Una avalancha de petróleo y oleoductos

La decisión de ETP de detener la construcción cerca de Misuri —aunque el trabajo continúa en el resto de la ruta del oleoducto— fue sorprendente, dado que la empresa cuenta con todos los permisos para empezar la construcción. ETP es uno de los mayores constructores de oleoductos del mundo y Dakota Access es un gran proyecto: una oleoducto de 30 pulgadas de acero que recorre unos 1900 metros bajo campos y ríos desde los yacimientos de petróleo esquistoso de Bakken hasta el final del oleoducto en Illinois. Según las declaraciones de la empresa, la línea tendrá la capacidad de trasladar unos 570 000 barriles de petróleo fracturado al día —potencialmente la mitad de la producción diaria de Bakken en la actualidad—.

Dakota Access llega en un momento en que el sector del esquisto sufre bajo una avalancha de petróleo que ha hundido los precios, pero no se puede permitir dejar de producir, declaró Lorne Stockman, director de investigación en Oil Change International, organización activista de investigación de Washington crítico de la industria de los combustibles fósiles. Bakken es una gran reserva con unos 3,6 mil millones de barriles de petróleo recuperable, según el Servicio Geológico de los Estados Unidos. Como en otros yacimientos de esquisto, el petróleo de Bakken se presenta en forma de gotas diminutas encerradas en las rocas, que se liberan con la fracturación hidráulica —la inyección a presión de una mezcla poderosa de agua, arena y productos químicos en la roca, que ha hecho surgir preocupaciones en torno a la contaminación del agua—. Según Stockman, la fracturación hidráulica en sí se ha visto catalizada por una marea de crédito barato desde la crisis económica de 2008. Los pozos fracturados tienden a agotarse mucho más rápido que los pozos tradicionales (típicamente duran menos de siete años), por eso las empresas de petróleo esquistoso pueden encontrarse explotando nuevos pozos constantemente para pagar los que ya han perforado, una posición que a la que los críticos llaman “el círculo de la perforación”.

 

A map shows the intended route of the Dakota Access pipeline from the Bakken shale oil fields of North Dakota to Illinois. Map courtesy of Dakota Access LLC via Wikimedia Commons
Mapa que muestra la ruta diseñada para el oleoducto Dakota Access desde los yacimientos de esquisto de Bakken en Dakota del Norte hasta Illinois. Mapa cortesía de Dakota Access LLC vía Wikimedia Commons

La abundancia de petróleo esquistoso sobrepasó la capacidad de los oleoductos en lugares como las dos Dakotas y los Apalaches. Dakota Access es uno de los varios grandes proyectos de oleoductos destinados a llevar petróleo y gas allí donde pueda venderse por más dinero —otros son el oleoducto Constitution Pipeline en el noreste y el Oleoducto de Mountain Valley desde Virginia Occidental a Virginia—.

Como esos otros oleoductos, Dakota Access se enfrenta a la sólida resistencia de una red de disciplinados y versátiles agricultores rurales, grupos indígenas y activistas climáticos preocupados por su agua y el aumento de las temperaturas, y enfadados porque la empresa ha recurrido a la expropiación para hacerse con tierras.

Para los siux, como para los agricultores de Nebraska que se opusieron a Keystone XL, el principal problema es el agua. ETP pregona el grosor de su oleoducto y la modernidad de su sistema de detección de derrames, pero ninguno de ellos ha evitado que otros oleoductos nuevos sufran derrames. Por ejemplo, en primavera, Keystone 1, de TransCanada, vertió 400 barriles de petróleo en una hacienda en Dakota del Sur. Según TransCanada, si un derrame es lo suficientemente lento —por debajo de un 2 por ciento de la capacidad de flujo— los sensores no pueden detectarlo. Según los cálculos de Ken Ilgunas en Time, eso significa que en el caso de Keystone 1, que se mueve más o menos al mismo volumen diario que ETP espera para Dakota Access, un “derrame lento” podría verter hasta 420 000 galones (más de 1,5 millones de litros) diarios sin que los sensores lo detectaran.

Las tribus se unen

Los líderes de Standing Rock no respondieron a la petición de Mongabay de hacer comentarios. Sin embargo, la tribu ha sido coherente y expresiva en sus quejas de que el Cuerpo de Ingenieros del Ejército no cumplió con sus obligaciones, según los tratados que los siux firmaron con el gobierno de los Estados Unidos, de consultarles asuntos que afecten a su tierra.

“Las tribus siempre han pagado el precio de la prosperidad de América”, escribió el presidente Archambault de Standing Rock el 24 de agosto en artículo de opinión en el New York Times. “Quizás solo en Dakota del Norte, donde los magnates del petróleo agasajan a los cargos electos… los gobiernos del estado y el condado actúan como el brazo armado con el que se cumplen de los intereses corporativos”. A principios de este mes ETP denunció a Archambault y otras personas que interferían con su derecho a construir el oleoducto, y el gobernador de Dakota del Norte, Jack Dalrymple, respondió a las protestas declarando el estado de emergencia.

