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¿Podría la acuicultura de interior ayudar a salvar océanos y alimentar al mundo?




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Mark Kwok, owner of Aquaculture Technology Asia, at his facility in Hong Kong. Kwok's grouper farm uses special skimmers, bacteria, and UV technology that recycles fouled water and returns it back into the tanks making it likely the most sustainable grouper farm in the world.Mark Kwok, propietario de Aquaculture Technology Asia, en su instalación en Hong Kong. La piscifactoría de mero de Kwok utiliza filtros especiales, bacterias y tecnología ultravioleta que recicla el agua sucia y la repone en los tanques haciendo de ello, posiblemente, la piscifactoría de mero más sostenible del mundo. Foto por: Dominic Bracco II

Mark Kwok siempre ha amado el océano. Ávido buzo y arponero, ha viajado por el planeta en busca de peces exóticos y aventura submarina. Nacido en una familia rica en Hong Kong, tiene libertad para explorar los océanos del mundo.



Pero aproximadamente en la última década, no se ha contentado simplemente con ver peces. Ha estado criándolos. En un modesto grupo de edificios bajos en un suburbio industrial al norte de Hong Kong, Kwok experimenta con una tecnología potencialmente revolucionaria. La instalación no impresiona mucho desde fuera, pero por dentro, puede significar el futuro de la acuicultura y una solución a la crisis de océanos del mundo.



“La siguiente generación necesita empezar a hacerse a la idea de que el mar está en apuros y que la cantidad de peces está acabándose,” dice Kwok desde las humildes oficinas de su piscifactoría.



Hombre refinado que habla un perfecto inglés, Kwok dice que creció en Hong Kong durante una época en que las aguas eran tan cristalinas como un tranquilo día en Las Bermudas. Empezó a hacer buceo en los años 70 y se enamoró con las maravillas del océano. Su pasión con el tiempo le llevó a la industria del marisco y en los años 90 inició un lucrativo negocio enviando barcos por la región para transportar peces destinados a clientes hambrientos de restaurantes de Hong Kong.



Sus barcos fueron a Indonesia, Malaysia, y tan lejos como a las Islas Marshall en busca de peces populares como el mero y el lábrido. Pero perdió el gusto por el negocio del marisco después de que dos barcos y toda su tripulación se hundieran durante una caprichosa tormenta. Dejó el negocio culpado por las familias de su tripulación y con una creciente sensación de que el pez salvaje se estaba extinguiendo.



Quiso permanecer involucrado con la industria del marisco, pero también quería sentir que hacía una contribución al futuro de los océanos que tanto amaba. Caracterizado por no ser un hombre que se relaje y simplemente done a la caridad, decidió invertir en una acuicultura experimental. Kowk se asoció con un grupo de investigación en la Universidad de Hong Kong, criando meros en tanques, y en 2003 fundó una pequeña compañía llamada Aquaculture Technologies Asia Ltd.





Mero gigante emerge a la superficie durante la hora de comer en la instalación de Aquaculture Technology Asia facility en Hong Kong. Foto por: Dominic Bracco II


La idea era simple. Mero gigante, un pez de lento crecimiento popular en los restaurantes asiáticos lujosos, está desapareciendo de la Tierra debido a la sobrepesca.



“El mero para los asiáticos es lo que el salmón para los occidentales,” dice Kwok. “Pero no los sueles ver en su hábitat natural. En mis 30 años de buceo en esta parte del mundo, quizás lo habré visto solamente cinco o seis veces”.



Hoy en día la mayoría de los meros se extraen de piscifactorías que contaminan áreas costeras con desperdicios del pescado, fertilizantes y pesticidas. Pero, ¿qué pasaría si todas estas operaciones de cría de peces pudieran llevarse a cabo completamente tierra adentro, y toda el agua permaneciera dentro del sistema?



