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Colombia quiere sembrar 180 millones de árboles: ¿es una meta realista? | Sembratón

Amazonía colombiana. Foto: Rhett Butler.

Amazonía colombiana. Foto: Rhett Butler.

  • El gobierno nacional anunció este año la siembra de árboles más ambiciosa en la historia reciente del país. A pesar de que es una buena noticia, los expertos dudan que se logre y que se garantice la supervivencia de los árboles.
  • Las dudas van desde cómo se seleccionaron las áreas a restaurar, quién le hará monitoreo a las siembras y de dónde saldrán las plántulas y el dinero para alcanzar la meta. ¿Se trata solo de plantar un árbol que quizás no sobreviva o serán verdaderos procesos de restauración ecológica?

A finales de enero de este año el presidente Iván Duque informó en el Foro Económico Mundial, celebrado en Davos (Suiza), que la meta del país es sembrar 180 millones de árboles al 2022, basado en la restauración de más de 300 000 hectáreas de suelo degradado.

Días después, desde el Ministerio de Ambiente dijeron que el 21 y 22 de marzo se realizaría la Gran Jornada Nacional #PorqueSembrarNosUne, también conocida como ‘Sembratón’, en la que se plantarían más de cinco millones de árboles en todo el territorio nacional.

El anuncio fue registrado como una noticia positiva pero generó muchas dudas, las cuales hoy siguen vigentes, a pesar de que la contingencia por la pandemia del COVID-19 pospuso todos los planes. Una vez superada la crisis de salud, el gobierno nacional seguirá firme en su intención de alcanzar la meta. Los expertos aclaran que la labor de siembra es solo el primer paso en los procesos de restauración ecológica que tienen que monitorearse durante años. Estas son algunas de las preguntas que surgen en medio del ambicioso desafío del país.

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¿De dónde saldrán los 180 millones de árboles?

 

Richard Romero, gerente de la ‘Sembratón’, asegura que los árboles se obtendrán de los viveros que tienen el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA), Parques Nacionales Naturales de Colombia, las corporaciones autónomas regionales (CAR) y algunas empresas privadas, como las hidroeléctricas, que por obligación tienen que hacer compensaciones de flora.

Bosque de guadua o bambú en Colombia. Foto: Rhett Butler.

“También se debe hablar con los ganaderos para que se vinculen. Uno de los grandes problemas es que la ganadería extensiva daña los bosques protegidos. Todo eso hay que mirarlo”, asegura.

Romero afirma que sí hay suficiente material vegetal en los viveros del país. Sin embargo, algunos expertos, que vienen trabajando en temas de restauración en el país desde hace muchos años, no están tan seguros de esto. Francisco Torres, ingeniero forestal e investigador de la Fundación Natura, asegura que en Colombia hay entre 2600 y 3000 especies de árboles pero en los viveros comerciales no se encuentran más de 15 o 20 especies nativas. De igual forma, duda que las instituciones del Estado y la empresa privada tengan capacidad suficiente para proveer esa enorme cantidad de árboles.

“Si vamos a sembrar 180 millones de árboles es posible que terminemos sembrando el 60 o 70 % de especies exóticas como pinos y eso no contribuye en nada a la idea de la restauración y a la recuperación de los ecosistemas, estaríamos dejando de lado muchas especies importantes. Con los viveros y la capacidad que hay no vamos a tener los 180 millones de árboles disponibles para sembrar”, asegura.

A Mauricio Aguilar, investigador del Instituto Humboldt y experto en restauración, la ‘Sembratón’ le genera muchas dudas. Por ejemplo, asegura que no se sembrarán árboles sino plántulas, es decir, árboles muy pequeños en etapa de crecimiento. Según dice, estas plántulas no necesariamente se convertirán en árboles. Su segunda duda va en la línea de Torres y tiene que ver con las especies que se sembrarán, no está seguro si serán especies nativas o especies invasoras y exóticas como pinos y eucaliptos.

Aunque el gerente de la ‘Sembratón’ le aseguró a Mongabay Latam que serán especies nativas, Aguilar tiene otra preocupación: ¿el país tendrá cómo suplir esa gran demanda de árboles? El investigador asegura que hay muchos viveros dedicados a la producción de especies nativas pero el reto es que las especies deben tener buena calidad genética, así que se debe evitar el transporte de árboles entre diferentes regiones del país.

