A la caída del precio internacional del aceite, sentida a partir del 2013, le antecedió una afectación por el síndrome de la flecha seca que mermó la productividad en las fincas de palma ─especialmente en las plantaciones más jóvenes─ una enfermedad que aún está presente en el Pacífico Sur (cantones de Osa, Golfito y Corredores). Los productores empezaron a sentir los impactos económicos y a entrar en crisis.

“La flecha seca le quita energía a la planta así como cantidad de hojas. Eso afecta el tamaño de los racimos e incluso pudre la fruta”, explica Wagner Loría de la Cooperativa Agroindustrial de Productores de Palma Aceitera (Coopeagropal).

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Flecha seca y su estrecha relación con la salud del suelo

 

El inicio de la bonanza económica coincidió con los primeros síntomas de flecha seca: las hojas más jóvenes empezaron a verse amarillentas y se secaron. Cuando los productores del Pacífico Sur se percataron, la base de las hojas ya estaba podrida e invadida por insectos.

“El problema, poco a poco, se va extendiendo por toda la plantación. Ese ciclo dura alrededor de cuatro años y afecta tanto a palmas de vivero como a las plantas adultas. Eso sí, las palmas más jóvenes son más sensibles”, relata Loría.

Si bien el síndrome es observable en las hojas, este se origina en la raíz, como respuesta a las condiciones de salud del suelo. Entre el colapso de las raíces y la aparición de síntomas observables pueden pasar entre 7 y 9 meses.

Pero esta no era la primera vez que el país lidiaba con flecha seca. En 1988 apareció un primer brote que afectó al Pacífico Central (cantones de Parrita y Quepos), precisamente en las plantaciones que se habían instalado en terrenos que pertenecieron a la United Fruit Company, una empresa de capital estadounidense que se dedicaba al cultivo de banano.

“Esos suelos habían sido muy bien manejados por la compañía bananera y la palma (un cultivo exigente en materia de drenaje y oxigenación del suelo) supo aprovecharlos”, explica Joaquín Torres, coordinador Nacional de Palma Aceitera por parte del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG).

Torres agrega: “cuando entró la palma, agronómicamente se interpretó que el cultivo no necesitaba tanto drenaje, ni movimiento de suelo, ni mejora en los sistemas de raíces. En otras palabras, se dejó de darle mantenimiento”. La palma terminó por afectar la productividad del suelo y su estado de salud, lo que llevó a que la palma colapsara. Es como una especie de círculo vicioso.

Si bien no se logró determinar el patógeno que causó la flecha seca, los técnicos sí lograron establecer una relación entre la salud del suelo y el colapso de las raíces. Los productores se dieron a la tarea de fertilizar y eso ayudó a la recuperación.

“Si algo aprendimos de esa época es que la finca no se cuida sola, hay que ponerle cariño”, comenta Obed Rivera de Coopecalifornia. La cooperativa realiza monitoreos a las hojas y promueve un programa de fertilización entre sus asociados. Es más, desde hace tres años realiza muestreos de suelo para conocer su estado nutricional.

De hecho, en este segundo brote de flecha seca, Parrita y Quepos se vieron afectados por el síndrome, pero en menor medida (apenas el 1% de las fincas). En cambio, el Pacífico Sur sí sufrió una gran devastación.

Las plantaciones en el Pacífico Sur eran más jóvenes porque, en el momento del boom palmero, se habían instalado en terrenos que anteriormente estaban dedicados a la ganadería y al arroz. Este último es intensivo en el uso del suelo, mientras que el ganado lo compacta. “Aún así, es mejor sembrar palma donde hubo un potrero que donde hubo cultivo de arroz”, dice Torres.

Cuando aparecieron los primeros casos en Osa, Golfito y Corredores, la afectación alcanzaba al 10% de las fincas. Entre 2012 y 2013, el 40% de estas tenían flecha seca; mientras que entre 2015 y 2016, el síndrome ya había alcanzado al 80% de las plantaciones.

