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Descubren ave en región sudamericana en conflicto: investigadores reclaman protección

En la frontera entre Colombia y Venezuela existe una cadena montañosa llamada Serranía del Perijá, donde una pequeña ave cantora de color marrón pasa sus días completamente ajena al revuelo que acaba de causar en el mundo de la ornitología. Durante muchos años los estudios de pieles de esta ave se pudrieron en un cajón polvoriento en el Museo Nacional de Historia Natural del Instituto Smithsoniano, clasificados apresuradamente (e incorrectamente) como Scytalopus atratus nigricans, un ave cantora similar, que se encuentra a una altura menor. Hace poco, los científicos redescubrieron al ave en las laderas venezolanas de la Sierra de Perijá y pudieron utilizar tecnología del siglo veintiuno para describir su genética, ecología y apariencia. Al hacerlo, la identificaron como una especie nueva a la que denominaron Perijá tapaculo (Scytalopus perijanus).



Melbourne Carriker Jr. podría recibir el crédito por el descubrimiento científico original de esta especie. Era oriundo de Illinois y presentó su primer trabajo sobre los hábitos de anidación de las aves rapaces cuando tenía 20 años. Tres años más tarde, hizo su primera expedición de recolección a Costa Rica, y se convirtió en un ornitólogo y entomólogo experto con una afición al estudio de piojos parasitarios en aves. En 1941 y 1942, hizo varias recolecciones en Colombia, donde exploró las laderas occidentales de la Serranía de Perijá, y envió 27 especímenes de tapaculo de seis localidades diferentes al Instituto Smithsoniano. Después de una breve inspección, las muestras quedaron sin ser estudiadas por 70 largos años, al igual que los tapaculos en general.





El perijá tapaculo recientemente descubierto (Scytalopus perijanus). Foto: J. Fjeldså.

Más tarde, en septiembre de 2006, Juan Pablo López, del Instituto de Ciencias Naturales (Universidad Nacional de Colombia), y Alexander Cortés-Diago (Fundación EcoHabitats) recolectaron dos especímenes de Scytalopus en bosques nubosos a 2450 m sobre el nivel del mar, en las laderas occidentales de la Serranía de Perijá. A pesar de sus sospechas de que esas aves eran nuevas para la ciencia, en ese momento no había especímenes equivalentes como para hacer un estudio completo. Luego, en 2008, Jorge Avendaño, de la Universidad de los Llanos, y sus colegas recolectaron 16 especímenes más de tapaculos en serie cronológica de la misma zona explorada por Carriker y notaron similitudes entre la colección de Carriker y la suya. Los especímenes de Carriker no tenían las características diagnósticas de las especies de tapaculo del norte que se les atribuían (Scylatopus atratus nigricans), entre ellas, tamaño, patrón de colores, y una mancha blanca en el medio de la cabeza. Estos rasgos tampoco estaban en los especímenes que ellos habían recolectado.



Concluyeron que esa era definitivamente una especie nueva y publicaron una descripción completa en la edición de marzo de The Auk.



El nuevo tapaculo



El tapaculo de Perijá es un ave pequeña con el pecho de color beis, el lomo gris y el cuello marrón. Su canto es bastante diferente del de otros tapaculos. Avendaño y sus colegas encontraron un nido a dos metros de un camino de tierra, donde había un macho protector alrededor de dos pichones, que cantaban animadamente,y sonaban muy similares a los grillos. Avendaño cree que los machos participan del cuidado de las crías, algo que no es extraño en los tapaculos, y que la especie se reproduce principalmente entre abril y julio.



El análisis de ADN mitocondrial revela discrepancias genéticas importantes con sus parientes más cercanos, lo que supone una discrepancia por aislamiento, debido al accidentado hábitat montañoso de estas aves.




Mapa del norte de Sudamérica, donde se muestra la ubicación de las zonas mencionadas en el texto, los puntos donde se han registrado avistamientos, y la posible distribución del Scytalopus perijanus sp. nov. (polígonos de color gris claro a lo largo de la frontera entre Venezuela y Colombia). Nótese el hábitat restringido de la especie nueva hacia el sector norte de la Serranía del Perijá, principalmente por encima de los 1600 m. Imagen cortesía de Avendaño et al. Clic en la imagen para ampliar.