“Queda la duda de que existan esos 180 millones de plántulas en viveros y, además, habrá unos costos en transporte, quiénes serán las personas que las planten. No solo deben saber abrir un hueco, sino que deben encontrar la condición microambiental adecuada, poner la planta que es en el momento que es. No es tan fácil. Se requiere personas que sepan o sino enseñarles. Además, estas plantas van a necesitar abono, tierra, cuidado”, afirma Aguilar.

Plantaciones en zona rural de Villavicencio. Foto: Rhett Butler.

La incertidumbre rodea a la ‘Sembratón’ y la lista de preguntas sigue creciendo, por ejemplo, ¿cómo sabrán los colombianos qué fue lo que se sembró?

El gerente del proyecto, Richard Romero, dice que esa será una labor del Sistema Nacional Ambiental (SINA), que tiene presencia en todos los territorios, “seguramente hay una Unidad Municipal de Asistencia Técnica Agropecuaria (Umata), están las CAR y las secretarías departamentales y municipales de ambiente”. Para él, el mayor riesgo está en que una persona cualquiera quiera sembrar un árbol y, por ejemplo, compre un pino en un vivero y lo siembre en la finca, sin embargo, no cree que eso sea algo que pueda pasar con las grandes instituciones, especialmente con las empresas privadas.

Romero asegura que enviarán un directorio con los teléfonos de todas las entidades del SINA a las instituciones educativas —otro de los actores principales a los que le apuesta el gobierno— para que ellos puedan contactarlos. Según comenta, hay una gran alianza con la educación porque son los niños quienes al final van a cuidar, proteger y conservar lo que hoy están sembrando.

Pero el riesgo no solo está en que las personas planten especies exóticas sino que ante la escasez de especies nativas que se producen en los viveros, se podrían llegar a crear grandes plantaciones o monocultivos de una especie nativa, lo cual también sería un error. Romero asegura que las empresas tienen gente especializada y en los terrenos donde tienen que hacer las compensaciones; estas siembras están muy bien planeadas. Aun así, la duda es si las demás personas que participen en las jornadas de ‘Sembratón’ contarán con una capacitación adecuada.

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¿Quién hará el monitoreo de los árboles?

 

El Ministerio de Ambiente cuenta con una gerencia para el tema de la ‘Sembratón’ y en su página tienen un “contador” de árboles que permitirá a los colombianos conocer cuántos árboles se están sembrando y dónde. El objetivo es llevar una cuenta que permita saber qué tan cerca o lejos estará el país de su meta de 180 millones de árboles entre 2018 y 2022.

Sin embargo, Richard Romero asegura que la labor de monitoreo no es función del Ministerio de Ambiente, pues ellos solo generan las políticas. El monitoreo recaerá principalmente sobre las CAR. “Ellas son los brazos ejecutores, por ley tienen que hacer esos procesos restauración. Lo que ha hecho el Ministerio, al visualizarlo con el contador, es que esos procesos se hacen transparentes porque es muy difícil saber, por ejemplo, si lo que se dice que se está sembrando en el departamento de Vichada es verdad o mentira”, indica.

Mono aullador rojo (Alouatta seniculus) en los llanos orientales colombianos. Foto: Rhett Butler

Romero asegura que el contador ayudará a hacer una veeduría pero que también es importante saber que en estos procesos es normal que exista un porcentaje de mortandad en los árboles, aunque el objetivo será reemplazarlos con más siembras.

En el Ministerio de Ambiente tienen gran expectativa en el papel que jugarán otros actores como las grandes empresas, en especial las generadoras de energía. “En su tema reputacional lo peor que podría pasarles es mentir en cuanto a las siembras o que los árboles se mueran, además, como son empresas privadas, esas pérdidas no son una opción”. Así mismo, el gobierno también busca vincular a las instituciones educativas.

