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Expedición virtual: Ansenuza, el paraíso de las aves en Argentina

Un grupo de flamencos australes (Phoenicopterus chilensis) se alinea en el frente de la laguna. Esta especie puede verse todo el año en Ansenuza ya que tiene allí sus áreas de nidificación. Foto: Yanina Druetta.

  • El Parque Nacional Ansenuza, recién creado a finales de junio de 2022, es hogar del 66 % de las aves migratorias y playeras de Argentina.
  • Esta área protegida de 661 416 hectáreas, que constituye un patrimonio natural de la humanidad y un sitio Ramsar, incluye a “Mar Chiquita” —la laguna salada más grande de Sudamérica y la quinta a nivel mundial— y a los Bañados del Río Dulce, que concentran una riquísima diversidad en sus 50 kilómetros de ancho.

Los tonos rosados de los flamencos atrapan miradas. Por cientos, conforman enormes manchas sobre el espejo de agua en el que descansan o sobrevuelan junto a muchas otras aves de múltiples especies. Ansenuza, también conocida como “Mar Chiquita”, es su hogar: la laguna de agua salada más grande de Sudamérica y la quinta a nivel mundial.

Su ecosistema —complejo y delicado de acuerdo con los especialistas— es único y forma parte de un humedal de alrededor de 1 000 000 de hectáreas de extensión. En Ansenuza —diosa de las aguas para los pueblos originarios que habitaban la región— además del enorme espejo de agua salina, el parque incluye cauces de ríos, playas barrosas, lagunas permanentes y temporarias.

Una parina grande o flamenco andino (Phoenicoparrus andinus). Foto: Yanina Druetta.

El 30 de junio de 2022, después de casi siete años de cabildeo, la que desde 1994 era conocida como la Reserva Provincial “Bañados de Río Dulce y Laguna Mar Chiquita”, en la provincia de Córdoba, Argentina, pasó a ser el Parque y Reserva Nacional de Ansenuza con la aprobación del Senado Argentino y gracias al trabajo entre autoridades, instituciones, ONG locales e internacionales, escuelas, emprendedores, productores y actores de la sociedad civil.

Esta área protegida de 661 416 hectáreas también es un Sitio Ramsar, declarado en 2002, y un Área Importante para la Conservación de las Aves (AICA).

En Mongabay Latam te invitamos a recorrer sus impresionantes escenarios.

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Primera parada: las aves

En sus cuerpos de agua y los alrededores habita el 66  % de las aves migratorias y playeras de Argentina. Dentro de su biodiversidad, se pueden encontrar chorlos, garzas, gaviotas y cisnes, junto a los flamencos, que son emblema del sitio y que cuentan con tres de las seis especies que existen en el mundo.

Por tratarse de un sitio clave para la conservación de la biodiversidad a nivel global, además de ser un AICA, Ansenuza está incluido en la Red Hemisférica de Reservas para Aves Playeras y es uno de los 14 sitios prioritarios de la Red de Humedales de Argentina, Bolivia, Chile y Perú para la conservación de flamencos altoandinos.

Naranjero (Rauenia bonariensis). Foto: Yanina Druetta.
Batitu (Bartramia longicauda). Foto: Yanina Druetta.
Los llamativos colores del pico caracterizan a la gallineta de pico pintado (Pardirallus sanguinolentus). Foto: Yanina Druetta.

Además, aquí se concentra casi el 36 % de la avifauna total del país —es decir, 380 especies de aves registradas— y el 85 % de las 447 especies de aves citadas para la provincia de Córdoba. “Esto lo convierte en uno de los sitios más importantes para la conservación de las aves del centro del país y para la conservación de especies migratorias de Sudamérica, que cada año se congregan en números de hasta medio millón de individuos”, afirma la Administración de Parques Nacionales de Argentina.

La laguna y los bañados reciben a aves migratorias del hemisferio norte y del sur del continente, donde se han registrado unas 60 especies —42 de ellas acuáticas— provenientes de Norteamérica, el norte de Sudamérica, la Patagonia, la Puna y las Sierras de Córdoba y San Luis.

Las especies más visibles son los flamencos. Aquí destacan el flamenco austral (Phoenicopterus chilensis) y las parinas chica (Phoenicoparrus jamesi) y grande (Phoenicoparrus andinus). El primero de ellos es el de más amplia distribución en Sudamérica y en Ansenuza es la especie con la población más numerosa, presente durante todo el año, mientras que las dos parinas viven en ambientes de lagunas altoandinas y llegan en invierno a lagunas de Mar Chiquita. Las tres especies presentan problemas de conservación, en particular las dos parinas, consideradas En Peligro por la Comisión de Especies Migratorias.

A la izquierda un flamenco austral; a la derecha, una parina chica (Phoenicoparrus jamesi) y sobre ellos un tero (Vanellus chilensis). Foto: Yanina Druetta.
Bigua (Phalacrocorax brasilianus). Foto: Yanina Druetta.
Gallito de collar (Melanopareia maximiliani). Foto: Yanina Druetta.
Chorlo de collar (Charadrius collaris). Foto: Yanina Druetta.
Espátula rosada (Platalea ajaja). Foto: Yanina Druetta.
Jilguero dorado. (Sicalis flaveola). Foto: Yanina Druetta.
Decenas de miles de falaropos tricolor llegan cada verano a Ansenuza procedentes de América del Norte. Foto: Yanina Druetta.
Macá grande. (Podiceps major). Foto: Yanina Druetta.
La brasita de fuego (Coryphospingus cucullatus) es una pequeñísima ave paseriforme con un canto muy peculiar que puede oírse en los alrededores de la laguna. Foto: Yanina Druetta.

