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Bolivia: los buenos resultados del manejo territorial de los pueblos Tacana y Leco

DATE: 08/11/2010; Tumupasa; ELEVATION: Unknown; LOCALTY: Unknown; Cacao - fruto y planta

  • Estudio realizado muestra que deforestación fue cinco veces menor en áreas que cuentan con gestión territorial, es decir, en áreas protegidas y territorios indígenas.
  • Pueblos originarios Tacana y Leco han logrado duplicar sus ingresos familiares gracias a una adecuada gestión de sus recursos.

Uno de los paisajes de mayor diversidad biológica en el mundo se encuentra en la Amazonía de Bolivia, en el norte del departamento de la Paz, territorio tradicional de varios pueblos originarios. Esta región concentra el 60 % de la flora del país, el 66 % de los vertebrados y el 77 % de las aves de Bolivia.

Es, por tanto, un lugar del planeta donde un adecuado manejo del territorio es vital para la conservación de la biodiversidad y el desarrollo sostenible de las comunidades que lo habitan. ¿Son compatibles la conservación de los recursos naturales y el desarrollo económico? La respuesta es positiva, al menos para los pueblos originarios Tacana y Leco que han logrado duplicar sus ingresos familiares gracias a una adecuada gestión de sus recursos. De hecho, por lo menos, el 52 % de sus ingresos los obtienen ahora del aprovechamiento de sus recursos naturales bajo un sistema de conservación de bosques y vida silvestre. ¿Cómo lo hicieron?

El pueblo Leco de Apolo desarrolla experiencias de gestión territorial desde el año 2000. Foto: WCS Bolivia.

“Antes de empezar este proceso, el manejo de nuestro territorio era desordenado. No teníamos esa microzonificación que nos permite decidir donde realizar una actividad, proyecto o emprendimiento. Ahora está delimitado y sabemos qué área es una reserva importante, qué zonas se destina para agricultura, cuál para proyecto de turismo, para protección de flora y fauna o para aprovechamiento forestal”, dice Constatino Nay, presidente del Consejo Indígena del Pueblo Tacana (CIPTA).

Ovidio Durán, capitán grande de la Central Indígena del Pueblo Leco de Apolo (CIPLA) agrega: “Con el consenso de las comunidades construimos nuestro plan de vida y, luego, en base al conocimiento de nuestros hermanos, realizamos el ordenamiento territorial y definimos las áreas de vocación productiva y sostenible para la conservación del territorio”.

El proceso emprendido con los pueblos Tacana y Lecos del Apolo forma parte del Programa de Conservación Gran Paisaje Madidi-Tambopata, que desde 1999 ejecuta Wildlife Conservation Society (WCS) y abarca una superficie de 142 000 km2 entre Bolivia y Perú.

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Vigilando los bosques y el agua

 

“Sabemos que nuestra casa grande es el espacio territorial que debemos proteger y cuidar”, dice convencido Durán. Los pueblos indígenas han llevado el discurso a la acción. Según un estudio realizado entre el 2014 y 2015 en territorios del Madidi y Tambopata en Bolivia, la deforestación fue cinco veces menor en unidades que cuentan con gestión territorial, es decir, en áreas protegidas y territorios indígenas, que en aquellas unidades donde no se aplica la gestión territorial.

El manejo del territorio por parte de las comunidades indígenas Tacana y Leco ha tenido como resultado una mayor conservación de la biodiversidad. Foto: WCS Bolivia.

Un análisis detallado permitió observar que el nivel de deforestación anual en los territorios indígenas —titulados y que realizan gestión territorial— ha sido en promedio relativamente uniforme y muy bajo. La mayor deforestación en el paisaje se produjo en las zonas próximas a las tres carreteras principales.

Robert Wallace agrega que en la Amazonía, la tasa de deforestación en territorios indígenas es muy baja, incluso más baja que las áreas protegidas. “En Bolivia ese patrón se ve en la Tierra Comunitaria de Origen (TCO) Tacana, cuya deforestación es muy baja en comparación con la tasa de deforestación del área natural protegida de Madidi.

Por otro lado, una investigación sobre la gestión territorial indígena y la protección de fuentes de agua en el territorio Tacana identificó 83 ríos y arroyos en un extenso bosque continuo e intacto que recolecta el agua que desciende de las serranías y del cual depende su provisión aguas abajo.

Entre los proyectos desarrollados destaca el manejo del cacao Amazónico, una fuente de ingresos para las comunidades. Foto: WCS Bolivia.

