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La salamandra americana gigante amenazada por nueva enfermedad y por estrés

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  • La población de la salamandra más grande de América del Norte ha estado disminuyendo en los últimos treinta años.
  • Gran parte del hábitat de la salamandra americana gigante ha sido degradado por la actividad humana y hay otro motivo de alarma: un hongo mortal.

Con más de sesenta y un centímetros de largo, la salamandra americana gigante (Cryptobranchus alleganiensis) es la especie de salamandra más grande de América del Norte.

La población de salamandras americanas gigantes ha estado disminuyendo en los últimos treinta años y, en algunas partes de su zona de distribución, desapareció por completo. Los investigadores piensan que puede deberse a que necesitan agua fresca y limpia, y gran parte de su hábitat ha sido degradado por la actividad humana. Hay otro motivo de alarma para los investigadores de la salamandra americana gigante: un hongo patógeno que puede devastar las poblaciones de salamandras si llega a América del Norte.

Los investigadores utilizan un sistema de palancas para levantar rocas pesadas. Imagen cortesía de Becky Hardman.

Hasta el momento, la investigación indica que las salamandras americanas gigantes pueden sobrevivir a este hongo. Pero las probabilidades son menores si ya están estresadas por la degradación ambiental.

Las secreciones mucosas supuran de la piel de una salamandra gigante de 61 cm mientras espera en un cubo a que la midan, le tomen una muestra y le instalen un rastreador. “Llenará un cubo entero de moco”, señaló a Mongabay Becky Hardman, doctora en medicina veterinaria.

La salamandra americana gigante es la salamandra más grande de América del Norte, vive más de treinta años y, en estos momentos, tiene la atención de decenas de mentes dedicadas, como la de Hardman, en todo Estados Unidos.

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“Cada salamandra es como el oro —plantea Hardman—. Atraparla lleva mucho trabajo, y es casi imposible recapturarla”. Hardman atrapa salamandras americanas gigantes (Cryptobranchus alleganiensis) desde Arkansas hasta Tennessee y, a menudo, este trabajo requiere de todo un equipo de personas. “Nos sumergimos con mascarillas con línea de aire y con 23 kg de peso que nos llevan hasta el fondo”, explica Hardman. Una vez allí, los investigadores gatean por la corriente. Algunos miembros del equipo utilizan un sistema de palancas para levantar rocas pesadas, mientras otros nadan con cuidado por debajo de esas rocas, donde una salamandra extraña y solitaria podría, poco probablemente, estar ocultándose en su nido. “Cuatro personas que trabajen durante una hora podrían encontrar una —señala ella—, y es algo peligroso. No quieres perder tu línea de oxígeno con el peso que llevas atado al cuerpo”.

La próxima plaga

Entonces, ¿por qué las personas están jugándose la vida para acorralar a estas salamandras escurridizas? Para poder comprenderlo, hay que empezar contando el apocalipsis de las ranas. Durante las últimas décadas, una plaga anfibia alarmante ha llevado a casi 200 especies de anfibios, en especial ranas, hasta la extinción o muy cerca de esta. En zonas como los pirineos franceses, no ha sido inusual ver alfombras de ranas muertas, que cubrían el paisaje. El culpable: el temido hongo quítrido de los anfibios (Batrachochytrium dendrobatidis), también conocido como Bd.

La muerte por Bd es algo espantoso. Las esporas del hongo infectan la piel, y el hongo en desarrollo esparce proteínas para comer los bloques de aminoácidos. Las ranas se tornan soñolientas, se les descama la piel, dejan de comer, y sus corazones dejan de latir en pocas semanas.

Muchas salamandras adultas saludables, incluida la salamandra americana gigante, parecen ser resistentes al Bd. Sin embargo, cuando en el 2013 una especie relacionada con el Bd, el Bsal (Batrachochytrium salamandrivorans), fue detectado en salamandras del norte de Europa, los investigadores se pusieron en alerta máxima. Se observaron extinciones a larga escala de salamandras comunes (Salamandra salamandra) en una reserva natural en los Países Bajos, y se denunciaron brotes similares en Alemania y en Bélgica, tanto en poblaciones silvestres como cautivas.

