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Moratoria de Soya del Amazonas: ¿frena la deforestación o es un lavado de imagen?

  • Al principio de la década del 2000, la indignación pública por el desmonte del Amazonas para la producción de soya hizo que empresas multinacionales del grano como Cargill, Bunge y Amaggi, de Brasil, se unieran a los productores de soya y a ONG ecologistas como Greenpeace para firmar la Moratoria de Soya del Amazonas, que es voluntaria y prohíbe la conversión directa del bosque amazónico en plantaciones de soya desde 2006.
  • Los signatarios del acuerdo han proclamado su fenomenal éxito desde hace tiempo. Un estudio de 2014 descubrió que en los dos años anteriores al acuerdo, casi el 30 por ciento de la expansión de soya en el bioma del Amazonas se dio a través de la deforestación. Pero después de la Moratoria, la deforestación directa para soya cayó a solo un 1 por ciento de la expansión para soya en el bioma del Amazonas.
  • Los críticos dicen que estas estadísticas esconden importantes fallos de la Moratoria: que su aparente éxito se debe en gran parte a que ya había tanta tierra deforestada en el Amazonas para 2006 que había mucho espacio para la expansión de soya sin cortar el bosque. Además, los pastos desmontados a los que se trasladó la soya, muchas veces desplazaban el ganado al bosque, cortado nuevamente por los acaparadores de tierras para los ganaderos.
  • Lo más preocupante: la Moratoria cubre solo uno de los biomas de la Amazonía Legal. Aunque protege el Amazonas de forma marginal, no cubre la sabana del Cerrado, donde los productores de soya han talado de forma agresiva millones de acres de hábitat biodiverso —los críticos ven la Moratoria como una herramienta para lavar la imagen de empresas y ONG; sus defensores dicen que inspiró otros acuerdos sobre la deforestación tropical en todo el mundo.
Hay una asombrosa pérdida de biodiversidad donde la selva se convierte en soja. Foto de Mayangdi Inzaulgarat

La cuenca del río Tapajós está en el corazón del Amazonas y el corazón de una polémica explosiva: si construir más de 40 presas, una vía férrea y autopistas que convertirían la cuenca en un amplio corredor industrializado de exportación de productos, o reducir este desarrollo y conservar una de las regiones más ricas del planeta biológica y culturalmente.

Los que luchan para dar forma al destino de la cuenca tienes opiniones opuestas, pero como el Tapajós es una región aislada, pocas de estas visiones se publican en los medios. La periodista Sue Branford y el científico social Mauricio Torres viajaron allí recientemente para Mongabay y en las próximas semanas esperan arrojar algo de luz sobre el acalorado debate que decidirá el futuro del Amazonas. Este es el noveno de sus artículos.

 

A principios del siglo XXI, una fuerza irrefrenable de producción de soja en expansión avanzó en la selva brasileña, comprimiendo el Amazonas de forma incesante. Los productores de soya llegaron del sur, invadiendo el bosque nativo del estado de Mato Grosso, luego saltaron sobre gran parte del estado de Pará hasta el distrito de Santarém, con su plana meseta, ideal para la agroindustria.

Los movimientos sociales de Brasil dieron la alarma. Estaban preocupados, justificadamente, porque la soja podría destruir medios de vida de la selva y el bioma del Amazonas. En la fiesta de los Mayos de 2004, protestantes —que actuaban al unísono con los manifestantes del movimiento laboral de Brasil— celebraron una gran manifestación en Santarém en la nueva terminal de grano propiedad de Cargill, el comerciante de grano más grande de EE.UU.

La ofensiva antisoja, a la que se unió la ONG ambiental Greenpeace, se convirtió en algo urgente: la deforestación en el Amazonas estaba explotando. En 2003-4, la pérdida anual de bosque alcanzó 27 000 kilómetros cuadrados (10 424 millas cuadradas).

