aparecieron por primera vez hace alrededor de 50 millones de años, en el Eoceno, y se los considera fósiles vivientes ya que no han cambiado mucho desde entonces. Se los identifica con facilidad por su enorme tamaño y por su trompa marcada y de impresionante flexibilidad, que el animal utiliza para recoger vegetación. A pesar de su tamaño, los tapires son por lo general considerados tímidos y escurridizos y son más activos durante la noche. También son excelentes nadadores y, a pesar de que en algunos países tienen reputación de ser lentos (en términos poco rigurosos, el nombre de tapir en portugués puede traducirse por “tonto”), en realidad son animales bastante inteligentes y carismáticos. Los tapires primero evolucionaron en América del Norte y luego migraron a Asia, a Sudamérica e incluso a Europa en un espectáculo evolutivo de tapires antes que muchas especies se extinguieran. Hoy en día quedan cinco especies: cuatro se encuentran en América Central y Sudamérica (el tapir amazónico, el tapir andino, el tapir de Baird, y el nuevo Kabomani) mientras que una especie sobrevive en Asia (el tapir malayo).




El nuevo tapir tiene una cabeza de forma distintiva. Foto cortesía de Fabrício R. Santos.



La investigación genética muestra que el tapir Kabomani se separó de su pariente más cercano, el amazónico, hace alrededor de 300 000 años. Esto significa que para cuando los seres humanos llegaron a Sudamérica, el tapir Kabomani hacía tiempo que se había separado de sus parientes, aunque el tapir amazónico y el Kabomani aún hoy comparten parte del mismo hábitat. La especie es más común en lo alto del río Madeira donde existen tanto el bosque como la sabana. Cuando uno de estos ecosistemas empieza a dominar, la especie se ve con menos frecuencia. La hipótesis planteada por los científicos en su artículo es que la especie puede haber evolucionado «durante periodos secos del Pleistoceno, asociados con fragmentación boscosa».


Además, la investigación genética exhaustiva llevada a cabo por los científicos muestra que el tapir amazónico y el tapir andino (Tapirus pinchaque) tienen un parentesco más estrecho (más cercano que el tapir Kabomani), lo que podría significar una separación reciente entre las dos especies, y la evolución de los tapires andinos hacia las grandes alturas de los bosques nubosos andinos o algo aún más sorprendente.



«Podría existir otra especie dentro de lo que llamamos Tapirus terrestris, específicamente los ejemplares encontrados en la Amazonía ecuatoriana y en el norte de Perú», sostiene Santos.



Como parte de la megafauna, los tapires han sido cazados por el hombre durante miles de años y todavía juegan un papel muy importante en varias tribus indígenas como alimento a partir de la caza, así como también como objeto de la mitología. Además, estos animales grandes son esenciales para los ecosistemas en los que habitan.



«Como predadores y dispersores de semillas, tienen un papel esencial en la dinámica de las pluviselvas, el Cerrado, el Pantanal, y los ecosistemas de alta montaña», escriben los científicos en el artículo.




La nueva especie también se caracteriza por un pelaje oscuro. Foto cortesía de Fabrício R. Santos.



Todas las especies de tapir del mundo están catalogadas como en peligro de extinción debido a la cacería excesiva y a la destrucción del hábitat, y los científicos creen que el caso del Kabomani no será diferente. De hecho, dada su escasez y posiblemente un hábitat más chico, podría estar en grave peligro.



«[El tapir amazónico], considerado como Vulnerable por la UICN, vive en la mayoría de los biomas de Sudamérica y el Tapirus kabomani solo se encontró en las zonas de la Amazonía con praderas abiertas. Debido a que la especie nueva es escasa y con mayor restricción en cuanto al hábitat local, debería estar en mayor peligro que el tapir común», sostiene Santos.



Por otra parte, la región de la Amazonia donde se descubrió el tapir está enfrentando fuertes presiones humanas, que incluyen dos grandes represas y numerosos proyectos para la construcción de carreteras, así como también altas tasas de deforestación.



«En la actualidad, el suroeste de la Amazonía está sufriendo una fuerte modificación del paisaje debido a la deforestación y al aumento de la población humana. Es probable que la región se vea más amenazada por el calentamiento global que otras regiones de Sudamérica y se la considera una zona de interés para la biodiversidad con una riqueza en especies no registradas», afirman los investigadores.



Ahora que el nuevo tapir fue revelado al público mundial, los científicos y los ambientalistas tienen mucho trabajo por hacer.



«El próximo paso en nuestra investigación es determinar la distribución real de la existencia y el estado de conservación de la especie nueva», sostiene el coautor Flávio Rodrigues, profesor de Ecología en la UFMG (Universidad Federal de Minas Gerais). De hecho, los científicos suponen que la especie nueva también puede encontrarse en el Escudo guayanés al este de la Amazonía, según fotografías y el conocimiento de los locales tanto de Brasil como de Guayana francesa.



Según los investigadores, el descubrimiento de esta nueva megafauna —oculta durante tanto tiempo para la ciencia— demuestra la contribución invaluable que los pueblos indígenas pueden hacer a la ciencia, solo si se los respetara y se los consultara con mayor frecuencia. También demuestra una vez más que el mundo natural aún está lleno de sorpresas.





Pintura de la especie nueva de tapir. Pintura cortesía de Fabrício R. Santos.



Tapir amazónico en el Parque Nacional Yasuni, Ecuador. Foto: Jeremy Hance.


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