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Los monos de tamaño chico se adueñan de la Amazonia a medida que los grandes son cazados y desaparecen


El fruto de una cacería exitosa de una tribu indígena en Surinam: mono aullador para la cena. Fotografía de Rhett A. Butler.

El fruto de una cacería exitosa de una tribu indígena en Surinam: mono aullador para la cena. Fotografía de Rhett A. Butler.


La pierna de un mono araña cocinada a las brasas puede no parecer una cena suntuosa, pero para el pueblo Mayoruna-Matsé o cualquier otra de las quince tribus que viven en aislamiento voluntario en Perú, es el fruto de una cacería exitosa y un momento que reviste gran orgullo para la familia del cazador. Sin embargo, un mono araña por lo general tiene una única cría cada treinta meses, lo que forzosamente limita la cantidad de monos adultos disponibles para la caza de subsistencia.



Si la caza ha de ser sostenible, debe lograrse un delicado equilibrio entre la capacidad de la población de monos de reproducirse y remplazar a los ejemplares que son cazados, y la posibilidad de los cazadores de extraer en forma selectiva los monos que le sirven de alimento. Pero lamentablemente, esta frágil relación se ha visto quebrantada en forma repetida en toda la Amazonia: en este paisaje han comenzado a dominar monos de tamaño chico, como el tamarino, que han provocado daños en cascada en el crecimiento y la regeneración del bosque tropical.



Desde mayo a agosto del año 2011, Cooper Rosin, un estudiante de doctorado en la Escuela Nicholas del Medio Ambiente de la Universidad de Duke, estuvo recolectando datos sobre los primates que las tribus preferían cazar para alimento en toda la cuenca del Amazonas. Con este trabajo, realizado en conjunto con Varun Swamy, miembro de la beca Bullard para Investigación sobre Bosques de Harvard Forest, se concentró en reunir datos mediante censos sobre primates pequeños y grandes que habiten en diversos sitios de caza en la selva amazónica peruana.




Tamarinos de lomo marrón, los primates más pequeños que habitan la selva (llegan a pesar menos de 500 gr), en la Estación Biológica Los Amigos. Fotografía de PrimatesPeru.

“Resultados preliminares obtenidos a partir de trampas para la caída de semillas y sitios de censo indicaron que la dispersión de semillas y la regeneración de los árboles se veían impactados por la caza realizada en distintos grados de intensidad”, contó Rosin a Mongabay.com.



Así como nosotros elegimos qué es lo que constituye una comida decente, lo mismo sucede con los grupos que cazan para subsistir en el Amazonas, los cuales prefieren unos monos antes que otros.



“Al momento de cazar [primates]”, explicó Rosin, “son las especies frugívoras -en especial, las de mayor tamaño- las preferidas y las que se ven más afectadas”.



Este tipo de especies -incluidos los monos araña (Ateles spp.), los aulladores (Allouatta spp), y los lanudos (Lagothrix spp.) – por lo general pesan alrededor de 10 kg y tienen tiempos de reproducción lentos: se aparean en forma estacional (típicamente, una vez cada treinta meses) y tienen una única cría que requiere largos períodos de lactancia y cuidados, después de los cuales los adultos están listos para aparearse nuevamente. En cambio, los tamarinos y titíes (de la familia Callitrichidae), pesan menos de 500 gr y pueden reproducirse más rápidamente. Esta diferencia de tamaño inherente también significa que la selva puede albergar muchos tamarinos pequeños por cada mono lanudo grande.



Un factor importante es que los monos de menor tamaño son objetivos pequeños y difíciles. A los ojos de un cazador, un mono de tamaño chico representa una recompensa muy baja en comparación con el esfuerzo que exige capturarlo. La investigación, de Rosin y Swamy, publicada hace poco en la revista Neotropical Primates (diríjase aquí para ver la tesis original de Rosin), ha demostrado que la población de monos pequeños ha crecido en forma compensatoria ante la ausencia de primates más grandes. Es decir que cuando se eliminan los monos de mayor tamaño, la densidad de población de los más chicos se dispara.





Zonas de trabajo de campo en la cuenca del río Madre de Dios. Sitios utilizados en este estudio: el Centro de Investigación Tambopata, en donde la fauna permanece intacta (señalizado en color azul), el Centro de Investigación y Capacitación Río Los Amigos y la Reserva Amazónica, lugares en donde la fauna ha ido disminuyendo hasta tener pérdida de primates grandes (señalizados con color rojo). Imagen adaptada de Rosin, 2012. Haga clic en ella para agrandarla.



