A pesar de todas las promesas, en la superficie, la pobreza no ha cambiado demasiado y los conflictos sociales se han agudizado. Los efectos negativos de la minería, dicen ambientalistas y líderes comunitarios, podrían envenenar fuentes de aguas, cambiar cursos fluviales, deforestar bosques enteros y hasta causar tragedias como las de Brumadinho y Mariana en Brasil, donde la ruptura de diques mineros arrasó pueblos, acabó con la vida de cientos de personas y contaminó ríos hasta la muerte.

Por eso José Tendetza, el shuar al que su hermano vuelve a ver en una visión mística, se oponía a la mina en su tierra. Por eso, creen muchos, a José Tendetza lo mataron.

El asesinato de José Tendetza ocurrido en noviembre de 2014, sigue impune. La minería, a la que tanto se oponía, avanza en la región. La familia de José Tendetza y las pocas personas que lo recuerdan, dijeron que hablaba duro, que era muy bravo y era capaz de persuadir y sensibilizar sobre la defensa del territorio y la oposición a la minería a quien lo escuchaba. “No tenía estudios académicos, pero tenía capacidad de liderazgo”, dice Manuel Sánchez, un mestizo que es miembro de la Comunidad Amazónica de Acción Social Cordillera del Cóndor Mirador (Cascomi).

 

A comienzos de los 2000, el papá de Manuel Sánchez le entregó a su hijo una finca que tenía en Tundayme para que éste la vendiera y pudiera pagar las deudas en las que estaba ahogado, después de que su almacén de electrodomésticos quebrara. Eran las épocas de la mayor crisis económica y social del Ecuador, que terminó con millones de emigrantes y con el país sin moneda propia y con su sistema financiero casi extinguido. “El único potencial comprador, era la empresa minera”, recuerda Sánchez.

Por la finca recibió de la empresa Ecuacorriente mil dólares. Después, Manuel Sánchez habló con un amigo suyo que trabajaba en la minera y le avisó que la empresa iba a comenzar a sacar cobre, oro, plata y otros materiales del subsuelo. Le recomendó que leyera algunos documentos del Ministerio del Ambiente. Cuando lo hizo, se sintió burlado. “Ni a mí ni a otros propietarios nos pagaron lo justo por las tierras”, dice.

En ese momento, Sánchez comenzó a defender más los derechos de los propietarios de las tierras de Tundayme. “Todo el mundo me daba la razón, pero nadie me daba la solución”, dijo. En 2015, la empresa minera Ecuacorriente tumbó la escuela, la capilla, las casas de la comunidad San Marcos para construir una piscina para desechos de la mina.

Por el asesinato de José Tendetza hubo dos hombres investigados, pero fueron absueltos. Nadie sabe quién estranguló hasta la muerte al líder shuar, al síndico de Yanua Kim, al vicepresidente de la Federación Shuar de Zamora, al militante activo de la Confederación de Nacionalidades Indígenas de la Amazonía Ecuatoriana y de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador.

Cuando murió, José Tendetza tenía 49 años y siete hijos con Carlota María Ushap. En el 2008, se separaron: ella comenzó a trabajar en Ecuacorriente y a José Tendetza eso no le gustó. José Tendetza nació en Yanua Kim, otra pequeña población de la Cordillera del Cóndor, en la provincia austral de Zamora Chinchipe, a más de seiscientos kilómetros de Quito, la capital del Ecuador. El día en que murió, el 29 de noviembre de 2014, José Tendetza volvía a Yanua Kim.

Su muerte sería el inicio del lento declive de la resistencia minera en la zona. Sus hermanos dicen que donde había asambleas contra la minería, José Tendetza estaba. Era un agricultor de manos duras y temperamento aún más férreo: su hermano Alfonso recuerda la vez en que José vio a unos empleados de la minera Ecuacorriente frente a su comunidad haciendo mediciones para comenzar el pavimento de la carretera. José Tendetza se les acercó y sin decir nada le quitó el casco a uno de ellos y lo lanzó al piso y con una piedra grande lo hizo volar en pedazos. “Muchos pedazos”, dice Alfonso Tendetza. Antes de ser líder, José Tendetza había trabajado en la minera desde 2002 a 2006.

