Noticias ambientales

Ética, sostenibilidad e hidroenergía amazónica: ¿misión imposible?

  • La Represa Inambari habría desalojado a miles de personas e inundado unas 46 000 hectáreas en la parte peruana de la Selva Amazónica. Fue un proyecto del consorcio la Empresa de Generación Eléctrica del Sur (EGASUR), consorcio dirigido por Eletrobras, una firma brasileña. La Represa fue anulada en 2011, tras tropezar con una fuerte oposición.
  • EGASUR y Eletrobras encargaron el EIA de la Represa Inambari. Unos investigadores lo analizaron y descubrieron que el EIA tenía estaba más influido por fines lucrativos que por los compromisos de sostenibilidad de empresas.
  • Los científicos urgen la incorporación de un análisis ético parecido en proyectos de infraestructura a gran escala que tienen múltiples depositarios y que podrían afectar de manera significativa al bienestar de las comunidades y de las naciones, del medio ambiente y del mundo.

La mayor compañía eléctrica latinoamericana conduce 45 represas hidroeléctricas y aporta un 34 por ciento de la capacidad generadora de Brasil. La empresa Eletrobras hace loables afirmaciones acerca de sus valores empresariales, incluso un compromiso a la sostenibilidad y a una “ejecución que tiene en cuenta las responsabilidades bien equilibradas de la empresa en cuanto al medio ambiente, a lo social y a la ética”.

Sin embargo, existen preocupaciones graves sobre las consecuencias sociales y medioambientales de represas hidroeléctricas en la Selva Amazónica. Eletrobras juega una gran parte en la represa muy controvertida de Belo Monte. ¿Cuán sostenibles de verdad son las empresas que construyen represas entonces? ¿Se rigen de verdad sus decisiones comerciales por un compromiso sincero a la sostenibilidad? Asimismo, quizás la pregunta más importante es: ¿cómo podemos evaluar de manera pragmática las motivaciones que de verdad subyacen en estas decisiones?

Según un estudio publicado hace poco en Sustainability, puede ser que el análisis ético solucione esta cuestión. Un equipo internacional de investigadores sugiere que es posible precisar las motivaciones del proceso de toma de decisiones de una empresa por medio de un riguroso análisis ético.

El proceso de análisis empezó por identificar un procedimiento hipotético que más beneficiaría financieramente a una empresa. Luego lo comparó con principios éticos definidos y acabó por comparar estos valores con el procedimiento que siguió una empresa en un proyecto ejecutado en el mundo real.

Básicamente, si las acciones de una empresa van más allá de maximizar sus resultados financieros finales y están de acuerdo con los principios éticos, eso indica que dicha empresa se toma en serio asuntos como la sostenibilidad. Además, los investigadores mantienen que la incorporación de este tipo de análisis ético en el procedimiento de toma de decisiones de una empresa podría acabar por promover una mejor sostenibilidad y prácticas medioambientales.

“Sospechamos que hacer el análisis cambiará la decisión. Esperamos que ayude a empresas a tomar decisiones más vinculadas con las metas generales de la sociedad,” contaron dos de los investigadores, el Señor Julian Rode, economista en el Centro Heimholtz para la Investigación Ambiental – UFZ en Alemania, y el Señor Marc Le Menestrel, profesor de la ética en decisiones empresariales a la Universidad Pompeu Fabra en España.

El Río Inambari, Perú. La Represa Inambari, hoy día anulada, se usó como un estudio de caso en una investigación reciente. Demuestra hasta qué punto decisiones empresariales reflejan el declarado compromiso a la sostenibilidad. El estudio concluyó que había deficiencias importantes en el procedimiento del EIA de la Represa Inambari. (Foto: Barbara Fraser)

La ética en marcha

El equipo seleccionó la Represa Inambari en la Selva Amazónica peruana como su caso de estudio del mundo real. Si hubiera sido construida, la represa hubiera desalojado a miles de personas e inundado unas 46 000 hectáreas de selva. No obstante, comunidades locales se encontraban persistentemente en contra del proyecto y se anuló en 2011. El estudio identificó a Eletrobras como “el principal actor estratégico” en la EGASUR, un consorcio de empresas brasileñas que fueron los responsables originales del proyecto.

