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El grupo indígena colombiano arhuaco recibió 500 hectáreas para proteger la biodiversidad

  • Después de haber sobrevivido a los colonizadores españoles y al conflicto interno, el cambio climático y la deforestación plantean nuevas amenazas a la supervivencia cultural del pueblo indígena arhuaco.
  • Los arhuaco en Colombia se describen a sí mismos como guardianes del mundo y asumen la responsabilidad de salvaguardar el bienestar de las montañas.
  • Los llamados ‘guardianes forestales’ alertan de que la humanidad daña y afecta irreparablemente el medio ambiente.

Valledupar, Colombia – A pesar de que el pueblo indígena arhuaco de la cordillera costera de Colombia —la Sierra Nevada de Santa Marta— es conocido por su trayectoria de protección ambiental durante siglos, su supervivencia cultural y la preservación de los ecosistemas montañosos  están en riesgo. Sin embargo, una nueva iniciativa busca preservar la biodiversidad y replantar los bosques bajo control indígena.

El presidente colombiano, Juan Manuel Santos, anunció recientemente el programa Guardabosques Corazón del Mundo, que les da a los arhuaco 500 hectáreas para salvaguardar.

«Ahora tenemos paz, pero nos obliga a actuar en otro frente», dijo Santos en una reciente visita a Nabusímake, la capital de arhuaco. «Paz con la naturaleza, tenemos que abrazar la naturaleza y reconciliarnos con ella». Colombia terminó su conflicto de más de medio siglo con la mayor fuerza guerrillera del país, las FARC, el año pasado. El pueblo arhuaco y su territorio fueron profundamente afectados por el conflicto.

Un poblado arhuaco se integra perfectamente en el paisaje del bosque colombiano. Foto de Bram Ebus para Mongabay

Uno de los objetivos principales del programa Guardabosques Corazón del Mundo es disminuir la presión humana sobre la biodiversidad regional y detener la oleada de agricultura de gran escala que amenaza las fuentes de agua dulce. La cordillera costera de la Sierra Nevada fue declarada Reserva de la Biosfera y Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1979 y abastece de agua a 18 municipios de Colombia.

Al menos el 70 % de las zonas ambientalmente sensibles del programa están destinadas a la regeneración natural de los ecosistemas y alrededor del 30 % pueden utilizarse para el desarrollo de programas de soberanía alimentaria y proyectos productivos. Los pueblos indígenas a menudo necesitan un porcentaje menor de tierra para su sustento, según el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de Colombia.

El programa ha existido desde el 2004, y se convirtió en parte de la política pública en el 2015.

Hubo otros dos programas con el mismo objetivo en los últimos años: comprar terrenos para los pueblos indígenas con el objetivo de que se vuelvan protectores. Entre el 2007 y el 2010 el Plan de Desarrollo Sostenible para la Sierra Nevada de Santa Marta construyó 10 pueblos culturales en el territorio ancestral de los cuatro grupos indígenas de la Sierra Nevada, el cual  tuvo apoyo de la Presidencia de la República. La tierra fue comprada alrededor de los diez pueblos y formó el cordón ambiental de la Sierra Nevada de Santa Marta.

Los pueblos fueron construidos para «satisfacer las necesidades sociales como la salud, la educación, la electricidad y el agua potable», según Jorge Carpio, que representa a la autoridad ambiental del departamento colombiano Cesar. Para el año 2013, se compraron un total de 10 732 hectáreas (26 519 acres).

Posteriormente, pero antes de la aparente suspensión del Plan de Desarrollo Sostenible para la Sierra Nevada de Santa Marta, las autoridades indígenas lograron la inclusión del programa Guardabosques Corazón del Mundo en el Plan Nacional de Desarrollo de 2014-2018, lo cual lo convirtió en una política pública oficial. Fue en este marco que los arhuaco recibieron el 25 de febrero el derecho de comprar 500 hectáreas.

Niños arhuaco en su pueblo en el corazón del bosque colombiano. Foto de Bram Ebus para Mongabay

Según Hermes Torres, dirigente arhuaco y secretario del consejo general del resguardo arhuaco, este es solo un paso más para recuperar el control sobre sus tierras ancestrales. Los resguardos son territorios colectivos indígenas donde los arhuaco son la autoridad sociopolítica. Los arhuaco planean en última instancia ejercer control sobre un área total de más de 190 000 hectáreas (casi medio millón de acres).

Sin embargo, se enfrentan a una gran cantidad de desafíos. Colombia es altamente susceptible al cambio climático y la cordillera de Sierra Nevada, donde viven los arhuacanos —en la costa caribeña—, enfrenta amenazas regionales de sequía extrema, tala ilegal y operaciones mineras en alza.