Por ello, las 20 comunidades que integran el territorio han definido acciones para proteger estas fuentes de agua. Así, las actividades de control y vigilancia han logrado reducir las actividades ilegales, como sucedió en 2004, cuando se desalojaron empresas mineras que extraían oro. “Queremos salir adelante haciendo un uso sostenible de nuestros recursos naturales. Tenemos también un reservorio de agua dulce que sirve a la comunidad y hay que protegerlo con controles estrictos para evitar que lo depreden”, sostiene el dirigente de CIPLA.

Ovidio Durán también se refiere a las fuentes de agua del territorio Lecos de Apolo. “Venimos trabajando en la protección de las fuentes de agua y ojos de agua que nos proveen del recurso. Por eso, las zonas donde se encuentran nuestros manantiales han sido declaradas espacio de protección”.

En relación a las áreas declaradas de protección dentro de sus territorios, el líder indígena Leco menciona que estas zonas también les han permitido recuperar varios recursos que estaban en riesgo, como la palcachupa (Phibalura boliviana), un ave en proceso de extinción. “Con la reforestación de nuestros bosques hemos regenerado muchas especies de plantas y diferentes tipos de animales que se protegen y resguardan en esta área, que son 100 por ciento reserva y no tiene intervención humana”, puntualiza.

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Lagartos sostenibles

 

Un ejemplo de cómo está funcionando esta organización del territorio Tacana se demuestra en el aprovechamiento sostenible del cuero de lagarto (Caiman yacare). El manejo de esta especie está a cargo de la Asociación Matusha Aidha, integrada por 27 socios de cuatro comunidades del río Beni. Antes de iniciarse este proyecto, había un aprovechamiento ilegal del lagarto, sin embargo, actualmente, la población de esta especie se mantiene estable. Adicionalmente, esta experiencia ha servido para proteger al caimán negro (Melanosuchus niger), especie que se encuentra en situación vulnerable. Su conservación está relacionada con la protección de las fuentes de agua donde también habita el lagarto.

El manejo del lagarto se ha convertido en una actividad que genera ingresos en las comunidades Tacana. Foto: WCS Bolivia.

“Se han establecido normas de manejo estricto y controlado. Se hace conteo y verificación, de edades, tamaños. Así se maneja el tema. Antes se comercializaba de manera clandestina, pero ahora no se puede cazar ni uno más de lo establecido. Es un trabajo muy técnico definido en el plan de manejo para el aprovechamiento de los lagartos en el territorio”, explica el presidente del Consejo Indígena del Pueblo Tacana (CIPTA).

De acuerdo con la publicación El valor ambiental, económico y sociocultural de la gestión territorial indígena en el Gran Paisaje Madidi —publicado por WCS—  entre los años 2007 y 2015, se realizaron solo ocho cosechas del lagarto, una cifra que respeta el cupo establecido por las leyes  bolivianas y a los planes de manejo del aprovechamiento del lagarto.

La población de lagarto que puede aprovecharse está estimada en 3884 individuos, solo machos adultos, para asegurar la protección de las hembras y la reproducción. La cuota de extracción permitida es de 630 individuos al año. Otra medida de conservación consiste en definir la época de cacería —el mes de octubre— al finalizar la temporada seca, para no interferir con el período de reproducción de la especie.

Los patios o huertos son pequeñas unidades de manejo agrícola ubicados en las proximidad de la vivienda. Foto: WCS Bolivia.

El manejo de esta especie genera beneficios económicos para las comunidades tacanas y, al mismo tiempo, favorece el control efectivo de los cuerpos de agua de su territorio para evitar su cacería ilegal.

Robert Wallace, director del Programa de Conservación del Gran Paisaje Madidi-Tambopata en WCS, explica que desde el establecimiento del Parque Nacional y Área Natural de Manejo Integrado Madidi, en la década de los 90 y el desarrollo de un modelo de gestión que involucra a los pueblos indígenas, se ha logrado una recuperación impresionante de la fauna. Si consideramos su valor económico, tenemos ejemplos específicos con el cacao, la pesca y el lagarto”, señala.

El especialista de WCS precisa que en el caso de los lagartos, se ha logrado vender sus cueros a nivel internacional y con reconocimiento de su sostenibilidad. “Esto demuestra cómo se mejoró la calidad de los productos y se abrieron mercados para los recursos sostenibles y naturales que provienen de un lugar con valor excepcional para la biodiversidad, y que además es manejado por un pueblo indígena”.

El pueblo Tacana elaboró la microzonificación que permite decidir donde realizar una actividad, proyecto o emprendimiento. Foto: WCS Bolivia.

De acuerdo con la publicación de WCS, la exportación a Europa de cuero de lagarto, entre 2014 y 2015, generó un ingreso promedio por socio de US$ 1803, por un mes de trabajo. Además, la venta de carne de lagarto al restaurante Gustu de La Paz, uno de los más reconocidos dentro y fuera de Bolivia, permitió a las mujeres socias vender carne fresca de lagarto al triple del precio del mercado tradicional. Entre 2014 y 2015, el promedio de ingresos por socia fue de US$ 220, por una semana de trabajo.

