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ESPECIAL Fauna silvestre a la venta: ¿una actividad ilícita fuera de control en Perú?

Mono ardilla víctima del tráfico de fauna silvestre. Foto: Dan Collyns.

Mono ardilla víctima del tráfico de fauna silvestre. Foto: Dan Collyns.

  • En la última década, 383 especies han sido objeto de tráfico en el Perú, según la Sociedad para la Conservación de la Vida Silvestre (WCS).
  • Perú cuenta con cerca de 64 especies de animales en peligro de extinción. Algunos de ellos se pueden encontrar ahumados, a la parrilla o siendo sacrificados en el mercado de Belén, el puerto fluvial de Iquitos.
  • Los animales no solo son comidos, sino que también se venden como mascotas exóticas.
  • Entre 2000 y 2015, más de 11 000 partes de animales incluyendo plumas, huevos, caparazones, huesos y pieles fueron incautadas y 156 toneladas métricas de carne de animales silvestres confiscadas.

Perú es uno de los países con mayor biodiversidad en la tierra, hogar de una décima parte de la selva amazónica y de muchos otros ecosistemas. Sin embargo, sus especies son buscadas por los coleccionistas de todo el mundo y existe un creciente comercio interno de fauna silvestre, lo que sumado forma una de las economías ilícitas más rentables del país que corre en paralelo al crecimiento de la economía formal. Se trata de una actividad ilícita que empuja a las especies amenazadas al borde de la extinción.

La riqueza de flora y fauna que posee Perú lo convierten, para los expertos, en un gran centro para el tráfico de vida silvestre. Hablamos de la cuarta actividad ilícita más lucrativa en el mundo, después del tráfico de drogas, armas y seres humanos.

El tráfico ilícito de especies en peligro de extinción —que genera alrededor de 20 000 millones de dólares al año— fue el tema de la 17ª reunión de la Conferencia de las Partes del CITES (Convenio sobre comercio internacional de especies amenazadas de fauna y flora silvestres) en Johannesburgo, Sudáfrica, el mes pasado. La conferencia de fauna más grande de la historia pide cambios en los niveles de protección de 500 especies de animales y plantas silvestres.

Perú cuenta con alrededor de 64 especies de animales en peligro de extinción. Algunos de ellos se pueden encontrar ahumados, a la parrilla o siendo sacrificados en el mercado de Belén, el puerto fluvial de Iquitos. Iquitos es la capital de la región de Loreto, un departamento ubicado en la selva baja de la Amazonía —la región más grande de Perú que abarca un tercio del país.

Las comunidades indígenas tienen permiso para cazar y comer animales salvajes, pero no pueden vender la carne. Sin embargo, se puede confirmar en las calles laberínticas del mercado de Belén que estos productos de la selva tropical —que tienen prohibida su venta— ingresan a través de una red de afluentes del Amazonas. Trozos de carne de tapir amazónico (Tapirus terrestris) en peligro de extinción se apilan en las mesas plegables junto a las pezuñas de pecaríes, localmente conocidos como “sajinos” (Pecari tajacu), o de las patas del agouti paca o “picuro” (Cuniculus paca). La “motelo” o tortuga terrestre protegida de patas amarillas (Chelonoidis denticulata)— especie catalogada por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) como Vulnerable— es metida a la olla cuando aparentemente sigue con vida.

Mientras tanto, las autoridades tienen miedo de intervenir en la que consideran es una tradición local, de acuerdo con Clelia Rengifo, jefa de control del tráfico de vida silvestre para el Gobierno Regional de Loreto (GOREL). «Antes de que fuera una ciudad, Iquitos era parte de la selva así que aquí hay platos tradicionales a base de carne de animales silvestres”.

Rengifo añade que la policía ecológica del Perú debe actuar rápidamente cuando encuentra carne de animales silvestres en el mercado o «antes que uno se de cuenta hay un machetazo aquí, posiblemente un arma de fuego por allá, o aparece un cuchillo. ¡Es peligroso!»

