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Francisca Ramírez: la líder campesina que se enfrenta a la construcción del canal interoceánico de Nicaragua

  • Científicos nicaragüenses y extranjeros ven al canal de Nicaragua como una amenaza para algunos de los bosques tropicales más extensos de Centroamérica.
  • Siete áreas protegidas, dos reservas de biosfera y el lago de Cocibolca serían afectados por la construcción. Y alrededor de 29 000 personas desplazadas de sus territorios.

En 2013 la empresa de origen chino HKND Group y el Gobierno de Nicaragua anunciaron la construcción de un canal interoceánico, que sería tres veces más grande que el de Panamá, produciría miles de empleos e impulsaría la economía local, pero a la vez, significaría un riesgo para siete áreas protegidas, dos reservas de biosfera y el lago Cocibolca, el reservorio de agua dulce más grande de Centroamérica. Las obras aún no comienzan y, en parte, porque existe una oposición importante de las poblaciones que serían desplazadas por el proyecto, lideradas por la campesina Francisca Ramírez.

“La Chica”, como la llaman en el campo, es una mujer recia, de metro y medio de estatura, sin estudios formales, que a primera vista parece que no intimida a nadie. Pero quienes la conocen saben que su convicción y carácter han sido capaces de influir en el retraso “del mayor proyecto de ingeniería civil en la historia”, como sostienen los ingenieros. El canal interoceánico de Nicaragua es visto por científicos nicaragüenses y extranjeros, así como por las comunidades locales, como una amenaza para algunos de los bosques tropicales más extensos de Centroamérica y para el segundo espejo de agua más grande de Latinoamérica, el Gran Lago de Nicaragua o Cocibolca.

Francisca Ramírez pasó de ser una campesina dedicada a su familia y al comercio, para convertirse en líder del movimiento “anticanal” en Nicaragua Foto: Aracelly Hurtado.

Por su lucha contra los intereses del gobierno y del millonario chino Wang Jing, dueño de HKND y CEO de Beijing Xinwei, firma de tecnología en comunicaciones, la nicaragüense ha sido comparada con la indígena hondureña y defensora de los derechos humanos Berta Cáceres, asesinada en 2016 por desconocidos, presuntamente por oponerse a la construcción de un proyecto hidroeléctrico que dañaría los bosques de su país. Cáceres fue asesinada un año después de obtener el Premio Medioambiental Goldman 2015, el mayor reconocimiento que reciben los activistas ambientales en el mundo.

Y en eso también tienen algo en común: Francisca Ramírez fue finalista este año del Premio Front Line Defenders, que reconoce a las personas que arriesgan su vida por defender los derechos humanos en el mundo. Ramírez no recibió el galardón, pero fue reconocida como la más destacada en el continente americano.

En una entrevista concedida a Mongabay Latam, Ramírez, madre de cuatro hijos y abuela a sus 39 años de edad, confesó que es consciente de que su vida corre peligro por oponerse al canal, pero eso no ha sido suficiente para frenar su lucha. La campesina creció entre conflictos de propiedad causados por la dictadura de los años 70, en una zona del sureste de Nicaragua donde los pobladores afirman que pueden enfrentar al gobierno sandinista igual que lo hicieron hace tres décadas, tras luchar contra los Somoza.

Madre y abuela a los 39 años de edad, Francisca Ramírez tiene siempre las puertas abiertas para los campesinos que visitan su casa con los más diversos motivos, desde necesidad de un transporte urgente hasta para solucionar problemas privados. Foto: Aracelly Hurtado.

Sentada en un mercado de comida campesino, que forma parte de la Reserva de Biosfera del Sureste de Nicaragua, Ramírez con voz serena declara que “el miedo es natural”.

Desde que se unió a la lucha contra el canal interoceánico en Nicaragua, en 2013, ha recibido amenazas de muerte, sus hijos han escapado de ser asesinados, sobrevivió a represiones policiales con tiroteos, auxilió a una amiga raptada, y ha sido arrestada.

“Somos perseguidos por el Estado… Nosotros decimos que el Estado, porque la Policía es la que más persecuciones nos ha causado”, afirma la campesina.

