La encíclica del papa sobre medioambiente llega a Perú con opiniones diversas

  • Perú es un país turbado por el violento conflicto que hay entre el gobierno, que ha autorizado más de 4.600 minas nuevas en los últimos años, y los campesinos de la zona que se oponen ferozmente a muchas de esas minas.
  • Unos sostienen que las minas traerán prosperidad en general a los pobres. Otros insisten en que las minas enriquecen sólo a los adinerados, destruyen el sustento de los agricultores y contaminan el agua y la tierra.
  • Parece que la encíclica del papa sobre el medio ambiente va a caldear el ambiente en Perú durante los próximos meses y años.
  • Para la redacción de este artículo se destinó al autor a Perú. Ha sido patrocinado por el Pullitzer Center on Crisis Reporting de Washington D.C.

Cocachacra es el lugar de uno de los conflictos medioambientales más violentos y polémicos que hay en Perú. Durante seis años, los campesinos de la zona han peleado contra una compañía minera internacional respaldada por autorizaciones y armas gubernamentales, hasta llegar a un punto muerto.

La localidad es católica casi por completo y el primer papa latinoamericano es muy popular. Si hubiera que elegir un lugar donde comprobar la influencia de la nueva llamada a la conservación medioambiental que ha hecho el papa Francisco para frenar el calentamiento global, sería Cocachacra.

Pero nadie escucha. Al menos no aún.

The village of Cocachacra from my hotel balcony. This is the center of town. The green municipal building is center left. Photo by Justin Catanoso.
La localidad de Cocachacra desde el balcón del hotel. Es el centro de la ciudad. El edificio municipal verde está en el centro a la izquierda. Foto: Justin Catanoso.

Es Julio a mediodía y las calles están desiertas en esta comunidad de 54.000 habitantes. Los perros callejeros están tumbados a la sombra. Muchas tiendas tienen las ventanas cerradas. Los restaurantes están vacíos. Lo único que se oye son gallos cacareando en patios traseros y grandes camiones transportando jaulas de pollos o materiales de construcción por la Avenida Libertad llena de baches.

Las leyes marciales hacen esto a una ciudad.

Cocachacra ha sido una comunidad de campesinos de clase media durante más de 200 años. Algunas de las 15.000 familias de agricultores generan más de 100 millones de dólares de beneficios anuales con la venta de caña de azúcar, arroz, patata, cebolla y ajo, dentro y fuera del país. Tres de cada cuatro trabajos están relacionados con la agricultura. Ninguno está vinculado a la minería.

Perú, un país rico en recursos naturales, ha extraído oro, plata, zinc y cobre prácticamente en todas las regiones desde el Imperio Inca, así como en la árida costa Pacífica, en los Andes y hoy en día, a menudo ilegalmente, en la diversa cuenca del Amazonas.

Flags like these fly all over Cocachacra: “Agriculture Yes Mining No... Damn it” Photo by Justin Catanoso.
Banderas como ésta ondean por todo Cocachacra. Foto: Justin Catanoso.

Pero en el verde y fértil Valle de Tambo al sudoeste de Perú, cerca de la frontera con Chile, donde se encuentra Cocachacra, nunca ha habido ninguna mina. Muchos habitantes quieren que siga siendo así. Por toda la ciudad, banderas peruanas rojas y blancas ondean junto a banderas verdes que promulgan: «Agro sí. Mina no… Carajo».

La empresa Southern Copper Corporation, con sede en México, tiene un gran historial público de abusos contra el medio ambiente y los trabajadores. Ha prometido que va a cambiar. Desde que el gobierno le concedió el terreno en 2009, la compañía minera tiene derechos sobre 33.000 hectáreas (81.500 acres) de colinas redondeadas y un paisaje desierto justo al lado del río y el valle agrícola. Planean cavar una mina de cobre a cielo abierto de 1,4 mil millones de dólares que llaman Tía María. Se espera extraer en 18 años 120.000 toneladas de cobre anualmente hasta que Tía María sea un simple agujero vacío en la tierra.

El miedo de la oposición es doble. Dicen que la mina contaminará las aguas subterráneas y matará al río Tambo, que es la única fuente de vida del valle agrícola porque las precipitaciones anuales son literalmente inexistentes. También afirman que el aire transportaría el polvo tóxico resultante de la minería y éste dañaría la cosecha antes de que el río muriese.