Índices anuales de deforestación en la Amazonía Legal (km2/año) de 1994 a 2006. Fuente de la información: Prodes/Inpe. El gráfico de barras fue dibujado por el Instituto Socioambiental (ISA)

Interés internacional

En 2006, Greenpeace publicó un informe contundente llamado «Eating up the Amazon» (Comerse el Amazonas), que mostraba que la soya se había convertido en una importante causa de deforestación. La ONG acusó a los restaurantes de comida rápida, supermercados y empresas agrícolas de un “delito forestal” por su incapacidad de gestionar de forma responsable una cadena de suministro de soya de 4000 millas que empezaba con la tala de bosque virgen del Amazonas y acababa en cebaderos de aves, cerdo y vacuno, y en los platos de las mesas estadounidenses y europeas.

La historia tuvo eco en la prensa internacional. McDonalds, Walmart y otras grandes empresas de alimentación internacionales buscaron la forma de sacar brillo a una imagen pública deslucida. En un rápido intento de hacer control de daños, contactaron con los grandes comerciantes de grano, como Cargill y Bunge, y empezaron a hablar con Greenpeace.

El resultado: la Moratoria de Soya del Amazonas, el primer acuerdo voluntario importante sobre deforestación cero conseguido en los trópicos. En el pacto, el 90 por ciento de las empresas en el mercado de la soya brasileña acordaron no comprar soya que se hubiera cultivado en tierra deforestada después de 2006 en el bioma del Amazonas, y también hacer una lista negra con los agricultores que utilizaran mano de obra esclava.

No obstante, incluso antes de que se firmara la moratoria, el índice anual de deforestación en el Amazonas cayó de forma drástica en casi un 50 por ciento. Aun así, la Moratoria se erigió en responsable de ese descenso notable, y Ethical Consumer la llamó «increíble éxito» y Cargill la publicitó como «éxito rotundo«.

Este logro presentado llevó a múltiples renovaciones, y en 2016, la industria de la soya decidió hacer la Moratoria permanente. El único cambio importante en el tiempo fue el cambio en el punto de partida, que originalmente se había fijado en 2006 y se movió a 2008 para que encajara con el polémico código forestal del gobierno de 2012, que según los ecologistas hacía concesiones a los que talaban el bosque de forma ilegal.

Hoy en día la cuestión es: ¿ha tenido la Moratoria verdaderamente un papel clave en la contención de la deforestación del Amazonas? Y, ¿se había diseñado para conseguir ese resultado? ¿O ha servido como una herramienta de relaciones públicas para la industria que distrae a los consumidores del daño social y ambiental que causan las plantaciones de soya de gran tamaño en Brasil?

Camiones sin matrícula sacan troncos de forma ilegal de una unidad de conservación cerca de Uruará. La tala ilegal sigue siendo una causa importante de deforestación en el Amazonas, a pesar de la implementación de la moratoria de soya. Foto de Sue Branford

Medir la moratoria

En 2014, los científicos decidieron investigar profundamente la efectividad general de la Moratoria. La profesora adjunta de geografía de la Universidad de Wisconsin-Madison, Holly Gibbs, y su equipo publicaron sus resultados en la prestigiosa revista académica Science en enero de 2015:

En los dos años que precedieron al acuerdo, casi el 30 por ciento de la expansión de soya [en el bioma del Amazonas] había ocurrido a través de la deforestación más que por la sustitución de pastizales u otros terrenos ya desmontados. Después de la moratoria, la deforestación para soya descendió drásticamente, hasta solo un 1 por ciento de expansión en el bioma del Amazonas para 2014.

Parece una reivindicación inequívoca de la moratoria, pero no necesariamente lo es.

El estudio señala que muchos agricultores en Mato Grosso, que acumulaban el 85 por ciento de la soya plantada en el bioma del Amazonas, seguían talando el bosque de forma ilegal en su tierra a pesar de afirmar que cumplían con la Moratoria:

Al menos 627 propiedades en Mato Grosso violaron el código forestal brasileño y talaron bosque ilegalmente durante la Moratoria de soya. Aun así, solo 115 propiedades quedaron excluidas de la Moratoria por violaciones. Esta discrepancia puede ocurrir porque la moratoria regula solo la porción de propiedad donde la soya se cultiva, no la propiedad entera.