Salamandra común (Salamandra salamandra) cubierta de ulceraciones de Bsal, que aparecen como puntos negros. Foto: F. Pasmans.

Los investigadores creen que el Bsal es, en realidad, originario de Asia y que su expansión a otras zonas, donde las salamandras no desarrollaron una resistencia natural a la enfermedad, puede ser catastrófico para las poblaciones de salamandras, del mismo modo en que el Bd fue masivamente mortal para las ranas.

Por fortuna, el Bsal no ha sido detectado en América del Norte… todavía. Pero a los investigadores les preocupa que el comercio de mascotas anfibias, que es grande y no está regulado, pueda constituir un peligro real para la expansión del Bsal.

En respuesta a esta amenaza inminente, una coalición de personas del Gobierno, del ámbito académico y de la industria privada se reunieron en un taller internacional en el 2015 para formar la Bsal Task Force. El objetivo de la fuerza de tarea: concentrarse en la administración, la política y la investigación de Bsal, e idear un plan de respuesta rápida en caso de que llegue a América del Norte. La fuerza de tarea divulgará un plan estratégico exhaustivo en el 2019, que servirá como guía para una respuesta organizada.

El equipo está recurriendo a las lecciones aprendidas por las malas durante invasiones anteriores. El Bd., que sembró el caos entre las ranas de todo el mundo; el síndrome de la nariz blanca, un hongo que devastó las poblaciones de murciélagos; el cancro del castaño, que acabó con millones de castaños americanos a principios de 1900. Lo que se aprende de desastres como estos: la prevención es la mejor cura pero, si es necesario actuar, que sea rápido, coordinado y exhaustivo.

Criaturas con un propósito

Entonces, ¿por qué toda esta preocupación dramática por esas criaturas  aparentemente insignificantes? Además de su valor innato como miembros vitales de un ecosistema, las salamandras son, sorprendentemente, vitales para la salud de los bosques.

En algunos de los bosques de América del Norte, como el bosque Hubbard Brook, en New Hampshire, la biomasa (peso seco) de las salamandras puede ser tan grande como la biomasa de todos los mamíferos pequeños juntos. Por lo tanto, si bien cada salamandra puede jugar un papel relativamente menor, en conjunto, su contribución a la red trófica y al funcionamiento del ecosistema es significativa.

Las salamandras también brindan una variedad de servicios al ecosistema o un beneficio directo a los humanos. Su habilidad impresionante para regenerar extremidades es de interés para la comunidad biomédica, al igual que las secreciones fascinantes de su piel, que puede tener propiedades antibióticas, anestésicas y analgésicas.

Las salamandras también comen la mayoría de los insectos y gusanos que rompen y liberan el carbono de las hojas caídas. En consecuencia, según algunos cálculos, las salamandras son responsables de mantener 179 lb de carbono por acre contenido, lo que mitiga los efectos del cambio climático.

Entonces, ¿qué hay sobre la salamandra americana gigante específicamente? No solo son curiosidades grandes y carismáticas, sino que su salud nos puede contar mucho sobre la salud del agua donde viven. Las salamandras americanas gigantes respiran por la piel. Los pliegues ondulados, similares a la lasaña, a lo largo de su cuerpo, le dan una mayor superficie a través de la cual pueden sacar oxígeno directamente del agua.

Una salamandra americana gigante sinuosa muestra sus pliegues. Imagen cortesía de Todd W. Pierson.

Por lo tanto, las salamandras americanas gigantes necesitan agua limpia, fresca y caudalosa para sobrevivir. Debido a esta característica singular, su presencia, salud y supervivencia en una corriente de agua puede ser un indicador de la calidad del agua y de la salud de esa corriente; una especie de efecto “canario en la mina de carbón”. Si las salamandras americanas gigantes están en malas condiciones, es probable que la corriente de agua también lo esté.

