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La innovación de la castaña de Brasil: un negocio con raíces en la selva

(Este artículo se publicó en Mongabay.org bajo el programa de reportaje especial Reporting Initiatives (SRI) program y puede ser publicado en su página web, revista, boletín o diario con las con las siguientes condiciones)


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La fruta de la palma también aparece en la mesa durante nuestro paseo por la concesión de castaña de Brasil Shiwi. Fotografía de Barbara Fraser.



Sofía Rubio tenía ocho años cuando decidió que quería ser bióloga. “Me saltaba las clases para ir al bosque con mi padre o con mi madre” que, según nos cuenta, investigaban lo que ahora se conoce como Reserva Nacional Tambopata en la parte sureste de la Amazonia Peruana.


Hoy, con una bata blanca de laboratorio y el pelo recogido bajo una redecilla verde, Rubio pasea alrededor de una mesa pesando castañas de Brasil. No las va a clonar ni va a estudiar sus genes. Las está cogiendo y sellándolas en pequeñas bolsas de plástico con el logo brillante de “Shiwi”.


Rubio es una bióloga reconvertida en mujer de negocios con raíces en la selva y la mente en el mercado. Su primer experimento, hace seis años, fue la granola, que probaron sus amigos antes de que la lanzara al mercado. Desde entonces, Shiwi , la empresa que fundó, ha lanzado varios productos, desde castañas con ajo hasta crema de labios. Todos los productos se hacen con castañas de Brasil cosechadas la reserva de Tambopata.





Una turista que visita la concesión de castañas de Brasil en la Reserva Nacional de Tambopata muestra las castañas – de hecho semillas- en una vaina. Photo by Barbara Fraser.

Cada año, en febrero y marzo, casi cien familias recogen las castañas de Brasil que han caído al suelo en la Reserva Nacional de Tambopata. Cosechan las castañas en la zona protegida por concesiones otorgadas bajo el sistema de zonificación para uso múltiple de la reserva. Después, las secan al sol y las arrastran a contracorriente hasta una planta que es propiedad de su organización, la Asociación de Castañeros de la Reserva Nacional de Tambopata (ASCART), donde las castañas se tuestan, se abren y se separan para la venta.




Rubio quiere dar un paso más, consiguiendo un valor añadido con el procesamiento de las castañas de formas desconocidas para los recolectores de la región Madre de Dios en la Amazonia Peruana y ofreciéndoselas a los consumidores como un producto recogido de forma sostenible en un parque insignia.




Rubio intenta convencer a los otros miembros de ASCART de que hagan lo mismo que ella. Si tiene éxito, podrían obtener beneficios de las castañas durante todo el año, no solo durante un par de meses a principios de año. Espera que esto ayude a impedir que más gente se pase a empleos destructivos en la región, como la tala, la caza de furtiva, o la minería de oro, que está poco regulada.



El resultado, según afirma, podría ser una situación de beneficio mutuo para los recolectores y los árboles.


La castaña de Brasil es un producto de nicho, incluso en el bosque. Es la fruta de un gigante del Amazonas, el árbol de la castaña de Brasil (Bertholletia excels), que puede crecer hasta más de 30 metros de altura y unos dos metros de diámetro. Las flores, que brotan durante un día, son polinizadas por abejas de las orquídeas, las cuales son lo suficientemente fuertes para levantar cubierta de las flores.


Las castañas se forman en una vaina que tiene aspecto de bola de cañón y cae del árbol con la fuerza suficiente para herir gravemente, o incluso matar, a cualquiera que pase por debajo. Aun así, esa fuerza no es suficiente para abrir la vaina, de modo que la reproducción de la planta depende del agutí (Dasyprocta leporine), un roedor de tamaño mediano con los dientes, y paciencia, necesarios para pueden atravesar la fibrosa vaina y las cáscaras de las castañas. Se comen algunas de las castañas y almacenan otras bajo tierra. Las que se quedan olvidadas tienen posibilidades de brotar.


Los árboles están distribuidos a lo largo de una gran zona. Rubio calcula que solo hay unos 700 árboles en la concesión de su madre, que tiene unas 1200 hectáreas. Los recolectores sitúan los árboles en un mapa y despejan los caminos que hay entre ellos.