Pero José Tendetza no quiso seguir con la industria del cobre. Prefería cazar y pescar en el río, como todos los mayores de su familia, y como ellos, completó apenas la primaria. Para viajar a las asambleas antimineras —en Quito, el Puyo, Loja o Cuenca, todas ciudades a cientos de kilómetros de distancia— vendía los plátanos, el maíz y las papayas que sembraba. Con lo poco que recaudaba, viajaba.

Ese día regresaba de Gualaquiza, una ciudad de la provincia de Morona Santiago. Volvía —suponía su familia— de una reunión con la Asociación Shuar de la parroquia de Bomboiza y la Agencia de Regulación y Control Minero, la Arcom. El dato es incierto porque en el juicio que se abriría por su muerte, un testigo declaró que Tendentza no estuvo en la reunión.

—El día estaba soleado y de repente llovió, recuerda Alfonso Tendetza.

José Tendetza se bajó de la ranchera, un bus rudimentario sin puertas ni ventanas, en Chuchumbletza, muy cerca de Yanua Kim. Los que lo vieron bajarse dicen que no tenía dinero para el pasaje y que le dijo al chofer que se lo debía. Yanua Kim está a unos cuarenta y cinco minutos de caminata, y dos testigos dijeron en el juicio por su muerte que lo vieron irse por el camino hacia las comunidades y que detrás de él iba un hombre de botas amarillas, empleado de la minera, pero no sabían quién era. Fue la última vez que alguien lo vio vivo. Nunca llegó.

En Yanua Kim, la gente empezó a decir que quizá se había perdido en la caminata de vuelta, pero su hermano Alfonso no lo creía. “Solo los niños se pierden”, recuerda. Sus sobrinos no estaban muy preocupados porque su padre, José Tendetza, tenía muchos amigos en Gualaquiza y a veces se quedaba a tomar chicha con ellos. Lo cierto es que la espera de 45 minutos se había convertido ya en horas. Esas horas se harían días. Su familia sabría que estaba muerto y enterrado, marcado como un cadáver sin identificar, recién cuatro días después.

Un hombre que pasaba por el puente sobre el río Zamora que une Tundayme con Chuchumbletza, la mañana del 2 de diciembre de 2014, vio algo que flotaba en el río y pensó que era un cerdo muerto. Llamó a otros vecinos para rescatarlo y asarlo.

Pero, a medida que se acercaban en un botecito de madera, se dieron cuenta que no era un animal para destazar, sino una persona. Era el cadáver de José Tendetza. El puente debajo del que fue hallado fue construido por Ecuacorriente entre 2014 y 2016. Ninguna de las personas que lo encontraron lo reconocieron.

Pero Alfonso no les cree. Dice que fingieron no saber quién era. El cadáver fue llevado a un  hospital cercano, donde fue marcado como NN y enterrado ese mismo día en el cementerio de El Pangui, otro pequeño cantón de la provincia. “Lo entierran como que no tuviera familia”, dice Alfonso con la voz llena de rabia.

Roberto Narváez, el perito que hizo un estudio del entorno cultural y social de la comunidad de Yanua Kim como parte de la investigación del asesinato de José Tendetza, dice que el cadáver del líder shuar estaba descompuesto y por eso nadie lo reconoció. También dice que el liderazgo de José Tendetza era creciente y tenía reconocimiento no solo en su comunidad sino en la región de la Cordillera del Cóndor. “Su lucha por el respeto de los derechos territoriales de la selva no es compartida por toda la población local”, explica Narváez, porque muchos habitantes de la zona trabajan en la minera grande, Ecuacorriente, o en otras de menor escala.

