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¿Puede el aceite de palma dejar atrás su mala reputación?

Un nuevo informe explora los pasos innovadores que están dando varias de las empresas más grandes de la industria para mejorar sus prácticas sociales y ecológicas






Plantación de palma oleaginosa en Riau. Foto por: Rhett A. Butler.



La industria indonesia de aceite de palma se ha hecho de muy mala fama en los últimos años. A las empresas de aceite de palma se las suele acusar de talar bosques primarios, destruir los hábitats de especies en riesgo de extinción, liberar cantidades ingentes de carbono al drenar pantanos de turba, y agravar los conflictos sobre tierras con las comunidades locales.




Según un nuevo estudio, algunas empresas de aceite de palma encaran esta crítica generalizada buscando la forma de limpiar sus operaciones con programas innovadores que disminuyen el daño al medio ambiente, y que garantizan que las comunidades locales se beneficiarán de las inversiones en aceite de palma.




En un informe hecho público el mes pasado, Daemeter Consulting [Empresa consultora Daemeter] indagó sobre seis programas desarrollados por algunos de los principales actores de la industria indonesia de aceite de palma – Asian Agri, Astra Agro Lestari, Musim Mas, Cargill, PT Rea y Wilmar.




Los programas que describe el informe, financiado por la Alianza para el Clima y el Uso del Suelo, abordan algunas de las críticas más serias que se han hecho a la industria.




Algunos programas están diseñados para reducir la polución y las emisiones de carbono; otros apoyan a las comunidades locales, aumentan su rendimiento o protegen hábitats cruciales que alojan a algunas de las especies más amenazadas de Indonesia.




Es más, según el informe, estos programas muestran que no sólo se puede mejorar las prácticas en la industria del aceite de palma sino que en algunos casos se puede aumentar las ganancias, pues son una oportunidad para que las empresas ofrezcan sus productos a compradores que exigen lo sostenible.




“La industria va hallando en la sostenibilidad una fuente de innovación y crecimiento; ya no se la ve como una mera gestión del riesgo”, dijo Gary Paoli en la declaración que acompañó la publicación del informe el 12 de febrero.Paoli es el principal autor del informe de 73 páginas, Best Management Practices in the Indonesian Palm Oil Industry [Las mejores prácticas de gestión en la industria indonesia de aceite de palma].




“Estas tendencias deberían ser recompensadas y reforzadas”, agregó Paoli.






Deforestación para desarrollar una plantación de palma oleaginosa en Riau. Foto por: Rhett A. Butler.





Las claves del éxito




Un denominador común en muchos de los estudios de caso es que el personal de la empresa, a todo nivel – inclusive la gerencia superior –, respalda las reformas sociales y ecológicas.




Este apoyo de primer nivel fue particularmente importante cuando el Grupo Musim Mas, una empresa que maneja unas 120.000 hectáreas de plantaciones y posee una de las refinerías más grandes de aceite de palma, decidió construir una instalación para captar biogás en Pangkalan Lesung, provincia de Riau.




Se presta mucha atención a la gran cantidad de carbono emitido al convertir tierras para el aceite de palma, pero el compostaje de efluentes de la extracción del aceite de palma (POME, por su sigla en inglés), uno de los subproductos de la fabricación del aceite crudo de palma, también libera gran cantidad de metano y otros gases de efecto invernadero a la atmósfera.




La actual tecnología capta este metano y lo convierte en electricidad pero el costo de instalar y mantener estos sistemas de captura es sustancial.




El informe nos dice que esta instalación piloto de captura en Pangkalan Lesung y las instalaciones subsecuentes en otros molinos de Musim Mas no se habrían logrado de no ser por el firme apoyo de la gerencia superior.




“Cuando empezamos el proyecto, nuestras principales motivaciones eran el compromiso de nuestro presidente-director de mitigar el efecto ecológico de nuestras operaciones, y las oportunidades que pueden derivarse de las prácticas sostenibles”, dijo Gan Lian Tiong, Director de Sostenibilidad del Grupo Musim Mas, en la declaración de Daemeter.




No obstante, después de ejecutar sus prácticas de cero residuos, la empresa vio sumarse beneficios. “Encontramos que nuestra clientela nos prefiere porque nuestro proyecto les ayuda a aminorar la huella de carbono de sus productos”, dijo Tiong.