¿Qué se hizo? Se recurrió a prácticas agrícolas para reducir las condiciones de estrés ambiental. “Se tomaron medidas de drenaje, se aplicó una fertilización balanceada que incluye materia orgánica, se aplicaron microorganismos benéficos al suelo y, muy importante, se evitaron los herbicidas. Al final, si usted ve, todas las medidas se dirigen a un mejoramiento integral del suelo tanto en lo físico como en lo químico y fitobiológico”, manifiesta Torres.

Para evitar el uso de herbicidas, los productores apostaron por la remoción mecánica de las malezas. Esas hierbas se colocaban alrededor de la palma en un radio de dos metros, con el fin de propiciar hojarasca. La descomposición de esa cobertura vegetal nutrió el suelo y, por ende, fortaleció las raíces. Según Torres, siguiendo estas medidas, la planta se recupera en 14 meses.

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El descuido costarricense

 

El 70% de las fincas están en manos de productores particulares, el otro 30% pertenece a la empresa privada. Los técnicos de Palma Tica –empresa productora y procesadora de aceite más grande en el país- habían controlado la flecha seca en sus plantaciones. Algo que no habían podido hacer los pequeños productores, muchos de ellos creían que la planta se “curaba” sola.

“Lo que ha habido en Costa Rica es descuido”, manifiesta Torres y añade: “el Estado erróneamente asumió que el tema de la flecha seca estaba siendo manejado por la empresa privada y no era así. Hasta en las mejores familias hay malentendidos. La empresa privada compra la fruta a productores más pequeños y les vende fertilizante. La asesoría técnica ha sido poca o nula, y tampoco están obligados a brindarla. Cada productor es responsable de su finca”.

Precisamente, las instituciones estatales instauraron una “mesa de diálogo” con el sector productivo e industrial para brindar asesoría al productor independiente y transferirle tecnología.

En 2017, el MAG y el Consejo Nacional de Producción (CNP) distribuyeron 1450 millones de colones (2.35 millones de dólares) en enmiendas agrícolas para el suelo y fertilizantes a 2093 agricultores de Osa, Golfito y Corredores. Meses más tarde, en febrero de 2018, se capacitó a productores de Siquirres, Puriscal, Turrubares y Acosta.

Estas ayudas, junto a la mesa de diálogo, se dieron en respuesta a la solicitud de intervención que realizó el sector palmero al Estado en el 2017, con el fin de hacerle frente a la crisis causada por la flecha seca y la caída de los precios.

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Suelo afectado y palmeros endeudados

 

El precio internacional del aceite de palma está estrechamente vinculado con el precio del petróleo. “Eso fue lo que pasó entre 2010 y 2012. El precio del petróleo subió y, con él, el precio del aceite de palma. La palma era altamente rentable aunque, en mi opinión, el país tenía y tiene una productividad baja. Nuestra productividad es de apenas 17 toneladas por hectárea, pudiendo tener 30 gracias a que tenemos sembradas palmas que genéticamente son de alto rendimiento”, argumenta el coordinador de palma aceitera, Joaquín Torres.

En promedio, durante el 2018, el precio de la tonelada de aceite ha estado en 540 dólares. Eso permite pagarle al productor unos 79 dólares por tonelada de fruta. Con ese precio, y según cálculos del MAG, una plantación mayor o igual a 7,5 hectáreas es rentable. “Nuestro punto de equilibrio como país está en un precio internacional de 600 dólares por tonelada de aceite”, resalta Torres.

Así mismo, el coordinador Nacional de Palma Aceitera agrega: “como se depende de los precios del petróleo, lo probable es que vuelva a subir. Los números lo que indican es que los precios tienen un ciclo de 8 o 9 años. En el 2008 se llegó al punto histórico más bajo (480 dólares por tonelada de aceite) y paulatinamente empezó a subir llegando a la cúspide en 2010-2012 y después bajó nuevamente”.

Con todo, lo cierto es que los números repercuten en personas de carne y hueso. Según Obed Rivera de Coopecalifornia, dependiendo del productor (algunos trabajan ellos mismos su finca), los costos de producción rondan entre 35 000 y 50 000 colones (entre 57 y 81 dólares) por hectárea.

“En lo que concierne a nuestros productores, les está quedando apenas una ganancia de 6000 colones (unos 9,75 dólares) por tonelada de fruta y son personas que están produciendo unas 5 o 6 toneladas. Vivir con 30 000 colones (48,78 dólares) al mes es realmente muy complicado”, dice Rivera.

