Noticias ambientales

Las emisiones de carbono de Brasil siguen en aumento

El estado de Pará, en el corazón de la selva amazónica, fue el que más emisiones de carbono realizó en 2016 (12,3 % del total de las emisiones del país), seguido por Mato Grosso (9,6 %), estado que convirtió gran parte del bosque tropical en tierras para la producción de soja. Crédito de la fotografía: CIFOR a través de Visual Hunt / CC BY-NC-ND

En diciembre del año 2015, como parte del Acuerdo de París, Brasil se comprometió a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) un 37 % para el año 2025, sobre sus niveles de 2005. Sin embargo, según cifras publicadas recientemente, en 2016 las emisiones aumentaron un 8,9 % en comparación con el año anterior, lo cual distancia mucho al país —el séptimo emisor de dióxido de carbono del mundo— del compromiso que asumió.

En 2016, Brasil emitió 2278 millones de toneladas brutas de dióxido de carbono equivalente (CO2e), en comparación con 2091 millones de toneladas en el año 2015. Las emisiones totales de GEI de 2016 fueron las segundas más altas desde 2008, cuando se emitieron 2806 millones de toneladas brutas.

El estado de Pará, en el corazón de la selva amazónica, fue el que más emisiones de carbono realizó en el país (12,3 % del total), seguido por Mato Grosso (9,6 %), estado que convirtió gran parte del bosque tropical en tierras para la producción de soja. En tercer lugar aparece Minas Gerais (9,3 %), en cuarto lugar, Bahía (8,7 %) y en quinto, São Paulo (7 %).

Esas estadísticas se obtienen de la última edición del Sistema de Cálculo de Emisiones de Gases de Efecto Invernadero (SEEG), publicada a fines de octubre por el Observatorio del Clima, una red de organizaciones de la sociedad civil que proporciona datos sobre el cambio climático. Los cálculos se hicieron según las directrices precisas del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (PICC) de la ONU, y se basan en inventarios de emisiones antropogénicas y de remoción de GEI registrados por el Ministerio de Ciencia, Tecnología, Innovación y Comunicaciones de Brasil.

El Programa de la ONU para el Medio Ambiente, en su Informe 2017 sobre la Brecha de Emisiones, publicado también en octubre y que actualiza los compromisos que los países asumieron en París, indica que “los estudios recientes evaluados sugieren que es probable que Brasil […] mantenga —o esté en camino de mantener— sus objetivos de las contribuciones previstas determinadas a nivel nacional (CPDN) para 2030 con las políticas implementadas en la actualidad”. Pero ese documento no menciona el último informe del SEEG, que muestra que hubo un repunte de las emisiones de Brasil durante 2016. Los expertos también advierten que alcanzar el objetivo de París será aún más difícil cuando se empiece a sentir el impacto de la última ola de decretos del presidente Michel Temer que favorecen a la agroindustria.

Brasil sigue convirtiendo sus bosques tropicales en terrenos para la ganadería y el cultivo de soja. Crédito de la fotografía: Henry H. a través de Visualhunt / CC BY-ND
La temporada seca ha provocado un récord de incendios forestales en Brasil este año —la mayoría, causados por el ser humano—, que liberan enormes cantidades de dióxido de carbono en la atmósfera. Las sequías récord de los años 2010 y 2015 causaron que la Amazonía no funcionara como receptora de carbono durante un tiempo, lo cual tuvo serias consecuencias para el cambio climático futuro. Foto de Antonio Cruz/Agência Brasil

Brasil se mueve en la dirección equivocada

El aumento de emisiones de GEI de 2016 se produjo, paradójicamente, en medio de una de las peores crisis financieras y recesiones económicas del país. El año pasado, el producto bruto interno (PBI) de Brasil cayó un 3,6 %, y en 2015, un 3,8 %. Las caídas del PBI, por lo general, vienen acompañadas de reducciones de emisiones de GEI. Sin embargo, en Brasil el aumento acumulado de las emisiones de esos dos años de crisis económica fue de 12,3 %.

