Putina Punco, el distrito al que pertenece Angelina y otros cientos de caficultores se ubica en una zona privilegiada de donde sale el café Tunki, considerado el mejor del mundo en el 2010 o que el año pasado se llevó el premio a mejor café de calidad otorgado por la Asociación de Cafés Especiales de EE.UU. Sin embargo, hoy la historia es otra. Cada vez más caficultores se ven obligados a dejar sus cultivos y empezar a cosechar hoja de coca.

Según autoridades de DEVIDA en la zona se han empezado a detectar patrones de organización similares a las del VRAEM, el Valle que actualmente es el bastión más importante del narcotráfico en el país. Clanes familiares de narcotraficantes han empezado a ejercer el control de distintos distritos en la zona y se han encontrado laboratorios de pasta básica y clorhidrato de cocaína ubicados a pocos metros de las plantaciones. Los caficultores asentados cerca del parque, que no han querido dedicarse a cultivar hoja de coca, viven asustados.

Pedro Gamboa, jefe del Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (Sernanp), señala que los guardaparques también han sido amenazados. De hecho, uno de los jefes del Bahuaja Sonene se vio obligado a renunciar ante este peligro.

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Segunda parada: los harakbut y la minería ilegal

No cualquiera puede entrar a la comunidad nativa de Kotsimba. Para ingresar es necesario identificarse adecuadamente ante el vigilante de turno. Además de los harakbut, solo los guardaparques del Parque Nacional Bahuaja Sonene tienen acceso al pueblo. Si se quiere seguir avanzando, hay que pasar un segundo puesto de control.

Kotsimba es una comunidad indígena harakbut situada al noroeste del Parque Nacional Bahuaja Sonene, en la zona de amortiguamiento. Si uno recorre la localidad hasta llegar al área natural protegida es testigo de la destrucción causada por los mineros ilegales. El río Malinowski ya no conserva su cauce natural debido a que la maquinaria con la que los mineros remueven las orillas para buscar oro lo ha transformado por completo. Los bosques frondosos se han convertido en extensos desiertos anaranjados salpicados por mercurio.

Ni las autoridades ni los pobladores pueden negar el desastre ambiental causado a lo largo de casi diez años de explotación minera ilegal. Se han detectado 500 hectáreas deforestadas por esta actividad ilícita tanto dentro de la misma comunidad como en las orillas del río Malinowski. Las consecuencias para la biodiversidad de la zona han sido inmediatas. La población de lobos de río, por ejemplo, una especie en peligro de extinción han tenido que migrar hacia otros espacios ahuyentados por la maquinaria minera. “Los lobos han quedado aislados en el río Heath, el único límite del parque que no tiene amenazas de minería”, explica Araníbar.

Aunque los relaves mineros, dragas y retroexcavadoras forman parte hoy del paisaje de Kotsimba, los pobladores sostienen que quieren abandonar la minería ilegal en el lapso de un año para dedicarse a actividades ecoturísticas. ¿Podrán lograrlo?

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Tercera parada: el efecto globo y la minería ilegal de Alto Inambari

Toda acción tiene una reacción. Esta sentencia es particularmente fatal si se aplica al combate de las actividades ilícitas. Cuando las autoridades persiguen y dificultan las acciones de grupos criminales en una zona, estos rápidamente acomodan sus operaciones en otro lugar. Los operativos policiales realizados entre el 2009 y 2012 para combatir la minería ilegal en Madre de Dios provocó el desplazamiento de distintos grupos de población minera hacia zonas como Quincemil en Cusco, y San Gabán y Alto Inambari en Puno, explicó a Mongabay Latam el coronel César Sierra, último Alto Comisionado en asuntos de formalización minera, interdicción de la minería ilegal y remediación ambiental.

El ingreso sin control de la minería a la zona de amortiguamiento del Bahuaja Sonene fue confirmado por la Fiscalía provincial especializada en Materia Ambiental de Puno. En una de sus última visitas, las autoridades judiciales identificaron hasta 18 puntos de minería ilegal que colindan con la zona de amortiguamiento del área protegida. A este panorama hay que agregarle el tráfico de combustible que se evidencia a simple vista con la cantidad de grifos que se han instalado en la zona.

David Araníbar, jefe del parque Bahuaja Sonene, nació en esta parte de la selva puneña y aún recuerda cuando era posible ver a los enormes bagres bajando a toda velocidad por el río Inambari y a las nutrias saltando para cazarlos. Hoy las orillas del Inambari están ocupadas por retroexacavadoras y barriles de mercurio. Aranibar confirma que la minería ilegal se extiende a lo largo del Inambari.

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Bonus: la ruta del peligro en video

Mongabay Latam recorrió tres localidades clave y en peligro que colindan con el parque nacional Bahuaja Sonene. Aquí una muestra de cómo lucen esos espacios.

Artículo publicado por alexa
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