El equipo se centró en el EIA se llevó a cabo como preparación para la construcción de la represa. El EIA se veía como “una decisión empresarial clave que tiene consecuencias importantes en cuanto a la sostenibilidad”. La empresa que pide el EIA es la que emplea al contratista para hacer la evaluación.

Los investigadores empezaron por definir un hipotético “EIA minimalista” que se motiva por beneficios económicos. Es “barato y rápido” y minimiza unos efectos negativos “a los cuales atribuye valores monetarios bajos, mientras que obedece legislatura peruana actual y evita escándalo”.

Luego, se aplicaron dos principios éticos a este hipotético EIA. Un análisis consecuencialista examinó los pros y los contras de todas las entidades tocadas, incluso las consecuencias de la represa para los residentes locales, el bienestar nacional y la comunidad global. Un análisis deontológico investigó hasta qué punto tal EIA obedecería las normas y reglas actuales, como leyes, estándares de instituciones financieras y las directrices internacionales de buenas prácticas.

El dosel amazónico. Investigadores sugieren que un análisis ético del EIA de los principales proyectos de infraestructura podría ayudar a revelar si empresas favorecen beneficios financieros o valores sociales y medioambientales. (Foto: Rhett A. Butler)

Concluyeron los investigadores que tal EIA con motivaciones monetarias beneficiaría a Brasil y a la EGASUR, pero perjudicaría a los demás. Las consecuencias negativas serían subestimadas y las medidas de mitigación serían insuficientes para el medioambiente y las comunidades locales. Además, el EIA incumpliría algunas leyes, recomendaciones y directrices de buenas prácticas.

El equipo realizó después una investigación con el fin de evaluar el EIA real que había llevado a cabo EGASUR. Entrevistó a una variedad de personas sobre el terreno en Perú, incluso los representantes de los ONG, comunidades locales, gobiernos regionales y empresas vinculados. Surgió una imagen de falta de confianza, un sentido de que la EGASUR actúa en secreto, que muchos depositarios se encuentran en contra del proyecto y que la empresa empleada por la EGASUR para realizar el EIA no tenía “ni el mandato ni los incentivos para hacer un estudio independiente y objetivo que incorpore y evalúe todas las consecuencias potenciales en aras de las poblaciones tocadas y el medioambiente”. Parece que estos factores indican que el EIA real se semejaba al EIA minimalista hipotético –el que se basa en motivaciones financieras en lugar de las buenas decisiones éticas que beneficiarían a todos los depositarios.

Al examinar el resumen ejecutivo el EIA real de la Represa Inambari, el equipo se dio cuenta de que los gastos de indemnización asignados por la EGASUR superaron enormemente las estimaciones anteriores de la empresa. Es decir, unos 80 millones de dólares para la compensación medioambiental (un 2 por ciento del total del costo de inversión), y unos 150 millones de dólares para la reubicación de comunidades (un 3,8 por ciento más de la inversión). Sin embargo, los investigadores descubrieron que “aunque los gastos sociales y medioambientales estimados superan enormemente a los que serían esperados de un estudio minimalista, [el EIA real] presenta de manera muy clara une perspectiva sesgada de las consecuencias y no obedece la mayoría de las reglas y principales que caracterizan buenas prácticas internacionales”.

Además, el EIA de Inambari minimizó “la severidad de las consecuencias, en particular al subestimar el daño a la población local y a la naturaleza”, afirmó el equipo. “Por tanto el análisis nos condujo a la conclusión de que la empresa no considera que las preocupaciones sobre la sostenibilidad sean ni necesarias ni razones adecuadas para actuar, sino como una obligación que se debería cumplir con un esfuerzo mínimo por su parte”.

