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¿Qué hacen Venezuela y Colombia para preservar al caimán del Orinoco?

  • ¿Qué resultados han dejado los censos hechos hasta ahora?
  • ¿Qué estrategias se adelantan para garantizar su supervivencia?

El caimán del Orinoco (Crocodylus intermedius)  —como se le conoce en Venezuela— o caimán llanero —nombre que recibe en Colombia— es una especie endémica de la cuenca del río Orinoco que atraviesa los dos países. La caza furtiva, el consumo de sus huevos y la falta de un hábitat óptimo para su crecimiento poblacional amenazan su supervivencia.

El caimán del Orinoco está clasificado en la categoría En Peligro Crítico por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y aparece en el Apéndice I de la Convención sobre el Comercio Internacional  de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES).

“Debido a sus bajos niveles poblacionales, la caza y saqueo de nidos, aunque sea a pequeña escala y sin motivos comerciales, son factores que aún hoy afectan significativamente a esta especie, impidiendo su recuperación efectiva”, indica a Mongabay Latam Ricardo Babarro, presidente del Grupo de Especialistas en Cocodrilos de Venezuela.

Caimán del Orinoco o caimán llanero en el estado de Apure (Venezuela). Foto: Ariel Espinosa.

Esta especie vive en estado silvestre en las tierras bajas de la cuenca del Orinoco. Se encuentra con más frecuencia en los grandes ríos, caños y lagunas, ríos meándricos y sabanas inundables cubiertas de vegetación acuática.

Habita en los estados (departamentos) de Bolívar, Apure, Barinas, Guárico, Portuguesa, Cojedes, Amazonas y Anzoátegui en Venezuela; y en Vichada, Meta, Casanare, Arauca, y en Guaviare y el río Inírida que discurre en el departamento del Guainía en Colombia.

El caimán del Orinoco es carnívoro y obtiene sus presas mediante la cacería al acecho, es decir, las espera dentro del agua. El caimán adulto se alimenta principalmente de peces, y, ocasionalmente, de tortugas. Los más jóvenes y neonatos consumen peces e insectos.

Anida en las playas expuestas de los ríos en la época de sequía, por lo general enero y febrero, y los nacimientos se producen al comenzar las lluvias, entre abril y mayo. Su tiempo de incubación oscila entre los 80 y 90 días en condiciones naturales, pero su cronología varía según la temporada de precipitación.

Hembra adulta al cuidado de sus huevos en la Estación Biológica El Frío. Foto: Rafael Antelo.

«Estatus de conservación y hábitats regionales prioritarios para el cocodrilo del Orinoco: pasado, presente y futuro«, investigación académica publicada en febrero por un grupo de expertos de Venezuela y Colombia,  insiste en la importancia y necesidad de preservar esta especie. Sergio Balaguera, colombiano y miembro del departamento de ciencias biológicas de la Universidad Tecnología de Texas, afirma que «los cocodrilos son altamente relevantes (especies clave) debido a que son depredadores tope  que cumplen la función de regular otras especies, como los mamíferos y reptiles allí donde habitan».

Sus excrementos, dejados en los ríos y planicies de inundación, son fuente de nutrientes para las algas y el zooplancton, los cuales a su vez son alimento para varias especies ícticas.

Difícil supervivencia

En Venezuela el caimán del Orinoco está incluido en la Lista Oficial de Especies en Peligro de Extinción según el Decreto Nº 1486 del 10/09/1996.

Omar Hernández, biólogo y miembro del Grupo de Especialistas de Cocodrilos de Venezuela (GECV), señala que en el país, además de la caza furtiva, el caimán del Orinoco enfrenta amenazas como la contaminación de las aguas del río Cojedes, que afecta a las hembras adultas. Además, las modificaciones en su cauce provocan la pérdida de temporadas de posturas y la pérdida y transformación de ecosistemas naturales.

Una amenaza no antrópica sobre esta especie es la depredación de nidos y neonatos por parte de peces, aves y lagartos, lo que ocasiona que muera aproximadamente el 99 % de ellos.

“No hay tráfico comercial de la especie. A veces he encontrado caimanes muertos en el río Capanaparo y veo que les quitan los colmillos, quizás para venderlos o simplemente como un souvenir. También hablan de que la grasa es buena para algunas enfermedades, pero no existe un tráfico de estos productos, no se ve que los vendan, al menos no de forma abierta”, agrega Hernández.

