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Se viene una gran idea en conservación forestal: para reconectar la fe y los bosques

Innovación en la conservación de bosques tropicales: sesión de preguntas con el Dr. Shonil Bhagwat




Entrada a una arboleda sagrada en Kodagu, India. Foto cortesía de Shonil Bhagwat.


«En África se puede hallar los bosques de Kaya en las costas kenianas, los bosques ancestrales de Uganda, las arboledas sagradas en los bosques de Benín, los bosques del dragón en Gambia o los bosques santuarios en Etiopía…también es posible toparse con parcelas similares de bosque en Asia Meridional y Sudoriental que incluyen muchas arboledas sagradas en India, célebres por su papel en conservar la diversidad biológica», le dijo el Dr. Shonil Bhagwat a mongabay.com. «Bosques protegidos por culturas abundan por el trópico…pero creo que hasta ahora han sido los ‘héroes ignorados’ de la conservación de bosques tropicales. Nos fascina la vastedad del bosque tropical al que llamamos ‘prístino’ pero pasamos por alto los fragmentos de bosque que están aquí, en el patio de atrás».



El Dr. Bhagwat es un geógrafo y ecólogo al que le interesan la cultura y los valores espirituales de la gente. Ve a los ecosistemas como ‘sistemas socio-ecológicos’ y los estudia a varias escalas espacio-temporales: de paisajes a continentes, de estacionales a milenarios. Le interesan las condiciones que brindan resistencia a los sistemas socio-ecológicos y los hacen adaptarse a un mundo de acelerados cambios. Y estos intereses a los que llama «indisciplinarios» lo han llevado a trabajar en «bosques protegidos por culturas, áreas conservadas por indígenas y comunidades y sitios naturales sagrados».



«El vínculo entre la fe y los bosques es complejo», dijo Bhagwat. «La función primaria de estos bosques no sólo es el culto a la naturaleza, quizás nuestros ancestros los mantuvieron porque beneficiaban a la gente. Hoy les llamamos ‘servicios de ecosistema’ pero antiguamente la fe era crucial en asegurar que algunos sistemas de apoyo a la vida fuesen cuidados para beneficiar a la humanidad».




Shonil Bhagwat. Foto cortesía de Shonil Bhagwat.

Agregó que se puede acortar la distancia observada entre quienes trabajan en ciencias de la conservación y quienes son parte de comunidades de fe en el mundo: basta con que el primer grupo aprenda a dialogar con el segundo.



«Después de todo, tanto la fe como la conservación tienen una perspectiva moral. Si el movimiento conservacionista quiere hacerse de más amistades debería considerar que tiene una agenda moral común con los grupos de fe, y que estos podrían ser asociados valiosos «, dijo Bhagwat, y anotó que quizás los grupos de fe serían aliados de suma importancia en los esfuerzos por preservar bosques y otros ambientes. La gente en la arena de la fe, a diferencia de la que está en las arenas política y económica, se aboca a lo perenne y tiene una pródiga historia de supervivencia.



«El movimiento de conservación se beneficiaría de la intimidad con la cual [la fe] se vincula a la gente», explicó. «Nuestras instituciones políticas o, si vamos a eso, financieras son efímeras, inclusive volátiles. Las tradiciones culturales y de fe, por otro lado, han probado ser más duraderas y eso, posiblemente, beneficiaría la conservación de los bosques tropicales en un futuro lejano».



Antes de unirse a The Open University [Universidad abierta] como catedrático de Geografía en febrero de 2013, Bhagwat dirigió un programa internacional e interdisciplinario de maestría en Biodiversidad, Conservación y Gestión en la Escuela de Geografía y Medio Ambiente de la Universidad de Oxford, el Reino Unido. Fue nombrado para ejercer investigación posdoctoral en la Universidad de Oxford y en el Museo de Historia Natural de Londres, y concluyó su doctorado en Diversidad y conservación de bosques tropicales en la Universidad de Oxford en 2002. Su trabajo lo ha llevado a los Ghats occidentales del sur de India y a la selva tropical de Nepal, Sri Lanka, Vietnam y el noreste de Australia.



«Al reconectar la fe y los bosques, vincularemos lo que está ‘aquí adentro’ (la fe es sustancial en el cotidiano de la gente) y lo que está ‘afuera’ (la gente oye hablar o lee noticias sobre los bosque tropicales). Una vez que la gente haya hecho esta conexión, quizás cambie sus actitudes y, gradualmente, su comportamiento».




Una entrevista con el Dr. Shonil Bhagwat




Vista de Google Earth de un bosque santuario en Etiopía. Foto cortesía de Google Earth.