Rosin y Swamy estudiaron las poblaciones de primates en tres sitios que tenían distintos niveles de intensidad de cacería humana: el Centro de Investigación Tambopata, un lugar casi prístino a 50 km del asentamiento humano más cercano; el Centro de Investigación y Capacitación Río Los Amigos, un área ubicada a 2 km del asentamiento humano más cercano donde antes se permitía la caza pero que ahora se encuentra protegida; y la Reserva Amazónica, rodeada de tierras muy explotadas por el hombre. En total, la investigación abarcó un área de 305 km en busca de primates; en promedio, 100 km en cada sitio. En el lugar donde la intensidad de caza era mayor, la Reserva Amazónica, los investigadores encontraron que la densidad de los primates chicos era hasta cinco veces más grande que en el lugar donde la intensidad de caza es más baja, el Centro de Investigación Tambopata. Esto dio sustento a la hipótesis de que la densidad poblacional de los monos pequeños aumenta mucho ante la ausencia de monos más grandes, un fenómeno que se denomina “crecimiento compensatorio”.



La primera preocupación ecológica que surge en vistas de este fenómeno -además de las desventajas obvias que enfrentan los monos de tamaño grande- es que la composición de la población vertebrada se ve trastocada, lo cual puede generar efectos en cascada que se sentirían durante décadas.



“El resultado es una reorganización total de la estructura de la comunidad y de la biomasa de los primates en las áreas de la selva donde se caza”, comentó Rosin. Eso significa que los árboles de semilla grande podrían tener problemas para lograr la dispersión de sus semillas, mientras que podría aumentar aquella de frutas pequeñas.



Por lo tanto, la selva misma, que depende tanto de los primates frugívoros para la dispersión de semillas, está en riesgo. Hay clara evidencia proveniente de otros sitios del Amazonas de los efectos a largo plazo de la caza. En la Estación Ecológica Cocha Cashu, ubicada dentro del Parque Nacional Manu, se hizo un seguimiento de los monos araña una primera vez en 1988 y luego otra, veinte años después. Durante ese período se observó un aumento del 55% en la cantidad de monos araña (de 77 individuos se pasó a 119). Debido a que el Parque Nacional Manu recibió protección oficial en 1973, Rosin piensa que “es probable que estas poblaciones se estuviesen recuperando todavía de la presión de cazadores locales que hubo durante la fiebre del caucho desatada a principios del siglo XX, más de 75 años antes de que Symington llevara a cabo su estudio [en 1988]”.



¿Puede existir una caza de monos sostenible?




Mono aullador, generalmente uno de los primeros primates en ser eliminado de los bosques tropicales donde se practica la caza, fotografiado en la Estación Ecológica Cocha Cashu. Fotografía de Varun Swamy.




Las mediciones sostienen que un bosque tropical tiene una capacidad máxima de una persona por km2 que dependa exclusivamente de la vida silvestre para conseguir proteínas y sobrevivir, pero las poblaciones humanas que cazan casi siempre sobrepasan ese límite. Sin embargo, en lugares específicos donde hay inmigración de animales que provienen de poblaciones cercanas que no han sido cazadas, la caza de subsistencia sí puede ser sostenible.



“La tecnología que se utiliza es un factor muy importante”, explicó Swamy a Mongabay.com. “La caza por arco y flecha es más sostenible que la realizada con armas de fuego, debido a su ineficacia comparativa y el esfuerzo total que requiere. El acceso a medios de transporte motorizados y la proximidad a rutas también son factores que modifican drásticamente la ecuación”.



Rosin propone que dirigir el objetivo de caza hacia especies con ciclos de reproducción más rápidos también podría aliviar la presión que esta ejerce en los primates de reproducción lenta.



“Por último, muchas iniciativas conservacionistas tendrán que adoptar un estrategia más integral en la que se combinen enfoques de dos tipos: los basados en la biodiversidad, como educación, planificación del uso de la tierra y restricciones a la caza, y aquellos con miras a la alimentación, como la cría de animales domésticos, cuidados veterinarios y avances en agricultura”.



Según Rosin, el futuro todavía tiene tintes optimistas. “Es fácil emitir opiniones apocalípticas sobre la conservación, y las preocupaciones no son infundadas, pero seguro va a haber soluciones viables”.



El mono lanudo común es uno de los primates más grandes de la Amazonia. Fotografía de Rhett A. Butler.





Tablas de cálculos de densidad de especies chicas, medianas y grandes y de los efectos de la caza sobre el nivel de la población en tres sitios distintos. Generadas por el programa Distancia. Adaptado de Rosin 2012.


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