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El comercio nacional de loros de Bolivia abastecido por aves consideradas «plagas agrícolas»

  • Un estudio en Bolivia descubrió que el abastecimiento de loros salvajes a un mercado nacional de mascotas particular dependía de las estaciones, ocurría principalmente en el verano y las aves cautivas se encontraban en solo unos pocos lugares pequeños.
  • Los investigadores pudieron encontrar muy poca conexión entre el comercio nacional de mascotas y el crimen organizado en Bolivia, aunque admiten que su estudio estaba localizado y los investigadores pueden llegar a diferentes conclusiones en otros mercados y países latinoamericanos.
  • Si se aplica la metodología del estudio (utilizar infiltrados en los mercados de mascotas para hacer encuestas de mercado a los vendedores) en otro lugar, esta podría proveer datos específicos del mercado que condujeran a mejores soluciones de aplicación de leyes y educativas para la crisis del comercio nacional de mascotas en América Latina.
Un agricultor persigue a las plagas agrícolas de sus campos. En Bolivia, las especies que están en venta en los mercados de masctoas a menudo son consideradas plagas agrícolas. Antes se les disparaba y se las mataba, pero ahora se cazan y se venden para tener una fuente de ingresos extra. Foto de El deber/ Flickr Creative Commons Share alike 2.0

Un nuevo cargamento de loros traficados ilegalmente llega al mercado de Los Pozos en Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia. Se contacta a los vendedores y a los intermediarios y se les hacen preguntas. Se anotan las especies, las edades y los lugares de captura. Esto no es una emboscada, todo lo contrario: es investigación.

Era el año 2004 y los científicos estaban tratando de entender mejor los mercados locales de tráfico de vida silvestre. Para hacerlo necesitaban acercarse a los propios traficantes, pero no es una tarea fácil cuando los datos que recolectas pueden usarse también como pruebas de un delito. Así que para lograr su objetivo, los investigadores contrataron a un intermediario, a un infiltrado de confianza, para que hiciera las preguntas de la encuesta.

«Técnicamente es parte del comercio ilícito, [y] él también es un delincuente», le relató el profesor Stephen Pires, criminólogo de la Universidad Internacional de Florida, a mongabay.com en una entrevista reciente. El hombre que eligieron para realizar la encuesta tenía más de diez años de experiencia en el negocio de tráfico ilegal de loros.

«No hay razón por la que otro delincuente, como un traficante o un cazador, no le confíe esta información», dijo Pires.

Lo que descubrieron los científicos sobre el comercio nacional clandestino de vida silvestre fue sorprendente y provee algunas piezas importantes al rompecabezas del tráfico de vida silvestre latinoamericano que está lejos de completarse. Los resultados que los científicos descubrieron, a pesar de estar localizados, a menudo no coinciden con lo que se cree comúnmente acerca del tráfico circundante.

Loros en venta en un mercado al aire libre en Bolivia. Foto cortesía de Mauricio Herrera

Dentro de Los Pozos

Entre los mercados de vida silvestre, Los Pozos no es tan grande como los mercados urbanos de Lima, en Perú, y otros lugares de Sudamérica que sustentan a grandes ciudades y al comercio internacional. Entre todos los puestos de ropa y comida, el mercado de Los Pozos tiene solo siete puestos de venta de mascotas, pero lo que los investigadores descubrieron fue que por esos pocos puestos pasaba gran flujo de animales silvestres traficados, lo que ayuda a drenar la vida silvestre de los bosques.

Entre agosto de 2004 y julio de 2005, por ejemplo, se vendieron más de 7000 loros, aunque la mayoría no eran especies raras. En un estudio, recientemente publicado en Bird Conservation International, Pires descubrió que, de un total de 27 especies a la venta, solo 6 representaban el 90 por ciento de todos los loros traficados, y ninguna de ellas se consideraba amenazada según la Lista Roja de la UICN. Cuatro especies amenazadas o casi amenazadas a nivel mundial se vendieron en el mercado durante otras encuestas: la paraba frente roja (Ara rubrogenys), endémica de Bolivia y considerada en peligro; el guacamayo barbazul(Ara glaucogularis), en peligro crítico y con una población estimada de entre solo 250 y 300 ejemplares en estado salvaje; el guacamayo de lear (Anodorhynchus leari) en peligro y nativo solo de Brasil; y el guacamayo jacinto (Anodorhynchus hyacinthinus), catalogado como vulnerable.

