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José Luis Mena: las cámaras trampa al servicio de la ciencia

El año pasado, un equipo científico liderado por José Luis Mena, instaló 72 estaciones de monitoreo en uno de los ecosistemas más fascinantes de la Amazonía peruana, el bosque tropical de Tahuamanu. Cada estación de monitoreo  tenía una cámara trampa y un grabador de audio que registraron ininterrumpidamente durante dos meses la vida íntima de los animales. Los resultados fueron extraordinarios: majestuosos jaguares aparecían tomando una siesta frente a la cámara, venados colorados andaban distraídos frente a las estaciones y pintorescos tapires y sus crías se dejaban ver mientras caminaban tranquilamente.

Desde que José Luis Mena veía documentales científicos en blanco y negro cuando era niño hasta sus estudios con sofisticadas cámaras trampa en la selva han pasado varios años. Lo que permanece intacto es su interés por la ciencia, con la que ahora busca descubrir la efectividad real de los proyectos de conservación que realizan las ONG.

José Luis Mena, director de Ciencia de WWF Perú, lidera un equipo que investiga a los mamíferos de la Amazonía peruana. Foto: WWF

Rodeado de cientos de horas de valiosísimo material visual  para comprender mejor la conservación de nuestros ecosistemas, Jose Luis Mena se dio un tiempo para conversar con Mongabay Latam.

¿Por qué decidiste ser científico?

Creo que desde niño tenía claro estudiar la vida, los animales, las plantas, la biología. Por eso, ver documentales en televisión, en blanco y negro, en el canal nacional de Perú, a finales de la década de 1970 e inicios de 1980, me llamaba mucho la atención. Ver la experiencia de investigadores de otros países, de la fauna, eso me llamó muchísimo la atención y marcó la idea de buscar todo ese conocimiento a partir de la ciencia. Además, mis padres han sido profesores de colegio, en particular mi papá, que enseñaba geografía, y ese aspecto espacial ha sido parte de su herencia. En casa, además, contaba con libros relacionados con la biología, porque a mi mamá le interesaba esa materia. Creo que todo eso me marcó desde niño y decidí ser biólogo desde que estaba en el colegio.

¿Cómo empezó su trabajo como científico?

Dentro de la biología me fascinaban los mamíferos y en particular los marsupiales, Cuando se habla de marsupiales todos piensan en los canguros de Australia, pero también están en Sudamérica existe una variedad grande de marsupiales. De hecho, hace millones de años esta parte del continente fue mucho más diversa que Australia en marsupiales. Eso ha cambiado.

¿Es difícil ser científico en Perú?

Sí, como académico los ingresos económicos son muy limitados. En mi caso, trabajo en una ONG pero he regresado a enseñar a la universidad. Soy jefe de zoología de la Universidad Ricardo Palma y enseño cursos de ecología. Creo que uno aprende lo importante que es compartir. El año pasado empecé a estudiar un doctorado en la Universidad San Marcos y, afortunadamente, con los proyectos de WWF Perú (World Wildlife Fund), que nos ha permitido crear una base de datos, ahora yo uso esos datos para mi investigación.

La marmosa (Marmosa lepida) o zarigüeya ratón es un marsupial que habita en la Amazonía peruana. Foto: José Luis Mena / WWF.

¿Qué investigaciones realiza actualmente?

Estudiamos las comunidades de mamíferos amenazados en un ecosistema amenazado como es el páramo y el bosque montano. Estudiamos los mamíferos con cámaras trampa y analizamos los datos para saber qué factores del ambiente y de los impactos antropogénicos determinan la distribución espacial de las especies. Importante para la toma de decisiones.

Esta información nos da una idea sobre el estado de conservación de las poblaciones de especies amenazadas. Trabajamos con el tapir de montaña, muy poco estudiado, un mamífero herbívoro, el más grande de Sudamérica, y el más amenazado junto con el guanaco. En Perú quedan pocos individuos, se estima unos 200, eso nos da una idea de que esta población está en peligro serio de extinción. Nosotros los hemos monitoreado por cuatro años y ahora estamos redactando los artículos. En WWF nos interesa mucho esas especies y proveer datos contundentes sobre la efectividad de nuestros esfuerzos de conservación, algo que en las ONG no se suele hacer, porque se promueven acciones de conservación, pero no hay pruebas de que eso esté siendo efectivo.

Además, tenemos un proyecto para medir la importancia de la conservación de las concesiones forestales certificadas. Trabajamos con cámaras trampa, con grabadores acústicos, para evaluar la diversidad de aves, de primates, con técnicas que nos generen datos. Es importante porque hablamos de miles de hectáreas de concesiones forestales certificadas que, hasta lo que conocemos, es una buena estrategia de conservación de fauna, clave para el mantenimiento del bosque. También estamos generando una línea de base de restauración de zonas degradadas por minería.

¿Entonces usan toda la tecnología disponible?