Ese vacío puso en riesgo la efectividad de la Moratoria y cuestiona las enormes reducciones en la deforestación que los agricultores de soya dicen haber conseguido en el bioma del Amazonas —pero esa limitación no se ha mencionado nunca en los materiales promocionales de la Moratoria que han circulado sus defensores.

“No más deforestación en el Amazonas”. Protesta de Greenpeace en Brasilia, diciembre de 2007. Greenpeace tuvo un papel protagonista en las negociaciones de la Moratoria de Soya del Amazonas con las empresas internacionales de productos básicos y los productores de soya. Foto cortesía de Agência Brasil

Es cierto que la deforestación del Amazonas cayó drásticamente durante gran parte del periodo de moratoria. ¿Qué causó ese descenso si no fue la Moratoria? Un estudio publicado por Science en 2014 descubrió que al menos tres factores influían en la reducción, y que el impacto de la Moratoria era marginal. En una entrevista con Mongabay, el investigador principal y director del Earth Innovation Institute, Dan Nepstad, avisó: “Es imposible cuantificar exactamente el efecto de la moratoria sobre la deforestación. Creo que fue responsable de un 5 a un 10 por ciento de la disminución total”.

Otros dos factores tuvieron consecuencias mayores, según descubrió su equipo. Para 2004, se había talado tanto bosque amazónico que había mucho terreno para la expansión agrícola, y utilizar esa tierra ya desmontada no violaba la Moratoria. El segundo factor está relacionado con “mejoras en los rendimientos de la ganadería, que habían reducido la demanda de más terreno desmontado”.

Al evaluar la efectividad global de la Moratoria es importante observar qué ha conseguido exactamente. El equipo de Gibbs fue extremadamente prudente en la conclusión de su estudio de 2015 al afirmar que: “la deforestación para soya descendió drásticamente”. Las ONG y algunos en la prensa no fueron tan meticulosos. Greenpeace, por ejemplo, afirmó que la moratoria representaba “un gran paso hacia la detención de la deforestación del Amazonas”.

Esa afirmación no es correcta: lo que la moratoria pretendía hacer y ha conseguido en gran medida era frenar la tala de bosque amazónico que se realiza directamente para plantar soya. Sin embargo, eso es muy diferente de frenar la deforestación en el Amazonas.

Llanura deforestada en la Amazonía brasileña, que ahora se utiliza para el ganado. Los pastizales premoratoria se pueden convertir en plantaciones de soya sin violar la Moratoria. Rhett A. Butler

Escapatorias de la moratoria

Había otras formas, además de la descrita en el estudio de Gibbs, a través de las cuales los agricultores evitaban la Moratoria.

Cuando, por ejemplo, los productores de soya se trasladan a pastizales desmontados antes de 2008, están cumpliendo con la Moratoria totalmente. No obstante, el ganado desplazado con ese traslado requerirá nuevos pastos, que podrían obtener los ladrones de tierras del Amazonas que echan a los pueblos indígenas y tradicionales, utilizan la roza y quema en la selva y venden ese nuevo pastizal a los ganaderos.

“A menudo, el cultivo de soya se traslada a zonas donde se cría el ganado, y el ganado se desplaza al bosque”, explica Bernardo Machado Pires, que gestiona asuntos ambientales para la Asociación Brasileña de Industrias de Aceites Vegetales (ABIOVE). Continúa diciendo: “La industria de la soya es responsable indirectamente”.

Una investigación llevada a cabo en 2006 por Dan Nepstad llegó a una conclusión parecida: “En mis entrevistas con agricultores en Mato Grosso varias personas hablaron sobre la forma en que los productores ganaderos (y ladrones de tierras) consiguen capital vendiendo su tierra a agricultores de soya”.

