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Venezuela traza un plan para salvar delfines, nutrias y manatíes de sus ríos

  • Cinco especies de mamíferos acuáticos habitan en la Orinoquía y la Amazonía venezolana.
  • Entre los principales riesgos están la minería ilegal, la cacería, las malas prácticas turísticas y el tráfico de embarcaciones.

El delfín de agua dulce más grande del mundo habita en Venezuela y es uno de los cinco mamíferos acuáticos que vive en la Orinoquía. Este animal llamado Tonina del Orinoco (Inia geoffrensis) debe enfrentar amenazas como la cacería, la contaminación del agua y la pérdida de su hábitat, entre otros factores que ponen en peligro su permanencia en el planeta.

Pero no solo los mamíferos acuáticos de la cuenca del Orinoco están en peligro, sino los que viven en el Amazonas también. Por eso, un equipo de científicos de Ecuador, Bolivia, Colombia, Perú y Venezuela se unieron hace más o menos 10 años con el propósito de tomar acciones para la conservación de los delfines y otros mamíferos acuáticos de las cuencas de estos dos ríos.

 

“Los delfines se han convertido en una especie emblemática, embajadores que muestran al mundo en qué condiciones están estas cuencas”, comenta Fernando Trujillo, director científico de la Fundación Omacha y uno de los fundadores de esta red de especialistas que en el año 2010 publicó el Plan de Acción para la conservación de los Delfines de Río en Sudamérica.

Después de ese trabajo conjunto, a cada país le llegó el turno para elaborar su plan nacional. Bolivia, Colombia y Ecuador fueron los primeros. Perú lo hizo en el 2017 y Venezuela fue el último país en crear su Plan de acción para la conservación de los mamíferos acuáticos de Venezuela: delfines de agua dulce, nutrias y manatíes 2017- 2027, que presentó recién este 2018.

 

En el 2010, un grupo de científicos impulso la elaboración del Plan de Acción para la conservación de los delfines de río en Sudamérica. Foto: Fundación Omacha.

“El reto era enorme en Venezuela, ya que es un país con notable presencia de mamíferos acuáticos y amenazas cada vez mayores en cuencas como el Orinoco y el Golfo de Maracaibo”, escribió Trujillo en la introducción del libro.

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Las amenazas en la Orinoquía y Amazonía de Venezuela

 

El director de Omacha asegura que en Venezuela la gran preocupación para los mamíferos de agua dulce es el proyecto del Arco Minero —un territorio de 112 000 kilómetros cuadrados con concesiones mineras—, que incluye la cuenca del Orinoco, para la extracción de oro y diamantes y la explotación de hidrocarburos. “Con este proyecto de gobierno se abren posibilidades de grandes vertimientos de mercurio en este río. Si a ello le sumamos la sobrepesca, entonces estamos afectando el hábitat de los delfines. Esto será un gran problema en la Orinoquía venezolana”.

Los ríos de la selva de Venezuela es el hogar de delfines, nutrias y manatíes. Foto: Fundación Omacha.

Para Saulo Usma, coordinador del Programa Conservación de Ecosistemas de Agua Dulce de WWF Colombia, la minería ilegal y el uso de mercurio para esta actividad “es una de las grandes amenazas que, además, ocasiona otros problemas como deforestación, sedimentación, colapso de pesquerías y problemas de salud pública”.

El plan de acción elaborado para Venezuela es un detallado diagnóstico de la situación de los mamíferos dulceacuícolas, un trabajo de científicos en coordinación con instituciones del Estado. El estudio presenta las principales amenazas que enfrentan las cinco especies de mamíferos que recorren los ríos de Venezuela: Tonina del Orinoco, Tonina costera, Perro de agua o nutria gigante, Nutria neotropical y Manatí, este último En Peligro Crítico, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

Los mamíferos acuáticos en general están amenazados por la cacería, las malas prácticas turísticas y el tráfico de embarcaciones. Además, por la contaminación del agua, las interacciones negativas con la pesquería y la alteración del régimen hidrológico por el cambio climático.

La pérdida de hábitat originada por la construcción de embalses y represas hidroeléctricas, el cambio del uso del suelo, la deforestación, la remoción de sedimentos y las actividades extractivas como la minería, está reduciendo el espacio disponible para la vida de estas especies.

La cacería ilegal y la pesca incidental son amenazas constantes para los delfines. Foto: Fundación Omacha.

La cacería ilegal también figura entre las causas de la reducción de los mamíferos de ríos, en algunos casos se los busca por sus pieles, en otros, porque son utilizados en medicina tradicional. En el caso de los manatíes, por ejemplo, sus crías son capturadas para venderlas como mascotas.

En el caso de los delfines, el turismo genera muchas veces persecución y acoso a estos animales. Su captura y confinamiento con fines turísticos y comerciales también es un riesgo permanente. El tránsito de las embarcaciones incrementa el riesgo de colisión, además de alterar su comportamiento porque interrumpe su comunicación y dispersa los cardúmenes de peces con los que se alimentan.