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No hay respuestas para José Tendetza

 

La extracción de materia prima nos recorre como una cruz. La Cordillera del Cóndor es su gólgota. Ahí opera Ecuacorriente que, aunque es la filial ecuatoriana de la empresa canadiense Corriente Resources Inc,  es controlada por China Railway Construction Corporation y el grupo Chino Tongling Nonferrous Metals. En el país, Corriente Resources Inc tiene también como filiales a la Empresa ExplorCobres S.A–EXSA, Hidrocruz S.A, PuertoCobre S.A.

La explotación minera en Mirador durará treinta años y el contrato garantiza que se renueve. En julio de 2019 comenzaron las actividades de explotación, siete años después de que se firmó la concesión. Se hará a cielo abierto: excavaciones de entre 300 y hasta 500 metros de profundidad para sacar  los minerales. Por cada tonelada de cobre que se obtiene se retiran dos toneladas de escombros, como piedras y arenas que van a parar a una relavera.

Adán Guzmán, docente de la carrera de minas de la Universidad Central, en su minúscula oficina repleta de columnas de tesis y libros, explica que una relavera es una especie de piscina que tiene drenes en su base y están hechas con impermeabilizantes para que las sustancias que contiene no se salgan. También llegan ahí los residuos líquidos del agua que proviene del suelo llamados lixiviados. Una relavera va creciendo paulatinamente, puede llegar a 170 o 200 metros de altura. Y hay expertos que dicen que con las relaveras no se trata de si se van a quebrar, como en Mariana o Brumadinho, sino de cuándo eso va a ocurrir.

Un conjunto de llamadas fue la única pista que tuvo la Fiscalía para apuntar a Guido Yankur y Carlos Benito Unup como los posibles culpables de la muerte de José Tendetza. En mayo de 2016, ambos fueron absueltos del delito de asesinato a José Tendetza.

Cuando fueron detenidos, los dos eran obreros de campo de Ecuacorriente. “Ambos siguen en la minera”, dice Alfonso Tendetza. En algunas ocasiones, cuando Alfonso ha ido a Gualaquiza a vender ayampacos —un plato típico de pescado de río envuelto en hoja de la planta de bijao, junto con cebolla picada que se cocina a la leña— los ha visto, pero no sabe nada más de ellos. A pesar de que los busqué insistentemente —en Tundayme, por teléfono, a través de sus conocidos— fue imposible encontrarlos.

Vicente Romero, habitante de Tundayme, testificó en la investigación penal y dijo que Yankur lo llamó el 29 de noviembre de 2014 para avisarle que a José Tendetza lo habían matado, aunque la noticia de la muerte de José Tendetza se supo recién tres días más tarde, cuando su cuerpo fue encontrado en el río Zamora. Según un informe de la operadora telefónica, la llamada fue hecha desde el celular de Guido Yankur. Otro testigo, Angel Tsukanka, declaró que Unup le dijo que hicieron sufrir a José y que lo mataron entre cinco personas.

Pero Guido Yankur y Carlos Benito Unup se defendieron diciendo que desde el 21 de noviembre al 5 de diciembre de 2014, estuvieron quince días de vacaciones en sus casas. Yankur en la comunidad de Campana Etnsa; Unup en la comunidad shuar Jaime Narváez. Yankur dijo que el día de la muerte de José Tendetza, su esposa estaba enferma y un curandero la estuvo atendiendo. Unup dijo que en esos 15 días de vacaciones estuvo, con su familia, dedicado a la agricultura en sus terrenos.

La cabeza, la cara, la boca, las orejas, la nariz, los brazos, las piernas, el tórax, el abdomen, la pelvis estaban en estado de putrefacción. El día anterior, el hijo mayor de José Tendetza, Jorge, llegó a Yantzaza a reconocer el cuerpo. También llegaron sus otros hijos, los hermanos y la mamá del líder shuar. El resultado de la autopsia fue asfixia por estrangulamiento. Ese informe también dice que el cuerpo de José fue introducido al agua cuando ya estaba muerto. Según el peritaje hecho sobre su cadáver, estuvo amarrado, por la cintura y el cuello, a un árbol o algo grande con una soga azul. Alfonso dice que se notaba que era una cuerda nueva.