Algunos productores han tenido que prescindir de los servicios de terceros para realizar las cortas (cosecha del fruto) y asumir ellos mismos esa tarea. Según Rivera, otros asociados lo que hacen es cortar solo la cantidad de producto que pueden costear.

“La caída de los precios internacionales influye directamente en las personas que se emplean en la finca, pero también en toda la cadena porque el palmero compra suministros en los comercios de la zona”, le dijo Bernal Monge, productor independiente de Quepos, a Mongabay Latam.

“Uno también ve el golpe en el programa de fertilización. Los productores recortan gastos, pero una pobre nutrición de los suelos los hace vulnerables a flecha seca. Esta crisis de los precios va a terminar de reventar en unos años debido a baja productividad, ya sea porque las plantas no dan fruto o porque el fruto que dan es pequeño y sin peso suficiente”, comenta Obed Rivera.

Según el gerente de Coopecalifornia, algunos de los asociados están sembrando hortalizas para consumo propio y volviendo a la ganadería ─ las vacas pastan en medio de las palmas─. El problema es que el ganado compacta el suelo y, a la larga, eso termina perjudicando a la plantación. “Aunque les hemos advertido de los riesgos, tampoco es que tengan muchas opciones”.

Otros asociados han salido a buscar empleo. Sin embargo, se enfrentan a una realidad: tienen una edad más avanzada de lo que busca el mercado. El promedio de edad de los asociados de Coopecalifornia es de 62 años, el miembro con mayor edad tiene 82 años y el más joven 48.

Ante el bajo precio de la fruta, el productor tampoco tiene suficiente dinero para pagar sus deudas ante el banco. Según datos del Fideicomiso Palmero, dados a conocer por Joaquín Torres del MAG, el 10% de los productores ya empezaron a retrasarse en los pagos y el 3% de los palmeros están en condiciones de hipoteca.

“Es una muestra muy pequeña, pero por lo menos nos brinda un panorama de cómo está la situación financiera. En parte, esos números demuestran el desorden que hubo en tiempos de bonanza. Los productores pidieron préstamos grandes para sembrar palma y los bancos dieron poco seguimiento. El productor está en una situación económica complicada no solo por la baja de los precios, sino porque algunos no supieron administrar su economía”, afirma Torres.

Palma Tica ─que pertenece a Grupo Numar, el cual integra empresas relacionadas con el cultivo, extracción, procesamiento y manufactura de grasas y aceites vegetales─ también ofreció crédito a los productores para que se iniciaran en el cultivo. “Por lo menos, Palma Tica hace un estimado de la producción de la finca y a partir de ahí configura el crédito. Los bancos no, a cómo prestan para cultivo de palma también prestan para una casa”, dice el funcionario Torres.

Según se lee en el estudio de Beggs y Moore, la inversión inicial en el cultivo de palma ronda los 4000 dólares por hectárea durante los primeros cinco años. Palma Tica, según Beggs y Moore, ofrece créditos a un bajo interés y el productor empieza a pagar a partir del cuarto año, cuando la plantación ya está produciendo.

Mongabay Latam intentó contar con la versión de Palma Tica pero no se recibió respuesta a pesar de haberle enviado un cuestionario a su abogado, luego que declinaran la opción de una entrevista.

Ahora bien, aunque los precios internacionales estén bajos, la totalidad de la producción de aceite ─que refinan Palma Tica y Coopeagropal─ se vende, principalmente en México. Eso permitió que estas empresas ajustaran la tarifa con la que le compran fruta a los pequeños productores para ayudarlos. Sin embargo, la crisis económica es tan aguda que ─aún con un mejor precio por materia prima─ a los productores no les alcanza para salir de su entorno de deudas.

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Biocombustible: buscando opciones

 

Como parte de la “mesa de diálogo”, se está trabajando en una propuesta para darle valor agregado al aceite de palma como biocombustible.

Según Alonso Acuña, coordinador del Programa de Bioenergía del MAG, han ideado una propuesta donde no hay mayor inversión del sector productivo e industrial. “El planteamiento es trabajar con lo que hay, es decir, hacer uso de lo que existe en el escenario agroindustrial. La Refinadora Costarricense de Petróleo (RECOPE) es la que va a tener que esforzarse un poco más”, destaca.