Mongabay: ¿Cuál ha sido su formación y experiencia? ¿Hace cuánto y en dónde trabaja en conservación de los bosques tropicales? ¿Cuál es su área de interés?



Shonil Bhagwat: Mi formación es en ecología de la selva tropical. Desde el momento en que, siendo adolescente, puse pie en la selva tropical de los Ghats occidentales del sur de India, allá a principios de la década de 1990, se me despertó el interés por la conservación de los bosques tropicales. En esta parte del mundo hice trabajo de campo a principios de 2000 para mi investigación doctoral y desde entonces mantengo mi interés en la investigación en la región. Aparte de los Ghats occidentales del sur de India, mi trabajo me ha llevado a la selva tropical de Nepal, Sri Lanka y Vietnam; es más, visité el bosque tropical del noreste de Australia. Tuve mucha suerte de tener estudiantes trabajando en muchas otras partes del mundo y siento que por sus ojos veo el asombroso abanico de diversidad natural y cultural que franquea los trópicos.



Me interesan enormemente los valores culturales y espirituales de la gente, lo cual me ha llevado a trabajar en bosques a los que la cultural protege, áreas conservadas por indígenas y comunidades, y sitios naturales sagrados. Hay muchos lugares así en los trópicos pero creo que hasta ahora han sido ‘héroes ignorados’ de la conservación de bosques tropicales. Nos fascina la vastedad del bosque tropical al que llamamos ‘prístino’ pero pasamos por alto los fragmentos de bosque que están aquí, en nuestro patio trasero. Muchos bosques cobijados por la cultura son sólo eso—fragmentos de bosque rodeados por entornos ya ‘humanizados’—campos de cultivo, asentamientos, aldeas, poblados y a veces inclusive ciudades. Y por esto principalmente es que le importan a la conservación de la naturaleza: se los encuentra en donde menos se los espera, lo que significa que brindan hábitats a especies que habrían desaparecido hace mucho si la tierra se hubiese despejado para la agricultura o el pastoreo. Los bosques a los que la cultura protege son ‘refugio’ de una diversidad de vida que, de otra forma, hace mucho se habría esfumado de nuestros patios.



Los bosques culturalmente protegidos se hallan por todo el trópico. En África se puede encontrar los bosques de Kaya en las costas kenianas, los bosques ancestrales de Uganda, las arboledas sagradas en los bosques de Benín, los bosques del dragón en Gambia o los bosques santuarios en Etiopía; todos ellos incrustados en paisajes agrícolas ‘habituados’ desde hace miles de años a ser habitados por la gente. También se puede hallar parcelas similares de bosque en Asia Meridional y Sudoriental, que incluyen muchas arboledas sagradas en India, célebres por su papel en conservar la diversidad biológica. Me fascinan estas tradiciones culturales y creo que hay que entenderlas mejor y aplicarlas a la conservación de la naturaleza de hoy en día.


Mi investigación se ha enfocado en estudiar estos bosques defendidos por culturas, lo cual naturalmente me ha permitido tocar una gran variedad de disciplinas: antropología, biología de la conservación, ecología, silvicultura, geografía y desarrollo internacional. Así que, con el paso del tiempo, mi investigación se ha ido haciendo cada vez más ‘indisciplinaria’ porque la clase de preguntas que me llaman la atención cruzan los linderos artificiales que solemos trazar entre las disciplinas.



Mongabay: ¿Qué función pueden tener en la conservación los bosques sagrados y la fe en general? ¿Qué innovaciones están apareciendo en la interfase entre religión y conservación? ¿De qué forma es usted parte de este trabajo?




Un santuario en la Gruta Sagrada de Osun-Osogbo en Nigeria. Foto por: Alex Mazzeto/Creative Commons 3.0.

Shonil Bhagwat: En muchos lugares, la fe cumple una función vital en hacer que los bosques tengan pertinencia social. Son variadas las religiones, espiritualidades y credos de los grupos que cuidan bosques defendidos por culturas. A algunos de estos bosques los cuidan algunas de las principales religiones del mundo: el cristianismo, el hinduismo, el mahometismo o el budismo, pero también hay gente de credos animistas e indígenas que quizás hayan cumplido una función desmedidamente grande en conservar estos bosques. El culto a la naturaleza le es central a muchas de estas tradiciones que durante su historia protegieron estos bosques como sitios cruciales para dicho culto. Mas la conexión entre la fe y los bosques es compleja. La función primaria de estos bosques no sólo es el culto a la naturaleza, es posible que nuestros ancestros los mantuvieran porque benefician a la gente. Hoy les llamamos ‘servicios de ecosistema’ pero antiguamente la fe era decisiva en asegurar que algunos sistemas de apoyo a la vida fuesen cuidados para beneficiar a la humanidad. Estas sociedades reconocieron cuán importante es la naturaleza y cuántas recompensas conlleva su conservación.