Las redes de pesca también ponen en riesgo a los mamíferos acuáticos por los enredos incidentales. La alteración en el ciclo hidrológico a causa del cambio climático es otro gran peligro para estas especies, pues podría ocasionar el aislamiento de sus individuos en los cuerpos de agua.

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Cuidando a los mamíferos acuáticos de la región

 

“Solo dos continentes tienen delfines”, dice Usma, de WWF Colombia y otro de los autores del plan elaborado para Venezuela. Comenta, sin embargo, que la situación de estas especies en Asia es muy crítica y que incluso, hace dos años, se declaró al delfín del río Yangtze (en China) como una especie extinta. Su desaparición fue consecuencia de la sobrepesca, la contaminación y la transformación de este río por la construcción de la represa más grande del mundo. La situación no es mejor en otros países asiáticos como Pakistán, India, Cambodia y Myanmar, donde sobreviven precariamente otras especies.

Los mamíferos acuáticos en Sudamérica enfrentan amenazas como la construcción de grandes represas en los ríos. Foto: Fundación Omacha.

Usma comenta que el problema no llega a esos extremos en Sudamérica, pero que las represas en la Amazonía de Brasil y los proyectos para estas infraestructuras en los ríos amazónicos de Perú y Bolivia son un grave riesgo.

Los planes de acción elaborados y aprobados en los países sudamericanos han tenido algunos resultados. Por ejemplo, en Bolivia se emitió una resolución presidencial que le daba a los delfines (Inia boliviensis) el estatus de patrimonio nacional natural. En Colombia y Ecuador se aprobó la creación de sitios Ramsar.

Las propuestas del plan de Venezuela incluyen realizar nuevas investigaciones que permitan incrementar el conocimiento de las poblaciones de mamíferos dulceacuícolas y así identificar, cuantificar y mitigar las amenazas que afectan a estas especies.

También se busca implementar actividades socioeconómicas sustentables y de educación ambiental que impulsen la conservación de los mamíferos de agua dulce y sus hábitats, con la participación de las comunidades locales.

El plan de acción de Venezuela contempla realizar más investigaciones en las cuencas del Orinoco y el Amazonas. Foto: Fundación Omacha.

Jaime Bolaños, investigador venezolano de mamíferos acuáticos, señala que realizar trabajos científicos en ese país es difícil por  las condiciones políticas y económicas que han sumido en una crisis al país. “Muchos de nuestros científicos están migrando. Venezuela se está quedando sin investigadores”.

Usma, por su parte, agrega que desde Colombia se realizan estudios en las zonas limítrofes con Venezuela para así contar con alguna información del país vecino. En ese camino, se han hecho algunos hallazgos importantes. “Es posible que el delfín rosado del Amazonas venezolano sea una especie diferente. Se están haciendo estudios para definir esto”.

El científico explica que la presencia de delfines en un río significa que este ecosistema goza de excelente salud y, ahora corresponde tomar acciones para evitar que estas especies de la Amazonía sudamericana se pierdan.

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Las cinco especies que recorren los ríos de Venezuela

 

1.- Tonina del Orinoco (Inia geoffrensis) – Vulnerable

La especie Tonina del Orinoco es el delfín de río más grande del mundo. Foto: © naturepl.com / Mark Carwardine / WWF

Conocido como delfín rosado o bufeo colorado, la tonina del Orinoco es el delfín de río más grande del mundo. Puede medir hasta 2.80 metros de longitud y su peso alcanza los 180 kilos. Se les considera longevos porque viven hasta los 40 años.

Los delfines rosados habitan en las cuencas de los ríos Orinoco y Amazonas. En Venezuela se encuentran también en el Brazo Casiquiare que conecta las cuencas del Orinoco y el Amazonas a través de río Negro.

La captura dirigida a la comercialización de algunas de sus partes para usarlas como medicamentos y amuletos, y el uso de su carne como carnada en la pesca del bagre mapurite son algunas de las amenazas que enfrentan esta especie. Se estima que cada año, desde 1990, se extraen al menos 40 individuos para utilizarlos como carnada, esto significa más de 800 especímenes sacrificados hasta ahora.

2.- Tonina costera (Sotalia guianensis) – Vulnerable

La tonina costera es un delfín pequeño cuya distribución va desde Nicaragua hasta Brasil. Foto: Fundación Omacha.

Se trata de una de las especies de delfín más pequeña en el mundo, con 1.5 metros de largo y 50 kilos de peso. Son endémicos del Caribe y de la costa Atlántica de Sudamérica, cuyo rango de distribución va desde Nicaragua hasta Brasil.