Las CAR no solo deberán hacer un monitoreo de lo sembrado sino que, al preguntarle a Richard Romero, gerente de la ‘Sembratón’, quién hará seguimiento a los árboles que mueran, este aseguró que también era labor de las CAR. Sin embargo, no hay certeza de que estas instituciones puedan cumplir con la tarea debido a los limitados recursos y personal con el que cuentan para las grandes extensiones de tierra que forman parte de sus jurisdicciones.

Y es que la labor no es fácil. José Ignacio Barrera, biólogo y coordinador de la maestría en Restauración Ecológica de la Universidad Javeriana, dice que solo después de seis u ocho meses se puede saber si un árbol plantado sobrevivirá. “Como ecólogos nos preocupa que estas jornadas no se hagan con visión de ecosistema sino solo pensando en el árbol. Hay que pensar en cuáles son las áreas que requieren restauración con prioridad y qué se plantará en esas áreas ya identificadas. Algo tan masivo puede tener muchos riesgos”, comenta.

Además, según el profesor Barrera, los monitoreos deben hacerse inicialmente cada tres a seis meses. A partir del segundo año cada seis meses o cada año y después cada dos o cinco años.

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¿En qué lugares se sembrarán los árboles?

 

De acuerdo con Richard Romero, gerente de la ‘Sembratón’, hay todo un trabajo de definición de áreas para restauración que no solo involucra al Gobierno nacional sino a autoridades locales, corporaciones autónomas regionales, secretarías ambientales de los departamentos y de las ciudades, etc.

Lluvias en la Amazonía colombiana. Foto: Rhett Butler.

Algunas de las zonas que más necesitan estos procesos son las que han sido afectadas por cultivos ilícitos, ganadería, cultivos agrícolas e incendios. “El tema de restauración es algo que el Ministerio viene haciendo hace mucho tiempo pero es un trabajo silencioso que se hace con las CAR. Cuando se habla de 180 millones de árboles no es porque sea algo nuevo. Queremos generar unas actividades paralelas como la ‘Sembratón’ para que veamos la importancia no solo de restaurar sino de conservar, que es lo ideal”, afirma Romero.

El gerente de la iniciativa gubernamental dice que al hablar de siembra y de árboles se llega más a la gente, pues “son símbolos que las personas entienden, no es un tema improvisado o que nació en Davos [en el Foro Económico Mundial]”, asegura.

Romero comenta que muchas de las siembras forman parte del Plan Nacional de Restauración 2015 y son actividades en las que participan Parques Nacionales Naturales o las CAR. Pero algunos de los expertos no lo entienden así. “Es independiente, el plan va formulado por etapas y se aprobó en el 2015. La ‘Sembratón’ es algo adicional, yo no lo he visto en el plan. Lo positivo de la ‘Sembratón’ es que visibiliza el tema, incluye a la comunidad, une a la gente, es un propósito nacional. Lo último que queremos es que sea una frustración para las personas”, dice Francisco Torres de la Fundación Natura.

El Plan Nacional de Restauración, a pesar de su importancia, no tiene a nadie a cargo de él. “El Ministerio no tiene una oficina o un gerente de Plan de Restauración, entonces son dos o tres profesionales que trabajan de buena fe, pero que además tienen otros temas a su cargo. Si el Ministerio no pone un equipo técnico y le ayuda a las corporaciones a plantear proyectos, presupuesto, estrategias e interventorías, los avances serán casos aislados”, señala Torres.

Al hablar específicamente de las zonas que tendrán prioridad en la siembra, Richard Romero asegura que la idea es sembrar árboles en todos los ecosistemas de Colombia, aunque no menciona zonas específicas. Esto también preocupa pues Francisco Torres señala que es muy importante tener muy bien identificados los sitios, “lo ideal es que se siembre en áreas que se van a destinar a la conservación y que se van a mantener así a largo plazo, no que se siembre hoy, se tome la foto y mañana se cultive papa”.

No basta solo con plantar. Para sobrevivir, las plántulas requieren de abonos y agua en las épocas más secas, costos que se suman al valor de cada planta en los viveros. Una planta nativa que se produce comercialmente puede costar entre 3000 y 7000 pesos. Si se asume un costo promedio de 5000 pesos por plántula, esto supondría un gasto de 900 mil millones de pesos (cerca de 220 millones de dólares), sin contar los precios de los abonos y el agua.