Aún hoy, muchos bosques sagrados se sitúan sobre laderas de cerros o cerca a fuentes de agua dulce porque siguen siendo esenciales en almacenar aguas subterráneas. En estas selvas tropicales, la gente suele recoger hierbas medicinales o productos forestales que no son madera. Estos bosques sostienen hábitats para polinizadores o agentes que controlan plagas en campiñas agrícolas, algo importante para comunidades cuyo sostén es la agricultura. Creo que aún hoy la fe es una fuerza que motiva a las personas a mantener estos bosques y así apuntalar los sistemas en que se sustentan nuestras vidas. De modo que quizás se entretejan estrechamente los beneficios tangibles e intangibles de los bosques protegidos culturalmente.



A las(los) conservacionistas les preocupa que se pierdan los bosques defendidos por culturas porque la modernización y la globalización están cambiando el lienzo de muchas sociedades tradicionales y arrastrando cuesta abajo la trayectoria de las tradiciones culturales. Mucha gente en conservación llega al extremo de sugerir que la fe, la religión y la espiritualidad ya no son instrumentos confiables de conservación porque están tendiendo a decaer en las sociedades. En su lugar reclaman un enfoque racional y científico de la conservación. Pienso que parte de la ansiedad de unir fe y conservación proviene de la incómoda relación entre la gente conservacionista y la gente de fe. La comunidad conservacionista suele pensar que la fe y la razón no van juntas y que, por ende, una asociación entre ellas jamás funcionaría.


Sin embargo, el cuadro se ve dramáticamente distinto entre la gente laica. Para esta gente, la fe tiene una función cardinal en su cotidiano—se dice que la fe le sirve de ‘guía moral’ para navegar las agitadas aguas del océano de la vida—pero la ciencia de la conservación, con su jerga a ratos impenetrable, le significa muy poco. Suele decirse que la conservación de la naturaleza es una ‘disciplina de crisis’, dando a entender que ya nos hemos acostumbrado a oír las historias de miseria y desolación de las iniciativas fallidas de conservación, pero la gente laica halla esas historias un tanto deprimentes. Por otro lado, un mensaje de conservación traducido en su idioma le significa mucho más, y los líderes y las lideresas de sus creencias hacen un excelente trabajo traduciendo ese mensaje a sus congregaciones. Después de todo, tanto la fe como la conservación tienen una visión moral. Si el movimiento conservacionista quiere hacerse de más amistades debería considerar que tiene una agenda moral común con los grupos de fe, y que estos podrían ser asociados valiosos.


De hecho, los grupos de fe ya trabajan bien y en grande por ayudar a conservar la naturaleza: monjas(es) budistas en Camboya, Myanmar, Tailandia, Vietnam y Sri Lanka conducen ceremonias de ‘ordenación de árboles’ envolviendo los árboles con paños de azafrán. Estas ceremonias de ordenación refuerzan públicamente la sacralidad de los árboles y los protegen de la tala ilícita. La Sociedad para la protección de la naturaleza (SPNL, Society for the Protection of Nature) del Líbano, asociada clave de BirdLife International en ese país, ha revivido la tradición mahometana de la conservación de la naturaleza declarando varias áreas ‘Hima’, zona de conservación en la tradición mahometana. La Iglesia Ortodoxa etíope de Tewahedo está desempeñando un papel importante en tratar de mantener los bosques santuarios que rodean a miles de iglesias en el campo etíope. Quizás estos sean son ejemplos locales y pequeños pero son sólido aporte a la conservación de la naturaleza en países enfrascados en equilibrar su floreciente modernidad con sus arraigadas tradiciones. Con las historias de miseria y desolación de las fallidas iniciativas conservacionistas como telón de fondo, ejemplos como éstos traen un mensaje de esperanza.