Yankur dijo que sí llamó a Romero, pero que lo hizo el 1 de diciembre de 2014. No fue a avisarle, sino a preguntarle si era verdad que el cadáver encontrado en el río era el de José Tendetza. De acuerdo a la investigación de la Fiscalía, en el celular de José se introdujo el chip del teléfono de Carlos Benito Unup. Desde ese celular, Carlos Benito Unup habría llamado a Fernando Israel Abad,  Máximo Alcívar Tinitana Benítez y a Guido Yankur el 29 de noviembre. El juez que resolvió el proceso judicial dijo que la investigación hecha por la Fiscalía sobre la muerte de José Tendetza no tuvo dirección, ni fue una investigación eficiente. Como resultado, se reiteró la inocencia de ambos hombres.

El crimen de José Tendentza continúa sin ser resuelto. La Comisión Ecuménica de Derechos Humanos (CEDHU), junto con la familia de José Tendetza, presentaron un informe sobre su caso en julio de 2017 a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. En él, explican las irregularidades de la investigación del asesinato. Dicen que la investigación de la Fiscalía fue “deficiente y apurada”, que lo que se estaba investigando era un crimen pasional. Porque Tendetza estaba separado de su esposa y no vivían juntos. Ese informe aún no lo lee, ni lo analiza la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), dice Patricia Carrión abogada de CEDHU.

Lo que también cuestionan los abogados de CEDHU, es que dentro de las investigaciones no se allanó la casa o el campamento de la empresa donde vivían los sospechosos. Al contrario: las autoridades allanaron la casa de José Tendetza en busca de pruebas. El caso está también en la Mesa de la Verdad y Justicia que preparó el informe Perseguidos Políticos Nunca Más. Publicado en 2018, analiza todos los casos de persecución política en el gobierno de Rafael Correa contra defensores de la naturaleza, de los derechos humanos, la libertad de expresión y los involucrados en la revuelta policial del 30 de septiembre de 2019. Pero la investigación formal sobre el asesinato de José Tendetza se cerró. Nadie sabe quién mató a José Tendetza. Nadie parece querer averiguarlo.

José Tendetza presentía su muerte. “Una vez, tomando aguardiente dijo ‘alguien me va a matar’”, —dice Alfonso Tendetza— “pero decía que no tenía miedo. También decía que se iría a otro país a denunciar las actividades de la empresa minera. José era un hombre soñador”.

Su desaparición y muerte impidieron que llegue a Lima, al Tribunal Internacional de los Derechos de la Naturaleza, donde iba a denunciar el proyecto Mirador. “Mala suerte que le quitan la vida”, dijo Alfonso. La ponencia que iba a hacer José Tendetza, fue realizada por Luis Coral, otro defensor de los derechos. La abogada de la CEDHU, Patricia Carrión, dijo que Mirador es un caso emblemático de defensa ambiental: es el primero de minería de gran escala, “el más grande, el de mayor impacto y mayor contaminación y violación de derechos de la naturaleza”, dice. En la investigación del asesinato de José Tendetza, el perito Roberto Narváez ratificó que el conflicto social en la Cordillera del Cóndor es alto por la falta reconocimiento de los derechos de la población shuar sobre su territorio ancestral.

Las volquetas pasan  rápido y desaparecen entre el polvo que levantan. En el centro de Tundayme hay casas de cemento de dos y tres pisos, recién pintadas, y en algunas se anuncia su venta en español y chino.

En la única calle principal hay dos chifas y otros restaurantes. Son las once de la mañana del  2 de septiembre de 2019. Delfa Placencia está trapeando la entrada de uno de los chifas, trabaja ahí hace un año, le pagan el sueldo básico y dice que ha aprendido a preparar chaulafán y otros platos asiáticos.

