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#EnCorto: tres claves para proteger el extraordinario ecosistema descubierto en las cordilleras submarinas frente a Chile y Perú

Coral lóbulo (Porites lobata), 16 m de profundidad, en Scott Reef, Isla Sala y Gómez, Chile, 2011. También conocido como Motu Motiro Hiva, Sala y Gómez es una subida oscura y escarpada de basalto volcánico ubicada a más de 320 kilómetros de la costa de la Isla de Pascua, o Rapa Nui. Esta colonia de coral gigante estaba viva antes de que llegaran los primeros exploradores europeos a la Isla de Pascua. Ubicados en el extremo más alejado de una región con buenas condiciones ambientales, estos corales son extremadamente saludables y abundantes. Foto de Enric Sala / National Geographic.

  • Esta región es prioritaria para su conservación debido a la presencia de especies que no existen en ningún otro lugar del mundo. Sin embargo, solo una pequeña parte de las cordilleras se encuentra resguardada por reservas y parques marinos, mientras el 73 % está desprotegida en aguas internacionales.

Un equipo de científicos exploró las cordilleras submarinas de Salas y Gómez y Nasca, ubicadas en el océano pacífico frente a Chile y Perú, y descubrió un impresionante y único ecosistema de aguas profundas, habitado por especies sumamente frágiles que no existen en ningún otro lugar del mundo.

Esta expedición es una de las pocas que se han realizado en estas cadenas montañosas ubicadas bajo el mar, extendidas a lo largo de 2900 kilómetros. A pesar de que estos montes submarinos han sido identificados como una de las áreas ecológicamente más importantes a nivel mundial, aún siguen siendo un misterio para la ciencia.

¿Los motivos? Los científicos señalan que se trata de una zona remota, ubicada a casi 3500 kilómetros del continente sudamericano, por lo que llegar allí no es tarea fácil, pues se requiere de grandes embarcaciones de investigación oceanográfica equipadas con tecnologías modernas y costosas.

En este #EnCorto te explicamos en tres claves cómo fue que los científicos lograron visitar la zona y los hallazgos que trajeron a casa.

Un buzo inspecciona uno de los sistemas de cámaras del Laboratorio de Tecnología de Exploración utilizado para comprender la biodiversidad en profundidad durante una expedición de Pristine Seas frente a la costa de las Islas Desventuradas, 2013. Foto cortesía de National Geographic Pristine Seas & National Geographic Exploration Technology Lab.

¿Cómo lo hicieron?

Para superar la dificultad económica y tecnológica que significaba la travesía, los científicos resolvieron asociarse. El estudio que finalmente se publicó en junio de 2021 en la revista científica PlosOne, se realizó como parte de Coral Reefs on the High Seas Coalition, una alianza global de socios que busca promover la ciencia, la comunicación y el apoyo para conservar los arrecifes de coral en altamar.

Como resultado, el equipo de científicos de la National Geographic Society, de Conservación Internacional, de la Universidad Católica del Norte (Chile), la Universidad de Hawái y la Universidad de Texas Rio Grande Valley identificó más de 120 especies a lo largo del lecho marino, 14 de las cuales son particularmente frágiles a los impactos humanos y se consideran indicadoras de ecosistemas marinos vulnerables.

Langostas (Panulirus pascuensis) en cueva submarina a 36 m de profundidad, Isla Sala y Gómez, Chile, 2011. Foto de Enric Sala / National Geographic.

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¿Qué encontraron?

Dentro de las especies más raras que observaron está el pez damisela de color neón (Chromis mamatapara), que fue descubierto en 2020 y que hasta la fecha solo se conoce en las islas de Rapa Nui, Salas y Gómez y los montes submarinos adyacentes. En la expedición también pudieron ver un pez barba (Polymixia salagomeziensis) —también descubierto recientemente y que solo se ha registrado en la cordillera de Salas y Gómez—, el pez salpicón rojo que, por encontrarse solo en los ecosistemas de arrecifes a lo largo de la Cordillera de Nasca, recibe el nombre científico de Plectranthias nazcae, así como a la morena de las profundidades (Gymnothorax bathyphilus).

“Las especies marinas de esta región son extraordinarias y únicas”, dice Daniel Wagner, asesor técnico de ciencias oceánicas de Conservación Internacional y coautor del estudio. Para muchos grupos u organismos casi la mitad de sus especies son endémicas, lo que significa que no existen en ningún otro lugar de la Tierra, agrega el especialista. Esto significa que, si se pierden sus hábitats y las especies de esta región, desaparecerían no solo allí sino en todo el planeta.

De igual forma, como las tasas de descubrimiento de nuevas especies en esta región son particularmente altas, el experto asegura que todavía hay una gran cantidad de especies desconocidas para la ciencia.

Una morena de las profundidades (Gymnothorax bathyphilus). El sistema de cámaras de aguas profundas ayuda a los científicos y exploradores de National Geographic a recopilar y analizar datos sobre la biodiversidad de las profundidades oceánicas. Foto cortesía de National Geographic Pristine Seas y National Geographic Exploration Technology Lab.

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¿Cuál es la preocupación por esta zona?

Desafortunadamente, existen varias amenazas que hacen que la fauna marina de esta región sea particularmente vulnerable. Una de ellas proviene de las flotas pesqueras extranjeras a gran escala —principalmente de China—, además de la minería de los fondos marinos y la acidificación de los océanos. Por esto el equipo científico puntualiza la necesidad de proteger a la zona con las mejores medidas de conservación disponibles.

En ese sentido, dentro de las aguas chilenas hay tres áreas marinas protegidas que incluyen parte de la cordillera Salas y Gómez: los Parques Marinos Nasca-Desventuradas, Motu Motiro Hiva y el Área Marina Protegida de Usos Múltiples Rapa Nui. En aguas peruanas, existe la recién declarada Reserva Nacional Cordillera de Nasca, que protege una parte de la cordillera que lleva ese nombre. Sin embargo, más del 73 % de estas dos cordilleras está ubicado en aguas internacionales, fuera del territorio marítimo de Perú y Chile, por lo que proteger solo algunos de estos montes submarinos puede resultar insuficiente para conservar completamente la biodiversidad.

Por ello el estudio señala que, para resguardar efectivamente la biodiversidad de Salas y Gómez y Nasca, se necesita crear un área marina protegida en altamar e impedir que en la zona se realicen actividades pesqueras y mineras. Para lograrlo, se necesita que se concrete un tratado global en discusión en las Naciones Unidas y que tiene como objetivo la protección de los océanos fuera de las jurisdicciones nacionales. Los extraordinarios ecosistemas de Nasca y Salas y Gómez podrían ser uno de los primeros candidatos a ser protegidos en altamar.

Un cangrejo real (Lithodidae) a 1 km de Desventuradas, Chile. El sistema de cámaras de aguas profundas ayuda a los científicos y exploradores de National Geographic a recopilar y analizar datos sobre la biodiversidad de las profundidades oceánicas. Foto cortesía de National Geographic Pristine Seas y National Geographic Exploration Technology Lab.

Imagen principal: Coral lóbulo (Porites lobata), 16 m de profundidad, en Scott Reef, Isla Salas y Gómez, Chile, 2011.  Foto de Enric Sala / National Geographic.

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