Me gusta este mensaje de esperanza. Me gustan las historias que traen buenas noticias y una de mis favoritas viene de India noroccidental. A fines de la década de los 90, a poco de haber terminado la universidad, tuve la fantástica oportunidad de viajar por India descubriendo las tradiciones culturales del país que apoyan la conservación de la naturaleza. Durante estos viajes, encontré una organización llamada Seva Mandir en el estado de Rajasthan al noroccidente de India. Esta organización trabaja por desarrollar las comunidades locales y reconoce que la conservación de la naturaleza le es esencial al desarrollo y va de su mano. En su trabajo con estas comunidades y con el departamento forestal local, esta organización ha ayudado a revivir la tradición de rociar agua de azafrán para la conservación. El agua de azafrán tiene un profundo significado cultural en la tradición hindú; se lo suele usar en los templos para santificar objetos durante rituales religiosos. Seva Mandir ayudó a traducir esta tradición a la conservación de un patrimonio común degradado y de sobrepastoreo. El rociar agua de azafrán tuvo un efecto dramático, y en los años que siguieron el patrimonio común degradado floreció de árboles. Veo esto como un excelente ejemplo de conservación de la naturaleza que va con las tradiciones locales, no contra ellas.




Vista con Google Earth del bosque Mijikenda Kaya, un bosque sagrado en las costas de Kenia. Foto cortesía de Google Earth.


Mi actual trabajo es examinar una extensa historia de conservación de arboledas sagradas en el sur de India. El distrito Kodagu del estado de Karnataka, en el sur de India, tiene arboledas sagradas, en gran cantidad y de gran densidad. La historia escrita de esta región tiene unos 200 años, y los primeros informes de cuando era colonia británica hacen mención a las arboledas sagradas. La gente del lugar dice que estas arboledas han estado ahí por varias generaciones. La gente en biología de la conservación opina que estas arboledas son fragmentos de selva tropical que apuntan a la pérdida y destrucción histórica de la selva. Mi reciente investigación muestra que estas arboledas sagradas no son fragmentos de bosque sino, en efecto, parcelas regeneradas de bosque, lo cual significa que poco más o menos ‘emergieron’ en algún punto de la historia en el cual se desarrolló el paisaje en Kodagu.


Los datos paleoecológicos de largo plazo que algunas(os) de mis colegas y yo recolectamos en estas arboledas sagradas muestran que estos bosques surgieron hace unos 500 años a raíz de algún cambio. Esta emergencia se debió a una compleja combinación de cambio social y cultural, amén del ecológico. Esto también es un ejemplo histórico de conservación guiada por la fe, en la que la fe brinda una razón general para la emergencia de arboledas sagradas. Esta investigación también sugiere que, dado tiempo suficiente, los bosques tropicales pueden renacer; lo cual me llena de esperanza en la selva tropical y las tradiciones culturales, aunque también significa que necesitamos planes de largo aliento. Lastimosamente, el “cortoplacismo” político no se lleva bien con la planificación a largo plazo—las instituciones que están a cargo tendrían que durar más. Las instituciones de fe han probado tener esa capacidad porque duran mucho más que uno o dos mandatos políticos. Si podemos reconectar la fe y los bosques, la conservación de la selva tropical dará pasos gigantescos hacia un futuro lejano.



Mongabay: ¿Cuál cree que es el mayor acontecimiento o los mayores acontecimientos de la última década en conservación de los bosques tropicales?



Shonil Bhagwat: Creo que el debate de la última década sobre el cambio climático ha “secuestrado” los bosques tropicales. Fijar el carbono atmosférico en los árboles se ha convertido en la motivación primaria de la sociedad para mantener intactos los bosques tropicales. Nuestra necesidad de bosques tropicales se expresa en términos de dinero, el así llamado capital natural, y los mercados son vistos como la salvación de este capital natural. Admito que este es el lenguaje que entienden los gigantes corporativos multinacionales y que, si queremos que hagan algo bueno por los bosques tropicales, entonces tenemos que hablar su lenguaje. Mas, reducir los bosques tropicales a carbono, dinero y mercados no resuelve el problema de la deforestación.



No soy economista pero es bien sabido que si hay poca oferta de algo, aumenta su valor. Si dejamos la selva tropical en manos de los mercados, cuánto más escasa se haga, más valiosa les será. Pienso que tenemos que andar con cuidado y hallar una razón más profunda para salvar a los bosques tropicales—una razón que responda a las tradiciones culturales de quienes allí moran—y no dejarlos a merced de los mercados. Estos últimos años nos han mostrado lo volátil del sistema financiero mundial, y los mercados son parte íntima de este sistema, así que depender de los mercados puede tornar igual de volátil el futuro de la selva tropical. Por esta razón debemos reevaluar nuestra creciente confianza en los mercados, a la vez que indagamos soluciones más perdurables. Las tradiciones culturales y de fe ofrecen ambas vías, una razón más profunda para conservar la selva tropical y planes a mayor plazo para su futuro.



Mongabay: ¿Hay algo que no esté funcionando en conservación pero que sigue recibiendo un apoyo injustificado?




Trabajo ecológico a largo plazo en Kodagu, India, con el Dr. Terry Brncic. Foto cortesía de Shonil Bhagwat.