Plantación de palma oleaginosa en Riau. Foto por: Rhett A. Butler.





No sólo se trata de cumplir con un requisito




Aparentemente, otro factor atinado es el hacer de los programas que abordan temas sociales y ecológicos una parte esencial de las operaciones empresariales.




Los estudios de caso examinaron dos programas que se abocan a la participación comunitaria: el programa galardonado del Grupo Asian Agri para agricultores minifundistas que se realiza en sus plantaciones de PT Inti Indosawit Subur; y el programa de responsabilidad social de empresa que desarrolla PT Astra Agro Lestari.




El informe dijo que ambos programas eran considerados esenciales para los negocios de la empresa y que llevaron a resultados significativos.




En la actualidad, el gobierno indonesio instruye a toda plantación de aceite de palma entregar 20 por ciento de la tierra de sus concesiones a pequeños agricultores en programas de “plasma”. Los pequeños agricultores, o agricultores de plasma, plantan y cultivan palmas oleaginosas en terrenos de 2 hectáreas y venden los racimos de fruta fresca (RFF) que cosechan a la propia empresa.




La ley Indonesia también exige a las empresas que ayuden al desarrollo de las comunidades que viven en sus plantaciones, o cerca de ellas, con programas de Responsabilidad Social de Empresas (RSE) que, típicamente, ofrecen asistencia en salud y educación o apoyan los medios de sustento de las comunidades.




Sin embargo, aunque estos programas son un requisito legal, muchas empresas parecen considerarlas un trámite administrativo – hacen poco por asegurarse de que los agricultores minifundistas puedan obtener ganancias o de que los programas de RSE satisfagan las necesidades de la comunidad. Y, como la supervisión gubernamental es escasa, otras empresas se aprovechan y ni siquiera los implementan.




El resultado es que los programas fallidos, o los que nunca se implementaron, tienden a exacerbar conflictos o a dejar a los agricultores minifundistas endeudados y en peores condiciones, en vez de ayudar a aumentar el bienestar de las comunidades locales que se ven afectadas por las plantaciones.




No obstante, en ambos estudios de caso expuestos, las empresas hicieron un gran esfuerzo por cerciorarse de que los programas estaban en efecto ayudando a las comunidades objetivo.






Un desmonte para una plantación de palma oleaginosa en Riau. Foto por: Rhett A. Butler.





Para PT IIS, los frutos del aceite de palma de sus 29.000 agricultores minifundistas son parte importante de la base de suministro de sus molinos. La empresa brinda asistencia técnica y capacitación a los agricultores de plasma y a las cooperativas de agricultores, y cuenta con un mecanismo formal para lidiar con los reclamos.




En consecuencia, arguye el informe, muchos de los agricultores y muchas de las cooperativas que abastecen a PT IIS se han beneficiado económicamente, y la empresa dispone de RFF de primera calidad que proviene de las 60.200 hectáreas cultivadas y gestionadas a través de su programa de plasma.




En el caso de PT Astra Agro Lestari, se afirma que la empresa fue refinando su programa de RSE durante varios años hasta lograr su actual programa para actividades de generación de ingresos.




“Después de experimentar por años, Astra desarrolló un programa modelo de Actividades de Generación de Ingresos (IGA, por su sigla en inglés) que ayuda a los agricultores a cultivar palma oleaginosa (u otros cultivos comerciales) en sus propias tierras”, dijo el informe.




Daemeter dijo que en parte debido al compromiso de Astra de hallar un programa que funcionase, el programa IGA ha “probado ser extremadamente rentable en lo económico para los agricultores que participan”, “sentó las bases para que se compartan los beneficios”, y mejoró las relaciones entre la empresa y las comunidades.




“El garantizar el buen funcionamiento de todas estas facetas de las operaciones de agricultores minifundistas no es mandato legal”, le dijo Paoli a Mongabay-Indonesia por correo electrónico, refiriéndose al programa de plasma de PT IIS. “Más bien, refleja su compromiso de asegurar que sea un éxito, amén de la necesidad de cumplir con la ley”.