Carlos Rittl, secretario ejecutivo del Observatorio del Clima, dijo, en referencia a esa cifra: “Protagonizamos el peor titular sobre el clima del mundo: aumento de emisiones debido a la destrucción desenfrenada de los bosques, un hecho completamente disociado de la economía. El país, que ahora está en la [Cumbre de la ONU sobre el Cambio Climático,] COP23, ya está al borde del incumplimiento de los objetivos del Acuerdo de París”.

Rittl comentó que las emisiones industriales del país son relativamente bajas en comparación con aquellas causadas por la deforestación, que aumentaron un 27 % en la Amazonía Legal el año pasado. “La deforestación creció porque, en gran medida, es resultado del delito: se produce no para generar ganancias, sino para apropiarse de tierras públicas y especular con ellas. Si bien esas tierras [deforestadas] más adelante se destinan a pasturas para el ganado, esa actividad no rinde grandes ganancias y tiene muy baja eficiencia”.

El secretario del Observatorio del Clima dijo a Mongabay que Brasil está yendo en la dirección contraria a la tendencia mundial: “Las sociedades más avanzadas lentamente están transformando sus economías para que sean libres de emisiones de GEI, y la mejor prueba de ello es que el PBI mundial ha crecido 3 % en 2016 y que las emisiones globales no subieron por tercer año consecutivo. Mientras hay otros países menos contaminantes que se están enriqueciendo, nosotros nos empobrecemos y contaminamos más”.

Evento del SEEG a fines de octubre de 2017, en donde se anunció el repunte de las emisiones de GEI de Brasil durante 2016, debido, principalmente, a la deforestación y el uso del suelo. Foto cortesía de SEEG
La ganadería, que provee carne a todo el mundo, también es una de las mayores causas de deforestación y del crecimiento de las emisiones de GEI, en especial, gas metano. Crédito de la fotografía: CIFOR a través de Visualhunt / CC BY-NC-ND

La ganadería bovina

Las cifras provistas por el SEEG confirman que los cambios en el uso del suelo —como deforestación e incendios forestales— son responsables del 51 % de todo el dióxido de carbono emitido por Brasil durante 2016. Las emisiones causadas por los cambios en el uso del suelo crecieron un 23 % ese año, y llegaron a un total de 1167 millones de toneladas brutas de CO2e. (La unidad CO2e es la suma de todos los GEI, entre los que se incluyen el CO2 y el metano, convertidos a su valor equivalente en dióxido de carbono, que multiplican el potencial de calentamiento global. CO2e es una medida de las emisiones utilizada universalmente por el PICC).

En conjunto, los cambios en el uso de la tierra (51 %) y la agroindustria (22 %) son responsables del 73 % de las emisiones totales de Brasil durante 2016. Las emisiones producidas por la agroindustria crecieron un 1,7 % el año pasado (de 491 millones a 499 millones de toneladas), pero su participación se redujo de 24 % a 22 %, a causa del aumento de las emisiones producidas por los cambios en el uso del suelo. Entre los factores que generan emisiones en la agroindustria están la gestión de los desperdicios animales y la quema de residuos agrícolas.

Paradójicamente, la crisis económica de Brasil contribuyó al crecimiento de emisiones de GEI producidas por la agroindustria de otra manera: gracias al crecimiento de la fermentación ruminal, según el SEEG. La matanza de ganado bovino cayó por segundo año consecutivo debido a la baja demanda de carne, pero también por la competencia de otros tipos de carne, como cerdo. Esa caída significó que, en contrapartida, creciera el volumen del ganado: la población bovina aumentó a 215 millones de cabezas en 2015 y a 218 millones en 2016. Más cantidad de ganado significa más fermentación ruminal y, en consecuencia, más emisiones de gas metano.

También se puede atribuir a la agroindustria brasileña el crecimiento de 23 % del consumo de fertilizantes de nitrógeno en 2016, que emiten óxido nitroso, un GEI 265 veces más potente que el CO2.

Mientras que, por un lado, los cambios en el uso del suelo y la agroindustria generaron un aumento de emisiones, los sectores de energía, procesos industriales y gestión de residuos bajaron sus emisiones, en coherencia con una economía deprimida. El sector energético fue el que experimentó la mayor caída (7,3 %), debido, en parte, al aumento de la participación de las energías renovables en la matriz eléctrica: las fuentes de energía no hidráulica (eólica y de biomasa, principalmente) crecieron un 19 % en 2016, mientras que los embalses de las plantas hidroeléctricas, que recuperaron su nivel ese año gracias a las lluvias del centro-sur del país, aumentaron un 6 % su generación de energía. El sector industrial experimentó una reducción de emisiones del 5,9 % y el de gestión de residuos, un 0,7 %.