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La resina de los árboles

 

Una tradición que mantiene el pueblo Lecos de Apolo es la recolección de incienso, una resina que se extrae del árbol Clusia pachamamae, especie endémica de los bosques montanos del norte de La Paz. El incienso es de uso ancestral y tiene valor cultural, por su utilización en ceremonias, además de poseer propiedades medicinales.

Ovidio Durán, de la Central Indígena del Pueblo Leco de Apolo (CIPLA), sostiene que se  han establecido normas de recolección que promueven la sostenibilidad de la especie. “Tenemos un plan de manejo que permite, solo dos veces al año, la cosecha del incienso, porque los cortes que se hacen en el árbol para que brote la resina envejece a la especie que, además, es difícil repoblar. Pero nosotros hemos logrado su sostenibilidad”, precisa.

El incienso es de uso ancestral y tiene valor cultural, por su utilización en ceremonias, además de poseer propiedades medicinales. Foto: WCS Bolivia.

El área estimada de bosques de incienso dentro del territorio indígena Leco de Apolo es de 3149 hectáreas y abarca territorio de las comunidades de Sarayoj, Atén, Pucasucho y Santo Domingo. Su plan de manejo ha sido aprobado por la Dirección General de Biodiversidad, del Ministerio del Ambiente de Bolivia.

También se han establecido pautas para la cosecha y la venta del incienso. Para obtenerlo —explica Wallace— se debe visitar dos veces la zona donde se encuentra esta especie de árbol, que crece en bosques nublados, entre 2000 y 2500 metros de altura. En la primera visita se hacen cortes en la corteza de la planta y se deja que brote la resina, luego, se espera tres meses para que se seque y se pueda recolectar. “Fue un desafío lograr acuerdos entre quienes manejan el recurso, ya que a veces sucedía que algunos iban al bosque a hacer los cortes y luego otros la cosechaban. Otro problema, además, era que vendían el incienso de manera individual y tuvimos que ayudarlos a organizarse para que reúnan sus cosechas y la ofrezcan en bloque a un precio mayor”.

Por eso se ha constituido una Asociación de Recolectores de Incienso, que está en la búsqueda de nuevos mercados. El dirigente agrega que además del incienso, están trabajando en el manejo y producción del copal —otra resina medicinal— artesanías y café agroforestal. “Hemos construido un sistema de monitoreo integral para trabajar con indicadores demográficos, comunidades afiliadas, riesgos, efectos del cambio climático, un sistema de monitoreo y acuerdos de gestión con el Estado para el área natural protegida de Madidi”.

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El sabor del cacao y de otros proyectos sostenibles  

 

La gestión territorial ha permitido al pueblo Tacana diversificar sus fuentes de ingresos económicos. Sus principales fuentes de ingreso se basan ahora en 12 actividades económicas y se calcula que los hogares tienen un ingreso medio anual de US$ 3349. Por lo menos, el 52 % de estos ingresos los obtienen del aprovechamiento de sus recursos naturales bajo un sistema de conservación de bosques y vida silvestre.

La gestión territorial ha permitido al pueblo Tacana diversificar sus fuentes de ingresos económicos. Foto: WCS Bolivia.

Entre los proyectos desarrollados destacan el de ecoturismo, impulsado por la comunidad de San Miguel y el manejo del cacao Amazónico (Theobroma cacao)Como parte del proceso del manejo territorial, se realizó un estudio para determinar la estructura y diversidad genética de la especie. La investigación tuvo lugar en 19 poblaciones de comunidades Tacana y Leco de Larecaja y en los municipios de Mapiri y Guanay.

Sus conclusiones indican que las poblaciones de cacao silvestre tienen mayor variabilidad genética, pues representan el doble de las poblaciones cultivadas, por tanto, esta diversidad genética abriría oportunidades para identificar variedades que podrían potenciar su productividad. Además, se ha diseñado un protocolo nacional para extraer el ADN de las muestras de las hojas de cacao, que permitirá desarrollar una base de datos genética de todas las variedades de cacao del país.

Boletín de noticias y alertas

Los bosques amazónicos del norte de La Paz no solamente preservan una gran variabilidad genética del cacao, sino que albergan también especies relevantes de la fauna amazónica, como el jaguar (Panthera onca), el marimono (Ateles chamek) y el águila harpía (Harpia harpyja). La gestión territorial indígena es la garantía de su conservación y manejo sostenible a largo plazo, señala la publicación.