Tú lo has dicho, porque en este caso, esta es la fotografía del año cero y esperamos obtener fondos en cinco años y ver que esta propuesta de restaurar ha tenido un impacto real para mejorar el estado de la biodiversidad. La tecnología nos ayuda a mejorar en la generación de datos. Las cámaras trampa han sido una revolución en ese sentido, los grabadores de acústica también, usamos técnicas moleculares. Hace diez años surgió una propuesta de trabajar con ADN ambiental, un método por el cual podemos detectar especies a través de los pedazos de cadena de ADN que están en pelos, piel, tejidos fragmentados que dejan los animales en el agua, en sus heces, en el suelo. Ahora se ha desarrollado esta tecnología a tal punto que podemos colectar esa agua, filtrar y tener esos pedazos de ADN que luego son analizados y comparados en una base de datos de genes. Estamos usando esa técnica en ecosistemas de peces, de delfines de ríos y manatíes a lo largo de los ríos Huallaga y Marañón, donde además se construirá una hidrovía, y posiblemente represas, dos amenazas de infraestructura en zonas que no están bien exploradas.

Un jaguar (Panthera Onca) camina frente a una cámara trampa instalada en los bosques de Tahuamanu. Foto: WWF Perú.

¿Cree que las investigaciones científicas pueden cambiar la vida de las personas?

Creo en eso, pero también creo que generar conocimiento científico es importante. Muchas veces se piensa que estudiar aspectos no muy directos de la vida no son muy importantes, yo creo que sí, nos enriquece como seres humanos. Ese conocimiento es valioso, pues muchos de los avances científicos no se hicieron pensando que iba a servir para un tema en particular. Además, entiendo que estamos en una crisis ambiental, que se ha denominado la sexta extinción, y perdemos poblaciones de especies increíblemente grandes, similares a las extinciones masivas del pasado. ¿Qué podemos hacer como científicos? Generar información que nos ayude a mitigar los impactos que como seres humanos estamos causando. Ese es nuestro aporte a la sociedad.

¿Qué le recomendaría a alguien que quiere ser científico?

Informarse, leer mucho, en este mundo que vivimos hay demasiadas oportunidades. Yo les diría que si tienen un sueño en ciencia relacionado con la biología, la vida, hay que empezar desde ahora, para que esas expectativas se empiecen a construir, empezar desde que están en el colegio. Creo que ser científico, como todo en la vida, no es una opción, es tener vocación.

¿Qué científicos le han inspirado y qué les diría si pudiese hablar con ellos?

No he tenido la oportunidad de conocer a Carl Sagan, que presentaba un programa de documentales, hace muchos años, que se llamaba Cosmos. Quedé impresionado con él. El otro personaje que me ha inspirado ha sido David Attenborough, tiene ahora 80 años y acaba de lanzar su nuevo documental, Planeta Tierra 2. Otra persona que es super inspiradora es Edward Wilson, quien también a los 80 años acaba de presentar un nuevo libro. Además, también me han inspirado todos los profesores que han sido parte de mi desarrollo profesional, sobre todo mi asesor Rodrigo Medellín, de la UNAM.

¿Cuál ha sido el momento o instante inolvidable para usted?

Creo que son dos. Luego de estudiar y visitar varios bosques en la Amazonia, y de años de haber visitado el Parque Nacional del Manu, conocer Cashu fue espectacular y completó un ciclo. Para mí ver ese gradiente, estudiarlo y llegar a conocerlo fue fascinante. Pero cuando conocí el Parque nacional Serengueti (Tanzania, África), donde se ha generado mucha información para entender la ecología de las poblaciones, fue una cosa ‘wow’. Eso que has leído, que te ha servido de base para desarrollar tus hipótesis y luego ir y ver los lugares es otra experiencia. Creo que nunca dejo de fascinarme por los lugares que voy, siempre hay algo que me impacta.

El mono machín negro (Sapajus apella), una de las especies registradas con las cámara trampa instaladas en los bosques de Tahuamanu. Foto: WWF Perú.

¿Dijo que estamos en la sexta extinción, cómo ve el futuro de la ciencia en esta etapa?

Creo que tiene un rol importantísimo, aportar conocimiento para la toma de decisiones, sin embargo, es fundamental la voluntad política para cambiar eso. Los países en general y que los acuerdos se cumplan en particular. Espero que algún día Perú fundamente sus decisiones en base a la ciencia y al desarrollo tecnológico, es un reto como país.

Lea aquí algunas de sus investigaciones:

Conjuntos de mamíferos pequeños en un paisaje tropical perturbado en Pozuzo, Perú

La supervivencia de la fauna silvestre más allá de los límites del parque: el impacto de la tala y quema para agricultura y la caza de mamíferos en Tambopata, Perú

Estimación de la riqueza de mamíferos y aves terrestres de la cuenca alta del río La Novia, Purús a través de modelos de ocupación

La complejidad del hábitat y la diversidad de mamíferos pequeños a lo largo de un gradiente altitudinal en el sur de México