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Los planes de la empresa brasileña de megapresas en Perú provocan un enorme conflicto social


A mural in the town of Celendin opposing the proposed Conga mine. Many people believe dams like Chadin 2 and Rio Grande 1 and 2 are intended to supply electricity to mines such as Conga. Credit: David HillUna pintada en la ciudad de Celendín en oposición a la mina Conga. Mucha gente piensa que las presas Chadín 2 y Río Grande 1 y 2 pretenden suministrar electricidad a proyectos mineros, como el Conga. Foto por: David Hill




Este artículo fue publicado en el programa Special Reporting Initiatives (SRI) de Mongabay.org y puede ser publicado de nuevo en su página web o en su revista, boletín o periódico bajo estos términos y condiciones.

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Los megaproyectos de presa en Perú amenazan con destruir el Río Amazonas y su ecosistema


“No quiero vender mis tierras, he vivido aquí desde que tenía 17”, declaraba María Araujo Silva, de 82 años de edad. “Aquí fue donde nacieron mis niños y quiero morir aquí, por eso no estoy de acuerdo. No estoy de acuerdo con la construcción de esta presa”.


Araujo Silva está indignada por los planes del gobierno de Perú y la compañía brasileña Odebrecht para construir una presa hidroeléctrica río abajo respecto a su villa, Huarac, en el río Marañón. Explica que el proyecto inundaría su hogar, el de sus vecinos y las tierras donde cultiva cocos, naranjas, aguacates, limas, yucas y maíz.



“Aquí nadie está de acuerdo, nadie” contaba a Mongabay.com. “Un ingeniero de Odebrecht dice que el embalse no nos inundará y que no debemos preocuparnos, pero no le creo”.



Araujo Silva comparte una casa construida con barro cocido con José Chacón Carrascal. Él también se opone a la presa. “Nos prometen trabajo, pero yo ya tengo trabajo en mi chacra (un pequeña granja). No estoy de acuerdo, ¿qué deberíamos hacer?”.




Pintada en contra de Chadín 2 cerca de la ciudad de Celendín. Foto por: David Hill


Rio Grande 1 y 2: «no hay acuerdo»



Huarac se encuentra en mitad del valle Marañón –la sección central de 1700 kilómetros de longitud, río libre que nace en los Andes de Perú y es el principal afluente del Río Amazonas.



Declarado como la “Arteria Energética” del país por la ley de 2011, el gobierno propone construir más de 20 presas sobre el tramo principal del Marañón, con posibilidad de doblar ese número en su Cuenca. Río Grande 2, río abajo respecto a la ciudad de Huarac, y Río Grande 1, río arriba, serían dos de las primeras presas en construirse. Ambas generarían conjuntamente 750 megavatios (MW) de electricidad.



La opinión acerca de las presas es similar entre muchos de los vecinos de Araujo Silva. Siguiendo la corriente del río junto a una interminable carretera sin pavimentar, se llega al pequeñísimo asentamiento de Saumate, lugar donde vive Angélica María Araujo, sola. Allí planta papayas y otros cultivos para poder vivir ella y permitir a su hija estudiar en la ciudad de Celendín. “Nadie está de acuerdo”, explicaba. “¿Dónde nos van a trasladar?”.



La sobrina de Araujo Silva, Aurora Araujo Dávila, vive en Celendín pero posee bastantes hectáreas en Huarac donde cultiva aguacates, mangos, papayas y naranjas. “Todo esto quedaría inundado por Río Grande”, decía. “Estas eran las tierras de mis padres y quiero dejárselas a mis hijos. Los lugareños dicen que no van a permitir a la compañía salirse con la suya”.



Por supuesto, no todo el mundo se opone. Manuel Briones Pérez, que ha trabajado para Odebrecht, está a favor de las presas, como “mucha gente”, como la “gran mayoría” de terratenientes. El proyecto reportará beneficios, afirma, incluyendo 8000 puestos de trabajo, educación, reforestación y mejores carreteras. “¿Por qué no íbamos a estar a favor? Aquí estamos perdidos, aislados. El estado no llega hasta aquí”, contaba.





Mapa que muestra las ubicaciones de las presas de Río Grande 1 y 2 y el área que quedaría inundada. Fuente: Odebrecht/Amec (Perú) S.A.