Un proyecto millonario

De acuerdo con informes de HKND, empresa constituida en Islas Caimán, la construcción del canal interoceánico en Nicaragua costará 50 000 millones de dólares y se ejecutará en cinco años, además, empleará a unas 50 000 personas y, tras el inicio de operaciones, aportará 10 millones de dólares anuales a la nación centroamericana.

Con estas obras Nicaragua, el tercer país más pobre de Latinoamérica después de Guatemala y Haití, según el índice de Desarrollo Humano 2016, espera duplicar su Producto Interno Bruto (PIB), que crece entre el 4,5 % y el 5 % anual, según datos oficiales del Gobierno.

Se trata, por lo tanto, del proyecto de inversión más grande de la historia de Nicaragua. El canal, que se construirá en el sur del país, correrá de este a oeste, medirá entre 230 y 280 metros de ancho, y tendrá 276 kilómetros de longitud, 105 de los cuales atravesarían el lago Cocibolca. Además se construirán dos lagos artificiales para evitar la salinización en el cauce, dos esclusas, dos puertos, un aeropuerto, un área de libre comercio, y una cantidad no definida de complejos turísticos, según el diseño general divulgado por HKND. Finalmente, la empresa también administrará el proyecto por 50 años a partir del inicio de operaciones, prorrogables por 50 más.

La concesionaria busca captar el mercado de los buques post-panamax, que por sus dimensiones no pueden atravesar el canal de Panamá, ni siquiera después de la ampliación. Las obras principales, inauguradas oficialmente el 22 de diciembre de 2013 pero que están hoy paralizadas, deberán remover 5000 millones de metros cúbicos de tierra durante la excavación.

Conforme el diseño preliminar divulgado por la concesionaria y por el Gobierno nicaragüense, las obras atravesarán el sitio Ramsar (humedal de importancia internacional) San Miguelito, la Reserva Biológica Indio Maíz, Refugio de Vida Silvestre Los Guatuzos, Refugio de Vida Silvestre Río San Juan, Reserva Natural Cerro Silva, Reserva Natural Punta Gorda, Monumento Nacional Archipiélago de Solentiname, la Reserva de Biosfera del Sureste de Nicaragua, la Reserva de Biosfera Isla de Ometepe y el lago Cocibolca.

Su construcción implicaría que “en tierra firme, las poblaciones de animales se reducirán a los territorios artificialmente delimitados por la infraestructura del canal y sus proyectos de acompañamiento, alterando patrones de migración, conectividad y dinámica ecológica”, ha dicho el vicepresidente de la Academia de Ciencias de Nicaragua, Jorge Huete-Pérez.

Sin embargo, el Gobierno de Nicaragua solamente reconoce las evaluaciones realizadas por su equipo y descarta cualquier estudio realizado de forma independiente.

Expertos de la Red Interamericana de Academias de Ciencias, del Consejo Internacional para la Ciencia en Latinoamérica y el Caribe, del Centro de Investigación Medioambiental de la Universidad Internacional de Florida (FIU), y de la Facultad de Ingeniería Civil y Ambiental en Rice University en Houston (Estados Unidos), que han estudiado el caso, coinciden en que el proyecto, por su magnitud, requiere de una serie de análisis independientes sobre los estudios de impacto ambiental y social, así como un consenso general en la población, antes de ser ejecutado.

Las áreas protegidas amenazadas albergan el 10 % de las especies del planeta, según datos del Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales. Estadísticas de investigadores independientes indican que en estas viven 1121 especies de aves, 26 acuáticas, 34 de anfibios, 55 de reptiles, 65 de mamíferos, 159 de insectos y 369 de plantas. Entre esas especies hay 101 que están en peligro de extinción.

Durante una presentación del proyecto en Nicaragua, el vicepresidente ejecutivo de la concesionaria, Kwok Wai Pang, informó que también será necesario comprar unas 30 000 hectáreas y rentar otras 26 000 en la zona sur del país. Como resultado, unas 27 000 personas serían desplazadas, al verse obligadas a abandonar sus tierras. En la web de HKND, se establece en 29 000 el número de desplazados, que conforman 7200 familias, 25 de las cuales son indígenas.

La ley creadora del canal expresa que los campesinos están obligados a vender sus tierras para que el proyecto sea ejecutado. HKND ha prometido pagar precios justos, pero la legislación impide reclamos si los vendedores no están conformes con la transacción.

