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Un seguimiento a lo diminuto: radiogoniómetros armónicos contribuyen al estudio de los anfibios pequeños

  • La investigación de los anfibios pequeños se ha visto obstaculizada por los limitados medios para rastrear el movimiento de estos, lo que dificulta los esfuerzos de conservación.
  • La tecnología de radiogonometría armónica, basada en los sistemas de rescate en avalanchas, está siendo usada para monitorear a algunos de los anfibios más pequeños del planeta.
  • Ha contribuido a que los científicos tengan una mejor comprensión de la quitridiomicosis, una enfermedad que está causando una gran reducción de anfibios en todo el mundo.

Alrededor de un tercio de las especies anfibias está considerado por la UICN como amenazado a nivel mundial, principalmente debido a la pérdida de hábitat, sobreexplotación de la vida silvestre y comercio de mascotas, cambio climático y enfermedades. Al estado precario de estas hay que agregar el hecho de que en realidad no conocemos demasiado sobre muchas de estas especies, lo que hace que sea difícil planificar estrategias de conservación. Muchos de los anfibios pequeños son, en esencia, enigmáticos, en parte porque sus pequeños cuerpos, los que con frecuencia pesan menos que media cucharadita de azúcar, dificultan el seguimiento mediante métodos convencionales, pero un aparato llamado radiogoniómetro armónico permite a los científicos desentrañar el complejo mundo del comportamiento de los anfibios pequeños con la esperanza de que una mayor comprensión mejorará la conservación.

“Poco se sabe sobre los requerimientos de hábitat de muchas especies, incluidos el tipo y la cantidad de hábitat necesarios para mantener las poblaciones”, le contó a Mongabay Elizabeth «Betsy» Roznik, bióloga de la Universidad del Sur de Florida, quien utiliza los radiogoniómetros armónicos para estudiar las ranas diminutas.

Hace bastante tiempo que se usa la radiotelemetría para las especies anfibias grandes, pero las más pequeñas son demasiado pequeñas como para atarles un molesto radiotransmisor.

Los radiogoniómetros armónicos superan este escollo. Surgen a partir de un dispositivo diseñado originalmente para ayudar a rescatar personas luego de una avalancha. Al inventor, Magnus Granhed, se le ocurrió la idea después de verse involucrado en un caso de rescate. Granhed desarrolló un prototipo en 1980 y comercializó el diseño como el sistema RECCO. Los esquiadores y snowboarders de todo el mundo llevan ahora pequeños reflectores pasivos en la ropa o en el equipo. En el supuesto de que queden sepultados en una avalancha, el personal de rescate puede localizarlos mediante un detector portátil RECCO. Este emite una señal de radio que golpea el reflector y rebota hacia el detector.

Una ranita de la niebla común (Litoria rheocola) lleva atado en la cintura un radiogoniómetro armónico. La tecnología es barata y liviana y hace posible que los científicos aprendan sobre los anfibios pequeños. Foto: Betsy Roznik.

La tecnología se conoce en el campo científico como radiogoniometría armónica. En este ámbito, los científicos utilizan un transceptor portátil, a menudo un dispositivo RECCO, que emite ondas de radio. Las ondas rebotan en un transpondedor pequeño que tiene un diodo y una antena y que está adherido al sujeto en estudio. El transceptor recibe esta señal reflejada, lo que permite a los científicos controlar la ubicación del objetivo.

Este sistema de seguimiento se empezó a usar en insectos. Algunos de los primeros estudios aparecieron en la década de los noventa. Hace alrededor de diez años que esta tecnología se viene usando, y con mayor frecuencia, para estudiar las ranitas de los bosques tropicales de todo el mundo.

Betsy Roznik (derecha), armada con un dispositivo de rastreo RECCO para localizar las ranas etiquetadas, hace una pausa en el bosque junto con una colega. Foto: Betsy Roznik.

El uso del radiogoniómetro armónico para el seguimiento de las ranas ayuda a los científicos a comprender por qué la mortal quitridiomicosis está llevando a algunas especies anfibias al límite. El objeto de estudio de Roznik, la ranita de la niebla común (Litoria rheocola) —que vive escondida en la remota selva del noreste de Australia— es uno de los afectados.

La enfermedad provoca un exceso de producción de queratina en las células cutáneas de las ranas, lo que endurece la piel y reduce la permeabilidad de esta. Como resultado, las ranas pueden morir, dado que absorben tanto el agua como los electrolitos esenciales a través de la piel. Las ranas que viven en arroyos son con frecuencia las más afectadas porque los patógenos fúngicos se transmiten mediante el contacto con el agua contaminada.

“La quitridiomicosis es la responsable, en toda la historia documentada, de la gran pérdida de biodiversidad causada por una enfermedad”, dijo Roznik. “Esta enfermedad provocó disminuciones catastróficas o extinciones de más de doscientas especies anfibias de todo el mundo”.

Previo a la investigación de Roznik, publicada en la revista PLOS ONE, poco se sabía sobre la ranita de la niebla común, a la que Roznik describe como “muy pequeña y misteriosa”. La investigación procuró descubrir cómo el comportamiento de las ranas durante las distintas estaciones las puede volver más o menos propensas a contraer la quitridiomicosis.

“Se las puede ver durante la noche descansando entre la vegetación que bordea el arroyo y en las rocas, pero… no se sabía nada acerca de adónde van durante el día, cuán lejos se trasladan o cuán lejos del arroyo se las puede encontrar”, contó.

