El Área Natural Protegida Península Mitre abarca la porción terrestre del extremo oriental de la Isla Grande de Tierra del Fuego y el área marina adyacente con una distancia de 12 millas contadas a partir de las costa, incluyendo la totalidad de islas e islotes comprendidas en ese pedazo de mar.

Su remota ubicación geográfica, las dificultades de navegar en estos parajes y, más aún, de atracar en sus costas, han permitido que este espacio se conserve prácticamente intocado. Es así que Península Mitre constituye una de las zonas de Tierra del Fuego más importantes en diversidad y abundancia de aves y mamíferos marinos siendo el lugar donde se concentra el más alto porcentaje de colonias reproductivas de todo el archipiélago fueguino.

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Una reserva marina

 

Península Mitre es el hábitat de una variada vegetación marina. Los bosques de algas cachiyuyo que forman un cinturón a lo largo de la costa ofrecen refugio y constituyen zona de cría de diversos invertebrados y peces. También son lugar de alimentación de varias especies que van desde los pequeños crustáceos a lobos y aves marinas. De hecho, son particularmente importantes para el lobo marino de un pelo (Otaria flavescens), el delfín austral (Lagenorrhinchus australis), el cormorán imperial (Phalacrocorax atriceps), el cormorán de cuello negro (Phalacrocorax magellanicus) y el pingüino de penacho amarillo, especie señalada como Vulnerable, por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

La bióloga marina, Andrea Raya Rey, explica que aunque no se sabe con exactitud cuáles son todas las razones por las que este pingüino se encuentra amenazado, sí se presume “que debido al cambio climático su población se ha reducido en un 80 % en los últimos 70 años”. En La Isla de Los Estados, el Pingüino de Penacho Amarillo tiene su colonia más grande en el mundo, con 140 000 parejas y se alimenta en las aguas de Península Mitre.

El lobo marino de un pelo, también vulnerable y que por muchos años fue cazado por su pelaje y faenado en industrias hoy abandonadas de la isla, “se está recuperando”, asegura Raya Rey. En cuanto al delfín Austral, “existe aquí una población residente en verano”, dice la bióloga. Otros animales como el petrel Gigante del Sur, marsopas, elefantes marinos, albatros de Ceja Negra, pingüinos de Magallanes conforman la rica biodiversidad marina de este lugar.

“Estos animales, durante todo el año y con mayor intensidad en verano, se alimentan de los recursos alimenticios del mar”, explica Raya Rey. El documento donde se expone el proyecto del área protegida, asegura que “durante la temporada de cría, es poco frecuente que los animales realicen grandes desplazamientos, desde las colonias, para alimentarse” por lo que “es importante establecer un grado de protección efectivo para las localidades de crianza”. Así mismo, el proyecto señala que “no menos importante es asegurar, con medidas de conservación, el hábitat de alimentación de las diferentes especies de aves y mamíferos marinos, al menos en una zona alrededor de las colonias que incluya las áreas máximas de dispersión de estas especies”.

Pero Península Mitre también es una importante área de cría de especies de importancia comercial, como la merluza de cola (Macruronus magellanicus), el abadejo (Genypterus blacodes), o el bacalao austral. Las diferentes especies de centollas, por ejemplo, realizan migraciones hacia aguas someras, en busca del refugio que brindan los bosques de algas para aparearse, señala el documento oficial para la creación del área protegida.

Es por ello que el proyecto indica que “las áreas marinas, que se sugiere incorporar a la zona de reserva, cumplirían justamente el objetivo de conservar santuarios reproductivos donde la intervención está excluida. De esa manera, se obtendría un flujo de juveniles que repoblarían las zonas bajo explotación”.

En cuanto a las aves, 83 especies han sido vinculadas al área de Península Mitre, comprendiendo la zonas terrestre y marina. Entre todas ellas, se destacan las calificadas como amenazadas de extinción, vulnerables y raras, de acuerdo a los listados correspondientes al trabajo “Recalificación de la fauna silvestre patagónica”.

Así, el Cauquén cabeza colorada (Chloephaga rubidiceps) amenazado de extinción, es posible de encontrar acá, además del Carancho austral (Phalcoboenus australis), el Chorlote blanco (Chionis alba) o la Remolinera Antártica (Cinclodes Antártica) todas vulnerables. Otras aves catalogadas como “raras” no lo son tanto en este rincón del fin del mundo como el Cóndor, el Chorlito de Magallanes o el Ostrero del sur.