Greenpeace era consciente de ese vacío legal del ganado y ayudó a negociar un trato con las tres empresas cárnicas más importantes de Brasil que aceptaron no comprar ganado que se hubiera criado en bosque talado de forma ilegal en el Amazonas o en propiedades que utilizaran mano de obra esclava. No obstante, parece que el acuerdo se infringe habitualmente. Cuando estuvimos en el distrito de Castelo de Sonhos en 2014, los empleados de la empresa cárnica más grande de Brasil, JBS, nos dijeron que las empresas cárnicas también habían encontrado formas de evitar las normas del acuerdo. La más extendida, según contaron, es “el blanqueo de ganado” con el cual los dueños del ganado desplazan a los animales que se criaron en territorio talado de forma ilegal a pastos establecidos justo antes de matarlos.

La producción de soya a gran escala produce deforestación en el Amazonas de otra forma: las nuevas carreteras mejoradas —como la autopista BR-163, por la que presionaron los productores de soya y que se construyó principalmente para trasladar la soya desde el interior de Brasil para venderla— dan acceso al corazón del Amazonas a taladores ilegales, acaparadores de tierras y ganaderos.

Contra el fondo de la frondosa selva amazónica, los incendios provocados intencionadamente para desmontar el terreno para agricultura siguen la autopista BR-163 en 2014, un proceso que revela tierras rojizas. Una larga línea de nuevos parches para agricultura serpentea al este de la BR-163 hacia el remoto valle Río Crepori. Las áreas extensamente deforestadas en el estado de Mato Grosso aparecen sombreadas en la parte de arriba de la imagen. Los incendios muestran el avance de la deforestación en el estado de Pará, ahora el segundo tras Mato Grosso en superficie deforestada. Foto y análisis cortesía de la NASA

Las empresas de productos básicos Cargill, Bunge y Amaggi (la mayor productora de soya de Brasil) también están comprometidas con la expansión de una infraestructura de transporte de soya enorme que atravesaría el corazón de la Amazonía Brasileña, ayudando a deforestar una región conocida como cuenca del Tapajós, al llevar nuevas carreteras, vías férreas y una vía navegable industrial, además de 40 grandes presas.

Centrarse en un bioma e ignorar otro

Con tanta atención de los medios concentrada en la Moratoria, otro problema grave —el de la destrucción de El Cerrado, la biodiversa sabana de Brasil— ha sido ignorado. La Amazonía Legal (tal como la demarca el gobierno de Brasil) cubre dos biomas: el bioma del Amazonas y el bioma de El Cerrado. La Moratoria solo cubre el primero.

Ambos biomas de la Amazonía Legal cuentan con mucho espacio para que la industria de la soya se expanda sin violar la carta del acuerdo de la Moratoria.

“Todavía hay 40,5 millones de hectáreas [156 371 millas cuadradas] de tierra antropizada [degradada por la actividad humana] con aptitud alta o media para soya —22 millones de hectáreas [84 942 millas cuadradas] en la Amazonía y 18,5 millones de hectáreas [71 428 millas cuadradas] en El Cerrado. Está principalmente ocupada por pastizales y allí es donde el gobierno debería dirigir la futura expansión para grano”, dice el científico Arnaldo Carneiro del Instituto Nacional de Investigación sobre la Amazonía (INPA), cuyo estudio observaba las posibilidades de expandir la agricultura comercial en la región.

La Amazonía Legal abarca todo el bioma del Amazonas y una Porción del bioma del Cerrado. La Moratoria solo cubre solo el Amazonas, y nada del Cerrado. Mapa de Mauricio Torres

Aunque el trabajo de Carneiro, junto con otros estudios apoyados por la industria agrícola, defiende que esa amplia superficie es una solución “sostenible” para la necesidad de nuevas tierras de cultivos de la industria, eso no significa que toda esté disponible para grandes agricultores. Gran parte está ocupada por variedad de grupos —como ladrones de tierras, ganaderos, comunidades campesinas y tradicionales y asentamientos de reforma agraria—, un hecho que podría conllevar un gran conflicto, especialmente en el bioma del Amazonas, antes de que el destino de este territorio se decida. Para añadir complejidad al análisis de la deforestación: parte de esa tierra “disponible” se habrá desmontado después de 2008 y, al menos sobre el papel, no se puede utilizar para soya según la Moratoria.

