Desde la frontera “porosa” entre México y Guatemala hasta los bosques del Darién ubicados en los linderos de Panamá con Colombia, una peligrosa combinación amenaza la existencia de las áreas naturales protegidas más importantes de Centroamérica. Esta vez no se trata solamente del avance de la ganadería extensiva y de la deforestación que ésta promueve. El narcotráfico ha logrado infiltrarse también en los ecosistemas más sensibles de América Central.
Durante años, la producción ganadera ha sido un factor clave en la pérdida forestal en Centroamérica. A medida que la industria siguió creciendo, la necesidad de nuevas tierras de pastoreo se incrementó, empujando a campesinos y a grandes terratenientes a colonizar los bosques protegidos. Pero ellos no fueron los únicos. De acuerdo a un informe científico, en los últimos 15 años, la “narcodeforestación” ha producido la pérdida de entre 15 % a 30 % de la cobertura boscosa en Guatemala, Honduras y Nicaragua. La investigación calculó que desde el 2001 hasta mediados del 2014 se deforestó más de 400 000 hectáreas de bosques por actividades productivas financiadas con el lavado de dinero del narcotráfico. Lo peor es que entre un 30 % a 60 % de esa cantidad ocurre dentro de áreas protegidas, comúnmente poco resguardadas por el Estado.
Frente a este escenario, Mongabay Latam trabajó en una serie de informes especiales que reportaron en profundidad los mecanismos y la corrupción que se esconde detrás de esta problemática ambiental. Cada uno de los viajes hechos por nuestro corresponsales implicó ingresar a zonas de alta peligrosidad sin resguardo policial. En Guatemala, los periodistas encontraron una pista de aterrizaje clandestina mientras investigaban el tráfico de terrenos al interior del Parque Nacional Laguna del Tigre; mientras que en Nicaragua, los corresponsales se encontraron cara a cara -después de un viaje de seis días- con un personaje acusado de montar ilegalmente una haciendo dentro del corazón de la Reserva Indio Maíz. En México, el reportero siguió la pista del ganado que atraviesa ilegalmente la frontera con Guatemala y que se engorda a expensas de la deforestación de la selva lacandona.
Darién es conocida en Panamá como la “provincia olvidada”. La ausencia del Estado en la zona, que es además fronteriza con Colombia, ha permitido el avance y deforestación de importantes territorios boscosos y hoy amenaza seriamente al parque Nacional Darién, una reserva natural declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. La modalidad es sencilla pero perversa: el estado reconoce el derecho posesorio de los campesinos, que se aproximan peligrosamente al área protegida, despalan y trabajan la tierra. Luego, grandes terratenientes compran los derechos posesorios, que se convierten así en derecho de propiedad. La colonización del bosque se legaliza de esa manera.