Los investigadores estimaron que los loros de Los Pozos representan cerca del 20 por ciento de aquellos que pasan a través de los cuatro mercados de mascotas en Santa Cruz de la Sierra. Sugieren que solamente en la ciudad se venderían cerca de 22 000 loros por año.

Impulsar la demanda de loros es una “cultura de loros” muy arraigada que es común en una gran parte de América Latina. Pires afirma que los loros son las mascotas equivalentes a los gatos y los perros en Norteamérica. En Costa Rica, por ejemplo, los estudios mostraron que en cerca de un cuarto de hogares hay uno o más loros.

Se estima que se traficaron 10 guacamayos jacintos a través de los mercados de Santa Cruz entre 2004 y 2005, aunque ahora el comercio de las especies ha disminuido. Todavía son muy buscados en otros mercados latinoamericanos y se pueden vender por hasta $1000 cada uno. Foto de Travis Hightower/Fickr Creative Commons Share alike 2.0

En Bolivia, es común tener aves silvestres y la idea de que venderlas sea ilegal es ilógica para la mayoría de la gente. De hecho, la mayoría de las personas probablemente no esté al tanto de que el comercio internacional de aves en peligro fue declarado ilegal por el acuerdo internacional de CITES (Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre), del cual Bolivia forma parte.

¿Crimen organizado o tan solo crimen que está organizado?

El comercio mundial de loros es enorme y cerca de un tercio de las 330 especies de loros del mundo están en peligro desde 2003 debido a la cacería y la pérdida de hábitat, pero la cantidad de aves que se trafica internacionalmente es ínfima en comparación con las que se cazan para los mercados nacionales.

«Todos los estudios de conservación en México, Bolivia y Perú muestran que la mayoría de los loros que se cazan en un país son de ese país», explicó Pires. Lo mismo pasa en Brasil. «Descubrimos que muy pocos loros cruzan las fronteras nacionales». Hay, sin embargo, comercio ilegal entre países latinoamericanos. Por ejemplo, Bolivia es conocida como un «puente» entre los mercados de Perú y Brasil. En el estudio del mercado de Los Pozos, solo tres de las especies que se vendían no se pudieron encontrar en ningún otro lugar de Bolivia. Las tres eran de Brasil.

Un estudio llevado a cabo en Perú en 2011 descubrió que la situación era similar. “De 34 especies [descubiertas] en [ocho] mercados urbanos [en Perú], un ave no era de Perú y era la cotorra monje, que es de Bolivia», relató Pires. La UICN catalogó como de preocupación menor a la cotorra monje (Myiopsitta monachus) debido a su rango amplio.

«¿Así que hay evidencia de que hay algo de tráfico [internacional]? Pienso que hay un poco, pero es un porcentaje pequeño [de los pájaros] el que encontramos en los mercados», aseveró.

Se encontraron dos cientos loros metidos en bolsas mientras se los traficaba a través de Cochabamba, Bolivia. Como se los transporta en tales condiciones muchos loros no sobreviven el viaje desde su hábitat al mercado. Daniel James/ Los Tiempos

Los Tiempos operación CAGE, fundamentó esa afirmación. Incautó 8700 aves y otros animales en 32 países de Latinoamerica y Europa y 4000 personas fueron arrestadas. Parecía claro que, al menos a nivel internacional, el tráfico de loros era llevado a cabo en parte por el crimen organizado.

Sin embargo, en Bolivia parece que este simplemente no es el caso, según la investigación de Pires. Hace una distinción importante entre crimen organizado y crimen que está organizado, una distinción que, según él, los investigadores y los periodistas suelen dejar de lado.

«Lo que descubrimos es que, frecuentemente, son solo ciudadanos, campesinos los que cazan y trafican a nivel local», afirmó y añadió que el comercio de loros en Bolivia no es complicado, sino que es una cadena muy simple. Es el caso de un cazador que conoce a alguien, un intermediario, que viene al pueblo de vez en cuando, tal vez cada dos meses, en un determinado momento del año y trae dinero para comprar aves.