Eso no es un problema para las empresas agrícolas en el Cerrado: toda la soya que se produce allí se puede comerciar con la afirmación de que causó “deforestación cero en la cadena de producción” aunque se cultivara en tierra recientemente desmontada, afirmación correcta según la Moratoria pero engañosa. Por desgracia para Brasil, el mundo y las especies que viven allí, el Cerrado es una de las regiones de sabana tropical más ricas del mundo con altos niveles de endemismo.

Sin embargo, esa biodiversidad se está desvaneciendo rápidamente. Los investigadores utilizaron recientemente datos de satélite para determinar que las tierras de cultivo de El Cerrado dentro de un área de estudio de 45 millones de hectáreas (173 745 millas cuadradas) en Matopiba se habían duplicado en la última década, en la que pasó de 1,3 millones de hectáreas (5019 millas cuadradas) en 2003 a 2,5 millones de hectáreas (9652 millas cuadradas) en 2013.

Tractores despejando el cerrado. La expansión de soya procede a toda velocidad allí. Mighty Earth, una organización ecologista mundial, informó recientemente de que: “En el Cerrado, visitamos 15 lugares que se extendían en cientos de kilómetros. Una y otra vez encontramos lo mismo: grandes zonas de sabana recién convertidas en enormes monocultivos de soya que se alargaban hasta el horizonte. Las chacras eran normalmente grandes operaciones comerciales que ocupaban cientos de hectáreas. Utilizamos drones aéreos para seguir a los tractores a medida que se abrían paso en la antigua sabana y observamos a los agricultores de soya utilizar incendios sistemáticos para quemar los escombros y despejar la tierra, lo cual enviaba un humo acre a toda la región”. Foto de Rhett A. Butler

Los expertos han cuestionado seriamente la sensatez de situar tanto énfasis a través de la Moratoria en el daño causado exclusivamente a los bosques tropicales. En 2015 Gibbs pidió que la Moratoria de Soya del Amazonas se extendiera a El Cerrado: “Si la expansión de soya a gran escala continúa en Matopiba, la vegetación que queda podría ser susceptible a la conversión de soya sin otras salvaguardas adicionales. Expandir la Moratoria de Soya podría reducir la conversión continua de la vegetación de El Cerrado en soya”.

Pero eso aún no ha pasado.

El ministro del Ambiente de Brasil, José Sarney Filho, sugirió el año pasado que la moratoria se extendiera a El Cerrado y empezaron las conversaciones, dice Tica Minami, líder del Proyecto del Amazonas de Greenpeace en Brasil. Sin embargo, no se ha conseguido ningún acuerdo, principalmente porque la industria de la soya es, supuestamente, muy reacia a sumarse la iniciativa.

Mientras tanto, la expansión de la soya continúa a toda marcha. Mighty Eatrh, organización global ecologista envió investigadores a la región hace poco. Viajaron cientos de millas en el Cerrado y, para su desaliento, siempre encontraron lo mismo: “Grandes áreas de sabana recientemente convertidas en enormes monocultivos de soya que se alargan hasta el horizonte”.

Los agricultores confirmaron a Mighty Earh que venden principalmente a Cargill y Bunge —dos importantes signatarios de la Moratoria— y que las empresas les suelen ofrecer los incentivos que están alimentando la transformación de la sabana.

Una sección recientemente despejada de El Cerrado en Brasil. El Cerrado alberga el 44 por ciento de la agricultura del país. Los bosques que quedan se desvanecen rápidamente, convertidos en soya y otros cultivos. Foto de Rhett A. Butler

El informe de Mighty Earth exige una moratoria allí: “El tipo de deforestación que encontramos en El Cerrado… no es inevitable. En la Amazonía brasileña, Cargill, Bunge y otras empresas han encontrado la forma de proteger ecosistemas y seguir con sus negocios”. No obstante, los críticos afirman que la Moratoria solo funcionó en el bioma del Amazonas porque ya se había despejado mucho terreno allí —junto con las tierras de El Cerrado excluidas de la Moratoria— en el que podían expandir sus cultivos los productores de soya sin infringirla.