Río en la Amazonía de Colombia. Foto: Rhett Butler.

¿De dónde saldrá el dinero para adquirir los árboles? El gerente de la ‘Sembratón’ ha dicho que muchas plantas vendrán de viveros de instituciones como el ICA, Parques Nacionales Naturales de Colombia, las CAR —son 34 pero solo 10 cuentan con viveros propios—, instituciones educativas y la empresa privada. Aun así, los expertos tienen claro que las provisiones de estos lugares no serán suficientes y que es muy difícil que los viveros comerciales tengan cómo suplir esa gran demanda.

“Hay propuestas, hay que hacer acuerdos. Los gobiernos locales tienen que comprar tierras para restaurar, hay que forzar a los municipios para que lo hagan. También están las compensaciones por licencias ambientales, ahí hay unos grandes recursos”, dice Romero.

El gerente de la Sembratón asegura que si se tienen muy definidos los espacios y los procesos, seguramente llegarán muchos recursos de cooperación internacional. Esto teniendo en cuenta el lanzamiento de la plataforma Campeones por un billón de árboles, meta que se fijaron los países asistentes al Foro Económico Mundial para el año 2030. “Si ganamos tiempo en este año, para 2021 ya sabremos dónde están las dificultades, cómo enfrentarlas y cómo hacerlo mejor”, afirma Romero.

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¿Cómo se hace una restauración ecológica?

 

Expertos en restauración mencionan que son muchos los factores que deben tenerse en cuenta. Mauricio Aguilar del Instituto Humboldt explica que la restauración ecológica se enfoca en especies nativas. Un error frecuente, según el experto, es que se suelen plantar especies de bosque maduro en estado juvenil en espacios con mucha luz directa; esto hace que el árbol crezca muy lento o se muera.

Aguilar enfatiza en que lo primero que se hace en un proceso de restauración es mejorar el terreno, listar las especies invasoras y establecer un orden. “Hay especies pioneras o de recubrimiento que crecen a luz directa, suelen soportar condiciones de sequía o lluvia intensa y cuando crecen generan un microclima que favorece el crecimiento de otras especies”.

Siempre cubierto de nubes, Galilea es uno de los pocos relictos de bosque nuboso que quedan en Colombia. Foto: Cortolima.

José Ignacio Barrera de la Universidad Javeriana asegura que es vital hacer un buen diagnóstico de los lugares donde se piensa hacer restauración. A partir de ahí se define el tratamiento que requiere el sitio. “En una restauración ecológica se intenta interpretar a la naturaleza, no se planta de manera muy ordenada sino al estilo de lo que genera la naturaleza misma cuando no se le asiste”, dice.

Barrera añade que no solo se debe pensar en la vegetación sino en la fauna, el suelo y cómo interactúan las especies. “Hay que saber cómo está el suelo, qué tan degradado está, si hay que aplicar nutrientes, cuáles especies de plantas pueden resistir las condiciones, dónde plantarlas para que entre ellas mismas se puedan proteger. Se deben tomar los registros del tamaño con el que se están plantando los individuos y cómo van respondiendo, cuánto van creciendo en la zona, si se murieron o no y hacer alguna medida adaptativa si se requiere”.

La pandemia del coronavirus dejó en pausa la siembra de cinco millones de árboles que se pensaba realizar el fin de semana del 21 y 22 de marzo, una de las jornadas más grandes de siembra dentro del objetivo de 180 millones de árboles en cuatro años. Los investigadores que trabajan en restauración ecológica todavía esperan tener mayor claridad sobre cómo el gobierno cumplirá esa meta.

“Estamos de acuerdo con la ‘Sembratón’ pero es algo que hay que planificar muy bien, producir adecuadamente el material que se va a sembrar y no conformarse con decir: ‘sembramos para cumplir una meta’ y en seis años perderlo todo por falta de seguimiento. Esa sería una gran frustración ambiental para el país y para todas las personas que participen de las actividades”, concluye el ingeniero forestal Francisco Torres de la Fundación Natura.

*Imagen principal: Amazonía colombiana. Foto: Rhett Butler.

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