Habitan en la mayoría de los ríos de la cuenca del Amazonas. En Venezuela se encuentra en el lago Maracaibo, en las costas de los estados Falcón, Sucre, Carabobo, Miranda y en la cuenca del Orinoco.

Se calcula que su población supera los 4000 individuos, pero aún falta establecer la cantidad de estos animales en zonas como la isla Carichana, la desembocadura del río Parguaza y el norte y sur del Lago Maracaibo.

Cuando son víctimas de la pesca incidental, son aprovechados para el consumo o como carnada para la pesca de tiburón.

3.- Perro de agua o nutria gigante (Pteronura brasiliensis) – En Peligro

El perrito de agua o nutria gigante es un experto nadador y muy buen buceador. © naturepl.com / Mary McDonald / WWF

Este animal endémico de Sudamérica tiene nombres indígenas como nabarao, en lengua Warao; y hetehia, en idioma Yanomami. Son expertos nadadores y buceadores. Llegan a medir entre 1.5 y 1.9 metros de longitud, con un peso de hasta 35 kilos.

En esta especie es posible reconocer a cada individuo por unas manchas blancas irregulares que tienen en el cuello, como si se tratara de una huella digital. Son animales que andan en grupos de hasta 10 y ante cualquier amenaza emiten fuertes sonidos.

La nutria gigante vive en Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Paraguay, Brasil, Guyana y Surinam; pero en Uruguay y Argentina se considera extinta. Su población ha disminuido drásticamente en Venezuela, hasta un 50 % en los últimos 30 años, como consecuencia de la destrucción y fragmentación de su hábitat, la deforestación, la contaminación del agua, el represamiento de los ríos de los llanos, y la caza furtiva.

Durante las décadas de 1950 a 1970, esta especie fue perseguida intensamente por su piel que se comercializaba para la confección de los tradicionales y famosos sombreros ‘pelo de guama’, llamados así porque tienen una textura como el pelillo que recubre las semillas del fruto del guamo o pacay.

A los perros de agua los llaman ‘dueños de la pesca’, por su conflicto con los pescadores, quienes los persiguen al considerar que afectan la abundancia de especies en el río y ocasionan deterioro a sus redes cuando quedan atrapados en ellas.

4.- Nutria neotropical (Lontra longicaudis) – Vulnerable

La nutria neotropical enfrenta amenazas como la pérdida de su hábitat. Foto: Fundación Omacha. © WWF-Brazil / Adriano Gambarini

En la lengua indígena Barí se le conoce como Kirogbáá. Mide entre 90 centímetos y 1.5 metros y su peso varía de 5 a 15 kilos. Suelen ser animales solitarios, sin embargo, también se les observa en pareja o en grupos familiares, compuestos principalmente por la hembra y sus crías.

Su distribución geográfica abarca desde el norte de México hasta el norte de Argentina y sur de Uruguay, incluyendo parte de Brasil. En Venezuela tiene una amplia distribución al sur del río Orinoco, el Sistema Deltaico y la cordillera Oriental, así como en la cuenca del lago de Maracaibo y las cordilleras de la Costa y de los Andes, incluyendo la sierra de Perijá.

Las amenazas que enfrenta la especie son la pérdida y fragmentación de hábitat; la alteración del régimen hidrológico de los ecosistemas acuáticos; la disminución de alimento disponible por la sobrepesca; la contaminación en algunas zonas por metales pesados y la alteración de la calidad física, química y biológica del agua.

Entre 1940 y 1970, esta especie era cazada para el tráfico ilegal de pieles. Aún hoy son víctimas de la cacería furtiva.

5.- Manatí (Trichechus manatus) – En Peligro Crítico

El manatí es la especie de mamífero acuático más amenazada de Venezuela. Foto: © naturepl.com / Alex Mustard / WWF

Se le conoce también como vaca marina o manatí del Caribe. Se trata del único herbívoro totalmente acuático, cuyo nombre proviene de una lengua indígena caribe y significa mamas. Alcanzan en promedio 3 metros de longitud y un peso entre 360 y 540 kilos, pero en algunos casos llegan a medir hasta 3.9 metros con un peso de hasta una tonelada y media.

Su distribución va desde el sureste de los Estados Unidos hasta la desembocadura del río Amazonas en el centro de Brasil, incluyendo Las Antillas. Al norte de Sudamérica ocupa los ríos Orinoco, Meta, Arauca, Apure, Casanare, Bita y sus afluentes, así como la cuenca del Lago de Maracaibo, el Sistema Deltaico del río Orinoco, el Golfo de Paria y la costa del Mar Caribe.

La cacería, las muertes accidentales por colisiones con embarcaciones y los varamientos por desecación de los humedales debido a la construcción de represas y el cambio climático son sus principales amenazas.

En los últimos diez años su población se ha reducido en más del 80 %. Se estima que hay menos de 2500 individuos y que su declive será del 20 % en las próximas dos generaciones.