Una vez que están en manos del intermediario, los loros se transportan al mercado, a menudo a través de más intermediarios. «No es para nada sofisticado», y no lo impulsan grupos de crimen organizado, según Pires.

«Ahora, no podemos decir lo mismo para toda Sudamérica. Pero para el comercio nacional [en Bolivia, un trabajo del crimen organizado] no parece ser evidente», asevera.

De ser una plaga a ser una amada mascota

En Bolivia, el comercio de aves tropicales a menudo comienza con un simple problema: el conflico humano-loros. Los productores sojeros, en particular, enfrentan una amenaza latente desde el aire, bandadas de “totaquis”: palomas y loros que descienden a los cultivos para alimentarse y dejan a su paso una ruina financiera. Las especies de loros en Santa Cruz son consideradas «plagas agrícolas». El problema no es nuevo; la solución, sin embargo, sí.

«Antes, al menos hasta los setenta, [los agricultores] solían dispararles», explicó Pires. [En el pasado] se permitía cazar y atrapar a los totaquis, pero atrapar loros es ilegal en Bolivia. «Ahora en lugar de dispararles, [los agricultores] buscan a alguien que los atrape y los venda en el mercado local».

La poco común cotorra monje (Myiopsitta monachus) se trafica mayormente en el mercado de Los Pozos, seguida por el chirirí (Brotogeris chiriri) y la amazona frentiazul (Amazona aestiva ). Todas se consideran especies plagas. Foto de Charlesjsharp/Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)

Las especies de plagas más predominantes son también las más frecuentes en los mercados de Santa Cruz, en donde se venden para satisfacer la amplia demanda de mascotas exóticas.

«Es un problema serio». aseguró Pires, pero no involucra al crimen organizado. Los cazadores furtivos son «ciudadanos comunes», no criminales experimentados. El comercio, explica, se convirtió en la norma, y por ello se ha «naturalizado», nadie presta mucha atención al hecho de que se violan leyes de tráfico.

Para la ley boliviana, cualquier persona que sea descubierta cazando o atrapando loros enfrenta una sentencia de dos años de prisión y una multa equivalente al ave cazada, pero la ley raramente se aplica. En lugar de ello, afirma Pires, parece haber una actitud generalizada de que como muchas personas lo hacen y como todavía hay muchos loros en estado salvaje, «no es tan importante».

Apenas a una cuadra del mercado de Los Pozos hay una comisaría. «Digamos que eso te muestra todo lo que necesitas saber sobre el problema», aseguró Pires. «No es solo una prioridad [para la aplicación de la ley]».

En el mundo quedan menos de 1000 parabas frente roja. La especie es endémica de Bolivia, aparece en mercados de comercio de mascotas y alcanza precios altos. Foto de Peter Tan/ Flickr Creative Commons Share alike 2.0

Al utilizar la información que les proveyó el informante del mercado, Pires y sus colegas sienten que obtuvieron una mirada importante del tráfico de animales silvestres de Bolivia, que podría demostrar ser útil en otros países neotropicales. Según sus descubrimientos, frenar el comercio nacional de loros podría beneficiarse probablemente más si se utiliza la educación, lugar de la aplicación de leyes, como herramienta. Si las personas notaran la presión que ejerce el comercio nacional en las especies silvestres amenazadas en estado salvaje, podrían tender a tolerar y apoyar menos el comercio.

Pires reconoce que los mercados bolivianos difieren en algunos aspectos de los mercados latinoamericanos de aves neotropicales. «Lo que me dijeron los expertos en loros, al leer sus artículos y hablar con ellos, es que la mayoría de la caza de loros es un problema. Un estudio de 2001 sugirió que cada año se cazan entre 400 000 y 800 000 pichones en países neotropicales en el mundo. Dadas las tasas bajas de reproducción de muchas especies de loros, esto puede ser devastador para sus poblaciones, en especial para las que ya tienen cantidades bajas debido a la pérdida de hábitat.

