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Tucavaca: La historia de una reserva natural creada y protegida por sus habitantes en Bolivia

  • Las comunidades que viven alrededor y dentro de la Reserva Municipal de Vida Silvestre Valle de Tucavaca han convertido al turismo en una fuente importante de ingresos, según Richard Rivas, director del área protegida.
  • Las amenazas continúan. El gobierno incluyó la Reserva Valle de Tucavaca como área de interés para la exploración de hidrocarburos, según Sara Crespo de la ONG Probioma.
  • Entre 2009 y 2012, se registraron hasta tres intentos por desarrollar actividades de exploración y explotación petrolera dentro de la reserva, además de las amenazas de ocupación ilegal en una zona del área protegida.

A 400 km al este de Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, camino a la frontera con Brasil, se encuentra una región de serranía muy parecida a un paraíso, rodeada de una vegetación y naturaleza aún en buen estado de conservación, con paisajes de encanto y pequeños pueblos que preservan su cultura e historia. Estamos en la Reserva Municipal de Vida Silvestre Tucavaca, municipio de Roboré, área protegida creada para conservar las serranías de Santiago y Chochís y el valle de Tucavaca.

La reserva, creada el año 2000 con una extensión de 262 305 hectáreas, posee un inmenso capital natural, conformado por serranías, caídas de agua y bellos paisajes. En sus montañas están las nacientes de los ríos que abastecen a toda la región y a la zona sur del Pantanal boliviano.

Los habitantes de la zona desde siempre han vivido en armonía con sus recursos naturales y han sabido aprovecharlos de forma sostenible, tal vez hasta sin saberlo. “Nuestros abuelos ya lo hacían, protegían la serranía y la naturaleza porque sabían que cuidándolas se beneficiaban más, ellos sabían que el agua venía desde arriba. Ahora, Roboré es uno de los pocos municipios donde tenemos agua todo el año, aunque ya vemos que ha disminuido”, explica Rubén Darío Arias, expresidente del Comité de Gestión del área protegida.

Actualmente el municipio y sus comunidades reconocen que el área protegida es una fuente ya no solo de agua sino de sustento y de trabajo. Las familias que viven en las comunidades de Santiago de Chiquitos, Roboré, Chochís y Aguas Calientes, además de realizar la agricultura en pequeña y mediana escala, tienen significativos ingresos que vienen por cuenta de los visitantes que llegan los fines de semana y feriados para realizar turismo de naturaleza y disfrutar de los atractivos que ofrece la región.

Aquí los turistas invierten su tiempo y ahorros para caminar en las serranías, con paisajes magníficos, formaciones rocosas, ríos de aguas cristalinas, caídas de agua, nadar en un río de aguas termales, además de conocer la historia de la región y disfrutar de la calidez de la gente que los recibe. Justamente el fomento al turismo es una apuesta que las comunidades han realizado para su futuro, conscientes de que la Reserva de Tucavaca es la fuente de la mayoría de los atractivos para los turistas, explica Richard Rivas, director de la reserva. “La declaración de la reserva es resultado del interés y exigencia que los habitantes de la región han hecho a las autoridades”, recuerda Rivas.

Es que la Reserva de Tucavaca es “una de las pocas áreas protegidas de Bolivia que se ha creado por decisión de la comunidad local, aquí fue a pedido y requerimiento de la gente que quiso que se proteja a las serranías y al valle de Tucavaca”, dice el director del área protegida. María Eugenia Cuéllar, exdirigente de Santiago de Chiquitos, lo confirma cuando dice que el “área protegida es nuestra, es de las comunidades. Aquí la cuidamos porque es la que nos da vida, es la que nos da agua a toda la región”.

“Ya han venido empresas mineras, queriendo explorar nuestra serranía, ofreciéndonos de todo, pero junto a todas las comunidades, hemos rechazado, no queremos la minería”, afirma Cuéllar, férrea defensora del valle de Tucavaca. Ella y sus compañeros están dispuestos a defender la reserva con uñas y dientes, como ya han demostrado antes.

