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A los bifes con el bife: cómo 12 estrategias podrían reducir de manera radical las emisiones agrícolas



Hato de ganado en Colombia. Foto de Rhett A. Butler.


Comer menos carne de vaca, reducir el desperdicio de alimentos y utilizar paisajes agrarios para secuestrar carbono son tres maneras que sugiere un nuevo informe con las que el planeta podría afrontar de forma rápida las emisiones agrícolas. En la actualidad, la agricultura representa casi la quinta parte de las emisiones de gases de efecto invernadero del mundo, donde se incluye la deforestación asociada a la agricultura. Pero el nuevo informe, realizado por Climate Focus and California Environmental Associates, dice que la implementación de las doce estrategias —centradas en gran medida en los EE. UU., China, Brasil, la India y la UE—podría reducir las emisiones agrícolas en un 50-90 por ciento en tan solo 16 años y aún seguir alimentando a una población mundial creciente.



«Existen muchas maneras mediante las cuales los encargados de formular políticas pueden ayudar a los agricultores a aumentar la productividad y al mismo tiempo mitigar el cambio climático», dijo la coautora de Climate Focus, Charlotte Streck. «Necesitamos descartar, de una vez por todas, la idea de que la productividad y la sostenibilidad no pueden trabajar a la par”.



Una de las doce estrategias se centra en el cambio de las dietas mundiales, en particular, en hacer que los estadounidenses coman menos carne vacuna y que los chinos se abstengan de incorporarla a sus dietas. De acuerdo con el informe, la sola producción de carne vacuna representa un considerable 35 por ciento de emisiones agrícolas.



«No hay vuelta que dar”, explicó Streck. «Las vacas son fuentes de alimento increíblemente ineficientes. Comen una enorme cantidad de forraje y requieren muchos recursos de tierra y de agua. Los cerdos, los pollos y los pescados que fueron criados o capturados de manera sostenible, sin mencionar las proteínas que no provienen de la carne, son mucho más beneficiosos para el clima, así como también más saludables para la gente”.






Emisiones del ganado vs. emisiones de los cultivos. Gráfico: cortesía de Strategies for Mitigating Climate Change in Agriculture. Hacer clic para agrandar.


Aunque el consumo de carne vacuna per cápita en EE. UU. viene disminuyendo desde un máximo de casi 41 kg anuales en 1976, el informe señala que “de todas las economías principales, Estados Unidos todavía consume la cantidad más alta de carne per cápita, más del doble de lo que se considera apropiado para una dieta sana”.



De acuerdo con el informe, las políticas que hacen que los estadounidenses pasen de la carne de vaca a otras fuentes de proteínas cárnicas o no cárnicas podrían tener un impacto importante en la mitigación del cambio climático. El desafío resultaría incluso más fácil en China: los expertos predicen que el consumo de carne roja en China pasará el 100 por ciento para el 2050, pero los autores del informe sostienen que no tiene que ser así.



«Dado que China ya posee una dieta compatible con el clima y aún no se ha apegado a la carne de vaca, todavía es posible desalentar el consumo de más carne vacuna sin cambiar la cultura y las creencias tradicionales del país», dijo la coautora con California Environmental Associates, Amy Dickie. «Guiar la dieta china en una dirección más compatible con el clima produciría enormes beneficios para la salud y la seguridad alimentaria del país, así como también para el clima mundial”.



Reducir el desperdicio de alimentos es otra forma de disminuir, en gran medida, las emisiones y de alimentar mejor a una población creciente, según indica el informe. La FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) estima que alrededor de un tercio de los alimentos en el mundo nunca se consume, sino que se pierde en el camino o es desechado intencionalmente después de llegar a los minoristas y consumidores. Otras estimaciones colocan este número cerca del 50 por ciento. De todos modos, el desperdicio de alimentos conlleva un enorme impacto en el calentamiento global.



“La huella de carbono del desperdicio de alimentos se estima en 3.3 [gigatoneladas de equivalente de dióxido de carbono], lo que lo convierte en la tercera fuente de emisiones más grande después de China y EE. UU.”, indica el informe. El desperdicio de alimentos también agrava la escasez de agua dulce, la contaminación de suelos y aguas y la inseguridad alimentaria. De hecho, limitar de manera radical el desperdicio y la pérdida de alimentos podría también contribuir con la alimentación de un planeta en crecimiento.






El gran impacto del desperdicio y la pérdida de alimentos. Gráfico: cortesía de Strategies for Mitigating Climate Change in Agriculture. Hacer clic para agrandar.



«Calculada de manera simplista, la reducción de los niveles actuales de desperdicio de alimentos a la mitad achicaría la brecha del 70 por ciento de alimentos necesarios para satisfacer la demanda en el 2050 a aproximadamente un 22 por ciento, lo que haría que la reducción de los desperdicios sea una estrategia preponderante a la hora de lograr la seguridad alimentaria mundial», dice el informe.



Este recomienda que los EE. UU. y la UE revisen las fechas de límite de venta y de caducidad para hacer que los consumidores dejen de tirar alimentos absolutamente comestibles y combatir una política que se extiende a muchos supermercados, donde el alimento se desecha si no cumple con ciertos estándares estéticos, tales como forma y color. Mientras tanto, China y EE. UU. deberían reducir las porciones de gran tamaño de los restaurantes y de los servicios de catering.



«En los comedores universitarios [chinos], un tercio de la comida comprada se tira y en las viviendas urbanas, el desperdicio se ha cuadruplicado desde la década de 1980», indica el informe.



Entretanto, la pérdida de alimentos en el África subsahariana y en Asia oriental se podría evitar si se implementaran mejores prácticas de almacenamiento y refrigeración.



Una tercera recomendación que se da se refiere a la posibilidad de que los paisajes agrarios almacenen más carbono en los suelos, en los cultivos y en los árboles. Según el informe, las tierras agrícolas podrían secuestrar entre 700 y 1600 megatoneladas de dióxido de carbono equivalente para el 2030.



«Existe una preocupación justificada por parte de un considerable sector de la comunidad científica de que un énfasis excesivo en los beneficios de la captura de carbono en los suelos puede ir en detrimento de otras medidas en el área rural, las que son, como mínimo, tan efectivas como las primeras a la hora de combatir el cambio climático”, sostiene el informe. “Sin embargo, la mayoría de las prácticas que elevan el contenido de carbono en los suelos agrícolas son, de todos modos, buenas prácticas agrícolas y llevan a cosechas mayores y a la retención de agua”.



Las recomendaciones incluyen apoyar al biocarbón, plantar árboles en los grandes pastizales para el ganado en Brasil, centrar la atención en el carbono que los suelos del África subsahariana contienen y realizar más investigaciones sobre el secuestro de carbono en los paisajes agrarios.



“La agricultura es la mayor causa de deforestación en todo el mundo”, dijo Dickie. “Las mejoras de las prácticas agrícolas, como hemos resaltado en este informe, tienen muchos beneficios, incluida una reducción en la deforestación y en la contaminación de las vías navegables”.






Grandes emisores: fuentes de emisiones elevadas por país. Gráfico: cortesía de Strategies for Mitigating Climate Change in Agriculture. Hacer clic para agrandar.


Las 12 recomendaciones del informe de Strategies for Mitigating Climate Change in Agriculture







Fuentes mundiales para mitigar las emisiones agrícolas. Gráfico: cortesía de Strategies for Mitigating Climate Change in Agriculture. Hacer clic para agrandar.