The Tambo Valley is one of the driest places on earth, with no annual rains. The mountains around it are entirely barren, treeless and utterly without vegetation. The only life giving force here is groundwater and the Tambo River. The ongoing purity of that water is what's at stake if Tia Maria is mined for 18 years. Photo by Justin Catanoso.
El valle de Tambo es uno de los lugares más secos del mundo, sin precipitaciones anuales. Las montañas de alrededor son completamente estériles, no tienen árboles ni vegetación. El único recurso que da vida al lugar son las aguas subterráneas y el río Tambo. Lo que está en juego es la pureza de esa agua si se mina Tía María durante 18 años. Foto: Justin Catanoso.

En los últimos seis años, la gran alianza entre agricultores, ciudadanos y funcionarios electos ha mantenido bajo control a Southern Copper. Todo esto se consigue en Perú mediante grandes manifestaciones y huelgas generalizadas. Pero no a cualquier precio. El ejército de Perú disparó a cuatro manifestantes en 2011. También tres manifestantes más y un agente de policía murieron en abril. Justo en la entrada de la ciudad, bajo la sombra de la Iglesia católica.

El papa Francisco entra en el debate. Perú responde

Aquí entra el papa argentino Francisco, un pontífice progresista, amante de los pobres, ecologista y en contra del capitalismo. Es un cambio radical en comparación a sus dos predecesores europeos conservadores. El 18 de junio, en el Vaticano, publicó la tan esperada encíclica papal de 180 páginas titulada Laudato Si. En 2000 años de historia, es el primer documento que aborda la relación de la humanidad con el medio ambiente por parte de la Iglesia.

La encíclica papal es una herramienta educativa de la máxima autoridad católica. Es una clara declaración escrita que fundamentalmente dice: el cambio climático es real y es culpa del ser humano; los recursos naturales están en peligro de agotarse por completo; la cultura global de consumismo obsesivo está en bancarrota espiritualmente, amenaza al destino de la tierra; tiene mucha culpa la avaricia a corto plazo de los grandes negocios, pero también los gobiernos que no refuerzan las leyes medioambientales; y como siempre, los que más sufren como resultado de esa avaricia son los pobres.

Farm workers in a field not far from the proposed Tia Maria mine site. Photo by Justin Catanoso.
Agricultores en un campo cerca de lo que sería Tía María. Foto: Justin Catanoso.

Una persona relevante en los negocios peruanos, Roque Benavides, ha leído la encíclica. Roque es el gerente general de BuenaVentura, una de las mayores compañías mineras del país que se dedica públicamente a la venta de metales preciosos. En su rascacielos en Lima, le dijo con desdén a este reportero: «No va a cambiar el mundo; nada cambia el mundo».

Sin embargo, partes del documento escrito teniendo en mente Cocachacra y Tía María dicen así: «Las exportaciones de algunas materias primas para satisfacer los mercados en el Norte industrializado han producido daños locales, como la contaminación con mercurio en la minería del oro o con dióxido de azufre en la del cobre».

En el edificio municipal de Cocachacra, en un rincón del escritorio del alcalde Helar Valencia hay un crucifijo de madera con un Cristo de plata. Tres pósteres de la Virgen María adornan las paredes. «Soy católico», afirma, «pero a mi modo». Lo cual quiere decir que ha abandonado la Iglesia, pero no la fe. Y también cree en los milagros.

¿Cómo si no va a creer que su pobre distrito de pequeños agrícolas y minoristas pueda vencer a una empresa multinacional respaldada por el ejército peruano? Durante los dos meses bajo las leyes marciales, los soldados han patrullado las calles de la ciudad con caras serias y metralletas en los hombros. Aun así, Valencia es firme en sus convicciones.

Mayor Helar Valencia of Cocachacra, pointing out where the Tia Maria mine will be dug. Photo by Justin Catanoso.
El alcalde Helar Valencia de Cocachacra, señalando dónde se cavará la mina Tía María. Foto: Justin Catanoso.

Y esto es antes de que escuchase lo del Laudato Si y la llamada a que se restrinja en todo el mundo la extracción de recursos naturales. Un mes después de la publicación de la encíclica, aquí apenas es conocida. Le paso el resumen de seis páginas que había preparado el Vaticano. («¿El propio Vaticano le ha dado esto?» pregunta el alcalde al intérprete.)

Aún sin mirarlo, Valencia declara sus principios: «Tenemos que conservar la Tierra, nuestro mundo, porque no sólo se creó para nosotros. Como responsables, tenemos que conservarla para las generaciones futuras».