Pero gran parte de la fauna de la selva tropical más grande del mundo, está ahora bajo amenaza. Los animales no solo son comidos, sino que también se venden como mascotas exóticas.

La venta de fauna silvestre viva es ilegal en Perú. Sin embargo, loros pequeños, conocidos localmente como “pihuichos”, chirrían desde los recipientes de plástico en Belén. Otros envases almacenan a las tortugas taricayas (Podocnemis unifilis), especie clasificada como Vulnerable en la lista roja de la UICN; caimanes negros juveniles, los cuales pueden superar los cinco metros de longitud cuando son adultos.

Si uno pregunta, también puede encontrar monos. Una mujer comerciante esconde en su pelo a un pequeño tití pigmeo (Cebuella pygmaea) y a un tamarino marrón (Saguinus fuscicolls). Conocidos localmente como monos de ‘bolsillo’, estos monos atraen tanto a turistas nacionales como internacionales que buscan mascotas exóticas, y que a menudo los compran para los niños.

Pero su compra solamente contribuye a un comercio que hace que los maten en la naturaleza, dice Noga Shanee, conservacionista y experta en primates que cofundó la institución Neotropical Primate Conservation, con sede en Perú.

«La mujer sabe cómo mantenerlos con vida, pero tan pronto los vende muchos de ellos mueren en las primeras semanas ya que necesitan de su madre y de leche especial,» dice Shanee a Mongabay Latam.

«Para atraparlos tienen que atrapar a la madre y muchas veces la matan», agrega.

Dejando al bebé tití pigmeo —la especie más pequeña del mundo— y al tamarino en un destino incierto, Shanee les pregunta ahora a los comerciantes dónde se puede comprar monos más grandes. A solo un corto viaje en bote por el río Itaya observamos, a la ribera del río, una casa de madera construida con pilotes.

Vestido con shorts de fútbol, Germán Serrubio de 45 años camina descalzo sobre los tablones desiguales de su casa señalando un mono ardilla (Saimiri sciureus) y a un tamarino atado a una pata de la silla. Un recipiente boca abajo es levantando para revelar los ojos brillantes de color naranja de un mono nocturno (Aotus nancymae), conocido localmente como “musmuqui”. Lo que nos sorprende más, sin embargo, es un bebé mono choro (Oreonax flavicauda) que se adhiere fuertemente al pecho de Shanee por puro instinto infantil. Serrubio pide alrededor de 50 dólares por el mono, aunque después reduce el precio a la mitad.

Él afirma que toma grandes pedidos de coleccionistas extranjeros, uno en particular conocido como «Michael» que era dueño de un zoológico en Colombia. Ellos llegan a Iquitos en un avión privado, cuenta Serrubio, y luego afirma haber enviado 200 caimanes a un zoológico informal cerca de Lima, la capital peruana.

«He enviado tapires, capibaras, ocelotes, osos hormigueros, perezosos, otras especies como loros, guacamayos, pecaríes. Yo les puedo enviar todo lo que piden», sostiene, sentado en una silla debajo de un tendedero, mientras sus hijos pequeños alimentan a los monos con plátanos.

Serrubio cuenta que cuando llegó a Belén, pudo mantener a su familia y pagar la educación de sus hijos gracias a las personas que compraban animales a los pobladores ribereños. La seguridad del aeropuerto hace que sea más difícil traficar animales en aviones, así que la mayoría es llevada río arriba, atravesando la Amazonía hasta llegar a Pucallpa, capital de la región vecina de Ucayali, y desde allí por carretera son trasladados hasta la costa peruana del Pacífico, continúa Serrubio.

En el momento de la publicación, Serrubio había sido detenido y puesto en libertad condicional, mientras que los fiscales investigaban si debería ser formalmente acusado de tráfico ilícito de fauna silvestre. Aunque los casos están bajo investigación, hasta ahora nadie ha sido encarcelado por tráfico de vida silvestre en Loreto, confirma Ángela Piñedo, la fiscal ambiental local.