Defensores de la naturaleza

Ramírez y miles de campesinos nicaragüenses sostienen que su lucha es por la tierra y los beneficios que ofrece cuando se saben cuidar los recursos que ofrece la naturaleza, algo que no creen que ocurra si se construye el canal.

“Aquí tenemos todo, con ese canal no vamos a tener nada, yo trato de cuidar la naturaleza en mi finca, pero todo eso lo quieren destruir los chinos, de eso hablamos con la Chica (Francisca Ramírez)”, afirma Abel Marenco, dirigente del Consejo Nacional en Defensa de la Tierra, el Lago y la Soberanía, quien califica a Ramírez como una mujer de modos amables, pero con voz de mando.

Francisca Ramírez es una campesina del sureste de Nicaragua que ha liderado cerca de un centenar de marchas contra el proyecto de un canal interoceánico que afectaría una de las zonas boscosas más ricas de Centroamérica. Foto: Aracelly Hurtado.

“La Chica” no es una ambientalista romántica, se define como una persona pragmática y franca. Asegura que fue la lucha contra la ley que regula la construcción del canal la que le abrió los ojos sobre la importancia de proteger los bosques, y que ahora esa es una parte fundamental de sus reclamos.

“Antes yo tampoco me daba cuenta del valor que tenían las propiedades de nosotros, la tierra, porque cada día yo era solo trabajar y trabajar, yo nunca había dedicado tiempo para ver cómo vivían en otras partes de Nicaragua, y a raíz de la lucha yo he venido conociendo muchos lugares y siento que vivimos en el paraíso: tenemos tierras productivas, llueve, las aguas son riquísimas”, señala.

Los bosques que atravesaría el canal poseen las tierras más fértiles de Nicaragua. En parte por su cobertura de humus, y también porque se trata de una zona donde llueve entre 10 y 11 meses al año, mientras que en el resto del país la época húmeda dura hasta seis meses, según los registros del Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (Ineter).

Los reclamos contra el canal, que suman alrededor de 90 marchas en cuatro años, llevaron a la líder campesina a sitios paradisíacos como la Isla de Ometepe o San Juan del Sur, ambos destinos turísticos internacionales que tienen poblaciones sin acceso al agua potable, como consecuencia de la tala. Ramírez compara esos sitios con el lugar donde habita, y concluye que en la montaña, si tiene sed, va “a un manantial donde nace el agua y de ahí bebemos”.

Según los campesinos nicaragüenses la Ley 840, que garantiza la construcción del canal interoceánico es peor que la “Nica Act”, una iniciativa de los congresistas de Estados Unidos para aplicar sanciones económicas a Nicaragua. Foto: Aracelly Hurtado.

Ramírez vive en la comunidad rural La Fonseca, rodeada de bosques, donde los cultivos resaltan junto a la carretera de tierra y existen innumerables ríos y manantiales. Hasta hace cuatro años, Francisca no podía concebir cauces sin caudal, como los que vio cuando recorrió el suroeste y el norte de Nicaragua, donde divisó ríos secos, como producto de la deforestación.

Luego de ver lo que significaría un futuro sin bosques, la líder campesina comprendió que su misión es evitar que la construcción del canal interoceánico acelere la degradación ambiental.

Si bien hoy los comuneros saben por qué es importante proteger los bosques, Ramírez insiste en que llegar a este punto no fue fácil, pues se necesitó un cambio profundo de conciencia. No solamente, contó Ramírez, tuvieron que aprender a producir las tierras, sino también a no destruirlas.

La campesina Francisca Ramírez, quien afirma luchar por los derechos humanos y recursos naturales de Nicaragua, vive en La Fonseca, un sitio en la Reserva de Biosfera del Sureste de Nicaragua al que únicamente se puede llegar en camiones de carga, por las dificultades del terreno. Foto: Wilder Pérez R.

“Ha sido algo duro porque desde pequeños nos han vendido la imagen de que si no quemábamos las tierras, estas no producían, pero a raíz de ver hoy que ya las aguas se están profundizando (que no están tan a la orilla de la superficie de la tierra), que hay lugares como en el norte, donde ya no hay agua, nosotros mismos los campesinos nos estamos dando capacitaciones”, resaltó.

