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Nuevo estudio de la FAO confirma el rol de los pueblos indígenas en la conservación de los bosques

  • La investigación se sustenta en la revisión de más de 300 estudios sobre pueblos indígenas publicados en las últimas dos décadas.
  • Los pueblos indígenas y tribales de América Latina y el Caribe manejan entre 330 y 380 millones de hectáreas de bosques.

«El estudio cumple con varios cometidos. Primero destacar y dejar de colocar en el imaginario de las personas que los pueblos indígenas son pobres», dice Mauricio Mireles, oficial para pueblos indígenas de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), sobre el reciente informe publicado por este organismo internacional.

La labor de las Naciones Unidas —continúa Mireles— es hablar más de las riquezas y de las aportaciones indígenas al desarrollo sostenible. «¿Por qué se habla desde la vulnerabilidad y no desde la riqueza y de estas aportaciones?», se pregunta Mireles.

Vista aérea del territorio indígena Pirititi, Roraima, Brasil. Foto: Felipe Werneck.

El especialista de la FAO se refiere así al informe Los pueblos indígenas y tribales y la gobernanza de los bosques que revela, por primera vez, hasta qué punto la ciencia ha demostrado que los pueblos indígenas han sido mucho mejores guardianes de sus bosques en comparación con los responsables de los demás bosques de la región.

El estudio publicado por la FAO y el Fondo para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas de América Latina y el Caribe (FILAC) fue elaborado sobre la base de la revisión de más de 300 estudios sobre pueblos indígenas publicados en las últimas dos décadas.

El documento también precisa que las tasas de deforestación en los territorios indígenas son mucho más bajas que fuera de ellos, por lo tanto, considera importante que se reconozcan sus derechos colectivos y se mejore la seguridad de la tenencia de sus tierras.

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Las cifras de la conservación

Según el informe de la FAO, los pueblos indígenas y tribales —un pueblo que no es indígena pero que comparte características similares como el caso de los quilombolos brasileños, los maroons de Surinam, los garífunas centroamericanos y muchos afrocolombianos y afroecuatorianos— de América Latina y el Caribe manejan entre 330 y 380 millones de hectáreas de bosques en la región. Es decir, la tercera parte de los bosques de América Latina y el Caribe están en manos de los pueblos indígenas.

Guerrero awajun en su comunidad en la selva peruana, en Loreto. Foto: Miguel Ángel Arreategui Rodríguez.

Estos mismos territorios contienen más de un octavo del carbono total almacenado en los bosques tropicales del mundo, por lo tanto, perderlos modificaría el clima regional y mundial.

Otra cifra presentada en el informe da cuenta de que el 45 % de las grandes selvas poco perturbadas de la Cuenca Amazónica están dentro de territorios indígenas y albergan una gran biodiversidad de plantas y animales, muchas de ellas amenazadas de extinción.

La mayor parte de estos bosques están bien preservados y hasta hace poco, no se encontraban bajo amenaza. «En prácticamente todos los países de América Latina, los territorios indígenas y tribales tienen tasas de deforestación más bajas». precisa el informe de la FAO.

El documento también explica que entre los años 2003 y 2016 en los territorios indígenas de la cuenca Amazónica se perdió menos del 0.3 % del carbono  almacenado; mientras que en las áreas protegidas sin población indígena se perdió el 0.6 %; y en otras áreas, que no eran territorios indígenas ni áreas protegidas, se perdió el 3.6 % del  carbono.

Juventudes indígenas realizando danza tradicional del pueblo Guna, territorio indígena Púcuro, provincia de Darién, Panamá. Foto: Mauricio Mireles / FAO.

Sin embargo, este extenso territorio está expuesto a presiones como la tala ilegal, la minería ilegal, las invasiones y los incendios, que ocasionan su deforestación. Una situación que se ha agudizado con la pandemia y que mantiene a las comunidades nativas y campesinas bajo constante amenaza.

«Sí, estamos en los bosques mejor conservados y estamos dando la vida para mantenerlos. Sin embargo, entran petroleras, entran mineras a destruirlos», dice José Gregorio Diaz Mirabal, coordinador general de la Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA), quien agrega que la Amazonía se está destruyendo hace 70 años.

«Desde los gobiernos no quieren hacer planes conjuntos con los pueblos indígenas; pero hasta ahora no nos incluyen. Nosotros damos la vida por conservar los bosques y el planeta», agrega Díaz Mirabal.

El coordinador general de la Coica menciona también que los fondos y acuerdos internacionales que se destinan para programas de sostenibilidad y conservación en los países deben involucrar a los pueblos indígenas en igualdad de condiciones.

Nenúfares (Victoria amazónica), Leticia, Amazonas, Colombia. Foto: Jorge Mahecha / FAO.