Una especie que disminuye

La zona de distribución histórica de la salamandra americana gigante del este incluye gran parte de las corrientes de agua en el este de EE. UU., dentro de los desagües de Ohio y de Misisipi. Esto era, principalmente, el norte de Alabama, noreste de Misisipi y norte de Georgia, pasando por Pensilvania y hasta el sur de Nueva York. La disminución de la población de la salamandra americana gigante ha sido detectada desde la década del ochenta en el este de EE. UU. y, aunque la zona de distribución se retrajo un poco, los investigadores están advirtiendo cantidades menores a lo largo de la zona de distribución con extinciones locales esporádicas, en especial en zonas con bosques de amortiguamiento reducidos. La situación parece ser peor en Misisipi y en Alabama, donde las salamandras americanas gigantes no han sido vistas con vida por cuatro años.

La salamandra Ozark (Cryptobranchus alleganiensis bishopi) es nativa de los montes Ozark en Misuri y Arkansas. Esta subespecie está catalogada como En peligro de extinción en el país y ha desaparecido de casi todas las corrientes de agua donde habitaba.

Más recientemente, las salamandras Ozark de Arkansas comenzaron a aparecer con lesiones extrañas en la piel y con deformidades (o desaparecieron por completo), y los científicos como Deb Miller del Center for Wildlife Health de la Universidad de Tennessee comenzaron a darse cuenta. Le pidió a Becky Hardman que se uniera a ella para investigar las causas de estas disminuciones y para controlar las poblaciones de la salamandra Ozark en Arkansas y de la salamandra americana gigante del este en Tennessee. Este trabajo pronto se convirtió en la investigación de doctorado de Hardman en la Universidad de Tennessee Knoxville. Para su estudio, Hardman se pregunta: ¿qué sucede con el medioambiente, las salamandras americanas gigantes y los patógenos? ¿Se puede evaluar la salud de las salamandras americanas gigantes en su hábitat natural sin hacerles daño?

Una úlcera en la pata de una salamandra americana gigante, en Arkansas. Imagen cortesía de Becky Hardman.

En respuesta a esto último, parece que sí. Hardman y su equipo miden peso y longitud, toman notas sobre lesiones y deformidades, sacan una muestra pequeña de piel y recogen otra muestra de piel con un hisopo para observar patógenos y microbios de la piel. En algunos individuos, les implanta quirúrgicamente un radiotransmisor para aquellos equipos de investigación que quieren evaluar de manera más precisa el uso del hábitat y los movimientos de la salamandra americana gigante.

Si bien la investigación continúa, lo que ella puede afirmar es que la calidad del hábitat es importante. En general, las enfermedades aumentan en hábitats más degradados. Por lo tanto, mientras que una salamandra americana gigante en una corriente de agua saludable puede resistir al Bd., un animal estresado por el agua sucia tiene mayor probabilidad de sufrir.

En el laboratorio del Center for Wildlife Health, en la Universidad de Tennessee Knoxville, los científicos Matt Gray y Deb Miller están estudiando los efectos de Bd, Bsal y ranavirus (otro asesino de anfibios) en salamandras americanas gigantes jóvenes.

Becky Hardman toma una muestra de la piel de una salamandra americana gigante para estudiar los microbiomas y detectar enfermedades. Imagen cortesía de Becky Hardman.

Hasta el momento, las salamandras americanas gigantes jóvenes pueden infectarse, pero no mueren por la exposición al Bsal. Estas son noticias prometedoras para la salamandra americana gigante, pero los efectos de la enfermedad pueden variar en el ámbito silvestre, en especial en una situación donde los hábitats degradados y el agua sucia están estresando a las salamandras americanas gigantes y debilitando sus defensas.