El clero reacio

Una tarde el padre José Antonio Caselli, el único sacerdote de la iglesia Nuestra Señora de la Asunción en Cocachacra, abre a regañadientes la puerta de la casa del párroco a dos extraños. Mi intérprete y yo hemos venido sin previo aviso. Nervioso, se sienta detrás de su escritorio desordenado, con los brazos cruzados y los labios fruncidos.

«La conozco vagamente», dice sobre la encíclica, «pero no sé nada al respecto». Les llamaron a él y a otros sacerdotes de la región a pasar cuatro días a principios de agosto a Arequipa, una gran ciudad a dos horas al este de los Andes, para que supiesen lo de la encíclica y las expectativas que tenía el papa de ellos.

Es intensa la presión que sufre Caselli para que tome partido en la batalla minera, pero no lo hará.

José Antonio Caselli, el sacerdote de Cocachacra, en su oficina. Foto: Justin Catanoso.

Leí el párrafo 214 de la encíclica, dando a entender que su jefe en Roma ya había tomado la decisión por él: «A la política y a las diversas asociaciones les compete un esfuerzo de concientización de la población. También a la Iglesia. Todas las comunidades cristianas tienen un rol importante que cumplir en esta educación».

Los sacerdotes de otras zonas de Perú afrontan amenazas de muerte por oponerse a las actividades mineras, incluyendo al arzobispo Pedro Barreto en Huancayo. Pero parece que el padre Caselli está confundido y tiene miedo.

«Soy un sacerdote; mi trabajo no es estar a favor o en contra de la mina», afirma, con un aspecto bastante joven para sus 43 años. «Intento mantener esa postura. Pero no importa lo que haga o lo que diga, ambos bandos piensan que estoy en el bando contrario».

El 29 de diciembre de 2014, cuando hubo manifestaciones violentas fuera de su iglesia durante una misa, muchos miembros a favor de la mina que estaban sangrando se refugiaron en los bancos de la iglesia. Caselli podía oír los gritos, los llantos y el caos que había en el exterior. Cogió un crucifijo que pesaba casi el doble que él y corrió hacia el tumulto. Permaneció de pie en medio de los disturbios entre manifestantes que tiraban piedras y soldados. Para algunos, parecía Cristo de camino al Calvario. Salieron fotos dramáticas en la prensa.

«Empecé a gritar: “¡Soltad las armas; soltad las piedras! ¡Dejad de pelear!” Había gas lacrimógeno en el aire. Me escocían los ojos y empecé a llorar. ¿Qué otra cosa iba a hacer?»

Reflexionando sobre aquel momento, asegura que sólo quiere la paz e insiste en que muchos en Cocachacra están a favor de la mina. Al fin y al cabo, Southern Copper ha prometido 3.500 puestos de trabajo en la construcción, además de 600 empleos fijos cuando se abra Tía María. Él afirma que no todo el mundo es agricultor, o quiere serlo.

The printed version of the papal encyclical from the Vatican, offered in English and Portuguese. Photo by Justin Catanoso.
La versión impresa por el Vaticano de la encíclica del papa, en inglés y en portugués. Foto: Justin Catanoso.

Le recordé que el papa Francisco es un ecologista apasionado. Caselli sostiene que no lo es, el sacerdote dijo: «Averiguaré más sobre el asunto [la encíclica]. Tomaré una postura si he de hacerlo, si así me lo han indicado. Pero ahora mismo, pretendo seguir siendo neutral».

Metales preciosos y salir de la pobreza vs. el medio ambiente

Para los de fuera es fácil escoger un bando en esta lucha, pintar a los mineros y a los ecologistas de negro y blanco, con límites claros entre el bien y el mal. Ese no es el caso con la minería en Cocachacra, o en cualquier parte de Perú, donde el gobierno ha autorizado 4.668 proyectos de minería a 582 empresas en 2012, un tercio más que en 2011.

El valor desorbitado de los metales preciosos ha colocado a Perú entre las economías más crecientes del mundo en los últimos años. Los precios siguen siendo elevados, aunque ahora están en declive. El crecimiento anual llegó al 6,3% en 2012 y aún está por encima del 5%. Aunque la minería sólo constituye el 15% del PIB de Perú, representa el 60% de todas las exportaciones. La minería enriquece las arcas públicas en Lima y se supone que vuelve poco a poco a las comunidades dónde se ha extraído.