En sus esfuerzos por acabar con la “serpiente negra”, los líderes siux y grupos ecologistas han optado por la estrategia de utilizar distintos frentes. En los últimos dos años, los líderes siux han avisado de que Dakota Access representa una amenaza no solo para las tribus, sino para los millones de personas que viven en la cuenca hidrográfica del río Misuri. Campañas en las redes sociales como ReZpect Our Water y una petición en Change.org consiguieron el respaldo de más de 200 000 firmas y apoyo de personas conocidas, como Leonardo DiCaprio. Los siux han afianzado su campaña en las redes con “acciones”, como la de los jóvenes activistas que corrieron un relevo de 2000 millas (3218 km), como hacían los antiguos mensajeros, hasta Washington D.C. para protestar frente a la Casa Blanca y entregar una petición al Cuerpo de Ingenieros del Ejército.

También está la causa judicial de Standing Rock que quiere revocar el permiso concedido por el Cuerpo de Ingenieros del Ejército para la construcción del oleoducto. Un juez federal de Washington D.C. examinó el caso el miércoles 24 de agosto, y se espera una decisión para el 9 de septiembre.

Si la sentencia se decanta en su contra, los activistas siux dicen que utilizarán la resistencia no violenta para bloquear la carretera de acceso al lugar de las obras, y para eso necesitan gente. “Necesitamos tanta gente que el departamento del sheriff no nos pueda arrestar a todos”, dijo Braun.

Su amigo Mekasi Camp estuvo de acuerdo. Camp, miembro de la Nación Ponca, es director de un grupo formado recientemente llamado Bold Oklahoma, una ramificación de Bold Nebraska, que tuvo un papel crítico en la organización de agricultores en contra Keystone XL. “Esto no es una rebelión de los indios, no es una cosa de los nativos”, dijo a Mongabay. “Es una cuestión de derechos humanos. Dieciocho millones de personas consumen agua de este río. Los defendemos a ellos y a la nación silenciosa que no tiene palabra, protegemos el agua para todos los seres vivos”.

El 9 de agosto, Camp condujo al campamento de las Rocas Sagradas desde la ceremonia de la Danza del Sol en Rosebud, Dakota del Sur. Después de cuatro días en ayuno y bailando, se disponía a llevar a su familia de vuelta a Oklahoma. Entonces encendió el teléfono. Tenía un aluvión de mensajes de Braun que le instaban a ir al campamento de las Rocas Sagradas —la construcción del oleoducto estaba a punto de empezar—. “Así que nos dirigimos al norte en lugar del sur”, dijo. “Lanzo un desafío a esos 18 millones de personas: ¿vais a dejarnos solos o vais a ayudarnos a proteger vuestra agua y a vuestros hijos?”.

ETP declinó la petición de una entrevista con Mongabay. En lugar de eso, uno de sus representantes envió una declaración que minimizaba tanto el objetivo como la seriedad de las protestas al llamarlas “ilícitas dado que tenemos los permisos necesarios y la aprobación para trabajar en este lugar”. La declaración añadía que las protestas “no afectan a la construcción que está teniendo lugar en otras áreas de Dakota del Norte y los otros estados de la ruta”.

El movimiento por los derechos de la tierra

La reacción de los siux al oleoducto tomó por sorpresa a la Comisión de Administración Pública de Dakota del Norte (PSC por sus siglas en inglés), que permitió el oleoducto en el estado. “Hubo un proceso de audiencias de quince meses”, dijo a Mongabay Julie Fedorchak, comisaria de la PSC. “Hubo 25 horas de testimonios de propietarios de tierras. Les invitamos. En todo ese tiempo no dijeron ni pío. Es frustrante que hayan tomado este camino”.

Fedorchak reconoció la necesidad de abandonar los combustibles fósiles, “pero esos 500 000 barriles diarios no van a dejar de producirse porque no construyamos el oleoducto. Se trasladarán en tren”, lo cual implica riesgos de explosión y derrames, según dijo.

Este, por supuesto, ha sido el argumento principal a favor de los oleoductos, también lo fue en el caso de Keystone XL. No obstante, para los propietarios de tierras, el uso de unas vías que ya existen tiene una ventaja importante sobre los nuevos oleoductos: las empresas no tienen que adquirir tierras para construirlas. En las dos Dakotas, Iowa y otros estados, los oleoductos se consideran instalaciones públicas, como las carreteras y las líneas eléctricas. Eso permite que las empresas adquieran tierras en la zona de la ruta mediante la expropiación de gente que no quiere vender, lo cual se ha convertido en un motivo clave de la oposición a los oleoductos entre los agricultores del país.