En respuesta a las acusaciones de corrupción en el gobierno regional, Clelia Rengifo señala que los funcionarios públicos estaban mal pagados, lo cual «a veces dio lugar a actos criminales». Entre enero y julio del 2016, Loreto solo confiscó 447 animales vivos, alrededor de un tercio de los 1478 animales en la región vecina de San Martín, en un período similar (enero y agosto del 2016), según datos de la Policía ecológica del Perú.

La Sociedad para la Conservación de la Vida Silvestre (WCS) ha identificado, durante la última década, 383 especies que son objeto de tráfico en el Perú. Las rutas son bien conocidas e incluyen más de 40 mercados en 10 ciudades, incluida la capital, Lima. Suministrado por Iquitos y otras ciudades amazónicas, loros o monos con frecuencia son confiscados en las fronteras.

Sin embargo, se estima que nueve de cada diez animales traficados mueren en el camino, según Yovana Murillo de la WCS, experta que ha recopilado los datos más fiables sobre el tráfico de fauna y partes de animales en el país.

Durante los últimos quince años, 67 874 animales han sido decomisados en el Perú, de acuerdo con los datos del Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (SERFOR) analizados por la WCS. El 89 % de las intervenciones corresponde a vertebrados y el 11 % a invertebrados. Del primer grupo, el 34 % eran aves, 27 % reptiles, 27 % mamíferos y 1 % anfibios.

En el mismo período, más de 11 000 partes de animales incluyendo plumas, huevos, caparazones, huesos y pieles también fueron incautadas y 156 toneladas métricas de carne de animales silvestres confiscadas, principalmente de la paca común (Cuniculus paca) y dos especies de pecaríes: el pecarí de collar (Pecari tajacu) y el pecarí barbiblanco (Tayassu pecari).

Estas cifras solo pueden representar una fracción de las verdaderas estadísticas del tráfico de vida silvestre en el Perú, que, por su propia naturaleza, es muy difícil de cuantificar.

Con el respaldo del Fish and Wildlife Service de los Estados Unidos, la WCS y otras organizaciones están utilizando los redes sociales para impulsar una campaña contra el tráfico de vida silvestre en el Perú.

La educación es vista como clave para luchar contra el tráfico ilícito de animales exóticos, informando al público, por ejemplo, de que los monos bebés vendidos a los turistas son huérfanos debido a que los cazadores matan a sus madres deliberadamente.

Si son afortunados, los monos bebés rescatados de traficantes en Loreto pueden refugiarse en la Granja de Mariposas «Pilpintuwasi» y el orfanato de animales. Dirigido por una austriaca de 55 años, Gudrun Sperrer, se trata del primer lugar que ha reproducido con éxito y en cautiverio al uacarí calvo (Cacajao calvus), el cual está en peligro de extinción.

Los traficantes alientan deliberadamente a los cazadores del pueblo para que sus blancos sean los monos con bebés, le explica Sperrer a Mongabay Latam. «La idea es que puedan comerse a la madre y vender al bebé. Eso significa que las generaciones futuras ya están muertas».

Los turistas que compran animales bebés pensando que pueden rescatarlos, solamente empeoran la situación. En su lugar, deben reportarlo a las autoridades pero siempre permaneciendo alertas a la corrupción, señala Sperrer.

«Avisa a la policía ecológica y en el mejor de los casos anda con la policía ecológica allí porque, por desgracia, debido a la necesidad e ignorancia, hay una gran posibilidad de que la policía no decomise el animal pero sí consiga un poco de dinero en su lugar”, sostiene Sperrer

A través de visitas guiadas y trabajando con las escuelas locales, ella busca crear conciencia sobre el verdadero impacto que tiene el comercio de animales exóticos y animales vivos para ser exhibidos en los zoológicos.