Eso permitió que las empresas publicitaran su éxito en la protección del bosque sin cambiar de forma esencial su modo de operar. Mientras Cargill ayuda a destruir El Cerrado, la empresa puede utilizar la Moratoria para cubrirse con un aura de sostenibilidad verde, afirmando en su web:

En Brasil, hemos visto un gran progreso al colaborar para avanzar con la moratoria de soya en el Amazonas durante más de una década. En la actualidad, trabajamos con más de 15 000 agricultores de soya y colaboramos con gobiernos, ONG y socios para implementar el código forestal de Brasil y avanzar en la protección de los bosques”.

Así, aunque las empresas ayudaban a destruir El Cerrado, Cargill, con Greenpeace y McDonalds, recibió el Premio Keystone por su “liderazago en la reducción significativa de la deforestación” en 2015. Bunge, Cargill y Amaggi no respondieron a las peticiones de comentarios para este artículo.

Dona Maria Alba Pinto de Souza: “Toda mi vida está ahora en medio se granos de soya, agricultores de soya… Han intentado comprar mi parcela tres veces pero yo no quiero venderla… Si vendo mi tierra, tendré que vivir debajo de un puente. Foto de Mayangdi Inzaulgarat

Soya, medioambiente y justicia social

Aunque las empresas de productos básicos airean a viva voz su éxito en la detención de la deforestación, ignoran otros impactos de la industria de la soya. El uso de pesticidas, por ejemplo, se pasa por alto en los materiales promocionales de la Moratoria, según el Dr. Wanderlei Pignati, profesor de la Universidad Federal de Mato Grosso y autor de varios estudios sobre los efectos de los pesticidas en la salud y el medioambiente.

Le contó a Mongabay que unos 200 millones de litros (casi 52 millones de galones) de productos agroquímicos se vierten cada año en los cultivos de Mato Grosso. Esos usos pueden causar “cáncer, malformaciones fetales, alteraciones del sistema endocrino, enfermedades neurológicas, trastornos mentales, y trastornos respiratorios e intestinales”.

La Moratoria eclipsa otros daños causados por la soya, según dicen los defensores sociales de Brasil, aunque sin intención y en la mayoría de los casos, sin que se sepa públicamente. El problema: los estudios que cuantifican las zonas degradadas de bosque solo miden la superficie, no tienen en cuenta a las comunidades tradicionales ni las tierras indígenas, a menos que se hayan demarcado de forma oficial (algo que el gobierno de Brasil no ha hecho en muchas reservas).

Por esa razón, las tierras indígenas y tradicionales a veces se clasifican como lugares donde la soya se puede extender libremente con la Moratoria.

Eso ha llevado a injusticias, según los expertos. Aunque la Moratoria puede proteger la selva amazónica en el distrito de Santarém —donde la soya estaba consumiendo grandes bloques de bosque entre 2003 y 2005—, las comunidades locales están pagando un alto precio porque su tierra está en el punto de mira de las empresas agrícolas.

Muchas comunidades indígenas, campesinas y tradicionales despejan zonas boscosas con cuidado, las utilizan durante un tiempo y luego permiten que la tierra se recupere sin destruir la biodiversidad. Esta forma tradicional de ocupar la tierra se desarrolló durante siglos y representa un método exitoso y sostenible de gestión agroforestal. Sin embargo, las zonas de bosque que la gente deja en barbecho, y a las que piensan volver, se están contando en la MSA como zonas despejadas y, por lo tanto, no están protegidas por la moratoria.

La trabajadora rural y líder del sindicato Maria Ivete Bastos vive en una de esas comunidades. Le dijo a Mongabay que: “La soya se ha llevado una gran parte de nuestro territorio, donde plantábamos nuestros cultivos. La gente pequeña no puede luchar contra la gente grande, así que tuvimos que entregar nuestra tierra. En algunos casos la vendimos toda y nos quedamos con solo una pequeña parcela alrededor de la casa”.