Odebrecht: Poca información, muchos rumores



La confusión sobre Río Grande 1 y 2 es grande. Algunas personas entrevistadas por Mongabay.com afirmaban conocer detalles, como la ubicación de las presas o la altitud de las mismas, aunque estos detalles variaban de una persona a otra. Otros parecían saber poco o nada, o estaban confundidos por informaciones contradictorias o cambiantes.



“No hay una información clara”, dijo Víctor Vargas Machuco, de Palenque, situado en el kilómetro 17 de la carretera que va río arriba desde el pueblo de Balsas. “Nos están engañando. El ingeniero César González de Odebrecht dijo que se inundaría del kilómetro 5 al 16, luego al 18. También, la compañía decía que la presa sería de 50 metros de altura, luego 60… y que la segunda sería de 120 metros de altura, luego un máximo de 130 y al final cambió a 165”.



Según María Chávez Mendina, otra habitante de Palenque, el 50 por ciento de las gentes locales están a favor y la otra mitad en contra.



“Pero no existe tal información”, decía, “La gente simplemente dice que nos trasladarán, pero lo que queremos saber es información de la compañía. Información clara. Eso es lo que estamos pidiendo”.



En busca de la verdad



El gobierno de Perú emitió una “concesión temporal” para Río Grande 1 y 2 a Odebrecht Energy Peru, filial del gigante brasileño Odebrecht Group, en noviembre de 2014. Esto dio luz verde a la compañía para realizar estudios de viabilidad para ambas presas propuestas.





Mensaje originalmente en contra de Chadín 2 en las campiñas de los alrededores. El “no” fue borrado y reemplazado por un “sí”. Foto por: David Hill


El área de la concesión se extiende aproximadamente 60 kilómetros de norte a sur, a lo largo de las regiones del Amazonas, Cajamarca y La Libertad. Incluye parcelas en las provincias de Celendín, San Marcos y Cajabamba, así como numerosos distritos como Utco, Jorge Chávez y Oxamarca.



Amec (Peru) S.A., filial de la empresa británica Amec Foster Wheeler, fue contratada por Odebrecht para redactar una Evaluación de Impacto Ambiental (EIA) de las presas. La EIA debe ser aprobada por el Ministerio de Energía de Perú (MEM) antes de comenzar la construcción.



Odebrecht ha celebrado dos tandas de reuniones con la comunidad como parte del proceso de EIA, pero la gente entrevistada por Mongabay.com se mostraba muy crítica. Decían que la compañía ha saboteado las reuniones de diversas formas –eligiendo días donde mucha gente no podía asistir, soltando amarres de barcos para que otros no pudieran viajar y evitando aparecer una y otra vez a la hora y lugar acordados.



Los entrevistados también decían que había asistentes de las reuniones que al expresar su preocupación por las presas eran insultados, intimidados y silenciados. De acuerdo con numerosas fuentes, en la reunión de Jecumbuy, en marzo, se produjo un conflicto violento.



“Hay gente a favor del proyecto que nos insulta. Los que están a favor insultan a los que no lo están”, explicaba Vargas Machuka.





Pintada en la ciudad de Celendín en contra de la mina Conga. Muchas personas creen que las presas de Chadín 2 y Río Grande 1 y 2 pretenden suministrar electricidad a minas como la de Conga. Foto por: David Hill



Reuniones con la comunidad: “El 80 por ciento son de fuera”



Sin lugar a dudas, la alegación más seria contra Odebrecht es que las reuniones con la comunidad están llenas de personas que viven en otros lugares. Algunos entrevistados por Mongabay.com dijeron que se hacía esto para dar la impresión de que las presas cuentan con el apoyo de mucha gente.



“Los traen de otros lugares y son gente que no tienen nada que ver con esto”, dijo una mujer de Huanabamba, un pueblo adyacente a Huarac, que no quiso dar su nombre. “No nos representan, no tienen tierras aquí. Son los que están de acuerdo pero no tienen nada que ver con nosotros”.



Algunos afirman que a estos forasteros se les paga para asistir a las reuniones, o que trabajan para Odebrecht o compañías mineras que se benefician de la electricidad generada por las presas.



Eduar Rodas Rojas, presidente de la Federación de Rondas Unidas Campesinas de Celendín, que quedaría perjudicada por Río Grande 1 y 2, llamó a los forasteros “comprados”.



“Primero los fotografían”, dijo Rodas Rojas. “Aunque son de cualquier otro lugar, con estas fotos engañan al gobierno a pensar que las comunidades locales están de acuerdo”.