«Como país, sabemos que estamos perdiendo millones y millones de dólares, porque estos animales son sacados ilegalmente», precisa Jessica Gálvez, directora de gestión de patrimonio de fauna silvestre del Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (SERFOR).

Sin embargo, en San Martín, una región amazónica al oeste de Loreto, un equipo dedicado a combatir el tráfico de vida silvestre ya está obteniendo resultados.

Jóvenes voluntarios operan como observadores en un mercado local en Tarapoto, identificando a quienes están vendiendo carne de animales silvestres, a menudo debajo de las mesas, para luego informar a las autoridades y que estas ingresen discretamente. En una incursión en ‘El Huayco’, uno de los varios mercados de la ciudad, la policía ecológica confiscó 26 kilogramos de carne de animales silvestres incluyendo la carne de venado, pecarí y paca. La carne fue más tarde donada a un orfanato local.

«Se prohíbe la venta de carne de animales silvestres y los capturados serán multados hasta con 10 000 dólares», indica el oficial de protección del medio ambiente Vladimir Paredes. Es una suma que pocos pueden permitirse el lujo de pagar.

«Es la ley y no se puede decir que no saben de ella porque constantemente llevamos a cabo incursiones en esta área y en todos los mercados de la región», añadió.

Una multitud de personas se reúne en el momento que los agentes de la policía confiscan la carne de animales. La mayoría considera insignificante esta actividad en comparación con la deforestación causada por la tala ilegal, que, según ellos, las autoridades pasan por alto.

«Ellos hacen cumplir la ley contra los más indefensos, mientras los más poderosos se salen con la suya a la hora de destruir la selva», dice un hombre.

Pero, poco a poco, siguiendo la ley, el mensaje parece estar quedando claro. El tráfico de animales silvestres es ilegal en Perú y la venta de sus partes también lo es. Confiscar un taller lleno de animales disecados en Lamas, una ciudad turística cercana, podría parecer excesivo, pero esta es la vigilancia que caracteriza a este equipo.

Las revisiones diarias de los vehículos que viajan por la carretera principal que conecta la cuenca del Amazonas a la costa norte de Perú, ejercen mayor presión sobre la red de traficantes. En una mañana la policía ecológica aprovechó para confiscar tres boas y un perezoso de tres dedos.

«El tráfico de fauna es un delito, antes podías salirte con la tuya con solo una advertencia, pero ya no más. En otras palabras, si te pillan con los animales salvajes podrías ser detenido y terminar delante de un juez», explica Fabio Reyes, un alto oficial de la policía ecológica en San Martín.

Sin embargo, la rigurosa aplicación de las leyes en San Martín, una de las cinco regiones amazónicas de Perú, parece ser la excepción y no la regla. No obstante, hay indicios de que las actitudes están cambiando entre las generaciones más jóvenes.

Darwin Loja cuida a los mamíferos acuáticos, especialmente a los manatíes del Amazonas, en el Centro de Rescate Amazónico, cerca de Iquitos, en Loreto. La mayoría de los animales que reciben son huérfanos y necesitan ser alimentados con leche para poder sobrevivir. Muchos de los manatíes llegan con lesiones causadas por las hélices de los barcos, que son una de las causas más importantes de la muerte de estos animales. Estos tiernos herbívoros acuáticos a menudo son utilizados para adornar las lagunas en los jardines de algunas personas. Como en el caso de los primates, muchas veces matan a las madres de los manatíes y luego se comen su carne.

Los niños, cuenta Loja, se han convertido en sus aliados, porque suelen apoyar los rescates cuando ven que sus padres tienen un manatí bebé en una piscina o estanque.

«El niño dice: ‘Papá, ¿por qué lo tienes ahí si sabes que en Iquitos los pueden cuidar? Gracias al niño el padre piensa en ello, nos llama y organizamos su rescate porque sabe que el bebé no podrá vivir sin su madre».

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