El proyecto que no quiere morir

Aunque el proyecto de Inambari se anuló oficialmente tras una fuerte oposición por parte de ambientalistas y las comunidades afectadas, todavía no está muerto. Según el estudio, La Represa seguía siendo parte de la agenda estratégica de Eletrobras tan recientemente como Mayo de 2015.

La situación actual del proyecto queda poco clara: “Recibimos mensajes contradictorios,” contaron los Señores Rode y Le Menestrel a Mongabay. “Por un lado, hace largo tiempo que las empresas brasileñas dieron la impresión de que seguían “clandestinamente” con comunicación y prácticas de presión, apuntadas sobre todo a la política peruana y a las poblaciones locales de la región de Puno. No obstante, según un reciente comunicado de prensa, Eletrobras va reduciendo sus actividades de proyecto en cuanto a la hidroenergía en América del Sur y en África. Perú ya no se menciona como una prioridad”.

Según los planes para la propuesta Represa Inambari, que ahora está cancelada, residentes del pueblo pequeño de Inambari se habrían mudado. (Foto: Barbara Fraser)

Especulan los investigadores sobre la posibilidad de que un enfoque más ético al proyecto podría haber beneficiado de manera económica a la EGASUR. “Paradójicamente, una perspectiva más amplia y un enfoque distinto, que lucha por la sostenibilidad, podrían haber acabado con mejores consecuencias para la empresa”, expresaron los investigadores. “Por ejemplo, un EIA más amplio podría haber identificado un enfoque de inversiones totalmente distinto con respecto a la producción energética de Perú, por medio de represas más pequeñas y cerca a Los Andes, por ejemplo. Claro que es completamente hipotético, pero lo importante es que la ética nos puede permitir reconocer nuevas oportunidades [económicas]. Marc lo llama “la ética como el arte de la sorpresa”.

La puesta en práctica de la ética en el procedimiento de toma de decisiones con respeto a represas

En la región Amazónica, hay cientos de represas en varias etapas de la planificación, construcción y operación. Dentro del contexto más amplio del desarrollo hidroeléctrico en esta área, hay cada vez más preocupaciones sobre el daño causado por estos dichos proyectos energéticos “sostenibles” al medioambiente y a los pueblos indígenas.

Al lado negativo extremo del espectro ético, el gobierno brasileño y Norte Energía -un consorcio de empresas entre las que se incluye Eletrobras– se encuentran acusados de etnocidio en la construcción de la Represa de Belo Monte, que ha afectado a siete grupos indígenas. El escándalo de corrupción Lava Jato, que no para de crecer, se sigue desarrollando en Brasil e implica no solo a algunas de las empresas constructoras más importantes de la nación sino también a Petrobras, la compañía petrolera más importante.

Dada la cultura de corrupción política y empresarial en Brasil, el desfase entre las afirmaciones de sostenibilidad de las grandes empresas y los graves daños que a veces hacen sufrir al medioambiente y la sociedad, ¿Cómo se podría modificar la situación para que beneficie a todos los interesados?

“Necesitamos un cambio fundamental con respeto a la misión y a la cultura empresarial. Tenemos que pasar de objetivos financieros a metas de sostenibilidad más amplias”, mantienen Rode y Le Menestrel.

Explican que una manera de hacer más responsables a las empresas, sería la imposición de análisis éticos obligatorios sobre grandes proyectos de infraestructura. Estos análisis se realizarían por autoridades independientes y estarían disponibles para el público. “Pensamos que hace falta alguna autoridad política para armar y dirigir la racionalidad de los negocios para asegurar que sirven a los intereses públicos”, contaron los investigadores.

“No es necesaria una revolución”, añadieron. La sociedad y el gobierno tienen que reconocer simplemente que “las instituciones económicas –empresas en particular– no están diseñadas de manera que sirvan naturalmente al bien común sin poderes reglamentarios adecuados”.

