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#EnCorto: Tres claves para entender el riesgo que enfrenta el tití cabeciblanco en Colombia

Tití Cabeciblanco. Foto de la Fundación Proyecto Tití

  • Más de 5000 hectáreas de bosque en el Caribe colombiano se han conservado para que no desaparezca la población del tití cabeciblanco.

Cincuenta años atrás se exportaron miles de titíes cabeciblancos a Estados Unidos para ser utilizados en investigaciones biomédicas. Ahora, en Colombia, la especie es el centro de un gran esfuerzo que busca su conservación y la de su hábitat natural, gracias a estudios de campo y una activa participación de las comunidades caribeñas.

Como parte de la iniciativa Proyecto Tití, se han conservado cerca de 5400 hectáreas de bosque seco tropical —que también se encuentra en estado crítico en el país— para garantizar el hogar del tití cabeciblanco, primate endémico de la región que está entre los más amenazados del planeta.

Estas son tres claves para entender la importancia de conservar a esta especie y su hábitat.

Tití cabeciblanco adulto. Foto: Lisa Hoffner.

 ¿Cómo es el tití cabeciblanco?

El tití cabeciblanco (Saguinus oedipus) es un primate endémico de las selvas tropicales de Colombia. No pesa más de 500 gramos y se le puede encontrar en siete departamentos del país: Chocó, Antioquia, Córdoba, Sucre, Bolívar, Atlántico y Magdalena. Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) se encuentra En Peligro Crítico de extinción.

Se trata de una especie dispersora de semillas, por lo que su presencia es clave dentro del proceso sucesional del bosque seco tropical —su hábitat natural—, pues contribuye a la regeneración de bosques, la colonización, el flujo genético y la distribución espacial de muchas especies vegetales. Es decir, si el tití cabeciblanco se extingue, estos servicios ecosistémicos desaparecerían junto con él.

Tití cabeciblanco con dos crías en relicto de bosque. Foto: Joao Marcos Rosa.

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¿Qué amenazas enfrenta?

Es una especie carismática, por lo que su supervivencia ha sido principalmente amenazada por el tráfico ilegal de fauna silvestre y la expansión de la frontera agropecuaria. Estas fuertes presiones han motivado a que sus poblaciones naturales sean objeto de monitoreo desde hace más de tres décadas; varias investigaciones coinciden en que, si bien la especie es altamente adaptable a ecosistemas intervenidos por el humano, la dramática pérdida de su hábitat original pone seriamente en riesgo su existencia.

Precisamente, el bosque seco tropical ha sido blanco histórico de la expansión del latifundio ganadero, especialmente en la región Caribe y el Urabá antioqueño. Esto lo ha convertido en uno de los ecosistemas más amenazados en Colombia y el mundo, al grado de que al país solo le queda un 8 % de su cobertura original.

Además de la deforestación, el tráfico de fauna silvestre provocó que, entre 1960 y 1970, se exportaran entre 30 000 y 40 000 titíes a Estados Unidos, pues la especie se utilizó como un biomodelo para el estudio de colitis y cáncer de colon en seres humanos. Para 2012 se realizó un estudio de tamaño poblacional de la especie que estimó no más de 7000 monos en libertad.

Aun con los avances en materia de educación ambiental y de legislación que condena el tráfico ilegal de fauna silvestre, el tití cabeciblanco sigue siendo víctima del comercio ilegal de especies para el mercado de mascotas. 

Investigadores de campo haciendo seguimiento a una tropa de titíes. Foto: Fundación Proyecto Tití.

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 ¿Qué se hace para detener el peligro y salvar al tití?

Debido a esta suma de presiones históricas, en 1987 se creó la Fundación Proyecto Tití, por iniciativa de la primatóloga estadounidense Anne Savage, quien creó un programa que involucra investigación e iniciativas educativas y de desarrollo comunitario para la conservación de los recursos naturales.

Para aportar a la conservación del tití cabeciblanco, este proyecto ha acompañado la creación de cuatro áreas protegidas y de la Reserva Natural de la Sociedad Civil “Los Titíes de San Juan”, con 261 hectáreas que son propiedad de la Fundación Proyecto Tití en el municipio de San Juan Nepomuceno, Bolívar.

Además, es un generador de empleo para las comunidades locales. Las personas involucradas trabajan desde el monitoreo e investigación, restauración de bosque y patrullaje, manejo de áreas protegidas, educación ambiental y trabajo comunitario, hasta la creación de ecomochilas —bolsos tejidos con bolsas plásticas recicladas— y titíes de peluche, elaborados por mujeres, con el propósito de buscar alternativas a la disposición final de residuos sólidos y convertirlos en una fuente de ingreso.

Rosamira Guillén, directora ejecutiva de la Fundación Proyecto Tití, afirma que para subir de nivel el impacto del proyecto se requiere apoyo financiero —que en su mayoría viene del exterior— y un mayor apoyo institucional a estrategias de conservación a largo plazo.

“Nos gustaría mucho intervenir de manera más efectiva en el tema del tráfico, pero hay muchas limitaciones legales y financieras. Ese es el papel de las autoridades, ojalá fuera mucho más proactivo y efectivo”, concluye.

Artesana vinculada al Proyecto Tití mostrando orgullosa su trabajo. Foto: Carlos Capella.

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Imagen principal: Tití Cabeciblanco. Foto: Fundación Proyecto Tití

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