Trabajadores sacando las castañas de su cáscara en la planta de ASCART en Puerto Maldonado, Perú. Foto de Barbara Fraser.



El presidente de ASCART, Leslie Aguilar, supervisa la planta procesadora de castañas de Brasil en Puerto Maldonado. Foto de Barbara Fraser.


Recolectar las castañas es una ardua tarea y es difícil encontrar gente que quiera hacerlo. La industria de castañas de Brasil surgió hace alrededor de un siglo, cuando se pasó el auge del caucho, pero en los últimos años se ha visto superada por la fiebre del oro que barre esta zona de la Amazonia Peruana.




Los trabajadores de la castaña cobran por sacos, cada uno de unos 75 quilos. Antes de la fiebre del oro, trabajaban por 25 soles por saco, unos ocho dólares. Ahora quieren el doble.


De media, un trabajador puede producir un saco al día, según nos informó Rubio. Aunque alguien muy capacitado podría llenar hasta tres. La concesión de Rubio produce unos 3000 quilos de castañas por estación.




Mario Montes es uno de los recolectores de castañas. Ha probado suerte en la minería pero prefiere dedicarse a la agricultura. Tanto él como su familia salen a recoger castañas de Brasil en febrero y marzo porque es una fuente de ingresos conveniente a principios del año académico, cuando los niños necesitan zapatos y material escolar.





Sacos de castaña de Brasil esperan para pasar por el proceso de secado en ASCART, Puerto Maldonado, Perú. Foto de Barbara Fraser.



Perú produjo 37 millones de toneladas métricas de castañas de Brasil entre 2000 y 2010. Foto de Barbara Fraser.


El año pasado, la familia Montes acampó en la concesión de Rubio en enero. Empezaron a recoger castañas en febrero, cuando la mayoría de las vainas ya habían caído. En marzo seguían trabajando cuando Rubio llegó acompañada de ocho turistas con ganas de probar la recolección. Si Montes pensó que estaban locos por querer aprender un oficio que te destroza la espalda y que él llevaba haciendo de forma estacional varios años, no lo mostró. En lugar de eso, entretuvo a los visitantes con historias de sus encuentros con el chullachaqui, un espíritu del bosque con un pie humano y una pezuña hendida, siempre listo para embaucar a los cazadores incautos y atraerlos hasta su guarida.




Por la mañana, Montes enseñó a los turistas como manejar una herramienta de madera con forma de tridente llamada pallana, y como girarla de forma exacta para recoger la vaina y dejarla en la cesta que llevaba a la espalda.




Una vez la cesta estaba llena, dejaba las vainas en un montón y las cortaba con un machete con maestría, sin dañar las castañas del interior.




Mario Montes, de 58 años, corta una vaina de castañas de Brasil para vaciarla y extraer las semillas; deja las vainas para que se descompongan en el suelo boscoso.



Las castañas de Brasil se encuentran en Brasil, Bolivia y Perú. En Perú, casi todos los árboles están en la región sudoriental de Madre de Dios. Foto de Barbara Fraser.



Uno por uno los visitantes intentaron el trabajo; se ataron las cestas a la espalda y empuñaron la pallana torpemente. A veces, no conseguían meter las vainas en la cesta y las enviaban a los matorrales. La mayoría dejaron que Montes se encargara del manejo del machete. A los turistas les entró hambre y, mientras se refugiaban de una lluvia repentina, probaron las castañas y algunas frutas típicas de la región.


Al igual que las castañas especiadas y la crema de castaña y chocolate parecida a la Nutella, este turismo de experiencias es otra de las ideas de Rubio, y quiere volver a probarlo en marzo.


Aunque necesitó permisos especiales de los directores del parque porque las concesiones de castaña de Brasil no están registradas como zonas de turismo, cree que es una actividad con poco impacto en el medioambiente y que puede crear puestos de trabajo y proporcionar ingresos adicionales a los recolectores. De modo que no se verían forzados a buscar trabajo en sectores más destructivos.