El programa IGA de Astra, dijo Paoli, también representa un compromiso considerable con la construcción de capital social, particularmente si se considera que el programa de 10 años lleva funcionando mucho más tiempo que la ley que exige RSE.






Desmonte para una plantación en la provincia de Riau. Foto por: Rhett A. Butler.





Para resaltar lo positivo




Quienes critican a la industria de aceite de palma señalan numerosos ejemplos de comunidades que no sólo no se beneficiaron de las plantaciones sino que vieron un gran desmedro en su calidad de vida – fueron perdiendo sus tierras y sus medios de sustento conforme se talaban los bosques para dar paso al aceite de palma.




Al enfocarse en historias de logros, este informe no pretende restar importancia a los efectos sociales negativos que a menudo se asocian a la expansión del aceite de palma, dijo Paoli.




“No estamos diciendo que los efectos sociales negativos se han exagerados o que las opiniones no están justificadas”, le dijo a Mongabay-Indonesia.




No obstante, como la prensa rara vez da cobertura a los ejemplos positivos, en los que las comunidades locales o los agricultores de plasma sí se benefician, “los miembros de la industria no llegan a aprender de las lecciones extremadamente importantes que dejan los logros de sus colegas/competidores”.



Muchas de las seis empresas que figuran en este informe – que incluyen a los actores más grandes de la industria – fueron ellas mismas blanco de las duras críticas de grupos ecológicos y de derechos humanos, y los autores del informe hacen hincapié en que no pretenden dar su sello de aprobación a todos los aspectos de las operaciones de cada una de estas empresas.




“No estamos aprobando a las empresas mismas, más allá de las prácticas que exponemos”, le dijo Paoli a Mongabay-Indonesia, y agregó que el informe no busca defender la industria.




Aun así, al arrojar luz sobre lo que ellos consideran que son programas bien logrados, los autores del estudio esperan ofrecer un modelo de la mejor práctica en gestión que pueda ser emulado por otros en la industria.




“Este es uno de los principales motivos del estudio – generar mayor conciencia sobre la buena práctica para luego construir redes de aprendizaje, y acelerar la divulgación de conocimiento que estimule a adoptar la mejor práctica”, dijo Paoli.





Total de emisiones anuales medias, estratificadas por fuentes de emisión de Carbono en la Superficie (AGC, por su sigla en inglés) debido al Cambio en el Uso del Suelo (LUC, por su sigla en inglés) y a la oxidación de suelos de turba causada por el drenaje y la conversión. Por falta de datos sobre incendios para todo tipo de cobertura de tierra, se excluyen las emisiones causadas por incendios de turba.



Tendencias positivas




Aunque la intención del informe era destacar a los líderes de la industria, también apuntaba a varios pasos claves que toman los órganos del gobierno o de la industria que, esperamos, difundan estas intervenciones en el futuro.




Cuando en 2002 Cargill empezó a probar formas de hacer rendir más sus plantaciones, pocas empresas daban prioridad a mayores rendimientos y, según el informe, al principio hasta la gerencia sénior se mostró escéptica de los posibles beneficios.




El cambio se dio cuando comenzaron a verse resultados importantes; ahora la empresa se esfuerza por implementar las mejores prácticas en gestión para aumentar los rendimientos en todas sus propiedades.




Hoy, las plantaciones indonesias de aceite de palma aún rinden poco en promedio. Mas el gobierno indonesio y la asociación de productores de aceite de palma del país (GAPKI, por su sigla en indonesio) van aumentando su apoyo al mejoramiento de rendimientos y a hacerlo obligatorio para todas las empresas.




En particular, los estándares del Aceite de Palma Sostenible de Indonesia (ISPO, por su sigla en inglés), que todas las empresas en el país eventualmente tendrán que alcanzar para ser certificadas, exigen que las empresas rastreen la productividad y empiecen a implementar las mejores prácticas en gestión para aumentar sus rendimientos.




El programa de certificación de ISPO, de carácter obligatorio, también exige a los productores rastrear sus emisiones de gas de efecto invernadero, informar sobre ellas y mitigarlas para reducir sus huellas de carbono.




En esta área, el informe examina un programa que ya está implementando PT REA Holdings – una de las primeras empresas de aceite de palma en el Sureste de Asia en hacer público el informe de su huella de carbono – que puede servir de modelo, como afirma el autor, para ayudar a otras empresas a satisfacer los requisitos de ISPO de rastrear y mitigar emisiones.