Segunda parada: el paisaje

Los escenarios y la biodiversidad de Ansenuza representan una gran riqueza no solo biológica, sino también un importante atractivo para las actividades turísticas del centro del país. Sus ambientes albergan una flora y fauna silvestre sin igual, no solo en la cantidad de especies, sino también en su número poblacional, por lo que es calificado como un humedal de gran valor ecológico, paisajístico, económico, cultural, científico y recreativo.

El Dulce es el eje principal de la cuenca y aporta el 80 % del agua que alimenta la laguna de Mar Chiquita; el 20 % restante llega desde el sur a través de los ríos Suquía y Xanaes. Entre los tres se ocupan de rellenar una superficie de amplitud muy cambiante, pues en temporada de secas, el espejo de agua retrocede para dejar a la vista unas amplias playas de sal, como resultado de un proceso que comienza con la evaporación del agua por la potente radiación solar.

Así, el Mar de Ansenuza es un organismo vivo que puede aumentar o reducir su tamaño en 20 o 25 kilómetros de largo y de ancho.

Atardecer en Ansenuza. Foto: Yanina Druetta.
En períodos de sequía la laguna retrocede y deja tras de sí amplias playas de sal. Son el resultado final de un proceso que comienza con la evaporación del agua debido a la potente radiación solar. Foto: Yanina Druetta.
Situada al este de la laguna, la ciudad de Morteros se jacta de tener los mejores atardeceres de Ansenuza. Foto: Maximiliano Novarino.
Vista aérea de los Bañados del Río Dulce. En esta zona de vegetación baja y pastos verdes los campesinos trasladan a su ganado en la temporada seca. Foto: Yanina Druetta.
Los flamencos sobrevolando de la laguna. Foto: Yanina Druetta.
Las aves de Ansenuza. Foto: Yanina Druetta.

Tercera parada: los mamíferos

Pero Ansenuza no solo es un paraíso para las aves. Sus ecosistemas también son hábitat para mamíferos de importancia para la conservación, como el amenazado aguará guazú (Chrysocyon brachyurus), el mapache cangrejero (Procyon cancrivorus) y el tapetí o conejo de monte (Sylvilagus brasiliensis), coipo (Myocastor coypus), carpincho (Hydrochoerus hydrochaeris) y comadreja colorada (Lutreolina crassicaudata), así como especies típicas de monte chaqueño como la corzuela parda (Mazama gouazoubira), pecarí de collar (Dicotyles tajacu), gato yaguarundí (Herpailurus yagouaroundi) y zorro gris pampeano (Lycalopex gymnocercus).

Aquí también residen anfibios, reptiles y peces, donde destaca la presencia de especies en riesgo de extinción, como la tortuga terrestre y el lobo de río.

Un ejemplar de aguará guazú (Chrysocyon brachiurus) intenta ocultarse entre los juncos. Los Bañados del Río Dulce concentran buena parte de la población de esta especie cuya supervivencia está en peligro en Argentina. Foto: Yanina Druetta.
Hurón menor. (Galictis cuja). Foto: Yanina Druetta.
El coipo (Myocastor coypus), una nutria roedora, es un habitante habitual de los humedales sudamericanos. Foto: Yanina Druetta.
Mataco bola. (Tolypeutes matacus). Foto: Yanina Druetta.
Una comadreja overa o zarigüeya (Didelphis albiventra) descansa entre las ramas de un árbol. (Foto: Yanina Druetta).
Yaguarundí. (Herpailurus yagouaroundi). Foto: Yanina Druetta.
Zorro gris pampeano. (Lycalopex gymnocercus). Foto: Yanina Druetta.

Cuarta parada: la vegetación

Grandes algarrobos y quebrachos, pastizales, espartillares, juncales y totorales, cardones, arbustales, sabanas inundables, matorrales halófilos de transición y bosques de tipo chaqueño se encuentran entre las especies que conforman la vegetación de los humedales.

De acuerdo con BirdLife International, todos los ambientes de Ansenuza están estrechamente conectados entre sí: el flujo del agua, el viento, la vegetación circundante y los cientos de especies animales que la habitan.

Por ello, la importancia de proteger este sitio, radica en que “existe un delgado equilibrio natural que depende íntegramente de la conservación a largo plazo de todas sus partes”, pues asegura que la biodiversidad de la región cumple un rol clave en el funcionamiento de este intrincado ecosistema.

Cortaderas (Cortaderis selloana). Foto: Yanina Druetta.
Toma aérea de los Bañados del Río Dulce. Foto: Yanina Druetta.
Ansenuza se encuentra dentro de la ecorregión chaqueña, caracterizada por monte bajo, de espinillos y vegetación xerófila. Foto: Yanina Druetta.
Paisaje de monte y pastizal que rodea a la laguna. Foto: Yanina Druetta.

Lee la historia completa del parque aquí.

* Imagen principal: Un grupo de flamencos australes (Phoenicopterus chilensis) se alinea en el frente de la laguna. Esta especie puede verse todo el año en Ansenuza ya que tiene allí sus áreas de nidificación. Foto: Yanina Druetta.

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