Los recolectores usan una herramienta de madera hecha a mano llamada pallana para recoger las vainas y lanzarlas a la cesta que llevan a modo de mochila. Foto de Barbara Fraser.

“Madre de Dios es una zona con minería, tala, agricultura, ganadería, turismo, comercio y castañas de Brasil”, afirma Rubio, resumiendo la economía de la región. “De todas estas actividades, las que son buenas para los bosques son el turismo y las castañas de Brasil. ¿Cómo se podrían combinar para obtener una fórmula ganadora?”



Para ella, la respuesta es “que la gente vaya al bosque y que no solo vean árboles y animales y tengan una experiencia en la naturaleza, sino que la vean reflejada en la vida cotidiana y piensen ‘Eh, lo que como influye en este sitio y lo estoy notando en este lugar y en este momento’”.



Que “este lugar” sea la Reserva Nacional Tambopata tiene ventajas y desventajas, afirma Rubio. En el lado positivo, los árboles están protegidos de muchas presiones de la región, incluso de la minería, que ha invadido la zona de amortiguación a lo largo de. la Carretera Interoceánica que llega a Brasil y que, en ocasiones, se ha introducido en la zona protegida.




Trabajar en una zona protegida tiene otras ventajas: ha hecho que la certificación orgánica sea bastante fácil. El Ministerio de Medioambiente de Perú también certifica que las castañas provienen de una zona gestionada de forma sostenible.




El principal inconveniente, según dice Rubio, es que todo el trabajo se debe hacer de forma manual. Esto implica que hay que cargar con cestas de 60 o 70 quilos durante horas bajo el calor, la lluvia y el barro. En las concesiones de castaña de Brasil fuera de la reserva, los recolectores utilizan motocicletas que les facilitan el trabajo. Aunque Rubio, como bióloga, también reconoce un aspecto negativo de este método: se asusta a la fauna salvaje y aumenta la contaminación.





Al final del día, un agricultor puede sacar del bosque más de 60 quilos de castañas de Brasil a sus espaldas. Foto de Barbara Fraser.

Las concesiones de castaña de Brasil que están fuera de la reserva son vulnerables a la invasión de mineros y explotadores de la madera que operan de forma ilegal. Incluso la deforestación a su alrededor, ya sea por la minería o la agricultura, puede reducir la producción de los árboles.



La intrusión de estas actividades es una amenaza en Madre de Dios, ya que hay más de 80.000 hectáreas de tierra donde la minería y la agricultura se solapan con las concesiones de castaña de Brasil. Estos usos solapados son el legado de un sistema con el que cada ministerio del gobierno otorgó derechos de uso de la tierra sin coordinarse con los demás, según un estudio de 2012 estudio de 2012 del Centro Internacional de Investigación Forestal.


Las concesiones de castaña de Brasil y madera se solapan en 1.300.000 hectáreas, pero los investigadores afirman que ese no es necesariamente el problema, si la madera se gestiona bien.


Lo ideal sería que hubiera una zona de conservación privada en la que el propietario pudiera combinar la cosecha de castañas de Brasil, la gestión de la madera y el ecoturismo, según afirma Rubio.


Por ahora, ASCART está intentando hacer uso de las ventajas de cosechar en la Reserva Tambopata y adoptar un enfoque de negocios para el procesamiento y las ventas, declara Leslie Aguilar, el presidente de la organización.




“El sueño de los recolectores de castaña de Brasil siempre ha sido conseguir un mejor precio por su producto”, afirma.




Durante años, los miembros vendían directamente a las procesadoras, de modo que cada miembro conseguía un precio de forma individual. Al final, se dieron cuenta de que podían negociar mejores condiciones si unían sus recursos y ofrecían un mayor volumen.




Al usar la pallana, el recolector evita tener que agacharse entre los arbustos y las hojas donde podría haber serpientes u otros peligros. Foto de Barbara Fraser.





La fundadora de Shiwi, Sofía Rubio, empaqueta castañas de Brasil que se venderán a través de mercados de productos orgánicos en Lima. Foto de Barbara Fraser.