Centro del valle del Marañón. Foto por: David Hill


Lidman Chávez Pajares, presidente del Frente de Defensa Ambiental de Oxamarca en Celendín, dijo que Odebrecht ha intentado también engañar al gobierno mediante la recogida de firmas “fraudulentas” en las reuniones “para que parezca que asistió mucha gente”. Él afirma que algunas de las personas allí firmantes trabajan para Gold Fields, compañía sudafricana que explota la mina Cerro Corona en Cajamarca y la muy en ruinas mina de Yanacocha, que ha sido convertida en la sede de la empresa estadounidense Newmont Mining Corporation, Minas Buenaventura de Perú y la Corporación Financiera Internacional del Banco Mundial.



«Pero el 80 por ciento viene de fuera,» declaró Chávez Pajares.



Socorro Quiroz Rocha, de la Asociación por la Defensa de la Vida y el Medio Ambiente (ADEVIMA), coincidía con esa valoración. Dijo que aproximadamente el 80 por ciento de la gente que asistió a las reuniones en Limón, Utco, Jorge Chávez, Oxamarca, Huanabamba, Jecumby y Balsas eran forasteros, algunos viajando más de 200 kilómetros de distancia.



En otras ocasiones estos porcentajes son incluso mayores. Un hombre de Huanabamba, que no quiso dar su nombre, contó a Mongabay.com que en una reunión, el 90 por ciento era de fuera. “No dejan a la gente de aquí hablar”, dijo. “Solo dejan hablar a la gente de fuera”.



Según un asistente a la reunión en Balsas en marzo, río abajo respecto a la localización de Río Grande 2, “aquello estaba prácticamente lleno de gente de fuera”.



En respuesta a estas acusaciones, Odebrecht contestó por correo electrónico a Mongabay.com que “no habría motivo para traer asistentes de otras regiones” y no es una “práctica de nuestra empresa”.



La oposición a las presas se está silenciando también de otras formas. Algunos dicen que tienen miedo a “hablar abiertamente” porque han sido amenazados. Al menos dos hombres, Absalon martes Velásquez y Nazario Chávez Tirado, se enfrentan a cargos criminales.





Presas como la de Chadín 2 y Río Grande 1 y 2 inundarán extensas áreas agrícolas donde se cultivan frutos como la papaya. Foto por: David Hill



“Se está criminalizando la protesta cuando ellos simplemente están ejerciendo sus derechos”, dijo Quiroz Rocha.



“El objetivo es intimidar a la gente, asustarlos”, dijo Chávez Pajares, “para que no sigan con la lucha”.



Rio Grande = un impacto negativo aún mayor



En una reunión en Huanabamba en noviembre, César González de Odebrecht dijo que la presa de Río Grande 1 tendría una altura de 150 metros e inundaría 38 kilómetros cuadrados, mientras que Río Grande 2 sería de 50 metros de altura e inundaría 6 kilómetros cuadrados, según Quiroz Rocha de ADEVIMA. A petición de Mongabay.com para confirmar qué áreas quedarían inundadas, la compañía envió un mapa en el que se muestra que el río entero y el valle desde la localización de Río Grande 2 río arriba –prácticamente la longitud de la concesión entera– quedarían bajo el agua.



Tal y como dijo Chávez Pajares, esto inundaría “grandes extensiones” de bosques y valles donde se producen aguacates, bananas, naranjas y cocos, entre otros cultivos. “No sabemos exactamente la tierra que será inundada, ya que no se han realizado estudios sobre el tema”, explicó, “pero serían más de 3000 hectáreas de bosque seco”.





César Chávez del pueblo de Tupen, área que será inundada por Chadín 2. Foto por: Rocky Contos



Chávez Pajares dijo que el impacto en el Río Marañón en sí sería desastroso, “matando” bancos de peces y deteniendo el flujo de sedimentos ricos en nutrientes río abajo. Además, la inundación provocaría la extinción de muchas especies endémicas únicas y las aguas estancadas del embalse generarían gas metano que es “20 veces más contaminante que el dióxido de carbono”. Por supuesto, todo ello contribuiría al cambio climático.



«Nuestra postura es la siguiente: No a las presas ya que destruirán nuestros valles, amenazarán nuestra identidad y cultura, contaminarán y servirán de suministro energético a compañías mineras”, dijo Chávez Pajares. “Existen otras alternativas para generar energía, como pequeños proyectos hidroeléctricos, o la energía solar o térmica”.