En colaboración con el proyectos de recuperación de la salamandra americana gigante en Tennessee, Michael Freake, de la Universidad Lee, monitorea la salamandra americana gigante del este y estudia su genética y conservación. Hace poco, Hardman y Freake se unieron a Bill Sutton, investigador y profesor adjunto en la Universidad estatal de Tennessee, para aumentar la cantidad de salamandras americanas gigantes saludables al moverlas de lugar. El equipo planea reubicar físicamente a adultos saludables de corrientes de agua donde hay una población floreciente de salamandras americanas gigantes en corrientes de agua sin población o con poblaciones decrecientes, donde, en teoría, deberían poder prosperar.

“Básicamente, estamos tratando de poner más huevos en la canasta”, explicó Freake.

Bill Sutton y Emily Nolan utilizan ultrasonido para determinar el sexo de una salamandra americana gigante. Imagen cortesía de Becky Hardman.

Este enfoque difiere del de otros investigadores, quienes criaron salamandras americanas gigantes en cautiverio y las reintrodujeron en el hábitat silvestre. Las salamandras de laboratorio se comportan de manera diferente, según explica Freake, y pueden tener menos posibilidades de sobrevivir que las salamandras americanas gigantes con experiencia en la vida silvestre.

Se necesita ayuda

Además de la evidente fascinación con las salamandras, todos estos investigadores tienen una cosa en común: los aterra lo que el Bsal puede significar para las salamandras de América del Norte.

“Lo que realmente necesitamos son programas financiados por el Gobierno para asegurar un comercio de anfibios libres de patógenos —sostuvo Matt Gray—. Se exige un comercio libre de patógenos para los animales domésticos, pero no para la vida silvestre. Como mínimo, el Gobierno debe apoyar los esfuerzos para controlar los patógenos anfibios en las poblaciones comerciadas, en cautiverio y también en las que están en su hábitat”.

¿Qué puede hacer el ciudadano promedio para proteger a la salamandras norteamericanas del Bsal? Los investigadores tienen algunas recomendaciones. En primer lugar, si uno tiene una rana o una salamandra como mascota, no debe liberarla en un ámbito silvestre, ya que puede transmitir enfermedades. Además, es importante descontaminar el contenido de los tanques antes de desecharlo: simplemente hay que colocar el agua o contenido del tanque en un balde con lejía y dejarlo unas horas para matar patógenos. La lejía diluida no es tóxica para el medioambiente, pero no pasa lo mismo con el Bsal.

Una salamandra americana gigante furtiva se mezcla con las piedras al fondo de una corriente pequeña de agua. Su presencia indica que esta corriente aún está en condiciones bastante buenas. Imagen cortesía de Todd W. Pierson.

O, mejor aún, según dicen los científicos, simplemente no compren ranas ni salamandras.

Otra pieza importante del rompecabezas es proteger la calidad del hábitat y del agua. Esto se debe a que, para muchos organismos, la enfermedad combinada con estrés ambiental es lo que causa la muerte.

Y nuestros efectos sobre las salamandras americanas gigantes pueden manifestarse de manera sorprendente. Sobre la costa de un río frecuentado por personas, a Hardman le sucedió algo de lo más extraño. Una salamandra americana gigante adulta salió del río ¡y se dirigió directamente hacia ella! Como no es de las que pierden una oportunidad única, ella y el equipo de la Universidad de Tennessee decidieron prepararse para una cirugía y pronto sintieron un bulto extrañamente grande dentro del cuerpo del animal. Pensando que era un tumor, Hardman tuvo más cuidado con la pequeña criatura. Pero, cuando la liberaron, observaron con horror que vomitaba nada menos que un hotdog entero.

La relación entre los humanos y los animales puede ser compleja. Y, al parecer, el destino de las salamandras está relacionado con el bienestar de la red de la vida: humanos, salamandras americanas gigantes y todo el resto.

Imagen del banner: Una salamandra americana gigante circula por su mundo acuático. Imagen cortesía de Todd W. Pierson.

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