Shonil Bhagwat: Las(los) conservacionistas están encaprichadas(os) con las corporaciones, como lo prueban las celebradas alianzas entre organizaciones internacionales de conservación y corporaciones multinacionales. Hay razones obvias para estas asociaciones: las corporaciones tienen dinero para apoyar la conservación, pero, al mismo tiempo, inciden en la conservación de modos que no necesariamente convienen a los bosques tropicales. Muchas de estas corporaciones multinacionales están hondamente atrincheradas en el sistema financiero mundial y, por tanto, cabe preguntarse cuánta diferencia podrían realmente marcar en la conservación de los bosques tropicales. Si un recurso más escaso es más valioso, entonces vale decir que la pérdida de bosques tropicales aumentará su valor, lo cual es bueno para el ‘modelo empresarial’ de estas corporaciones, por lo menos a corto plazo. ¿Podemos confiar en que las corporaciones marquen la diferencia en la conservación de la selva tropical? Si las(los) conservacionistas pudieran dictar los términos en las directivas corporativas, entonces quizás marcarían una diferencia pero la realidad es que están muy lejos de tener un poder real en esas directivas.



Creo que nos toca buscar medios más duraderos de conservar la selva tropical. Quizás debamos considerar con más seriedad a los grupos de fe, algunos de los cuales son igual de ricos, si es que es el dinero lo que el movimiento conservacionista necesita. Sin embargo, en mi opinión, estos grupos pueden ofrecer mucho más en cuestión de apoyo masivo al movimiento conservacionista. Al momento, estamos pasando por alto, a veces desatendiendo y usualmente ignorando del todo, las tradiciones de fe que tuvieron—y siguen teniendo—un papel importante en la conservación de la naturaleza. Quizás al apelar a estas tradiciones, y aprovecharlas y apoyarlas, se obtenga apoyo popular a la conservación de los bosques tropicales.



¿Cómo reconectamos la fe y los bosques? Los grupos de fe tienen credenciales para influir en sus congregaciones. Más de 4 mil millones de personas, casi dos tercios de la población mundial, proclaman algún tipo de credo, y aún más si se incluye credos indígenas y otras espiritualidades y sistemas de fe. Aun cuando conforman una ‘parte interesada’ demasiado diversa para articular con el movimiento conservacionista y aunque no hay una receta única, hay para estos grupos beneficios obvios de asociarse con el movimiento conservacionista. Esto no quiere decir que las organizaciones de conservación deban acudir a la fe—hay ventajas en mantener la secularidad para conservarse neutral—pero no hay razón alguna para que no puedan trabajar junto a múltiples asociadas de fe y acercarse a una gran muestra representativa de la sociedad. Tampoco quiere decir que no van a surgir conflictos ideológicos—de hecho, las religiones tienen un enorme historial de conflictos entre credos y a lo interno de un credo, pero también han tenido la capacidad histórica de superar esos conflictos una y otra vez y de sostener su función trascendental en la sociedad. Las(los) conservacionistas también deben ser ágiles en identificar tendencias cambiantes en la sociedad. La propia fe no es estática y los grupos de fe se adaptan ‘sagazmente’ a las tendencias cambiantes—una razón de su enorme éxito en tomar el pulso de la sociedad. El movimiento conservacionista puede beneficiarse de esta íntima conexión con la gente. Nuestras instituciones políticas o, si a eso vamos, financieras son de corto plazo, inclusive volátiles. Las tradiciones culturales y de fe, por otro lado, han probado ser duraderas y esto quizás beneficie a la conservación de los bosques tropicales en un futuro lejano.



Al reconectar la fe y los bosques, vincularemos lo que está ‘aquí adentro’ (la fe es sustancial en el cotidiano de la gente) y lo que está ‘afuera’ (la gente oye hablar o lee noticias sobre los bosque tropicales). Una vez que la gente haya hecho esta conexión, quizás cambie sus actitudes y, gradualmente, su comportamiento. Un cambio conductual así puede cimentar intervenciones conservacionistas específicas como la vigilancia asistida por tecnología de los bosques tropicales para evitar la caza, la pesca y la tala ilícita; o juegos para entender las actitudes y el comportamiento de las personas y así evitar la deforestación; o el hacer que la conservación de la naturaleza contribuya a aliviar la pobreza. La conservación de la selva tropical tiene que llegar a ser un movimiento masivo; si la mayoría de la gente la adopta como tema prioritario, esto marcaría una gran diferencia para el futuro de los bosques tropicales.




Véase las publicaciones completas de Shonil Bhagwat sobre la fe y los bosques.