La normativa existente obliga a RECOPE a comprar materia prima, sea petróleo crudo o producto terminado, al precio más bajo pero con la mayor calidad, en el mercado de referencia internacional. “Si nosotros, que producimos caro y tenemos que competir con precios internacionales, no modificamos la propuesta para que ese biodiesel de palma tenga ventajas comparativas al momento en que RECOPE lo vaya a comprar, no podremos acceder a ese mercado”, explica el coordinador del Programa de Bioenergía del MAG.

En ese sentido, la propuesta se orienta a dar una ventaja comparativa, con un mejor precio y alta calidad, al biocombustible que produciría el sector palmero. La idea está afinándose para socializarla. “El único objetivo de la socialización es que sean los productores los que tomen la última decisión. Sin embargo, y en esto soy honesto, no hay muchas opciones más”, reconoce Acuña.

Para que esto sea posible se debe modificar el artículo 6 de la Ley de Monopolio de RECOPE para que se permita la incursión en el tema de biocombustibles. Según Acuña, ese proyecto de ley ya está en la Asamblea Legislativa.

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Cambio climático: nuevo reto para la palma

 

Si bien Obed Rivera de Coopecalifronia es consciente que la premura está en salir del bache económico provocado por la flecha seca y la caída de precios, otra preocupación asoma a la mesa de trabajo de la cooperativa: la adaptación al cambio climático.

Un estudio realizado por Néstor Chaves y Marco Vinicio Gutiérrez, publicado en la revista científica Agronomía Mesoamericana en 2017, describe las respuestas al estrés por calor de varios cultivos en Costa Rica.

En el caso de la palma aceitera, las altas temperaturas exigen un mayor esfuerzo de las plantas durante el proceso de respiración con tal de mantener estructuras como las raíces. También se reduce la longevidad de las hojas y el índice del área foliar (cantidad de hojas por metro cuadrado de terreno).

“Además, el estrés térmico causa el reemplazo constante de órganos vegetativos como las hojas, en detrimento del crecimiento de los órganos cosechados como los frutos (…) Debido a ello, es esperable que el calentamiento global conduzca a que el crecimiento y la productividad de algunos cultivos perennes (o de ciclo largo) declinen a mediano y largo plazo”, detallaron los investigadores en su artículo.

Asimismo, las altas temperaturas a lo largo del tiempo debilitan el sistema inmune de las plantas y las predispone a enfermedades.

El estrés hídrico, producto de sequías, ocasiona doblamiento de hojas viejas, retraso en la producción de hojas y un aumento en la tasa de absorción de nutrientes, lo cual conduce a una baja producción. Así lo destacaron Norberto Durán y Rubén Ortiz en un estudio publicado también en Agronomía Mesoamericana (1995).

“Otro efecto de la sequía es la disminución de la absorción de nutrientes por las raíces debido a una menor actividad de estas y menor difusión de los nutrientes en el suelo”, manifestaron Durán y Ortiz en su artículo.

Obed Rivera agrega un factor más a considerar: con el cambio climático, los patrones de lluvias varían favoreciendo intensidad en lugar de frecuencia. Esto tiene implicaciones en el drenaje del cultivo y, por ende, en la salud del suelo.

Asimismo, el Servicio Fitosanitario del Estado (SFE) alertó ─vía comunicado de prensa─ que las plagas de los cultivos podrían aumentar con el cambio climático y, por tanto, se requiere mantener un sistema de vigilancia en este sentido.

En lo referente a palma aceitera aplica el mismo principio que impera en ecosistemas de bosque, arrecifes o humedales: un agrosistema saludable y fuerte está en mejores condiciones para lidiar con el nuevo contexto que trae consigo el cambio climático.

Todo esto lo que muestra es que la palma de aceite en Costa Rica todavía tiene que superar bastantes obstáculos para salir de la crisis ambiental y social en la que lleva sumida ya varios años.

* Foto de portada: Alejandro Gamboa / Imágenes de Costa Rica.

Artículo publicado por antonio
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