Gracias al proceso de audiencias de la PSC, dijo Fedorchak, se escucharon las preocupaciones de los propietarios de tierras de Dakota del Norte y ningún agricultor del estado fue expropiado de su tierra en la ruta de Dakota Access. “Si las tribus hubieran venido y hubieran hecho objeciones, las habríamos analizado y habríamos tenido una conversación sobre qué hacer para arreglar el problema. Puede que no hubiera cambiado nada, pero habría sido más productivo. [ETP] ya ha construido la mitad del oleoducto. Esta no es una forma productiva de desarrollar la infraestructura”.

En el estado vecino de Iowa, ETP se enfrenta a mucha más resistencia de los agricultores blancos. “Aquí Energy Transfer Partners empezó a trabajar rápidamente con agentes muy hábiles”, dijo Ed Fallon, legislador retirado de Iowa que ahora dirige Bold Iowa (parte de la misma red que Bold Nebraska y Bold Oklahoma). “[Los agentes] hicieron que pareciera inevitable que consiguieran la tierra. Dijeron: ‘firmad o la empresa va a hacerse con la tierra y no conseguiréis mucho dinero’”.

“Unas tres cuartas partes” de los agricultores en la ruta sienten que firmaron bajo coacción, dijo Fallon a Mongabay. ETP se hizo con la tierra de unos 50 agricultores mediante la expropiación. Fue un paso muy criticado: según una encuesta de Des Moines Register, aunque el 57 por ciento de la gente de Iowa apoyaba la construcción del oleoducto, solo el 19 por ciento opinaba que se tenía que construir a través de la expropiación.

“La gente ve que la tierra es cada vez más vulnerable. Nadie habría ni soñado hace diez años que una empresa privada de Texas vendría a Iowa y adquiriría tierras para un negocio privado”, dijo Fallon. “Pero los siux están marcando el camino, defendiendo su tierra”.

“Habrá gente parada delante de las excavadoras” para apoyar a los propietarios de tierras que perdieron su propiedad a manos de ETP mediante la expropiación, dijo, añadiendo que unas 1000 personas han firmado el “Compromiso de Resistencia” de Bold Iowa, en la que se acuerda recurrir a la desobediencia civil para detener el oleoducto cuando la construcción llegue a sus haciendas. Según el Des Moines Register, ya se ha completado casi una cuarta parte de la ruta en el estado.

La Resistencia en Dakota del Norte y el malestar en Iowa coinciden con la agitación social en torno a los derechos de propiedad de los pueblos indígenas y los agricultores ante las infraestructuras corporativas y los proyectos de extracción. Comunidades que piden soberanía sobre la tierra han protestado en lugares tan dispares como Canadá, Perú y Camboya. Una coalición llamada Land Rights Now (derechos de la tierra ya) lucha por conseguir titular todos los territorios indígenas del mundo. Además, una central de gas natural licuado de 36 mil millones de dólares en la costa de la Columbia Británica ha sido frenada por un grupo indígena que reclama las tierras y ha ocupado el lugar.

Como otros grupos, los siux justifican su protesta con la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, que garantiza “el consentimiento previo, libre e informado” de los grupos indígenas en proyectos que les afecten. Estados Unidos, como Canadá, es uno de los pocos países que no han firmado la declaración. El 20 de agosto, los siux y el Consejo Internacional de Tratados Indios, con sede en San Francisco, enviaron una petición urgente a cuatro Relatores Especiales de la ONU para derechos humanos pidiéndoles que intervinieran en el caso del oleoducto.

“La construcción de este oleoducto se está llevando a cabo sin el consentimiento previo, libre e informado de la tribu, en contradicción directa con sus deseos expresados claramente”, puede leerse en la carta antes de una larga lista de lo que los miembros de Standing Rock ven como violaciones de sus derechos según los tratados. Los líderes siux, como Archambault, han sido señalados en el asunto del papel que tiene Dakota Access en lo que ven como un largo historial de explotación forastera, y si hubiera un derrame, y los siux no tuvieran agua potable −implican los autores de la carta− sería un delito no solo legal sino también moral.

“Esta entrega pide que se preste atención a las amenazas urgentes, que van a peor, y a las violaciones de los derechos humanos y la forma de vida de la tribu siux de Standing Rock, que depende en gran medida del río Misuri para su subsistencia y sus salud física y cultural”, declara la carta. “Envenenar el agua es envenenar la sustancia de la vida. Todo lo que se mueve debe tener agua. ¿Cómo podemos envenenar el agua de forma consciente?”.

Children listen to speakers at the camp on August 20, 2016. Photo by Rob Wilson for Bold Alliance
Niños escuchando a los oradores en el campamento el 20 de agosto de 2016. Foto de Rob Wilson para Bold Alliance
Artículo publicado por Maria Salazar
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