ASCART construyó su propia planta procesadora en un despeñadero con vistas al río en Puerto Maldonado con la ayuda del dinero del premio de un concurso para emprendedores patrocinado por el Ministerio de Agricultura y la ayuda de Odebrecht, la empresa constructora que pavimentó la carretera que limita parte de la zona de amortiguación de la Reserva Tambopata. Los miembros pueden atar sus barcas y descargar sus sacos allí directamente.


Una tarde soleada de octubre, Aguilar se paseó por la sala de procesamiento donde los trabajadores abrían de forma habilidosa las duras cáscaras, saco a saco, separándolas según su calidad. La planta da trabajo a entre 55 y 60 trabajadores durante la estación de procesamiento, normalmente de abril a octubre o noviembre.




La mayoría de trabajadores son mujeres del barrio que hay cerca de la planta. Ganan unos diez dólares al día por reducir 60 quilos de castañas con cáscara a 20 quilos de castañas sin cáscara.



En la última estación, se dedicaron a la solicitud de un solo cliente. El precio de la castaña de Brasil estaba en unos 5 dólares por quilo de castañas, pero una empresa compró toda la producción de ASCART por casi un dólar más el quilo. Aguilar dice que ASCART esperaba vender unos 33.000 quilos de castañas a ese comprados.




Esa es la buena noticia. La mala noticia es que unos ladrones armados asaltaron la planta en julio y se llevaron tres toneladas métricas de castañas por un valor de casi 20.000 dólares. Las castañas pertenecían a un tercer implicado que había alquilado ASCART para el procesamiento. La organización consiguió pagar la cantidad a plazos pero tuvo que posponer otros planes.




Para Aguilar, tener concesiones dentro de la reserva de Tambopata es más un obstáculo que una ventaja para los recolectores de castaña de Brasil. No se les permite cazar o cortar árboles, afirma, mientras que los miembros de la comunidad indígena que hay cerca de la zona sí lo pueden hacer.


Por otra parte, los miembros de ASCART cuyas concesiones están más cerca de la carretera se ven afectados cuando los agricultores queman sus campos, afirma.




Desde su primer experimento con granola, la fundadora de Shiwi, Sofía Rubio, ha producido tentempiés de sabores, aceites, cremas labiales y mantequillas hechas con castañas de Brasil. Foto de Barbara Fraser.


Rubio ve la certificación orgánica internacional y el sello de aprobación del servicio del parque como algo beneficioso para todos los miembros, aunque ASCART aún no esté sacando provecho. Espera convencer a más miembros de ASCART para que la sigan y empiecen a aportar un valor añadido con sus castañas de Brasil, en lugar de simplemente vender castañas sin más. De ese modo, ASCART podría vender a clientes como los suyos, restaurantes y tiendas de productos orgánicos en Lima. También habla con ellos para organizar una empresa conjunta para beneficiarse del mercado de los productos de castaña de Brasil.


Siempre como científica, Rubio sigue probando sus hipótesis en los negocios: que procesar las castañas para productos con valor añadido creará trabajo, aumentará los ingresos y repartirá los beneficios a lo largo del año, haciendo menos probable que la gente se una a líneas de trabajo destructivas; que tener un mercado local fuerte, proporciona amortiguación contra impactos; y que tener un producto con valor añadido ayudará a que la gente aprecie más los árboles de castaña de Brasil.




Aunque recuerda que durante los primeros años de ir a ferias de productos “hablaba más que vendía”, Rubio afirma que sus ventas se han duplicado cada año, augurando un buen futuro para ASCART si da el salto.




“Es un producto completamente nuevo”, afirma de cada una de sus innovaciones: la manteca de castaña, los tentempiés de castaña, el aceite, la granola y los otros productos. “Tienes que probarlo, demostrarlo para que el mercado se familiarice. Cuando la gente los conozca, ese conocimiento se traducirá de forma inmediata en ventas”.


(Este artículo se publicó en Mongabay.org bajo el programa de reportaje especial Reporting Initiatives (SRI) program y puede ser publicado en su página web, revista, boletín o diario con las con las siguientes condiciones)



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