Desmonte para una plantación en la provincia de Riau. Foto por: Rhett A. Butler.





Mensajes contradictorios




A pesar de que algunas políticas gubernamentales indonesias muestran mayor apoyo a una industria de aceite de palma que es más sostenible, otras leyes entorpecen operaciones empresariales que son ecológicamente saludables.




En la provincia Kalimantan Occidental, el gobierno local revocó varias concesiones de Wilmar, el gigante del aceite de palma, cuando la empresa implementó una política para preservar ecosistemas valiosos al interior de sus concesiones.




Respaldándose en una ley que pide a los concesionarios desarrollar las tierras que les fueron concedidas, el gobierno local revocó los permisos de Wilmar porque ésta optó por no desarrollar áreas catalogadas como bosques de Gran Valor de Conservación (HCV, por su sigla en inglés).




Otros gobiernos de provincia fueron más comprensivos con la política de Wilmar pero esta ley dificulta en mucho la labor de grupos medioambientalistas que urgen a más empresas a no convertir tierras HCV y bosques de Elevadas Reservas de Carbono (HCS, por su sigla en inglés).




Wirendro Sumargo, un activista de bosques en Greenpeace Indonesia, dijo que, si bien los programas que examina el informe son un buen ejemplo de innovación en la industria, para liderar el aceite de palma sostenible se requiere de acciones integrales.





Semilla de palmera aceitera. Foto por: Rhett A. Butler.





“Creo que [estas empresas] son lideresas en potencia”, le dijo a Mongabay-Indonesia en una entrevista del 17 de febrero. Explicó que las políticas aisladas – aún si son acertadas – no bastan para establecer un liderazgo real en sostenibilidad.




“Aún si una empresa implementara todos estos casos”, dijo, “no serían suficientes para catalogarla de sostenible y responsable en el sector del aceite de palma”.



Greenpeace presiona a las empresas a adoptar políticas integrales de no deforestación, lo cual incluye compromisos para proteger tanto los bosques HCV como los bosques que retienen grandes cantidades de carbono – un compromiso que trasciende las intervenciones esbozadas en el informe.




Las políticas por las que aboga Greenpeace también demandan que las empresas busquen el consentimiento libre, previo e informado de las comunidades locales antes de iniciar operaciones, otro paso que trasciende los programas que perfila Daemeter.




Sin embargo, lograr que las empresas se comprometan a cero deforestaciones no ha sido fácil – en parte debido a las reglamentaciones gubernamentales de convertir las tierras concesionadas, y al sistema en donde extensas áreas de bosque en Indonesia se han zonificado para uso agrícola.




“Las empresas dicen que si siguen [las políticas de no deforestaciones] estarían violando las reglamentaciones, serían antigobierno”, dijo Wirendro.




Greenpeace trabaja con Golden Agri-Resources, el sector de aceite de palma del conglomerado indonesio Sinar Mas, desde que la empresa se convirtió en la primera gran empresa indonesia de aceite de palma en comprometerse a cero deforestaciones en 2009.




“Esta es una buena iniciativa, un buen compromiso, más allá de las reglamentaciones”, dijo Wirendro, uno de los varios miembros del personal de Greenpeace que monitorean la política de GAR.






Palma oleaginosa en Kalimantan Central. Foto por: Rhett A. Butler.





“Esperamos que otras empresas hagan lo mismo”, agregó. “Este es el poder de la industria. Puede empujar al gobierno a cambiar las reglamentaciones”.


Wilmar, una de las empresas que figuran en el informe, anunció su propia política de no deforestación en diciembre del año pasado. Wirendro espera que esta iniciativa tenga un efecto dominó por toda la industria.




Wilmar es la comerciante de aceite de palma más grande del mundo y su compromiso con la no deforestación se aplicará a todos los abastecedores de la empresa.




En los próximos meses, grupos como Greenpeace estarán sin duda monitoreando de cerca a la empresa para ver cómo implementa la política. De aplicarse, podría ser una oportunidad para que algunas de las prácticas positivas que menciona el informe se implementen a lo largo y ancho de la industria.