Con el radiogoniómetro armónico, Roznik y su equipo hicieron un seguimiento de la ranita de la niebla común en el parque nacional Wooroonooran, en Queensland (Australia), a lo largo de un verano húmedo y cálido y de un invierno seco y frío.

Hábitat típico de la ranita de la niebla común, en el parque nacional Wooroonooran (Queensland, Australia). Foto: Besty Roznik.

La investigación reveló información básica sobre el estilo de vida de esta rana. “Al monitorear las ranitas de la niebla comunes con el radiogoniómetro armónico, descubrí que son relativamente sedentarias, que no se mueven más allá del ambiente del arroyo y que prefieren los tramos de este en donde hay rápidos, gran cantidad de rocas y vegetación densa”, comentó. Para asegurar la supervivencia de estas ranas, sugirió que se debería conservar “la vegetación autóctona y densa” a los costados de los arroyos.

Además, descubrió que, durante el verano, las ranas viven entre la vegetación, alejadas del río. Sin embargo, en el invierno, las ranas se mueven menos y pasan más tiempo en el agua. Este comportamiento aumentó la probabilidad de contraer quitridiomicosis en invierno.

Ranita de la niebla común australiana agarrada de una rama. La diminuta especie se ve amenazada por la pérdida del hábitat, el cambio climático y ciertas enfermedades. Foto: Betsy Roznik.

Roznik también descubrió que a esta rana, a veces, le gusta tomar sol en los lugares en los que la luz solar atraviesa el dosel forestal. Este comportamiento es fundamental para reducir el riesgo de contraer quitridiomicosis, ya que el hongo es muy particular en cuanto a sus necesidades térmicas y puede morir si se lo expone al sol.

“Proporcionarles aperturas en el dosel a las poblaciones en riesgo puede ser una estrategia de gestión beneficiosa”, dijo.

De acuerdo con Roznik, las aperturas en el dosel podrían ser también decisivas para combatir el ataque de los hongos patógenos a otras especies anfibias. Durante su investigación doctoral —en la que monitoreó a tres especies de ranas— descubrió que, incluso en las áreas donde la quitridiomicosis era endémica, las tasas de infección variaron enormemente entre especies. Las que tenían temperaturas corporales más altas y pasaban más tiempo en tierra resultaron menos perjudicadas que aquellas con temperaturas corporales más bajas que vivían en o cerca del agua, como la ranita de la niebla.

Los radiogoniómetros armónicos tienen una serie de ventajas por sobre la radiotelemetría. Los transmisores son, desde ya, diminutos y pesan menos del diez por ciento de la masa corporal de una rana pequeña —el límite recomendado para no sobrecargar o lesionar a la rana—. Son muy sencillos de colocar: Roznik utiliza un cinturón de silicio asegurado firmemente con un hilo de algodón a la cintura de la rana. No requieren pilas, por lo que se prolonga el potencial trabajo de campo, y en un ámbito en el que los fondos son limitados, es de gran importancia, ya que son baratos y fáciles de producir. Roznik dijo que un transmisor cuesta alrededor de cinco dólares, mientras que un radiotransmisor miniatura puede costar unos cien dólares.

Una ranita de la niebla común lleva un radiogoniómetro armónico. Foto: Betsy Roznik.

No obstante, la tecnología no está exenta de inconvenientes. Para empezar, la señal no puede atravesar cuerpos sólidos, lo que puede dificultar que se encuentre una rana diminuta.

“Las ranitas de la niebla comunes se refugian con frecuencia bajo las rocas del arroyo, así que a veces no podía localizar mis ranas”, contó Roznik. Pero tuvo suerte con la naturaleza relajada de estas ranas. “Son relativamente sedentarias, así que a menudo las podía encontrar cuando cambiaban de ubicación”, dijo.

El alcance del radiogoniómetro armónico también es limitado, hasta quince metros, por lo que no es ideal para las especies que se trasladan mucho. Andrius Pašukonis —biólogo de la Universidad de Viena, quien ha utilizado el radiogoniómetro armónico para estudiar la rana saltarina de muslos brillantes (Allobates femoralis), no tuvo tanta suerte con este ágil sujeto.

Una rana saltarina de muslos brillantes lleva un radiogoniómetro armónico en la cintura. Nótese el diminuto colémbolo que viaja en la cabeza de la rana. Foto: Andrius Pašukonis.

“Nuestra área de estudio se encuentra en un bosque primario y estas ranas pequeñitas atravesarán de manera fácil zonas en las que hay grandes caídas de árboles y lianas enmarañadas y a las que los grandes y torpes mamíferos, como nosotros, no pueden acceder de forma fácil”, le contó a Mongabay. “Para complicar más aún las cosas, las ranas se mueven rapidísimo cuando llueve muy fuerte…, así que en ocasiones nos encontramos en el medio de un aguacero tropical, trepando por grandes zonas de árboles caídos, escuchando alguna débil señal de una rana que se está moviendo en alguna parte, debajo”.

Pašukonis descubrió durante su investigación, publicada en Biology Letters, que las ranas saltarinas de muslos brillantes pueden aprender el camino de retorno a sus hogares a través de la densa selva tropical y, aunque él sostiene que este particular descubrimiento puede que no tenga ningún valor de conservación directo por el momento, le dijo a Mongabay la primavera pasada que “no podemos proteger lo que no comprendemos”.

Roznik opina de la misma manera. “Monitorear a los anfibios es una forma muy útil de aprender más sobre los hábitats que utilizan para así poder protegerlos”.

 

Referencias