Cuando las riquezas se convierten en una amenaza

Debajo de las serranías existen yacimientos de hierro y manganeso, y al norte está el valle de Tucavaca, que contiene el bosque seco tropical mejor conservado del mundo –el bosque seco chiquitano– rico en maderas nobles y biodiversidad. Pero tanta abundancia se ha convertido en una fuente de amenazas.

Los invasores y empresarios interesados en explotar la región, señala Rubén Darío, expresidente del comité cívico de la Comunidad de Roboré, no habían tomado en cuenta un gran detalle: “esta tierra no solo es bendecida con las riquezas naturales, sino también por la cultura y la calidad humana de su gente que decidió defender la naturaleza, la reserva y así su propia vida”.

Según Darío, varios han sido los intentos de ocupación y exploración de la reserva de Tucavaca, desde empresas mineras que buscaban explorar la zona hasta la aparición de asentamientos humanos ilegales. “Pero hemos sabido protegernos, porque la población conoce la importancia del área protegida, sabe que sin ella nuestra historia sería diferente. Y nuestra gente la defiende”, recalca Darío.

El ‘No’ a la minería dentro del área protegida

Edén Suárez es el actual presidente del Comité Cívico de Santiago de Chiquitos y desde joven conoce la importancia de proteger las serranías y el valle. Él ha sido uno de los primeros guardaparques de la reserva y se ha capacitado como guía de turismo. Suárez nos cuenta que en los primeros años de la Reserva de Tucavaca no se había escuchado hablar sobre el intento de ocupación ilegal dentro del área protegida ni las comunidades sabían que sus serranías escondían minerales. Fue recién a mediados del año 2009 en que apareció el primer proyecto minero, con la empresa Kyleno S.A.

“Era junio (de 2009) cuando supimos que había una empresa minera, la Kyleno, que estaba convocando a una consulta pública para presentar un proyecto minero en el área protegida”, relata Edén. “Nos cayó de sorpresa, porque no teníamos conocimiento de nada, y no todas las comunidades estaban enteradas de la consulta ni para qué servía. La empresa la había convocado para el 26 de junio y no aceptamos. En agosto tuvimos una reunión del Comité de Gestión de la Reserva  de Tucavaca y decidimos aún no poner fecha para la Audiencia, porque todavía se necesitaba discutir con las comunidades nuestra posición sobre el proyecto minero”.

Sin embargo, la empresa Kyleno intentó realizar la audiencia el 22 de octubre en la ciudad de Roboré ─que está fuera del área protegida─ “pero logramos paralizarla y se definió la Audiencia para el día 28 de noviembre en Santiago de Chiquitos”, cuenta Edén Suárez. Mientras tanto, el Comité de Gestión de la Reserva de Tucavaca armó su estrategia, “nos organizamos para defendernos. Buscamos asesoramiento y apoyo logístico, y logramos visitar las comunidades y explicarles lo que era la minería y los impactos que tendría en la serranía, en el agua y en nosotros mismos si se permitía. Fue un movimiento muy grande de las comunidades, y cuando ya fueron conociendo y entendiendo lo que realmente causaría la minería, ya no la querían”.

Como resultado de las jornadas informativas del Comité de Gestión e instituciones del municipio de Roboré, el 21 de noviembre, previo a consulta, las comunidades se reunieron en Aguas Calientes, donde emitieron un voto resolutivo en que expresaban su decisión de “rechazar la implementación de cualquier actividad minera […] en la reserva, porque atentaría contra los objetivos de conservación del Área Protegida y sus valores naturales”.

El día de la Audiencia Pública, María Eugenia Cuéllar, que encabezaba la protección del área, recuerda que la gente dejó todos sus quehaceres, sus casas, su trabajo, “los chicos no tuvieron clases, todo por participar de la Audiencia y negarnos a la actividad minera en nuestra región”.