Los cálculos de los grupos indígenas de la zona —entre ellos los de los arhuaco, kogui, wiwa y kankuamo— muestran que hay 395 títulos de minería y energía, algunos de los cuales se agrupan en un solo proyecto, mientras que otros esperan licencias para operar en el área de Sierra Nevada. Esos proyectos están en conflicto con los resguardos.

Carpio señala que uno puede ver problemas simplemente al consultar diferentes mapas. «Se observa la superposición de solicitudes de títulos mineros con los resguardos arhuacos y con una reserva natural de la sociedad civil», dijo.

La tierra de los guardabosques arhuacos

La Sierra Nevada de Santa Marta es una de las áreas ecológicas más importantes de Colombia, pero ha sido presionada por más de 60 años de violencia política, el impacto del calentamiento global y los crecientes proyectos extractivos y agroindustriales.

El programa Guardabosques Corazón del Mundo es una iniciativa que intenta contrarrestar las influencias causadas por el hombre que dañan el medio ambiente y permite a los expertos locales de la naturaleza —los habitantes tradicionales— cumplir su papel de cuidadores.

Un pueblo arhuaco en el corazón de la selva colombiana. Foto de Bram Ebus para Mongabay

Guillermo Torres, de la fundación de conservación y desarrollo sostenible Pro-Sierra, dijo en una entrevista que un análisis multitemporal de imágenes satelitales y un extenso trabajo de campo utilizado para calibrar las imágenes muestra que el 83 % de los bosques de Sierra Nevada se ha visto afectado por la actividad humana. El impacto es peor cerca de las áreas donde los humanos se han asentado y son resultado principalmente de la deforestación, incendios forestales y la expansión de las fronteras agrícolas y ganaderas.

Las amenazas ambientales como estas son tomadas de manera muy personal por los arhuacos. Se describen a sí mismos como guardianes del mundo que cuidan las montañas.

«Ese es el pensamiento, la filosofía, nuestro conocimiento —el compromiso que el hombre tiene con la naturaleza», explica Hermes Torres. «Somos parte de este gran mundo natural. Somos los cuidadores y guardianes del medio en que vivimos. Por lo tanto, existe un compromiso espiritual y material».

Un mundo aparte

El viaje para visitar a los arhuaco comienza en Valledupar, la capital del departamento colombiano de Cesar. Horas antes de llegar a la cordillera entre la ciudad y la costa caribeña, el clima es seco y caliente. En la primera parada en Pueblo Bello, los indígenas vestidos en túnicas y sombreros blancos comienzan a aparecer.

Es un viaje arduo para llegar a la capital de los arhuacos, Nabusímake, que significa «la tierra donde nace el sol». Se trata de un viaje de dos horas a través de las montañas —vías resbalosas y llenas de huecos pero con acción de primera para la Toyota Land Cruiser— que conduce a la entrada del pueblo a una altitud de 2000 metros (6561 pies). A su llegada, las puertas del asentamiento son controladas por unos cuantos guardias indígenas que vigilan a los visitantes. El acceso a personas de fuera es muy restringido.

Las familias de Nabusímake habitan en casas de barro esparcidas sobre un área cubierta de colinas verdes y rodeadas de montañas. Pequeñas parcelas de tierra agrícola con flores como cayena, hortensia y dalia junto a pequeños arroyos y el río San Sebastián hacen que Nabusímake parezca una tierra de fantasía. Es un lugar de suma importancia para los pueblos indígenas.

Un hombre arhuaco sostiene una bolsa de hojas de coca y un poporo para moler pasta de coca. Foto de Bram Ebus para Mongabay

Hay cuatro poblaciones indígenas que habitan la Sierra Nevada: el kogui, el kankuamo, el wiwa y el arhuaco. Con más de 22 000 miembros, los arhuacos son el grupo más numeroso, pero su existencia ha estado bajo constante amenaza. Los territorios de los arhuacos han sido afectados por el conflicto interno colombiano y han sido utilizados como ruta del narcotráfico. Los grupos ilegales armados plantaron cultivos ilícitos en zonas deforestadas.

Aunque los pueblos indígenas consumen la hoja de coca según las costumbres ancestrales, decidieron oponerse a las grandes plantaciones que proporcionaban coca para fabricar cocaína. Los Koguis y los arhuacos iniciaron una campaña conjunta, verificada por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), para erradicar manualmente los cultivos ilícitos, para los cuales se deforestaron grandes extensiones de tierras.

Un historial de amenazas

Con el transcurso del tiempo, los arhuacos han tenido un sinnúmero de problemas que plantean serias amenazas a sus costumbres y supervivencia cultural.

«Aquí se resumen los problemas del país», dice el líder arhuaco, Hermes Torres, mientras mastica un puñado de hojas de coca con un poporo en la mano. El poporo es un envase con una mezcla de cal y hojas de coca que tradicionalmente se consume para ganar energía y meditar. Pensando cuidadosamente sus palabras, Hermes narra los días más oscuros de los arhuacos.