Los campesinos liderados por Ramírez están organizados en el Consejo Nacional en Defensa de la Tierra, el Lago y la Soberanía. Con esta organización construyeron un vivero que produce 15 000 árboles de especies con alta capacidad de retener agua. Robles, caoba, cedro, son algunas de ellas. Ahora su objetivo es reforestar zonas secas de Nicaragua. “Son árboles buenos para retener agua, y vamos a tratar de revertir la situación de sequía”, indicó la campesina.

Francisca Ramírez es una campesina que apenas tuvo acceso a la educación formal, pero su liderazgo la ha llevado a ser una voz importante en movimientos de mujeres que abogan por los derechos humanos el medio ambiente. Foto: Wilder Pérez R.

La detención

El interés por aprender más sobre cómo cuidar del medio ambiente, fue el que la llevó a ser arrestada el año pasado, junto con Abel Marenco, y su esposo, Migdonio López.

Ese día, el 25 de junio de 2016, varios miembros del “Consejo de Defensa” se había reunido para aprender a construir “cocinas ecológicas” cerca de la vivienda de Ramírez, cuando de pronto una flama ocasionó quemaduras leves en el joven campesino Alexander Marenco. Inmediatamente la Policía arrestó a los tres campesinos “anticanal”, así como al grupo de extranjeros que impartían las clases, compuesto por tres mexicanos, un español, una argentina y un costarricense.

La policía nicaragüense los arrestó, supuestamente, por cometer los delitos de posesión y manipulación de explosivos sin permiso, y poner en peligro la vida de otras personas. Inmediatamente estalló la controversia en Nicaragua, los campesinos negaron la explosión e insistieron en que se trató de una flama repentina que alcanzó al cuerpo del joven, quien hoy no presenta señas del accidente.

El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, respaldó la versión de la Policía al decir en un discurso que “cuando alguien manipula explosivos en un lugar, expone la vida”, acción que se sanciona hasta con tres años de cárcel.

Francisca Ramírez y sus acompañantes lograron ser liberados el mismo día, gracias a la presión de los campesinos, quienes amenazaron con incendiar la delegación policial. Los activistas extranjeros fueron expulsados inmediatamente de Nicaragua, sin que el vehículo en que se transportaban les fuera devuelto.

El arresto no sorprendió a Ramírez, quien recuerda que en diciembre de 2014, un año después de anunciada la construcción del canal, la Policía y el Ejército de Nicaragua aprovecharon que ella estaba fuera de su vivienda para realizar un allanamiento. Las autoridades de seguridad nunca justificaron la acción.

“La policía es la que más persecuciones nos ha causado”, comentó.

Las amenazas

La casa de Francisca Ramírez, sin lujos, resalta por ser la única sin pintar en La Fonseca. Se encuentra frente a la entrada del pequeño pueblito. Sus puertas y ventanas, hechas con madera rústica, se mantienen abiertas de forma tal que una vista curiosa alcanza las habitaciones desde fuera. “No tenemos nada que esconder”, afirma su mamá, Alejandra Torres, quien define a su hija como una mujer generosa, trabajadora, valiente y transparente.

La vida de Francisca Ramírez se resume en trabajar al menos 12 horas diarias como agricultora y comerciante. Cada jueves acude a uno de varios puertos de montaña de La Fonseca o de El Tortuguero, desde donde salen algunos de los productos agrícolas que se encuentran en diversos mercados de Nicaragua. Foto: Wilder Pérez R.

Esta transparencia fue la razón por la que Ramírez expulsó de su propiedad al secretario político del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), Alcides Altamirano, según denunció públicamente en abril pasado.

“Él comenzó a decirme que fuéramos a reuniones con el gobierno a escondidas, pero le dije que nosotros éramos miles de campesinos y que no teníamos por qué hacer nada a puertas cerradas, que nosotros aceptábamos un diálogo con el Gobierno si era público, porque esto no era de dos, era de miles el daño”, remarcó.