Aunque hay un gran desacuerdo sobre la causa y efecto, el constante crecimiento de la industria minera de Perú desde 2001 ha venido con una disminución de la pobreza casi a la mitad, junto con una bajada del índice de pobreza de la nación del 50% hace 15 años al 26% de hoy en día.

«Somos un país minero y lo hemos sido durante siglos», afirma Pedro Solano, director ejecutivo de la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental, que aboga por la protección medioambiental. «Es difícil para cualquier gobierno de aquí no dejarse llevar por la economía de la industria minera».

Por su parte, Southern Copper ha prometido utilizar la tecnología minera más avanzada en Tía María. Se compromete a no explotar ni las aguas subterráneas ni el río Tambo. En su lugar, la empresa planea construir una planta desalinizadora y sacar el agua que necesita del océano Pacífico. Dicen que el proceso tóxico de fundición se hará en otra parte. Trabajadores de la empresa creen que puede ser la primera vez en Perú que minería y agricultura coexistan en el valle.

Jose Acosta, hotel manager, farmer, pro Tia Maria. Photo by Justin Catanoso.
José Acosta, gerente de hotel, agricultor, a favor de Tía María. Foto: Justin Catanoso.

Pero muchos habitantes no están muy convencidos. Según un estudio exhaustivo publicado en Junio por Truthout.org, los antecedentes de Souther Copper demuestran lo contrario. Ese informe de investigación halló que la empresa había dañado las reservas de agua de muchos lugares, vertiendo toneladas de residuo tóxico y contaminando las tierras desde los años setenta. Todavía no se ha acabado de limpiar y no se han pagado las multas. En algunos casos, tampoco se ha pagado a los trabajadores.

José Acosta se ha preparado para pasar por alto todo eso. Con sus 44 años, dirige el Hotel Libertad por sus padres en la calle principal de Cocachacra. También cultiva arroz y patatas en un solar de 7 hectáreas (17 acres) río abajo de Tía María, una ubicación vulnerable si se construye la mina. A él y a unos pocos más de la ciudad no les preocupa. Quieren la mina.

«Hay nuevas normas internacionales para la minería que se han de seguir», declara Acosta. «Por eso creo que se puede controlar el proyecto. Mira, cuando hay contaminación, se pone en peligro la calidad del cobre. Así que creo que a la compañía le interesa hacerlo bien».

Añade: «Tía María incentivará la economía. Nuestros padres nos dejaron sólo con este pedacito de tierra para cultivar. No basta para mantenernos durante generaciones. [La mina] permitirá acceder a más oportunidades laborales, que más gente compre en nuestra ciudad y se quede en nuestros hoteles. Necesitamos este tipo de sociedades».

El papa y el ministro

Unos días antes, en la capital de Lima, Manuel Pulgar-Vidal, el apuesto ministro de medioambiente, me concede una entrevista de una hora. Presidió la XX Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático que tuvo lugar en Lima en diciembre de 2014. Es el miembro más antiguo del gabinete del presidente Ollanta Humala. Una personalidad en la política sobre el cambio climático. Ha estudiado la encíclica del papa en profundidad.

«Está escrito con el lenguaje de un poeta, la exactitud de un ingeniero y el liderazgo y la autoridad moral para llamar la atención», afirma Pulgar-Vidal, sentado en su despacho, rodeado de banderas que representan el ministerio y la nación. «Será bien recibida [internacionalmente] porque la ha escrito el líder de una religión, pero no se lee como un texto religioso».

¿Influenciará a la política medioambiental de Perú? «Sí y no», declara.

Manuel Pulgar-Vidal, minister of the environment for Peru. Photo by Emilia Catanoso.
Manuel Pulgar-Vidal, ministro de Medioambiente de Perú. Foto: Emilia Catanoso.

El papa ha planteado preguntas sobre los transgénicos, que están prohibidos en Perú. Le echará un buen vistazo a esa ley. Pero, según Pulgar-Vidal, el país ya se ha puesto a crear un nuevo parque nacional enorme, que preservará 1,5 millones de hectáreas (3,71 millones de acres) en el Amazonas de la frontera brasileña. Esto se suma a la gran franja de selva amazónica que ya está protegida como bosque nacional. En ese sentido, Perú ya estaba por delante de Francisco.

Sin embargo, en Cocachacra, donde Tía María, posiblemente en contraste con el sentido de la encíclica, impulsará una riqueza a corto plazo que podría debilitar el medio ambiente y un futuro a largo plazo para 15.000 familias agrícolas, defiende Pulgar-Vidal.