Justamente eso es lo que hizo la compañía. Hoy en día, Aquaculture Technologies Asia hace funcionar la única piscifactoría de mero del mundo, en el interior. Cuando el agua de los tanques se ensucia, Kwok la hace fluir a través de filtros especiales que eliminan el material orgánico, la expone a luz ultravioleta y ozono para matar bacterias y finalmente bombea nuevamente agua depurada de vuelta a los tanques. El resultado es menos enfermedades, menos necesidad de pesticidas y cero contaminación.



La primera cosa que llama la atención al mirar uno de los numerosos grandes tanques de Kwok es que el agua no está estancada. Una bomba la mantiene revuelta en una dirección uniforme, casi como un remolino. Kwok comenta que esto no solo mantiene el agua limpia, sino que ejercita al pez. De hecho, a diferencia de muchos meros que se ven en las tiendas de Hong Kong, hinchados por una perezosa vida en un estanque, estos peces lucen tan brillantes y fuertes como un mero gigante salvaje.



El desarrollo de acuicultura interna no ha sido fácil, no obstante. Además de un proceso muy complicado, es muy caro. Para prevenir enfermedades en los peces, Kwok ha separado los sistemas de filtros y bombas para cada tanque, algo que pocos considerarían. Y a pesar del hecho de que estos pueden ser los meros gigantes cosechados de manera más sostenible en el mundo, tiene problemas para convencer a los restaurantes a pagar más que el precio de mercado –lo que significa que debe competir con compañías menos ecológicas y más baratas.



“Somos los únicos lo suficientemente locos para hacer esto, es caro,” dice. “Lo que hacemos puede estar un poco por delante de nuestro tiempo”.





Mero gigante en sus tanques en la instalación. Aquaculture Technology Asia, es posiblemente la única piscifactoría de mero autosuficiente en el mundo. Foto por: Dominic Bracco II


Huelga decir que sus esfuerzos aún no se han visto pagados. Ha sido nombrado por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés) como una fuente sostenible de mero, que ha ayudado a vender a muchos hoteles de lujo con clientes interesados en la administración medioambiental.



Kwok tiene los bolsillos llenos y puede permitirse experimentar, pero también cree que hay un fuerte modelo financiero en la operación. Debido a la preocupación china sobre volcada sobre la seguridad alimenticia, espera poder cargar un 15-20 por ciento de recargo a su pescado, tal y como hacen los restaurantes occidentales para el comercio justo.



“Para gente como tú, no importa si tu pescado está congelado o helado,” dice Angus Lam, un gerente de la instalación, refiriéndose a los occidentales. “La gente china paga un recargo por el pez vivo. Por un seguro de frescura”.



Kwok posee otra ventaja sobre otros productores. Las condiciones de sus tanques, más agradables, le permiten comprar alevines más pequeños y baratos, o crías de peces en lugar de compras estándar. Aún más importante, su pescado no sufrirá la alta mortalidad de otras piscifactorías. Una típica operación costera puede perder sobre el 70 u 80 por ciento de su stock en un año malo. Pero Aquaculture Technologies Asia está intentando bajar ese número por debajo del 10 por ciento.



Al unirlos, factores como estos podrían ayudar a que la gestión saque beneficio. Kwok dice que la instalación actualmente produce alrededor de 60 a 100 toneladas al año de mero –15 000 peces aproximadamente, algunos de ellos con un peso de 45 kilogramos– que vende por aproximadamente 60 dólares el kilogramo. Tan impresionante como es, aún pasará algún tiempo antes de que estas prácticas innovadoras se expandan a otras piscifactorías de meros, por no hablar de instalaciones criando especies de peces más baratas.



Un problema ecológico aún por resolver: el nuevo proceso requiere todavía de grandes cantidades de comida insostenible para criar al mero. Pero Kwok responde de manera optimista y declara que tenemos que seguir buscando nuevas soluciones mientras haya tiempo.



“La naturaleza tiene una forma divertida de desarrollar los hechos. Puedes darle suficiente espacio vital, que volverá. Pero si sigues ejerciendo presión, se romperá y entonces todo se irá al garete,” concluye. “Esa es la naturaleza, dale espacio para respirar y volverá”.