Un llamado que también se hace en el estudio publicado por la FAO. «Urge que las agencias internacionales y nacionales inviertan cientos de millones de dólares adicionales cada año para fortalecer los derechos territoriales comunales, compensar los servicios ambientales, facilitar el manejo forestal comunitario, revitalizar culturas y conocimientos tradicionales, mejorar la gobernanza territorial y fortalecer a las organizaciones indígenas y tribales».

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La experiencia regional

El informe de la FAO indica que la tasa anual de deforestación en los territorios indígenas de Brasil subió de 10 337 hectáreas, en 2017, a 42 697 hectáreas, en 2019. Mientras que los bosques poco perturbados en Bolivia se redujeron en 20 %, en Honduras en 30 %, en Nicaragua 42 %, y 59 % en Paraguay.

Mireles señala que muchos de los estudios citados en el informe de la FAO demuestran que las tasas de deforestación y fragmentación en territorios indígenas son inferiores con relación a otros bosques similares, inclusive comparados con áreas protegidas que no tienen población indígena.

Joven indígena navegando por el río Ucayali (Perú). Foto: Cecilia Ballesteros / FAO.

Entre 2006 y 2011, los territorios indígenas de la Amazonía de Perú lograron reducir la deforestación dos veces más que las áreas protegidas que estaban en lugares con condiciones ecológicas y de acceso parecidas. En la Amazonía de Brasil sucedió algo similar entre 2001 y 2009″, se explica en el informe.

Mireles agrega que las técnicas de manejo de los bosques, las formas de producción y la cosmovisión de los pueblos indígenas hacen que ellos sean los mejores guardianes del bosque.

Otro dato que se desprende del informe es que casi la cuarta parte del área de los territorios indígenas y tribales en la cuenca amazónica se superponen con concesiones mineras y petroleras.

Las amenazas a líderes indígenas también están en aumento. Según el último informe de la organización Front Line Defenders, en 2020 asesinaron al menos a 331 líderes en el mundo, de ellos, 264 se presentaron en el continente americano y fueron Colombia, Honduras y México los países que ocuparon los primeros lugares.

Cabo Pantoja, a orillas del río Napo, Loreto, Perú, próximo a la frontera con Ecuador. Foto: Sergio Garrido.

«Estamos en catástrofe sanitaria, ambiental y cultural. Este años es clave para la vida y la supervivencia de los pueblos indígenas y la selva Amazónica», agrega Díaz Mirabal de Coica. «No solo es el Covid-19,  también la malaria, derrames petroleros, invasiones son otras  pandemias», agrega.

Aunque por un lado existe el temor de que se agudicen las presiones sobre los territorios indígenas, por otro el estudio da cuenta de tres buenas prácticas de manejos de bosques en América Latina.

Una de ellas es la comunidad maya de Petcacab, en Quintana Roo, México, que durante casi 40 años ha aprovechado la madera de su territorio de forma sostenible.

Un segundo caso es el Programa Socio Bosque en Ecuador. Este se enfoca en conseguir que las comunidades se comprometan a no sembrar, aprovechar madera o cazar en una determinada área durante 20 años a cambio de la entrega de fondos para que desarrollen proyectos locales. Hasta ahora, 196 comunidades han recibido pagos para conservar 1 450 000 hectáreas.

Mujer maya trabajando la madera. Cooperativa Lol Koópte’, Ejido Petcacab, México. Foto: LOL KOÓPTE/ Fernanda López.

Un tercer caso corresponde a Brasil, donde se adoptó una política que reconoce los beneficios de las prácticas de manejo de fuego indígenas, como las quemas controladas. Para ello se estableció el programa Prevfogo sobre un área de más de 17 millones de hectáreas.

«El estudio de la FAO y otros que se han hecho en los pueblos indígenas dan cuenta de cómo entendemos el entorno en que vivimos. Por eso, nuestro espacio de vida es calificado como de esperanza, pues somos nosotros los que tenemos la formula para defender la madre naturaleza», dice Joe Nilson, coordinador de Derechos Humanos del Consejo Regional Indígena del Cauca.

Nilson considera que en Colombia es necesario cambiar las leyes que limitan el cuidado de los bosques y la gobernabilidad de los pueblos indígenas y sus territorios. «Se deben impulsar políticas que generen desarrollo en las comunidades con el fin de cuidar la madre tierra».

Miguel Macedo, especialista en pueblos indígenas del Instituto del Bien Común (IBC) en Perú, señala que «mas allá de la figura romántica que se tiene de los pueblos indígenas, la adaptación de la cultura logra que la deforestación sea menor en sus bosques».

Macedo también considera que se debe avanzar con los procesos de reconocimiento de sus territorios y brindar herramientas para que las comunidades puedan defenderlos y manejarlos apropiadamente.

Imagen principal: Productor indígena originario del pueblo Guna, en el territorio indígena de Púcuro, provincia del Darién, Panamá. Foto: Rosana Martín / FAO.

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