Chadín 2



Rio Grande 1 and 2 no son, ni mucho menos, las presas más polémicas de las propuestas en el Marañón, ni las más avanzadas.



Río abajo por Río Grande 2, más allá de Balsas, se encuentra el sitio propuesto para la presa Chadín 2 y, siguiendo río abajo, el sitio propuesto para la presa Veracruz. Ambas poseen “concesiones definitivas”, necesarias para el desarrollo de proyectos hidroeléctricos de más de 500 MW, y sus EIAs han sido aprobados por el MEM.





Angélica María Araujo, habitante local en Saumate: “Nadie está de acuerdo. ¿Dónde nos van a trasladar?” Foto por: David Hill


Se espera que Chadín 2 genere 600 MW, pero se ha topado con una oposición violenta por parte de las comunidades locales y otros puntos de Perú, así como internacionalmente, tal y como reconoce el mismo MEM.



Del mismo modo que en Río Grande 1 and 2, la compañía operativa es AC Energía, filial de Odebrecht, y Amec (Perú) S.A. redactó su EIA. El área de la concesión incluye fragmentos de regiones del Amazonas y Cajamarca, y provincias de Celendín, Chachapoyas y Luya. Según la EIA. La presa tendría 175 metros de altura y anegaría 32’5 kilómetros cuadrados.



“Lagos estancados” desde los Andes hasta el Amazonas



Las posibles consecuencias de Chadín 2 son similares a Río Grande 1 y 2, pero indiscutiblemente más numerosas y serias. Se inundarían extensos campos de cultivo, más de 20 pueblos y más de mil personas se verían forzadas a abandonar sus hogares, tierras y recursos de subsistencia. Habría muchos más pueblos y personas que quedarían perjudicados de manera indirecta.



Además, tal y como anotó el ingeniero peruano José Serra Vega en un análisis de costes y beneficios redactado para el Foro Solidaridad Perú de la organización de sociedad civil con sede en Lima, Chadín 2 supondría deforestar 12 000 hectáreas, la producción de gases de efecto invernadero y la “pérdida de biodiversidad, una seria alteración de los sistemas acuáticos, detención del flujo de sedimentos fluviales y la muerte de la flora y la fauna”.



La presa inundaría y destruiría ruinas arqueológicas Prehispánicas y una industria de turismo sencilla basada en el remo y piragüismo, que ha bautizado una sección de 550 kilómetros del Marañón como “El Gran Cañón del Amazonas”.



Benjamin Webb, fundador de Paddling with Purpose, organización internacional coordinada con ONGs locales, dijo que Chadín 2 perjudicará la sección del Marañón “con mayor semejanza al Gran Cañón del Colorado”.



“Una vez que cortas el flujo del río, cortas la oportunidad de tener un curso fluvial largo e ininterrumpido, que es lo que hace de lugar tan especial”, dijo Webb. “Si se construyen el resto de presas, básicamente no habrá río donde remar. Tan solo existirán una serie de lagos de agua estancada desde los Andes hasta el Amazonas”.







La oposición a Chadín 2 lleva creciendo desde 2012. Se han formado frentes de defensa local y alianzas, realizado acuerdos públicos, celebrado reuniones y protestas, creado peticiones y campañas, alertado a los medios, publicado informes, todo ello en apoyo directo con organizaciones como Foro Solidaridad Perú, Cooperación y Grufides, con sede en Cajamarca.



En los muros de las casas que quedarían inundadas en las proximidades de Celendín, Cajamarca y las campiñas de alrededor pueden verse pintadas con mensajes protesta como “No a Chadín 2” y “Río Marañón sin presas”.





Habitante local María Araujo Silva en Huarac: “Aquí fue donde nacieron mis hijos y quiero morir aquí”. Foto por: David Hill


A finales de marzo, el Frente para la Defensa del Río Marañón (FDRM) declaró que Chadín 2 “cuenta con el rechazo total de terratenientes del valle del Marañón”, bautizándolo como “un proyecto criminal” que pone en riesgo vidas. “No vamos a vender nuestras tierras ni por oro ni por plata”, manifestó.



Rodas Rojas, de Rondas Campesinas, contó a Mongabay.com que “todo asentamiento y comunidad” se opone a Chadín 2. Esto se debe a que los cultivos del valle del Marañón y los bancos de peces se perderían por el embalse, ya que la intención es generar energía para el controvertido proyecto minero de Conga operado por Yanacocha. Esta situación cambiaría “nuestra cultura y estilo de vida” y “no nos traerá ningún tipo de desarrollo”.