Maria Ivete recolectando mangos. Los pueblos tradicionales han practicado la agroforestería durante siglos. Cortaban el bosque, plantaban sus cultivos y luego restauraban el bosque. Sin embargo, una vez un bosque se tala ya no tiene la protección de la Moratoria y puede ser adquirido por los productores de soya, que expulsan a los habitantes tradicionales. Foto de Mayangdi Inzaulgarat

 

Los agricultores de soya suelen expropiar tierra que es valiosa y que utilizan las comunidades rurales en la Amazonía. Pequeñas parcelas para agricultura de subsistencia, campos de fútbol, colegios e iglesias se han convertido en plantaciones de soya sin violar la Moratoria y a pesar de las objeciones de la comunidad. Este cementerio rural en el distrito de Santarém se escapó por poco de ese destino, pero ahora está rodeado de soya. Foto de Mayangdi Inzaulgarat

Ivete se queja de la contaminación de las plantaciones de soya cercanas: “La gente que vivía en la llanura tenía arroyos y utilizaban el agua… toda esa agua se ha contaminado porque los agricultores de soya pusieron allí sus productos, los pesticidas que utilizan en sus plantaciones”.

Otra trabajadora rural, Dona Maria Alba Pinto de Souza, de 62 años, cuenta desesperada: “Toda mi vida ahora está en medio de semillas de soya y agricultores de soya. Plantan su soya, y eso es malo para nosotros porque no se puede ni criar animales”.

Dice que los agricultores de soya quieren que se vaya: “Han intentado comprar mi parcela tres veces, pero yo no quiero venderla”.

Dona Maria cree que si vende su tierra, se quedará “en el suelo, con hambre y sin nada que comer más que pan y café. Conozco a mucha gente que vendió su parcela y ahora viven en Santarém con nada. No tienen trabajo. Sus hijos viven al margen de la sociedad y sus hijas acaban como prostitutas. Si vendo mi tierra, tendré que vivir debajo de un puente

¿Moratoria de soya o lavado de imagen?

El problema subyacente —como se muestra en artículos anteriores de esta serie— es que la producción de soya mecanizada a la gigantesca escala industrial que se lleva a cabo en Brasil lleva a drásticos cambios en el uso de la tierra y destruye la biodiversidad. Concentra la propiedad de la tierra en unos pocos ricos mientras aumenta la desigualdad social y fracasa en atajar la pobreza.

Visto así, la Moratoria aborda solo un pequeño aspecto de la producción de soya: reduce algo la deforestación directa del Amazonas para soya, pero ignora serias preocupaciones que, de hecho, nunca estuvieron en su planteamiento.

En respuesta, los defensores de la moratoria de la soya apuntan a la deforestación que la Moratoria sí que ha evitado y señalan que la moratoria se convirtió en el modelo para los compromisos de deforestación cero en los sectores mundiales de aceite de palma, papel y pasta de papel y caucho, además de ayudar a dar forma al acuerdo sobre ganado de Brasil.

Cierto, pero las pruebas reunidas para este artículo muestran que el modelo, en realidad, prometió muy poco y eso fue lo que cumplió. Al mismo tiempo, algunos defensores de la Moratoria hicieron afirmaciones extremadamente exageradas e incluso la presentaron como “una revolución para el Amazonas”, mientras distraían la atención mundial de los graves problemas que crea la soya, dando más poder a un sector que causa una devastación ambiental y social extendida. Esto ha hecho que algún analista progresista brasileño etiquete la Moratoria como poco más que propaganda y lavado de imagen.

Mosaico de reservas forestales, pastizales y campos de soya en la Amazonía brasileña. La Moratoria entró en vigor en 2006, pero para entonces ya se había despejado mucha tierra (especialmente antiguos pastizales) que podían convertirse en plantaciones de soya de forma barata, así que había poca necesidad de cortar más bosque amazónico para expandir la industria. Foto de Rhett A. Butler

Incluso así, otros analistas, como Dan Nepstad, creen que los beneficios de la Moratoria superan a las desventajas, aunque le preocupa el futuro. Su estudio de 2014 avisa: “Al final, la tierra despejada adecuada para la producción de soya —el uso más rentable del terreno desmontado— será escasa. Cuando llegue la escasez, los 120 000 kilómetros de bosque que se podrían convertir rentablemente en soya en la Amazonía brasileña y que están fuera de zonas protegidas serán el objetivo de la deforestación”.