“Si bien se sabía que dos especies se encontraban en las montañas Perijá, fue una clara sorpresa que la especie ubicada a mayor elevación difiriera entre un 8 % y un 9 % de sus parientes más cercanos —sostiene Niels Krabbe, experto en tapaculos, en un comunicado de prensa—. Esto recalca la importancia de la Serranía del Perijá como un centro evolutivo, y exige una mayor investigación de su flora y fauna”.



¿Están a salvo?



El género ScylatopusScytalopus fuera de Brasil tan solo en los últimos 20 años, lo que sugiere la posibilidad de que existan tapaculos nuevos y sin descubrir en esas áreas remotas. Las típicas regiones montañosas habitadas por estas aves están sujetas a la degradación del hábitat en las laderas menos elevadas, lo que deja a las especies atrapadas en las cimas. Aunque hasta cierto punto los tapaculos pueden reubicarse —a diferencia de muchos mamíferos terrestres o anfibios que enfrentan un aislamiento similar— las opciones de hábitat son pocas y alejadas entre sí, incluso para ellos, y disminuyen continuamente.


Los autores informan que, si bien el perijá tapaculo podría resistir algún grado de fragmentación del hábitat, la evaluación realizada lo clasifica como En peligro de extinción, según el criterio de la UICN. Los autores predicen que el hábitat ya fragmentado y limitado a unos 5000 km2 continuará disminuyendo tanto en extensión como en calidad.



La Serranía del Perijá es conocida por su alto endemismo, es decir, su característica de albergar muchas especies que no se encuentran en ninguna otra parte del mundo. Allí se han identificado 60 especies aviares que son exclusivas de la zona, y quedan más que aún no tienen una descripción científica formal. Junto con las 69 especies de plantas vasculares endémicas, la Serranía del Perijá se convierte en un verdadero punto clave de actividad evolutiva, y los científicos sostienen que necesita mayor investigación y protección.





La frontera entre Colombia y Venezuela (amarillo) pasa por la Serranía del Perijá, donde habita el perijá tapaculo. El Parque Nacional Perijá ocupa gran parte del territorio venezolano de la cadena montañosa, pero el lado colombiano no cuenta con una protección similar. Según Global Forest Watch, aproximadamente 500 alertas FORMA —que indican las áreas donde podría haber pérdida de cobertura arbórea— ocurrieron entre 2006 y 2015 en la porción de hábitat que se muestra, que incluye el parque. Si bien las alertas eran casi parejas para ambos países, la mayoría ocurrió fuera de las áreas protegidas, con solo 61 dentro del Parque Nacional Perijá. Téngase en cuenta que el área protegida en las tierras bajas, que aparece a la derecha del parque nacional, no fue incluida en este análisis. Clic para ampliar.




“La especie está en mayor peligro de extinción del lado colombiano que del venezolano porque el hábitat está protegido por un parque nacional en Venezuela”, explica el Dr. Avendaño en un comunicado de prensa, haciendo referencia al Parque Nacional Perijá de Venezuela.



Sin embargo, esta protección podría ser difícil de lograr ya que una conmoción política en Colombia desvía la atención de los problemas medioambientales. El conflicto colombiano es una guerra de baja intensidad, continua, que lleva 51 años, entre el Gobierno y varios grupos paramilitares por el aumento de su influencia en el país. Un estudio realizado por el Centro Nacional de Memoria Histórica de Colombia revela que les ha costado la vida a 220 000 personas, la mayoría civiles, y ha desplazado a más de cinco millones de personas de sus hogares (la segunda población más alta desplazada internamente en el mundo). El perijá tapaculos comparte el hábitat con dos bloques de un grupo guerrillero colombiano: el bloque Caribe y el bloque Magdalena Medio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia—Ejército del Pueblo (FARC–EP), lo que hace que las incursiones científicas en la región sean peligrosas.



“Por tanto, recomendamos establecer un nuevo parque nacional o una red de reservas en Colombia conectadas al Parque Nacional Sierra de Perijá de Venezuela —escriben los autores—. Este parque binacional es necesario para preservar de manera efectiva la amplia diversidad de especies y endemismo de las aves y de otros grupos biológicos de la región”.







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