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Una reserva terrestre

 

Sobre la tierra, Península de Mitre también guarda riquezas extraordinarias que esperan poder ser protegidas. La falta de caminos y la existencia de escasos y puntuales asentamientos humanos, “apenas una media docena”, según el arqueólogo Martín Vásquez, ha contribuido a la conservación de sus ambientes naturales y de las especies que los habitan. Es un área de especial importancia para el guanaco (Lama guanicoe), pero también es el hogar del zorro colorado, ya desaparecido en gran parte de su rango original de distribución, del huillín (Lutra provocax) y del chungungo (Lutra felina), dos especies calificadas “en peligro de extinción”, de acuerdo al listado de Recalificación de la Fauna Silvestre Patagónica.

Siete de las trece especies de plantas vasculares citadas como endémicas para el Archipiélago Fueguino, han sido registradas en Península Mitre.

Los bosques ocupan aproximadamente el 35,6 % de la superficie total de la Península. Especialmente guindos, pero también canelos, leña dura y helechos conforman los bosques costeros de este lugar. A excepción de algunos pequeños sectores, estos no han sido objeto de aprovechamiento ni han sufrido incendios de magnitud conservándose con sus características originales.

Sin duda, uno de los aspectos más representativos de la flora fueguina lo constituyen las amplias turberas, las más grandes de Sudamérica. Extensos campos de pastos rojizos y algo verdosos, las turberas son ecosistemas en base a musgos y vegetación que fueron colonizando los territorios a medida que los glaciares fueron retrocediendo. Así, las turberas, al conservar información ambiental de miles de años, permiten el estudio de la evolución de la temperatura y otros factores ambientales.

Además, las turberas son grandes proveedoras de agua potable. Y es que entre las especies que las componen, existen algunas, como el musgo Sphagnum, que es capaz de absorber grandes cantidades de agua: hasta 20 veces su propio peso en seco. Es por ello que también regulan el escurrimiento de agua proveniente de las montañas y amortiguan las crecidas de los ríos reduciendo la posibilidad de inundaciones.

Por último, otra de sus principales características es la contribución que hacen a la mitigación del cambio climático, debido a su extraordinaria capacidad para retener carbono. De hecho, aunque las turberas en el mundo solo cubren el 3 % de la superficie del planeta, contienen el doble de carbono que la biomasa forestal mundial.

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Sitio arqueológico

 

Algunas de las pocas personas que viven en Península Mitre se quedaron cuidando estancias ovejeras que hoy están abandonadas y que conforman también el patrimonio histórico de la isla. Vásquez explica que, a principios del siglo XX, en Tierra del Fuego se desarrolló la ganadería ovejera. Una producción que, mientras fue rentable el precio de la lana, se justificó pese a la dificultades que significaba mantener una producción en estos apartados lugares. “Cuando el precio de la lana cayó, junto con la aparición de las fibras sintéticas, las estancias se fundieron” dice Vásquez. Algunos productores intentaron criar vacuno, pero al poco tiempo abandonaron la empresa. “Los animales quedaron solos y se asilvestraron”, cuenta el arqueólogo. Hoy, el ganado vacuno representa un problema en Península Mitre debido a que es competencia para el crecimiento del bosque “además que pisotea y destruye los sitios arqueológicos”, asegura Vásquez.

Conchales que son vestigio de asentamientos humanos de hasta 6000 años hacen parte del patrimonio de Península Mitre. Además, durante siglos, por estas costas navegaron los barcos que buscaban llegar a la ruta del Cabo de Hornos para cruzar hacia el océano Pacífico. Es así como este lugar vio naufragar numerosos barcos que hoy constituyen importantes piezas históricas.

La creación del área protegida busca poner en marcha un plan de manejo que incluya la reubicación del ganado para proteger de este modo el patrimonio natural y también arqueológico de Península Mitre.

La creación del Área Protegida Península Mitre representaría un importante avance en el compromiso adoptado por Argentina para cumplir con las metas Aichi para la Diversidad Biológica: un conjunto de 20 metas que deberían alcanzarse de aquí a 2020 entre las que se cuenta la protección de al menos el 10 % de las zonas marinas y costeras de los países firmantes.

Una meta que, según señala Raya Rey, Argentina aún “está muy lejos de cumplir porque escasamente tenemos el 2 % de nuestro mar protegido”.

Foto Portada: Península de Mitre, Argentina. Foto: Abel Sberna. 

Artículo publicado por michelle
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