En donde antes la tierra estaba cubierta de selva amazónica, en la actualidad prácticamente no quedan árboles en pie. Crédito de la fotografía: Ana_Cotta a través de VisualHunt.com / CC BY

El estado de Pará, campeón de emisiones

De todas las regiones brasileñas, la del centro-oeste fue la que más emitió GEI (34 %), seguida por la del sur (20 %), la del sudeste (19 %), la del norte (14 %) y, por último, la del noreste (13 %).

El estado de Pará, que emitió 280,3 millones de toneladas brutas de carbono en 2016, experimentó un crecimiento del 29,6 % en comparación con el año 2015, cuando emitió 216 millones de toneladas brutas.

Los cambios en el uso del suelo (deforestación, principalmente), son responsables del 81 % del total, mientras que la agricultura, del 14 % y la energía, del 4 %. Combinadas, las emisiones producidas por los cambios en el uso del suelo y la agricultura (95 %) fueron mucho mayores en este estado de la Amazonia Legal que el promedio nacional (73 %). Todo eso llama la atención hacia la seria tendencia de deforestación que hay en el estado de Pará.

Presentadores de una ONG comentan el estudio del SEEG sobre las emisiones de dióxido de carbono. Foto cortesía de SEEG
Las rutas proporcionan acceso y, con frecuencia, son el primer paso hacia la degradación de los bosques, la deforestación total y el aumento de las emisiones de GEI. Crédito de la fotografía: CIFOR a través de Visualhunt.com / CC BY-NC-ND

La «vanguardia del retraso»

A pesar de los números negativos del 2016, el coordinador técnico del SEEG, Tasso Azevedo, afirmó que las actividades ganaderas y agrícolas podrían alcanzar el hito de cero emisiones si el país empezara a tomar decisiones correctas y sostenibles para la agroindustria. “Brasil puede expandir las operaciones generadoras de bajos niveles de carbono a todo el sector, lo que resultaría en un mejor ambiente para la agroindustria, mayores ingresos para el productor y menos riesgos de sequías e incendios forestales. Nuestro mayor desafío en la lucha contra el cambio climático también es nuestra mayor oportunidad”.

La capacidad tecnológica ya está disponible para llevar adelante esos cambios, sostiene Rittl, del Observatorio del Clima. “Está más que comprobado que, tanto en la ecorregión del Cerrado como en la Amazonía, es posible incrementar la producción de granos y carne sin avanzar sobre el bosque. Con intensificar [el pastoreo de] el ganado existente en las zonas que ya están destinadas a esa actividad, y utilizar los terrenos que quedan libres para el cultivo de granos, se puede lograr. Tenemos más de 500 000 km2 de tierras de pastoreo (lo que equivale al tamaño de Alemania, y bastante más) con cierto grado de degradación. Es más que suficiente para producir”, sin necesidad de deforestar y degradar más territorio.

Sin embargo, la realidad política actual hace que sea problemático modificar la situación, concluye Rittl. “Esta transformación [agrícola sostenible] requiere inversiones iniciales y regulaciones, y actualmente la representación que la agroindustria tiene en el Congreso es reacia a todo eso. Tenemos diputados y senadores que parecen haber salido del siglo XVIII y aparecido en Brasilia en el siglo XXI. Son personas que defienden, entre otras cosas, la mano de obra esclava. Es muy difícil hablar de alimentar al mundo de forma limpia y eficaz en este contexto”, en el que los poderes legislativo y ejecutivo viven en el pasado, como si fueran una “vanguardia del retraso”.

La deforestación no solo libera dióxido de carbono, sino que además cancela el efecto de humedad y enfriamiento de la atmósfera que tienen los bosques, lo que puede alterar el clima local y regional e intensificar las sequías. Crédito de la fotografía: Ana_Cotta a través de VisualHunt / CC BY