En ese momento, la moratoria podría ser significativa. Aunque todavía está por ver si el compromiso tan publicitado de las empresas agrícolas con la Moratoria, un acuerdo voluntario, y con la protección de la selva seguirá en pie cuando realmente sea importante.

Antônio Ioris, profesor de geografía humana en la Universidad de Cardiff y autor de un libro sobre la agroindustria en Mato Grosso, cree que hasta ahora la moratoria no ha afectado mucho la forma en que la agricultura se maneja sobre el terreno: “la moratoria ofusca el debate”, dice Ioris a Mongabay. “Creo que su objetivo principal es mejorar la imagen del sector de la agroindustria y reducir un poco el estigma de [que la producción de soya] es una actividad con grandes consecuencias negativas [sociales y ambientales]. Los que más han ganado con la moratoria son los líderes de las empresas agrícolas, el ministerio de medioambiente y las ONG. Los que menos, los ecosistemas y las poblaciones locales”.

Respuesta de Greenpeace Brasil

El reciente artículo de Mongabay identifica correctamente varias consecuencias importantes de la producción industrial de soya que no se evitan con la Moratoria de Soya del Amazonas. La Moratoria solo cubre la deforestación relacionada con la soya y la mano de obra esclava en el Amazonas y no tiene el alcance para abordar cada problema que se relaciona con el modelo de la agroindustria actual en Suramérica, como los productos agroquímicos, la concentración de la propiedad de tierras o los conflictos por la tierra.

Aun reconociendo las limitaciones del acuerdo, Greenpeace no puede estar de acuerdo con que se trate a la moratoria de “lavado de imagen”. La moratoria ha producido resultados medidos de forma objetiva y representa una inversión genuina de recursos por parte de ONG, la industria de la soya, las instituciones financieras, los consumidores de soya y el gobierno de Brasil. Uno de los resultados es que hay al menos 8 millones de hectáreas de selva amazónica que no se han convertido en plantaciones de soya a pesar de ser adecuadas para la producción de cultivos y de no contar con protección oficial (como ser designadas Unidades de Conservación, tierras indígenas o incluso asentamientos agrarios).

La Moratoria sigue presentando un gran paso en la detención de la deforestación del Amazonas, ya que ha contenido de forma efectiva una causa significativa. En años anteriores, de un 30 a un 40 % de las zonas deforestadas se convirtieron directamente en plantaciones de soya y hoy esa cifra representa poco más de un 1 %. La Moratoria es uno de los muchos pasos que se necesitan para alcanzar la deforestación cero. Otras piezas necesarias de este rompecabezas todavía se tienen que materializar por completo como: honrar los derechos de los pueblos indígenas y otras comunidades forestales tradicionales, finanzas responsables, financiación para la conservación, mejor supervisión y cumplimiento de la ley, una ley de deforestación cero, límites en el desarrollo de infraestructura y contención de otras causas de deforestación como la ganadería.

La Moratoria es una solución genuina que presentó un cambio de mentalidad importante al ser el primer compromiso de no deforestación voluntario. Sin embargo, sería inapropiado que cualquier empresa involucrada utilizara sus éxitos en la soya para distraer la atención de otras polémicas u otras geografías, como el Cerrado. Greenpeace apoya la moratoria de soya como plataforma efectiva para detener la deforestación y, al mismo tiempo, cuenta con una campaña mundial activa sobre agricultura en respuesta al fracasado modelo de la agroindustria. En Brasil, esa campaña para la agricultura fomenta la agroecología y ha sido muy crítica con el uso de productos agroquímicos.

(Leia essa matéria em português no The Intercept Brasil. También puede leer este artículo en portugués en The Intercept Brasil).

El Amazonas sigue en riesgo de deforestación, a pesar de la prohibición sobre la soya. Foto de Mauricio Torres