Durante la gestión de Rubén Darío como presidente del Comité de Gestión de la Reserva de Tucavaca se realizaron las alianzas con las instituciones locales para defender el área protegida. Foto: Giovanny Vera.

Se inició la reunión “y por respeto escuchamos a la empresa en su presentación”, dice orgullosa Cuéllar. “Pero luego, les indicamos que no queríamos actividades mineras y que la empresa no sería aceptada. Ahí mismo les entregamos el voto resolutivo donde se decía que ni ahora ni mañana ni pasado las comunidades aceptarían actividades mineras en la Reserva de Tucavaca”. Y ese fue el primer “NO” rotundo a cualquier actividad minera.

El proyecto que logró ganar

Pero no fue ese el último intento. Hubo otros más, como en el año 2010, cuando la empresa Sidereste logró tramitar su licencia ambiental para la exploración mineral al oeste de la Reserva de Tucavaca. Sin embargo, según explica Sara Crespo, especialista en monitoreo socioambiental de la ONG Probioma, Sidereste no realizó adecuadamente el proceso para lograrla. Para la consulta solo tomaron en cuenta a las comunidades más cercanas, a las que informaron “sobre los beneficios positivos que la minería les traería, como empleos, escuela, nuevas casas, además de invitarles churrasco y cerveza durante la consulta, pero además les escondieron los impactos al medio ambiente”.

De esa “siniestra manera”, afirma Crespo, “en junio de ese año la comunidad de Naranjos aceptó la minería, afectando el área protegida”. Aunque días después se envió una denuncia e impugnación a la Consulta Pública a las autoridades nacionales, de igual forma se aprobó la licencia ambiental para el proyecto, aunque hasta el día de hoy permanece paralizado por falta de financiamiento.

Alertas ambientales

El tercer intento vino el año 2012, cuando extraoficialmente se supo del interés de la empresa minera Montecarlo de realizar trabajos de exploración en la serranía de Santiago. Ante esta alerta y aún sin ningún contacto oficial de la minera, las autoridades de Santiago de Chiquitos decidieron convocar a las demás instituciones del municipio para expresar su rechazo a la minería en el área protegida.

El 26 de mayo de ese año, en reunión en Santiago de Chiquitos, las comunidades e instituciones relacionadas con la Reserva Valle de Tucavaca emitieron un voto resolutivo que decía: “Rechazamos cualquier intento de instalar una Actividad Obra, o Proyecto de explotación Minera […] en el interior del Área Protegida Tucavaca, por considerarla atentatoria contra la generación de agua que producen estas serranías, pudiendo contaminar los cursos de agua que abastecen a todas las comunidades del municipio y porque consideramos además que, la minería a cielo abierto es la única que no es sustentable por definición, pues destroza toda la cobertura vegetal y con esta, la gran cantidad de especies existentes con fuerte impacto ambiental [sic]”.

De acuerdo con Sara Crespo, el apoyo de las propias comunidades en dar gritos de alertas ante amenazas en la zona ha permitido hacer frente a estos eventos, sea el de proyectos mineros, asentamientos ilegales o deforestación. “Las comunidades ya se acostumbraron a avisarse entre ellas sobre las amenazas y luego dan parte a las instituciones responsables. Se han convertido en un sistema de alerta temprana en el área protegida”, afirma.

La ocupación ilegal del área protegida

El área protegida fue creada en un momento en el que “la demanda por los recursos naturales en la zona era muy poca, la accesibilidad era muy difícil, los caminos aún no estaban […] pero los tiempos cambiaron, se establece una carretera internacional muy cercana, con los respectivos impactos, como el incremento por la demanda de recursos, de madera, y otros, como de uso y ocupación de la tierra”, explica el director del área protegida, Richard Rivas.

En 2007 se dieron los primeros intentos de ocupación ilegal de tierras, que fueron repelidos por la administración del área protegida, apoyada por la misma población que presionó a los invasores para abandonar el área. “Fue esta una de las primeras muestras de la conciencia de la gente”, explica Rivas. Pero en 2011 los invasores se vieron fortalecidos por el Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA) de Bolivia, que autorizó la dotación de parcelas de terrenos dentro de la Reserva de Tucavaca.