Ramírez agregó que no era la primera vez que Altamirano la visitaba, ya lo había hecho “más de 100 veces” y amenazado en varias oportunidades. “En una ocasión él me dijo que yo era culpable de todo lo que pasaba en Nicaragua, porque yo era la que estaba levantando al pueblo, yo era la que estaba opuesta a dialogar con el Gobierno, y que cualquier cosa yo era la responsable”, contó la líder campesina.

Al preguntarle si esa fue una amenaza de muerte, Ramírez no dudó en responder: “Así es, y no solo Alcides, los comisionados de la Policía (Arnulfo) Rocha, (Olivio) Salguera y (Francisco) Huerta”. Los tres son jefes policiales del sureste de Nicaragua.

Hasta el momento ni el FSLN ni la Policía Nacional ni el Gobierno, que mantiene una fuerte política de censura, han confirmado ni negado las acusaciones. Sin embargo, tanto el Parlamento Europeo como el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos solicitaron públicamente a la administración de Daniel Ortega cesar las presiones contra la campesina.

“Huerta me ha amenazado con un arma frente a mi cara”, contó la campesina. Esta última amenaza ocurrió el 22 de abril pasado, en la marcha número 87 contra el proyecto canalero, en el municipio de Nueva Guinea, al sureste de Nicaragua. La líder recuerda que el jefe policial se le acercó, le apuntó, y le dijo que: “si íbamos a seguir con las marchas me iba a arrepentir, y al final yo iba a pagar”, recordó “La Chica”.

Mongabay Latam solicitó a la Policía Nacional, vía telefónica y escrita, su punto de vista sobre las denuncias de Ramírez, pero no obtuvo respuesta.

Ramírez aseguró que cedió, no por miedo a su vida, que tampoco niega, sino para demostrar que “los campesinos somos pacíficos”, y por temor a una nueva guerra interna. La líder envió este mensaje al presidente Ortega: “Ya basta que ocupe la Policía para reprimir al pueblo, (queremos) que escuche nuestras demandas, que derogue la Ley 840, esta no es manera de imponerse”. Esta norma avala la “expropiación de cualquier bien inmueble” necesario para el proyecto, “sin requerir el consentimiento” de las administraciones locales, y señalando que los expropiados “no tendrán derecho a objetar la decisión” a favor de la concesionaria.

Desde que se convirtió en la líder del “movimiento anticanal” en Nicaragua, Francisca Ramírez ha recibió múltiples amenazas de muerte. Foto: Aracelly Hurtado.

Al día siguiente, el 23 de abril, un hijo de la campesina casi pierde la vida. Alguien que vigilaba sus movimientos, contó Ramírez, atravesó un alambre de púas en plena vía, para que al pasar en su motocicleta muriera decapitado. El joven de 19 años se salvó porque ese día decidió usar una moto distinta, lo que permitió que el cable se enrede en los retrovisores y que el hijo de Ramírez cayera al piso, herido pero con vida.

Ramírez pidió a la Policía investigar el caso, pero no recibió respuesta. Oficialmente el intento de homicidio nunca existió, a pesar que las fotografías y las cicatrices en el cuerpo del joven confirmaban la realidad. Sin embargo no era la primera vez que atentaban contra la vida de uno de sus hijos. En octubre de 2016, el mayor de ellos escapó de un intento de secuestro, según narró la líder campesina.

Migdonio López, un hombre delgado pero fuerte, que está dispuesto a morir junto a su esposa, no duda que “todas esas son presiones del gobierno contra la Chica” para que abandone sus protestas, ya que el costo político que representaría para el presidente la muerte repentina de la líder campesina, sería muy alto.

“No nos vamos a salir de nuestras tierras, primero muertos”, advierte Ramírez, con aplomo.

La lucha continúa

Hoy Francisca Ramírez está dispuesta a morir por lo que ella llama “libertad”, es decir, las tierras que le dan alimento, los bosques que le brindan aire limpio, y el agua que le permite continuar.

Tras cuatro años de oposición al proyecto del canal interoceánico Nicaragua, hay quienes ven en Ramírez a la líder natural más auténtica desde Augusto C. Sandino, el máximo héroe nacional del país. Como Sandino, ella está rodeada de campesinos y sus seguidores aseguran que no busca ser presidenta ni ocupar cargos políticos, tampoco quiere dinero o estatus. Su riqueza, narra Ramírez, está en defender a la naturaleza y a los campesinos.