Rosita, una hembra de la especie en El Cedral en Venezuela. Foto: Ricardo Babarro

Un censo que hicimos en 2013 determinó la existencia de al menos 25 hembras adultas en el río Capanaparo. En el río Cojedes, Ariel Espinoza en su tesis de maestría encontró un total de 27 nidos, lo que equivale a 27 hembras adultas. En el río Manapire la ingeniera Maddy Jiménez, en diferentes años, ha realizado la búsqueda de nidos, encontrando un  máximo de cinco nidos en el año 2005”, señala Hernández.

Ariel Espinosa biólogo e investigador del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) y miembro del GECV, señala: “Según los últimos estudios ecológicos adelantados desde el año 2016 hasta la fecha como parte de mi trabajo doctoral, más datos colectados por investigadores del GECV en diferentes poblaciones silvestres venezolanas, no supera los 600 individuos, lo cual mantiene nuestra preocupación y su estatus como especie en peligro de extinción”.

El panorama no es más alentador en Colombia. A  partir de la primera mitad del siglo XX hubo aprovechamiento intensivo de los cocodrilos, asociado a la alta demanda internacional de la industria de la peletería. Las especies de mayor interés, como el caimán llanero, sufrieron mayor presión debido a la cacería.

Un caimán muerto en el río Capanaparo en Venezuela. Foto: Ricardo Babarro.

En Colombia el caimán del Orinoco está clasificado En Peligro Crítico en el Libro Rojo de Reptiles (2015) del país. Las cifras así lo demuestran. En Arauca se han observado 100 adultos y se estima que hay aproximadamente 300 ejemplares en los departamentos de Arauca, Casanare, Vichada y Meta, explica Rafael Antelo, director científico de la Fundación Palmarito en Casanare.

Hay dos relictos poblacionales importantes, uno en el departamento de Arauca en los ríos Lipa-Ele-Cravo Norte, y otro en el departamento del Meta, en los ríos Duda-Guayabero- Lozada, indica el Libro Rojo de Reptiles de Colombia. Sin embargo, se necesitan estudios que permitan definir claramente el número de animales que aún quedan en vida silvestre en Colombia.

Estrategias de conservación

Desde 1990, el Estado venezolano y el Grupo de Especialistas en Cocodrilos de Venezuela, en estrecha colaboración con productores del campo, organizaciones de la sociedad civil, universidades nacionales y comunidades organizadas, desarrollan el Programa de Conservación del Caimán del Orinoco. En 27 años del programa, producto de la cría en cautiverio se han liberado un total de 9867 ejemplares mayores de un año de edad, incluyendo 13 animales adultos y subadultos rescatados del cautiverio ilegal y retornados al medio silvestre.

Algunas de las liberaciones hna ocurrido en el Parque Nacional Santos Luzardo (Apure), Refugio de Fauna Silvestre Caño Guaritico (Apure), Parque Nacional Aguaro-Guariquito (Guárico), Hato El Frío (Apure), Río Cojedes (Cojedes), Reserva de Fauna Silvestre Esteros de Camaguán (Guárico) y Embalse Tucupido (Portuguesa), así como en los hatos conservacionistas El Cedral y El Frío (Apure), que poseen poblaciones silvestres reproductoras producto de las liberaciones de años anteriores.

“Sin embargo, solo se han logrado establecer tres poblaciones dentro de los hatos El Frío, El Cedral y Santa Rosa (Reserva de Fauna Silvestre Estero de Camaguán), gracias a que poseen vigilancia privada. No obstante, estas poblaciones no están en el hábitat óptimo para caimanes como son los grandes ríos, viven en lagunas dentro de estos hatos (fincas ganadera de la región de los llanos), donde se hace cierto manejo como la preparación de playas para que aniden”, añade Hernández.

Las poblaciones silvestres más importantes para la conservación del caimán del Orinoco en Venezuela son el Sistema del río Cojedes y el río Capanaparo.

El río Capanaparo  nace en Colombia, donde se conoce como Caño Agua de Limón. Infortunadamente, pese a la liberación de caimanes juveniles la población de esta especie ha disminuido. Un censo realizado en  el año 2011 por Alejandro Moreno, Licenciado en Biología de la Universidad Central (Venezuela), con apoyo del Dr. Cesar Molina, determinó la disminución poblacional del 63 %  respecto del tamaño estimado en el 2001 por Alfonso Llobet. En los sectores utilizados para muestras en 2001 se estimó una población de 256 individuos y en esos mismos sectores, en 2011, se estimó la cantidad de 94 individuos.

Omar Hern​án​dez, como director de Fudeci, ONG dedicada a la conservación del medio ambiente ha apoyado y gestionado recursos para estos estudios de campo. En el 2016 ​como parte de ​su tes​is​ de doctorado, Ariel S. Espinosa adelantó censos poblacionales en el río Capanaparo. La información está en análisis y pronta a publicarse.