La alternativa encontrada, cuenta Edén Suárez, fue ejercer la presión social contra la ocupación del área. “Necesitábamos tener mucha fuerza y así, encabezados por nuestro comité cívico, que aglutina a la mayoría de las instituciones del municipio, decidimos bloquear y cerrar el paso por la vía férrea y la carretera Bioceánica, que unen Bolivia a Brasil. Nuestro mensaje era claro y directo al gobierno central, al INRA y al Ministerio de Minería, que no queríamos saber de exploración y explotación de minerales en nuestras tierras, ni avasallamientos (ocupación ilegal de tierras) al área protegida, y exigíamos seguridad jurídica para la misma”, narra Suárez. El bloqueo duró dos días, la gente de Santiago bajó cerca de 14 kilómetros hasta la carretera para bloquearla, mientras la población de Roboré bloqueó en su jurisdicción.

“Jóvenes, niños y ancianos participaron del bloqueo, todos con un objetivo común, de decir no al avasallamiento (ocupación ilegal de tierras) de nuestra área protegida”, asegura Suárez. María Eugenia Cuéllar recuerda que “la gente estaba decidida a ir y apoyar. En la radio del pueblo se explicó del paro, se pidió colaboración y así se logró que muchos apoyaran, hasta con comida”.

Al final el bloqueo logró los objetivos esperados. Se consiguió la consolidación legal del área protegida con la promulgación de la primera ley municipal de Roboré, declarándola Reserva Municipal de Vida Silvestre Tucavaca.

“Y como pueblo ganamos, porque nuestra área protegida se consolidó y protegemos nuestra agua”, sostiene Cuéllar. “¿Te imaginas si aquí no fuera área protegida? ¿Cómo estaríamos? ¿Y cómo estarían los de allá abajo, tal vez ya sin agua?”, se pregunta ella.

“Nuestra área protegida es una reserva de agua, y la gente ya sabe que destruyendo ese cerro, nos quedamos sin agua”, dijo María Eugenia, exdirigente de Santiago de Chiquitos que estuvo junto a los demás pobladores en la lucha para proteger su reserva. Foto: Giovanny Vera.

Un futuro incierto

Según Sara Crespo, de Probioma, la reserva se encuentra en una situación incierta, debido a que las empresas aún tienen los derechos de exploración en el área, lo que la deja a la merced de las mineras. Además, asegura Crespo, el gobierno incluyó la Reserva de Tucavaca como área de interés para la exploración carburífera, lo que hace aún más inseguro el panorama.

Las amenazas de afectaciones para explotar los recursos naturales cobijados por el área protegida están a la orden del día, aunque para los habitantes de la región, la defensa continúa. Rubén Darío asegura que hoy los habitantes de Roboré están despiertos y atentos a cualquier nueva amenaza a su área protegida, y que estarán para defenderla de nuevo. Este movimiento es el “fruto de varios años de un proceso de aprendizaje y de educación ambiental que promovió la apropiación del área protegida por parte de la gente”.

Edén Suárez recuerda que el hecho de que la Comunidad de Santiago de Chiquitos esté dentro de un área protegida ha traído mejoras hasta en la calidad de vida de sus habitantes. “Hoy Santiago (comunidad) vende ecoturismo, nos genera ingresos usando de forma sostenible sus recursos y su naturaleza, y por eso la defendemos. Somos orgullosos porque el área protegida es un referente a nivel nacional de protección y conservación”.

“Estar dentro del área protegida también ha servido para ayudar a mantener nuestras tradiciones y costumbres, ya que es lo que buscan los turistas que vienen, ellos quieren vivir como nosotros vivimos”, dice María Eugenia Cuéllar. “¿Cómo no proteger lo que nos da de todo, nos da agua y nos da vida?”

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