«Pienso que es un buen proyecto», dice. Admite que Southern Copper suspendió la primera Evaluación de Impacto Ambiental (EIA), pero la compañía ha cambiado su estrategia y ha aprobado otras EIA.

Además, menciona: «Hemos triplicado las multas por transgresiones en nuestra minería. Hemos mejorado nuestra capacidad para supervisar la minería, el combustible, el gas y la pesca. Tenemos más supervisores. Creo que todo está yendo muy bien».

Early morning. Farmworkers wait for flatbed trucks to pick them up and take them to the fields. Photo by Justin Catanoso.
Por la mañana temprano. Trabajadores agrícolas esperan a que vengan a recogerles camiones de plataforma para llevarles a los campos. Foto: Justin Catanoso.

En cuanto al historial de Southern Copper, Pulgar-Vidal dice: «Nunca diré que confío en una empresa. Pero creo que si la EIA es buena y el plan es bueno, podemos hacer frente a la supervisión del impacto medioambiental».

Cuando una fuerza irresistible y un objeto inamovible se encuentran

Pero en Cocachacra no hay confianza. Hacia la compañía o el gobierno.

A las 7:30 a.m., el alcalde Valencia invita a este reportero y a mi intérprete a dar una vuelta más allá de los campos y a lo largo del río Tambo. Durante 20 minutos avanzamos dando tumbos por un camino poco más grande que el Nissan BT-50 en el que vamos. El camión frena junto a una zanja estéril, rodeada de colinas sin árboles.

«Este es el lugar de Tía María», dice Valencia, sólo unos pocos periodistas lo han visto de cerca. Desde aquí, se acentúan los miedos que han generado la oposición a la mina. El lugar está literalmente a un tiro de piedra del río; a unos 450 metros (500 yardas) del valle agrícola.

«Cuando empiecen a cavar, cavarán hasta 400 metros [1.300 pies]», dice Valencia, pasando las hojas de la EIA. «Contaminará nuestras aguas subterráneas. Puedes notar ahora el viento. Va de la mina al valle. El polvo de la minería acabará en nuestros cultivos. Cuando empiecen a sacar cobre, todo quedará destruido».

Unas pocas horas más tarde, me siento para una última entrevista en Cocachacra. Jesús Cornejo, de hombros y mentón cuadrados, lleva consigo la seguridad de un líder y el carisma de un Che Guevara. Representa a los 3.000 agricultores que se oponen a Tía María. Le arrestaron y contuvieron sin causa alguna. Ha visto cómo disparaban y mataban a amigos en manifestaciones.

Opposition leader, Jesus Cornejo, with the reporter. Photo by Enrique Ortiz.
El líder de la oposición, Jesús Cornejo, con el periodista. Foto: Enrique Ortiz.

Cuando le hablamos de la encíclica papal, Cornejo, de 48 años, católico devoto y padre de tres hijos, declara: «Es importante porque nos enfrentamos a grandes poderes. Todos creemos que la Iglesia debería tener un papel más activo aquí. Y no todos están de nuestra parte, o de parte del medio ambiente. Ven desfasado lo que el papa Francisco pide».

Promete conseguir copias de la encíclica y distribuirlas a los compañeros manifestantes. Dice que el momento es bueno. El director ejecutivo de Souther Copper, Óscar González dijo a Reuters a finales de Junio que pretende resolver todas las disputas con la oposición y empezar la construcción de Tía María en diciembre de 2015.

Cornejo niega con la cabeza. Ni la compañía ni el gobierno ha escuchado aún sus temores. La violencia y la matanza, las reivindicaciones de un «terrorismo contra la minería» y las leyes marciales que se han adoptado recientemente han dejado un profundo sentimiento de desconfianza.

«Agricultura, sí. Mina, no… Carajo».

«Mientras la gente se oponga [a Tía María] tenemos las cifras de nuestro lado, la mina no seguirá adelante», prevé Cornejo. «Lucharemos hasta que el gobierno empiece a escuchar. Saben que si continúan las revueltas aquí, los alzamientos se extenderán por todo el país. Eso es lo que más temen».

Eso y quizá que la encíclica papal alentará y fortalecerá la determinación de los agricultores que la lean, al saber que uno de los hombres más influyentes, populares y sagrados del mundo está de su parte.

 

Justin Catanoso es un periodista freelance que vive en Greensboro, Carolina del Norte. Es director de periodismo en la Wake Forest University y su trabajo está patrocinado por el Pulitzer Center on Crisis Reporting de Washington D.C.

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