En el 2012 Ariel S. Espinosa y Andrés Seijas publicaron un estudio en la Revista Ecotrópicos sobre los caimanes del Orinoco en el río Cojedes, que evaluó los datos poblacionales entre los años 1998 y 2009.

«La tendencia de la población del caimán del Orinoco en estos sectores está decreciendo de la siguiente manera: i) con respecto al estudio de Seijas (1998), en un 31 %, ii) con respecto a Chávez (2000) en un 42 % y iii) con respecto a Ávila-Manjón (2008) en un 11 %», explican Ariel Espinosa y Andrés Seijas en su artículo Declinación poblacional del Caimán  del Orinoco (Crocodylus intermedius) en dos sistemas del Río Cojedes de Venezuela

 

Carmelo, nombre de este caimán del Orinoco en Cojedes (Venezuela). Foto: Ricardo Babarro.

 

El biólogo Rafael Antelo destaca la población en El Frío. “Es tan importante en cuanto a tamaño como las de Cojedes y Capanaparo. Yo la estimé en 400 ejemplares, con al menos 30 hembras reproductoras. Un trabajo sobre genética reproductiva de esta población que publiqué con otros autores confirmó mi estimación, ya que en un solo sector se identificaron 16 hembras reproductoras”, indica.

Como parte del Programa de conservación del caimán del Orinoco, en la actualidad se lleva a cabo un censo en localidades donde se conoce y conocía la existencia de la especie en el país para determinar su estado actual.

“De igual manera, se estudian los efectos que han tenido la liberación de individuos para determinar parámetros genéticos de las poblaciones silvestres fomentadas y las poblaciones cautivas en el país, para direccionar las liberaciones como acción de conservación”, puntualiza Espinosa.

En Colombia la disminución de la población de esta especie llevó a que el entonces Ministerio del Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible (MADS) expidiera  la Resolución N° 0676 de 1997 declarándola en peligro de extinción. Además se ordenó la estructuración del Programa Nacional para la Conservación del caimán llanero (Procaimán).

Investigaciones realizadas por Luis Fernando Anzola y Rafael Antelo (aquí una investigación en la que participaron otros especialistas) en los ríos Ele, Lipa y Cravo Norte en el departamento de Arauca en Colombia muestran los primeros indicios de recuperación de una población silvestre de esta especie. En el año 2015 se encontraron 24 nidos en estos tres ríos, lo que supone más del doble de los encontrados trece años antes por investigadores de la Universidad Nacional de Colombia en el mismo territorio.

El 24 de marzo de este año Corporinoquia y la Fundación Palmarito suscribieron un convenio de asociación para aunar esfuerzos entre las partes para implementar acciones de conservación tendientes a la recuperación de las especies de tortuga charapa (Podocnemis expansa) y el caimán llanero.

Como parte de este convenio este año se planea liberar 20 caimanes en la Reserva Natural La Aurora, mantenimiento (comida y alimentación) de caimanes custodiados en el Bioparque Wisirare (en el departamento de Casanare), adecuación de dos tanquillas de 18 m2 en la Fundación Campo Abierto (Cravo Norte, Arauca), para neonatos de caimán llanero, mejoramiento y adecuación de zona de capacitación y sensibilización ambiental y adecuación de una tanquilla de exhibición para tortugas y caimanes en Wisirare.

Caimán macho adulto en el Bioparque Wisirare. Foto: Rafael Antelo.

¿Esfuerzo binacional?

En 2001 se realizó en Caracas el Taller para la Conservación del Caimán del Orinoco en Colombia y Venezuela, organizado en esa época por el Ministerio del Ambiente y de los Recursos Naturales y la Facultad de Ciencias de la Universidad Central de Venezuela. El objetivo fue la evaluación de los programas de conservación en ambos países para definir estrategias conjuntas que permitan alcanzar la recuperación de esta especie.

“El resultado fue la Declaración de Caracas, cuyo objetivo es el desarrollo de un proyecto binacional transfronterizo de manejo en cuencas compartidas en el área de distribución del caimán, así como promover el intercambio de información científica y técnica entre ambos países. Hasta hoy, no hay relación formal entre ambos programas de conservación, al menos no desde el punto de vista institucional”, explica Ricardo Babarro.

Sergio Balaguera, colombiano, vicepresidente para Latinoamérica y el Caribe del grupo de especialistas de cocodrilos de la UICN, sostiene que se requieren más esfuerzos binacionales, gubernamentales y privados, para preservar la especie. Además es necesario continuar con el monitoreo, pues a pesar de los planes de manejo existentes en ambos países persisten las amenazas.


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