“Siempre hay alguna influencia entre los negocios y la política”, explicaron. “Lo importante es comprobar si los procedimientos y las estructuras institucionales tienen buenas intenciones y suficientemente transparentes para que esta influencia tenga la oportunidad de ser ética”. Sin tales estructuras institucionales, crecen considerablemente las oportunidades para la clandestinidad y la corrupción.

El sitio propuesto para la represa y una vista río arriba: el antiguo puente colgante Inambari está enmarcado por los montantes del nuevo. El estudio sostiene que la incorporación de un análisis ético en decisiones empresariales podría facilitar que se asegure que las empresas cumplen sus compromisos de sostenibilidad. (Foto: Barbara Fraser)

Peter Bosshard, antiguo Director de Políticas y hoy día Director Ejecutivo provisional de International Rivers [Ríos Internacionales: ONG estadounidense sin fines de lucro], concuerda en que el sistema de evaluación y aprobación de proyectos de grandes infraestructuras, como represas, tiene que basarse en legislación eficaz en lugar de en código de conducta voluntario: “Dudo que pedir a los constructores de represas que emprendan tasaciones éticas separadas de sus EIA sea eficaz. Hay dos razones para eso: en primer lugar, como ya habían subrayado los autores del estudio, muchas empresas ya se habían comprometido a los princios del desarrollo sostenible, pero en la práctica el concepto es tan vago que es difícil forzarles a cumplir con eso. Igual con el desarrollo sostenible: la conducta ética es un concepto noble, pero demasiado general y amplio”, contó Bosshard a Mongabay. “Dudo que las empresas, que se toman libertades con sus compromisos a la sostenibilidad, se sintiesen de otro modo sobre un compromiso a la ética”.

“En segundo lugar, en medida de lo posible, la conducta ética debería fomentarse y regirse por leyes y regulaciones, y no dejarse a las decisiones voluntarias de empresas privadas. Vamos a usar el ejemplo de los EIA: las empresas de ingeniería contratadas por compañías de construcción de represas para realizar tales tasaciones siempre enfrentan un conflicto de interés. Si siguen estrictamente le ciencia y actúan al servicio del interés público, puede ser que la empresa de construcción de represas pierda su contrato de construcción de la represa y no vuelva a contratar a esa empresa de ingeniería. En tales casos, se deberían cambiar las leyes para que las firmas que realizan EIA sean seleccionadas por el Ministerio del Ambiente –incluso si el constructor de la represa las paga”, dijo Bosshard. “Eso permitiría que las firmas ingenierías actúen de manera ética, sin arriesgarse a salir perdiendo ante sus competidores”.

Los Señores Rode y Le Mesnestrel reconocen que mientras que muchas compañías siguen no actuando de manera ética y se centran en ganar dinero, otras toman medidas para comportarse de manera más positivamente responsable a nivel social. “Algunas empresas incorporan de verdad la sostenibilidad y la ética en su identidad y su estrategia. Interface [el mayor productor de alfombras modulares del mundo] es una gran inspiración para muchos. Unilever [empresa anglo-holandesa multinacional de bienes de consumo] también examina varios caminos de manera proactiva”, declaran.

Los investigadores esperan que más firmas las copien. “Esperamos inspirar a otras compañías con nuestro trabajo para que reflexionen sobre sus procedimientos de toma de decisiones y la ética de sus acciones. Al fin y al cabo, todos quieren contribuir algo al mundo y una vida significativa. Puesto que aportamos el ejemplo de un proyecto hidroeléctrico sería genial que las empresas que trabajan en este campo la [nuestra metodología] tomaran en consideración. Sin embargo, en definitiva, la infraestructura es relevante si no para todos, al menos para muchos países y sectores empresariales”.

Eletrobras no contestó a la petición de comentarios.

 

Cita:

Rode, J., Le Menestrel, M., Van Wassenhove, L., and Simon, A. (2016) Ethical analysis for evaluating sustainable business decisions: the case of environmental impact evaluation in the Inambari hydropower project. Sustainability, 7, 10343-10364.