Pires descubrió algo diferente en Bolivia: determinó que alrededor del setenta por ciento de todas las aves que se venden el el mercado de Los Pozos eran adultas. La caza de adultos puede ser potencialmente más perjudicial para la supervivencia de las especies que el saqueo de nidos. Las especies de loros longevas, en particular especies como los guacamayos, tardan más en alcanzar la madurez, así que si se los saca del medio natural puede haber graves consecuencias para las tasas de reproducción y el mantenimiento a largo plazo de las poblaciones.

Algo importante: los investigadores también pudieron localizar el lugar de donde venían los loros traficados de Bolivia. «El vendedor del mercardo le preguntaba al cazador furtivo y al intermediario, ‘¿en dónde lo conseguiste?'», relató Pires. «Así que pudimos delimitar la zona y ver si había focos y eso fue lo que encontramos». El equipo descubrió que el 84 por ciento de los loros comercializados en el mercado provenían de solo siete municipalidades de todo el departamento de Santa Cruz. Dos de estos, Pailón y Charagua, representaban el 56 por ciento de las aves.

El tráfico también parece ser un problema estacional en Bolivia; casi la mitad de las aves llega al mercado entre julio y septiembre. «Lo que encontramos fue notable: se cazó la mitad de las aves en tres meses», reveló Pires. «Parece que es en verdad un problema de verano».

La lucha y la solución del problema

Si los conservacionistas van a frenar el tráfico nacional de animales silvestres en Latinoamérica, concluye Pires, necesitan comprender más a fondo la dinámica interna de la cultura de cada nación y tener una visión clara del funcionamiento de suministros, proveedores y mercados particulares.

Pichones y un adulto en una caja de cartón en un mercado al aire libre. A diferencia de otros mercados de loros, el mercado de Los Pozos busca más adultos que pichones. Foto cortesía de Mauricio Herrera.

Si, por ejemplo, otros mercados de cazadores furtivos vendieran «especies particulares [capturadas] en áreas particulares, en momentos particulares del año», entonces los gobiernos no necesitarían del personal limitado para la aplicación de las leyes que trata de impedir la caza furtiva en el país, sino que podría enfocar y distribuir mejor los recursos. «En realidad quieres enfocar tus recursos en momentos y lugares específicos y en especies particulares», afirmó.

«Tienes que contextualizar [el] problema. Tienes que entrevistar a las personas en el terreno…para encontrar realmente cuál es el problema», sostuvo Pires. «Sospecho que los focos, los momentos pico, la concentración de métodos y los productos populares van a ser generalizables para cualquier país, pero las plagas agrícolas [cazadas para el comercio de mascotas] puede que no…puede ser un problema específico de Santa Cruz».

Pires cree que la implementación de estas técnicas de encuestas podrían informar mejor sobre los esfuerzos de aplicación de leyes y de educación en Bolivia y en otros países neotropicales. Claramente, la replicación de la metodología de sus estudios podría ser útil para determinar si los mercados están organizados a nivel local o vinculados con el crimen organizado y si el mercado nacional se suministra significativamente del mercado internacional.

También entiende que debería ocurrir un cambio más profundo para terminar con la disminución de la vida silvestre de Bolivia y Latinoamérica que causa el comercio nacional. Considerando la falta de entusiasmo de las personas para aplicar leyes de vida silvestre, junto con la prevalencia y aceptación de tráfico nacional, puede que la región entera necesite primero un cambio radical en su cultura. Las campañas de educación y de concientización pueden ser la clave para convertir a los ciudadanos comunes de criminales y defensores del tráfico en conservacionistas que valoran más a la vida silvestre en los lugares en los que se encuentra: en los bosques tropicales y otros hábitats de sus países.

 

Citas

Pires, S. F., Schneider, J., Herrera M., and Tella, J., (2015) Spatial, temporal and age sources of variation in parrot poaching in Bolivia. Bird Conservation International.

Herrera, M., and Hennesse, B. (2007). Quantifying the illegal parrot trade in Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, with an emphasis on endangered species. Birdlife Conservation International.

Gastañaga, M., Macleod, R C., Hennessey, B., Ugarte-Núñez, J,. Puse, E,. Arrascue, A. (2011) A study of the parrot trade in Peru and the potential importance of internal trade for threatened species. Bird Conservation International.