La conquista española persiguió a los arhuacos en las montañas, pero la misión capuchina llegó a Nabusímake en 1916 y, entre otros actos malignos, «cortó el cabello de los niños y les prohibió hablar el idioma indígena», según Hermes. Lo describe como un proceso de ‘evangelización’. En 1982, los capuchinos fueron expulsados ​​pacíficamente de la comunidad, pero si los misioneros regresan ahora son arrojados a una cárcel arhuaca antes de ser enviados de vuelta.

En el camino, muchos bosques fueron destruidos por plantaciones ilegales de marihuana durante la bonanza marimbera en los años ochenta. Grupos criminales entraron en la cordillera para despejar grandes franjas de bosque para plantar marihuana. Los arbustos de coca y opio se sembraron en menor grado. Después del boom de la marihuana, entraron guerrilleros, según Hermes.

El dirigente indígena dice que los guerrilleros mataron a los arhuacos y los jóvenes fueron reclutados a la fuerza, lo cual llevó a la estigmatización de algunos miembros de la comunidad como colaboradores guerrilleros. Esto dio al ejército nacional una excusa para entrar en territorio arhuaco e ir tras la guerrilla, pero los pueblos indígenas a menudo estaban implicados en sus acciones.

«Todavía hay una mentalidad en la que la lucha indígena está relacionada con la lucha armada, que no tiene nada que ver con nosotros que luchamos por nuestros derechos y reconocimiento de quiénes somos», continua Hermes.

Hermes se queja de que muchos campesinos desplazados por el conflicto han ocupado tierras indígenas. Los paramilitares tenían como objetivo eliminar a la guerrilla y controlar las rutas valiosas del tráfico de drogas, pero los pueblos indígenas se quedaron atrapados entre los grupos en guerra durante años. Su vida fue amenazada y su padre y otros dos líderes arhuacos fueron secuestrados y asesinados en 1990. Se supone que tanto el ejército como los paramilitares participaron. El caso sigue abierto.

En años más recientes, paramilitares de derecha han aparecido en la región. Las nuevas plantaciones de coca y opio han empujado al gobierno colombiano a iniciar campañas de fumigación aérea en las que se fumigan grandes extensiones de bosques con el controvertido herbicida glifosato.

Las fumigaciones aéreas, según Carpio, «han contribuido a deteriorar aún más las pocas reliquias forestales que dejaron los cultivos ilícitos».

La difícil relación de Colombia con la naturaleza

Los arhuacos siguen siendo escépticos sobre las promesas del presidente Santos, pero acogen con satisfacción el programa Guardianes Forestales como parte de su trabajo para proteger los ecosistemas en riesgo.

Parte de ese trabajo incluye la práctica de agricultura sostenible. Wilber, (que se negó a dar su apellido), es un arhuaco con su propia parcela de tierra. Él dice que tienen la suerte de vivir en un ecosistema fértil que requiere de una intervención mínima.

«En nuestra concepción la tierra le da permiso a cada planta, lo único que tenemos que hacer es cuidar el espacio», dijo Wilber, y explicó cómo el crecimiento y la reforestación ocurren naturalmente. «La naturaleza misma dará lo que tiene».

Un hombre arhuaco cultiva tierras. Foto de Bram Ebus para Mongabay

Los sentimientos mezclados continúan dominando la percepción de los arhuacos sobre los proyectos de preservación forestal financiados por el gobierno. Aunque Hermes dice que está satisfecho con las tierras que estarán bajo su control gracias a la iniciativa de los Guardianes Forestales, piensa que el gobierno no está completamente de su lado.

«Hoy en día, con las actuales políticas estatales, se mira en dirección a los territorios indígenas, pero más bien en dirección a los recursos naturales y servicios ambientales, especialmente a lo que está escondido en el suelo», dijo.

Hermes teme que tanto las entidades gubernamentales nacionales como regionales estén interesadas principalmente en actividades que podrían continuar dañando la Sierra Nevada. Siendo cuidadores, el arhuaco no puede evitar el colapso futuro de todo un ecosistema simplemente al estar a cargo de una parte. Recuperar el control indígena sobre la extensión completa de sus tierras ancestrales y la expulsión de proyectos energéticos y mineros en la Sierra Nevada sigue siendo su objetivo final.

«Más allá de los compromisos políticos y económicos está el compromiso de garantizar la existencia de la vida humana y la vida en general», dijo Hermes.

Imagen de portada: Pobladores arhuacos viajan hacia el bosque en Colombia. Foto de Bram Ebus para Mongabay

Bram Ebus es un periodista freelance radicado en Colombia. Puedes encontrarlo en Twitter en @BramEbus

Esta historia fue publicada por primera vez en la web en inglés el 26 de abril de 2017.


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