Otra habitante de Tundayme, María, dice que la empresa minera Ecuacorriente le dio una beca para estudiar administración de empresas en una universidad en Cuenca, la ciudad más grande del sur del Ecuador. María dice que no está de acuerdo con la explotación minera pero desde que tiene la beca, no ha asistido a las reuniones en contra de las actividades mineras organizadas por Cascomi. María dice que su padrastro fue uno de los desalojados de la comunidad San Marcos, que desapareció. Esa tierra es donde ahora está, según el plano del proyecto Mirador, la piscina del relave. “Nuestras demandas, las de Cascomi están en el limbo”, dice Manuel Sánchez.

Por el arrasamiento de San Marcos hubo una marcha en protesta y María fue. Cuando los funcionarios de la empresa se enteraron, le quitaron la beca. Se la devolvieron con una advertencia: debía apoyar las actividades mineras.

—Me voy a aguantar, protestar hasta que termine de estudiar —dice.

Mientras, Cascomi continúa en la lucha por los derechos sobre su territorio. La empresa minera tiene más aprobación de la gente teniendo como aliados a las autoridades. Luis Urdiales es el nuevo presidente de la Junta Parroquial de Tundayme desde marzo de 2019. Él trabaja muy de cerca con la empresa. Luis tiene proyectos de alumbrado público para la parroquia, la adecuación del parque principal, entrega de kits escolares e impulso de emprendimientos para los pobladores que apoyan la explotación minera. Urdiales dijo que el proyecto minero ya está dado y que oponerse es bien difícil.

En las oficinas de relaciones comunitarias de la empresa Ecuacorriente en Tundayme, el comunicador Hugo Jumbo y Juan Ignacio Eguiguren, otro empleado de Ecuacorriente, respondieron que no pueden dar entrevistas sobre el caso de José Tendetza. Por correo electrónico, Dunia Armijos, coordinadora de relaciones comunitarias, respondió que no pueden pronunciarse sobre la muerte de José Tendetza porque no tiene relación con sus actividades ni responsabilidades.

Alfonso, el mayor de los hermanos Tendetza, camina con un machete en la mano. Tiene una camisa azul manchada de lodo y sudor. Dice que hace mucho tiempo no toma ayahuasca, pero que en sus sueños, también ha visto a su hermano asesinado. “No me dice nada. Está tranquilo pero a veces sufre porque no murió por una enfermedad, sino que le quitaron la vida”. Dice que aunque ha ido a la empresa a pedir trabajo, siempre se lo niegan. Le dicen que el trabajo solo lo dan a gente preparada. Pero esa gente es de otras provincias. “Y así quieren que apoye la minería”, dice Alfonso.

En la puerta de su casa tiene una banca de madera con techo de zinc que arde por el sol amazónico. En la banca tiene cuatro cabezas de plátano verde, cada una la vende por un dólar. Alfonso dice que intenta ayudar a su mamá, pero el dinero no le alcanza. Cuando vivía, José Tendetza se ocupaba de llevarle alimentos o leña a su mamá.

Carlos Tendetza hace mucho tiempo que no viaja a Quito ni a otros lugares a las reuniones en contra de la minería, porque no tiene dinero. Dice que aun así, sigue firme en la lucha por su territorio. Dice que la empresa ofrece progreso, pero solo regala fósforos, pollos, cuyes, fundas de caramelo. “Eso es una burla para la gente que no sabe”, dice, pero que él, a pesar de lo que le ofrezcan, no se dejará comprar.

Según Ecuacorriente, siete familiares de José Tendetza trabajan en la empresa. A fines de septiembre de 2019, funcionarios de Ecuacorriente visitaron Yanua Kim para entregar vacas. En un video aparece Alfonso Tendetza agradeciendo que la empresa siempre apoya a la comunidad y dice que los shuar son dueños de la minería. La mina parte la tierra. La mina parte una familia. La mina parte una comunidad. La mina parte un país.

*Imagen principal: Ilustración de Paula de la Cruz / GK.

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Artículo publicado por michelle
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