“Para nosotros, la única preocupación es cuidar de las tierras y del agua”, dijo Rodas Rojas.



De acuerdo con Plataforma Interinstitucional Celendina (PIC), una coalición de 40 organizaciones populares, entre el 90 y 95 por ciento de la región se opone a Chadín 2. Porcentaje que podría ser incluso mayor en algunas áreas, dijo Benjamin Webb, tras visitar en marzo Balsas y otros pueblos potencialmente perjudicados como Tupén y Mendán.



“Entrevistamos a mucha gente local para saber qué opinaban al respecto”, explicaba Webb. “Fuimos con la esperanza de obtener un abanico equilibrado y justo de entrevistas, que representara ambos bandos tanto a favor como en contra del proyecto. Esto fue imposible, prácticamente la totalidad de estas comunidades está en contra”.




Centro del Valle Marañón. Foto por: David Hill


En Tupén, Dionisia Huamán contó a Webb que “vinieron y dijeron que iban a inundar nuestros valles para construir una presa en el Marañón. Esto nos preocupó bastante ya que amamos profundamente nuestro río”.



En Balsas, Jeyson Tirado se quejaba de que “la gente aquí no quiere saber nada de Chadín. El proyecto afectará la región, sus tierras y animales”.



En Mendán, Juan Peña respondía con indignación: “nos tratan como ignorantes porque estamos en contra de Chadín 2. No es nada personal, simplemente deben respetar nuestras propiedades y nuestros derechos”.



Las críticas sobre el proceso de la EIA de Chadín 2 son similares a las de Río Grande 1 y 2. Nuevamente, se refleja la inclusión de gente de fuera por parte de Odebrecht en las reuniones, así como la criminalización de las protestas. Más de 60 personas están siendo “investigadas o procesadas criminalmente por cuestionar la legitimidad del proyecto”, según un informe de la ONG estadounidense Earthrights International.



«Estamos siendo denunciados y perseguidos por defender nuestras aguas, tierras, cultura y nuestros derechos”, contaba Rodas Rojas a Mongabay.com.



Otras críticas incluyen a gente amenazada, información falsa sobre el proyecto difundida por Odebrecht y policía asistiendo a reuniones para impedir el acceso a ciertas personas.



¿Seguirá adelante Chadín 2?



En un email a Mongabay.com, Odebrecht redactó que actualmente “se encuentra finalizando estudios técnicos y socio-ambientales” en Chadín 2 y, según declara el MEM, su construcción comenzará el próximo año.



Sin embargo, mucha gente local dice que Odebrecht no puede actualmente penetrar en la región. El año pasado, cuando un equipo del programa de televisión peruano Cuarto Poder visitó y “descubrió que nadie estaba a favor de Chadín 2”, pillaron por cámara a tres representantes de Odebrecht que fueron detenidos por la gente local.



“El proyecto no puede llevarse a cabo mientras no decidamos vender nuestras tierras”, se lee en una declaración de marzo del FDRM. “No aceptaremos la entrada de la compañía ni de sus operadores”.





Habitante local Víctor Vargas Machuko en Palenque: “No existe información clara sobre las futuras presas”. Foto por: David Hill


El ingeniero peruano Serra Vega está cuestionando ahora si las futuras presas del Marañón se realizarán como está previsto, dada la actual situación económica de Perú, la enorme inversión privada requerida y una posible reducción a medio plazo de la demanda nacional de electricidad. Todo ello por no hablar, en el caso de Chadín 2, de los “violentos problemas” que tiene Odebrecht con la población local.



Además, Serra Vega destaca la “misteriosa” ausencia de Chadín 2 y Veracruz de la presentación sobre el sector de la electricidad en marzo que mostraba una expansión a largo plazo de la energía hidráulica en Perú. Ambas presas figuraban en una presentación similar un año antes.



“¿Qué supondría el retraso de estos proyectos?”, comentaba a Mongabay.com.



Esa posibilidad podría significar algo de esperanza para los habitantes del valle del Marañón cuyos hogares están amenazados por las presas de Río Grande y Chadín 2. “Si nos inundan o si no, pienso que nos van a obligar a abandonar estas tierras”, dice Edith Ortiz, profesora de escuela en Huanabamba. “¿Qué haremos entonces?”